El memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán: implicaciones geopolíticas, energéticas y nucleares tras la crisis del Estrecho de Ormuz
- 16 jun
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Durante semanas, todo indicaba que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán se habían quedado varadas. Sin embargo, en las últimas horas, la situación ha cambiado notablemente. El presidente Donald Trump aseguró el jueves 11 de junio que ambos países estaban “cerca” de alcanzar un acuerdo para poner fin a un conflicto de más de tres meses, el cual no solo ha cerrado el estrecho de Ormuz, sino que también sacudió los mercados energéticos y alterado las previsiones de crecimiento global. Aunque el mandatario admitió que no estaba “100%” seguro de que el pacto estuviera cerrado, el tono de su mensaje, junto a otras señales procedentes de Teherán e Islamabad, apuntaban a que las negociaciones seguían muy vivas.
El viernes, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, afirmó que las dos partes “nunca habían estado más cerca de un entendimiento sobre los términos del acuerdo”. Sin embargo, la novedad de hoy no es simplemente el avance de las conversaciones, sino que estas mismas han producido un texto acordado, aún de forma preliminar, el domingo 14 de junio. El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, clave en la mediación de este conflicto, confirmó la firma de un memorando de entendimiento, cuya ratificación definitiva se prevé para este viernes 19 de junio en Ginebra, en la cual tendremos la presencia del ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, y el vicepresidente estadounidense, JD Vance. Además, agradeció el apoyo del Reino de Arabia Saudi y de la República de Turquía durante las negociaciones sostenidas por más de 15 horas en Islamabad.
“¡Que fluya el petróleo!” Con esta frase, el presidente estadounidense anunció en la red social X el acuerdo autorizando la retirada de la fuerza naval y dando así paso a la “reapertura del estrecho de Ormuz”. Momentos después de esta publicación, el mundo aún seguía cauteloso, ya que si es cierto que existía un bloqueo naval estadounidense, aún se esperaba la confirmación de los que tenían el control de facto del canal. Sin embargo, la noticia se confirmó tras la publicación del viceministro de Relaciones Exteriores para Asuntos Legales e Internacionales, Kazem Gharibabadi, donde se anunció que las negociaciones habían resultado en un acuerdo final, el cual se llevaría a cabo en un periodo de 60 días tras su firma el viernes. Aunque, solo bajo la condición de que Estados Unidos cumpliera con su parte del trato “Este memorándum de entendimiento no significa confiar en el enemigo” Gharibabadu afirmó.
Lo que se sabe y lo que aún queda por resolver
Un memorando de entendimiento es un documento que sirve de prueba para un acuerdo formal entre dos o más partes, donde se entiende que comparten una voluntad y metas en común, sin ningún tipo de vinculación legal. Segun medios iraníes como el Mehr, sabemos que el borrador comprende 14 puntos claves, donde se incluye: el cese inmediato y permanente de las hostilidades en todos los frentes, incluyendo el Líbano; el completo levantamiento del bloqueo naval dentro de 30 días a su ratificación; contempla la liberación de los activos iraníes congelados en un plazo de 60 días, en los que se debe empezar la siguiente fase de negociación; suspensión de las sanciones sobre la venta de petróleo irani, y otros productos petroquímicos y sus derivados; entre otros puntos que aún no han sido revelados hasta la fecha.
Asimismo, la agencia estatal IRNA ofreció una lectura distinta a lo expresado por los medios estadounidense, sosteniendo que la reapertura del paso sera unicamente para el comercio de hidrocarburos en un plazo de 30 días conforme a los arreglos iraníes, y hasta el lunes 15 de junio, se hablaba sobre una posible cláusula donde se le permitía a Teherán imponer el pago de “servicios marítimos” en el Estrecho de Ormuz, según la agencia de noticias Fars. No obstante, se duda de esto último, debido a que la mayoría de los Estados que se han pronunciado, y hasta el mismo Donald Trump, defienden una libre navegación en el canal, estando incluso en contra de este peaje.
La reapertura del estrecho, tras este entendimiento, trae consigo efectos inmediatos sobre los precios del crudo y sobre la percepción de riesgo en los mercados. La suposición de que el sector petrolero volverá rápidamente a las condiciones previas al conflicto tiene que ser tomada con pinzas. Si bien es cierto que las instalaciones de almacenamiento en el Golfo han sido afectadas, y que se ha trabajado para restaurar la infraestructura necesaria, la verdadera amenaza dependerá de si aún se mantiene la presencia constante de misiles, drones o minas.
Aunque los mercados han reaccionado positivamente, con una bajada de los precios, estos aún siguen estando sustancialmente por encima de los niveles de principios de año. Es sumamente factible que el sobrecoste geopolítico perdure debido a la profunda desconfianza entre las partes, y a la significativa contracción de los inventarios comerciales y de reserva utilizados para compensar las fallas operativas recientes.
Para sorpresa de muchos, en cuanto al programa de enriquecimiento de uranio que ha sido uno de los focos principales abordados por la administración Trump, se reveló en una entrevista con The New York Times que se estaba negociando una moratoria de 20 años, donde se insistió en que los niveles de uranio de Irán nunca podrían ser utilizados con fines militares y que “nunca podrán superar una determinada cantidad”. Todavía no está claro si las negociaciones abordarán el programa de misiles irani o su apoyo a grupos armados en la región, preocupaciones que provenían principalmente de Israel. Justamente, una de las grandes incógnitas será la respuesta de Benjamin Netanyahu a este “gran acuerdo”, luego de que Trump le haya insistido en ser “más responsable” en sus acciones respecto a Líbano y haya dicho de no estar “contento” con la forma en la que actuó.
No obstante, es necesario aclarar que estos puntos son únicamente un preludio de nuevas negociaciones previstas a realizarse luego de la firma el viernes, las contradicciones entre ambas narrativas muestran que, incluso cuando hay avances, el acuerdo sigue lejos de ser completamente transparente.
¿Apoyo o escepticismo?: La respuesta internacional
Este MOU ha generado reacciones inmediatas en varias capitales, en especial aquellas más cercanas a Washington. La Casa Blanca lo vende como un éxito diplomático justo, pero mientras parte de la comunidad internacional ha celebrado un paso más hacia la posible escalada, persisten aún los límites de la diplomacia cuando los terceros Estados y fuerzas no estatales operan al margen del tratado, especialmente en el Líbano e Israel.
Tel Aviv responde con dureza y ha dejado en claro que no considera que dicho acuerdo limite su margen de acción. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, afirmó que el Ejército nacional no tiene intenciones de retirarse de sus posiciones en el sur del Líbano, y sostuvo que las fuerzas permanecen en “zona de seguridad” en Líbano, Siria y Gaza de manera indefinida. A ello se le suma el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gavir, quien rechazó que el documento firmado por la administración Trump obligue a Israel y aseguró que su país no está subordinado a Estados Unidos. Aunque esta postura puede leerse como un acto de rebeldía frente al gigante americano, también responde a una dinámica de presión doméstica. Para el Estado de Israel aceptar un acuerdo definitivo que incluya el repliegue de sus tropas en el Líbano representaría un fracaso humillante. Por otro lado, Hezbolá calificó el memorando como un “gran logro” y ha felicitado a Irán por haber insistido en que se incluyera en cualquier solución garantías de seguridad para el territorio libanes. En sintonía, el comandante en jefe del Ejército libanés, Joseph Aoun, confirmó que el acuerdo si valora el cese de las hostilidades en su territorio, pero pide por medidas más prácticas en cuanto a su aplicación, e instó a no dejarse llevar por el optimismo.
La respuesta de los gobiernos europeos avanzó en una dirección similar. El Reino Unido se declaró preparado para apoyar las conversaciones técnicas entre las partes y subrayó la necesidad de restablecer la libertad de navegación en la región. Por su parte, Emmanuel Macron, además de celebrar el pacto diplomático, reafirma que Francia apoya al gobierno del Líbano para recuperar el control estatal frente a Hezbolá y estabilizar la zona. Sorpresivamente, Alemania, Italia, Francia y el Reino Unido anunciaron de forma conjunta que están listos para colaborar con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), en caso de la suspensión de sanciones.
Sin embargo, a diferencia de otros bloques, la respuesta de Europa no es completamente homogénea. Los líderes de la Unión Europea, Antonio Costa y Ursula Von der Leyen, condicionaron la paz duradera al fin de los programas nucleares y balísticos de Irán. Mientras que el presidente español, Pedro Sánchez, calificó la guerra como un “sin sentido” y reclamó que el acuerdo sea respetado por todas las partes, deseando que este hito marque una nueva etapa en Oriente Medio. Si bien existe un consenso generalizado en torno al MOU, las prioridades de cada capital oscilan.
Por último, es necesario destacar el complejo esfuerzo multinacional liderado por Pakistán, junto al respaldo crucial de Egipto, Turquía, Qatar y Arabia Saudi. El primer ministro pakistaní, Sharif, fue el primero en encargarse de anunciar oficialmente el histórico avance, y se mostró aún más proactivo cuando adelantó que esta misma semana arrancarán las mesas de trabajo técnico en Doha para afinar la implementación logística y los protocolos de seguridad marítima antes de la firma definitiva del MOU en Suiza. Su implicación tan constante no solo proviene del hecho de que Pakistán comparte más de 900 km de frontera con Irán, sino también de que este conflicto le ha afectado más de lo que está dispuesto a admitir. Al depender en gran medida de los mercados energéticos externos, el país es vulnerable a los shocks en los precios petroleros que desatan estas tensiones regionales. Además, al ser la única potencia nuclear del mundo islámico, Pakistán aporta una notable autoridad militar en la mesa, dejando entender que su involucramiento es justo lo que le permite demostrar que tiene la capacidad técnica de entender los complejos matices de los “límites nucleares” que tanto Washington le exige a Irán bajo este posible nuevo acuerdo en Ginebra.
La cuenta regresiva
El escenario actual deja abiertas más preguntas que respuestas. Aunque el anuncio ha cambiado el tono de la crisis y ha devuelto la diplomacia al centro de la escena, todavía quedan varios días hasta el viernes, y dentro de ese margen, cualquier giro sigue siendo posible. La presencia de Donald Trump en la cumbre anual del G7 en Francia, añade otra dimensión política e internacional al momento, especialmente al estar la seguridad del Estrecho de Ormuz en el centro de la agenda de discusión de las mayores economías.
La prudencia es clave, hasta ahora todo depende de la letra pequeña, de la verificación y de la voluntad real de las partes para sostener lo pactado sobre el terreno. Si el texto logra resistir las tensiones internas, las reservas de Teherán y las presiones de los mediadores será un éxito. Más allá de esto, ya se debate intensamente que diferenciará exactamente a este pacto del histórico acuerdo nuclear alcanzado bajo la era de Obama (del que el propio Trump se retiró en 2018). La realidad sigue siendo que su verdadero alcance aún está por verse.




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