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Elecciones Armenia: identidad fragmentada, giro geopolítico y consolidación del poder de Pashinyan

  • 9 jun
  • 14 min de lectura
El país que llega a las urnas: historia reciente e identidad fragmentada

Armenia celebró el pasado 7 de junio de 2026 sus primeras elecciones parlamentarias regularmente programadas desde 2017. Estas, no han sido unas elecciones ordinarias. Ha sido, en esencia, un referéndum estratégico sobre la orientación geopolítica del país, donde se decidía el giro hacia Occidente o el retroceso a la órbita moscovita.


El principal punto de ruptura fue septiembre de 2023. Tras décadas de un conflicto larvado, Azerbaiyán lanzó una ofensiva militar de 24 horas sobre el Nagorno-Karabaj y recuperó su control total. Más de 100,000 armenios de Karabaj huyeron hacia Armenia en días. El episodio generó un trauma nacional de primer nivel: la pérdida definitiva del territorio que la identidad nacionalista armenia contemporánea consideraba inseparable de su supervivencia como pueblo.


El impacto político, como era de esperar, fue inmediato. Pashinyan fue señalado por numerosos sectores como responsable de la derrota. La oposición, alineada con Moscú, argumentó que el alejamiento de Rusia había dejado al país desprotegido frente a los intereses de Bakú. Pashinyan respondió con una lectura diferente: los “peacekeepers” rusos no intervinieron en 2023 aunque eran el garante formal. El fracaso de Rusia como garante de la seguridad armenia fue el argumento, siendo precisamente la razón para girar el país hacia Occidente –hecho que también cohesionaba la política exterior armenia, cada vez más cercana a la Unión Europea–. Esta fractura ha sido el eje central de la campaña y el verdadero terreno de disputa del pasado día 7.


El sistema electoral armenio: proporcionalidad, umbrales y garantías

Armenia es una república parlamentaria desde la reforma constitucional de 2015. El presidente tiene funciones ceremoniales; el primer ministro es elegido por mayoría parlamentaria y es quien ejerce el poder ejecutivo real. El sistema se basa en la representación proporcional de lista cerrada a escala nacional. Para ello, se siguen una serie de normas.


En primer lugar, el umbral de partidos según el artículo 95 del Código Electoral (2020) exige que mínimo cuenten con un 5% de votos válidos emitidos en unos comicios para obtener representación parlamentaria. Asimismo, para formar coaliciones, se precisa de un mínimo del 7% de los votos emitidos en caso de ser dos partidos o un 9% en caso de alianzas de tres o más grupos políticos.


A ello, se suma una cláusula  al artículo 95 cuanto menos curiosa: si tan solo dos partidos superan el umbral del 5% de votos, el tercer partido más votado ingresa en el Parlamento automáticamente –independientemente de cuántos sean sus votos–. Además, si el ganador obtiene la mayoría de votos pero menos del 54% de los escaños parlamentarios, se le asignan escaños extra hasta ese techo –artículo 89 de la Constitución y artículo 96 del Código Electoral–. Por otro lado, hay un porcentaje de un mínimo del 30% de candidatas en cada lista electoral para luchar contra las barreras de género nacionales –Arts. 83 y 84 del Código Electoral–.


En último lugar, la Constitución armenia establece en sus artículos 149 a 151 que la formación de gobierno depende de la mayoría parlamentaria, quién nombra al primer ministro, ratificado formalmente por el presidente de la nación.


Los actores principales: programas, perfiles e ideologías 

Las siguientes clasificaciones ideológicas constituyen aproximaciones analíticas destinadas a facilitar la comprensión del sistema político armenio mediante categorías propias de la política comparada europea occidental. No deben interpretarse como equivalencias estrictas, ya que los partidos en Armenia operan en un contexto institucional, histórico y geopolítico distinto, donde las divisiones ideológicas no siempre se corresponden con los patrones de competencia partidista habituales en Europa Occidental.


Partido: Contrato Civil – Nikol Pashinyan (gobernante desde 2018)  - Centroderecha


Pashinyan, periodista y activista de 51 años, en 2018 la única revolución democrática pacífica de Armenia (Revolución de Terciopelo de 2018) desde su independencia. Llegó a las elecciones de 2026 con el lema “Defiende la paz”, articulado en torno a tres ejes principales: la paz con Azerbaiyán (Trump propició en agosto de 2025 el preacuerdo Pashinyan-Aliyev), la integración europea (ley de aspiración a la UE aprobada en 2025 con apoyo público de Von der Leyen al ministro armenio días antes de la votación), y el alejamiento de la OTSC, de la que Armenia ya ha suspendido su participación.

 

El gobierno del Contrato Civil, ha sido duramente criticado principalmente por su gestión en materia de seguridad y política exterior, especialmente por la guerra del Nagorno-Karabaj de 2020, percibida como una derrota estratégica que evidenció deficiencias en la preparación militar y diplomática armenias. A ello se suma la pérdida definitiva de control armenio en la región en 2023, interpretada como el gran fracaso del Estado para garantizar la protección de la población local. También se le reprocha haber debilitado su tradicional relación de seguridad con Rusia sin haber consolidado alianzas alternativas efectivas. En el plano interno, el gobierno enfrentaba además una fuerte polarización política, protestas y críticas por la falta de lucha contra la corrupción y la modernización institucional.


Partido: Armenia Fuerte – Samvel Karapetyan (oposición pro-rusa) Centroderecha


Registrado en enero de 2026, Armenia Fuerte es el fenómeno opositor. Su fundador, Karapetyan, multimillonario con ciudadanía rusa, fue detenido en 2025 acusado de incitar al derrocamiento del gobierno armenio tras apoyar a la Iglesia Apostólica en su conflicto con el ejecutivo. Dirigió la campaña desde el arresto domiciliario. Su plataforma: defensa de la Iglesia, rechazó el acuerdo con Azerbaiyán, se focalizó en la protección de los desplazados de Karabaj y busca una nueva relación estable con Moscú.


Partido: Alianza Armenia – Robert Kocharyan (oposición pro-rusa) Derecha


Expresidente de Armenia (1998 a 2008) y cercano a Putin. Líder de la oposición parlamentaria a la legislatura de Pashinyan y el mayor crítico de la gestión del Karbaj con el gobierno. El partido encabeza el bloque Hayastan, que convocaba en las encuestas alrededor del 9% de los votos, justo en el límite del umbral para alianzas.


Partido: Armenia Prospera – Gakik Tsarukyan (oposición oligárquica) Centroderecha


Magnate de la construcción y aliado formal del partido ruso Rusia Unida. Activo desde 2004 y con una estimación en encuestas del 4 al 6% de votos (cerca del umbral mínimo para la obtención de escaños). Pashinyan lo ha llegado a comparar varias veces en campaña con Lukashenko (dictador bielorruso) e históricamente ha sido un partido muy pragmático en la formación de alianzas.


Partido: Democracia, Derecho y Disciplina – Vardan Ghukasyan – Derecha


Apareció como sorpresa en los sondeos, con un 13% de estimación de voto motivado por el nacionalismo cívico, el populismo antiélite, el pragmatismo geopolítico, el respeto a la ley y el orden y el conservadurismo social, posicionándose como una alternativa de centro tecnocrático. Finalmente, no superó el umbral según los datos definitivos, lo que constituyó una de las sorpresas del escrutinio.


La campaña más sucia de la década: escándalos, arrestos y desinformación

La campaña armenia ha estado plagada de “juegos sucios” entre partidos. Así pues, el episodio más grave fue la detención de Sambil Karapetyan bajo arresto domiciliario, acusado de incitar al derrocamiento del orden constitucional tras apoyar a la Iglesia Apostólica en su enfrentamiento al gobierno. La oposición calificó el arresto de montaje político. Además, dos miembros del mismo partido también fueron puestos bajo supervisión administrativa por presunta compra de votos.

Por otro lado, el segundo candidato de Armenia Prospera, Andranik Tevanyan, fue detenido bajo cargos de traición y espionaje, provocando un escándalo político mayúsculo. La oposición denunció que el Servicio de Seguridad Nacional fabricaba casos contra figuras incómodas antes de la votación y de servir al ejecutivo.


Asimismo, la policía desarticuló días antes de las elecciones una red de compra de votos en Artashat, provincia de Ararat, vinculada a Armenia Fuerte. Pagos de entre 50,000 a 200,000 drams –unos 116 a 467 euros– por voto. El Comité de Investigación de Armenia abrió en total 59 causas penales relacionadas con presunta irregularidades electorales, incluyendo casos de voto múltiple, lo que no favoreció a la confianza en el partido días antes de los comicios.


Por su parte, Reuters reportó el 29 de mayo que Rusia estaba conduciendo una campaña encubierta para socavar la reelección de Pashinyan: desinformación en redes, apoyo económico a candidatos pro-rusos y un plan para trasladar a decenas de miles de armenios residentes en Rusia para influir en los resultados finales. Bot Boclker calificó la operación como la segunda mayor campaña de desinformación estatal en la Europa moderna, solo superada por las elecciones de Moldavia en 2025.


Los “novios” de Armenia: hablemos del tablero geopolítico (Rusia, UE, EEUU y Azerbaiyán)

Para Moscú, las elecciones de 2026 representaban el riesgo de perder una pieza clave en su sistema de influencia postsoviética. Ereván alberga una base militar rusa en Gyumri, forma parte de la UEEA y tiene más de un millón de ciudadanos (la población armenia en territorio nacional es de 2,93 millones, mientras que en el extranjero es de 7 millones) en Rusia con derecho a voto. Desde la suspensión de la OTSC y la adhesión al Estatuto de Roma en 2023 –que implica que Putin debería ser detenido en suelo armenio–, Moscú respondió con presión económica: restringió importaciones, especialmente agroalimentarias; provocando una contracción comercial, desequilibrando todavía más la balanza comercial de exportaciones armenia en favor de Rusia, llegando a perder casi 3 mil millones de euros –en torno al 10% del PIB–  en beneficios tan solo en 2025. Sin embargo, Armenia ha logrado dar el sorpaso a Rusia, alcanzando niveles de PIB récord hasta llegar a los 26 mil millones de dólares a precios actuales –motivado también por una relocalización de empresas en el territorio tras el estallido de la guerra ruso-ucraniana–.


Mientras, la Unión Europea se ha mostrado como el mayor apoyo a Ereván. Visitas oficiales, elogios personales y una mayor penetración económica han promovido la reapertura de rutas comerciales como muestra de progreso. La UE, además, ha desembolsado fondos de apoyo presupuestario y firmado un Acuerdo de Asociación que la Comisión ha tratado como preludio de una futura candidatura de adhesión –similar a la relación que Bruselas había establecido con Georgia hasta la llegada de Kobakhidze– , provocando un respaldo directo a Pashinyan, principalmente promocionado por Francia.


Por su parte, el Secretario de Estado Marco Rubio visitó Ereván el 26 de mayo de 2026 para firmar acuerdos de cooperación en minerales críticos –litio, cobre y oro–. El marco bilateral se bautizó como TRIPP (Trump Route for International Peace and Prosperity), precidido por el encuentro de Pashinyan y Aliyev en la Casa Blanca durante el agosto de 2025, donde Estados Unidos se posicionó como nuevo garante del orden regional en el Cáucaso. El alineamiento con Washington con Bruselas en favor de Pashinyan ha sido un episodio infrecuente de convergencia transatlántica bajo la presidencia de Trump, pero una oportunidad coetánea favorable a la desarticulación de la influencia rusa en una región geopolítica con alta proyección (cercana a Rusia, Turquía, Irán, Oriente Medio, Asia Central y no muy lejana de China; con presencia de recursos energéticos (gas y petróleo), enclaves militares y antiterroristas; y rutas logísticas-comerciales emergentes).


Mientras, el acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán, iniciado pero no firmado, es la gran apuesta geopolítica del primer ministro armenio. Implicará el reconocimiento armenio definitivo de la soberanía azerí sobre Karabaj, la reapertura de corredores de transporte y la normalización diplomática. Para sus defensores es la única vía para estabilizar la frontera y abrir el corredor hacia Turquía. Para los detractores y desplazados de Karabaj –más del 3% d la población– es una traición sin precedentes, considera como humillación y violación de la sberanía histórica.


Por último, en 2026, las relaciones entre Armenia, Georgia y Turquía se basan principalmente en una lógica de interdependencia económica y logística más que en una afinidad política. Armenia y Georgia mantienen una relación funcional y relativamente estable porque Georgia actúa como el principal corredor de salida de Armenia hacia mercados internacionales, lo que convierte la cooperación en transporte, energía y comercio en un interés estructural para ambos, pese a las diferencias políticas internas y a la fragilidad general del Cáucaso Sur.


Finalmente, entre Armenia y Turquía persiste un proceso de normalización incompleto y condicionado, con contactos diplomáticos y cierta apertura económica limitada, pero sin plena normalización fronteriza, que sigue cerrada en la práctica y supeditada al desenlace del conflicto Armenia–Azerbaiyán. Turquía y Georgia, por su parte, mantienen una relación estable centrada en energía, infraestructura y tránsito regional, lo que refuerza el papel de Georgia como nodo estratégico del Cáucaso y fuerza a Armenia a entablar relaciones coordinadas con Tbilisi. En conjunto, el sistema regional es flexible pero frágil, marcado por corredores de conectividad más que por bloques políticos consolidados.


El escenario previo a las elecciones: lo que estaba en juego

Las encuestas situaban al Contrato Civil en torno al 74% de los votos. Asimismo, había tres escenarios posibles: una victoria amplia con mayoría absoluta propia, un resultado ajustado que obligase a una coalición o una victoria impugnada. 


Las incógnitas eran la concentración del voto opositor –si Armenia Fuerte y DOK superaban el umbral del 5% –, la movilización de la diáspora armenia-rusa y el alcance real de la operación de desinformación de Moscú en el país –que ya había observado lo sucedido en Rumanía y Moldavia–.

Lo que estaba en juego era también un triángulo de factores: el futuro acuerdo de paz con Azerbaiyán, la adhesión al proceso de integración europea (a nivel regional deteriorado por la congelación de negociaciones con Georgia) y la ya débil salud democrática de la propia Armenia, cuyo gobierno había acumulado durante la campaña advertencias internacionales de retroceso institucional procedentes incluso de observadores afines a Pashinyan.


Resultados oficiales: Pashinyan consolida la mayoría

La Comisión Electoral Central de Armenia publicó los resultados preliminares definitivos el lunes 8 de junio de 2026, tras el escrutinio de la totalidad de las mesas electorales del país (2,005 mesas). En unos comicios con una participación del 58,89% –un 9,5% superior a la previa– el partido Contrato Civil obtuvo el 49,81% de los votos válidos –1,459,455 votos– , lo que activaría la cláusula de mayoría estable del Código Electoral armenio y le asignó 57 de los 105 escaños (el número de escaños es de al menos 101 y aumenta cuando se requiere la asignación de escaños adicionales) de la Asamblea Nacional, expulsando al partido Alianza Tengo Honor.


Partido
Votos (%)
Votos en números y variación
Escaños (101 totales)

Contrato Civil

49,81%

727,820 (+5,9%)

64 (-7 escaños)

Armenia Fuerte

23,3%

340,088

29 (+29 escaños)

Alianza Armenia

9,9%

145,113 (-46%)

12 (-17 escaños)

Armenia Prospera

4,0%

-

-

DOK

menos del 5%

-

-


(*) La cláusula de mayoría estable garantiza a Contrato Civil el 54% de los escaños (57 de 105 como mínimo); con 64 ya supera ese techo sin necesidad de bonificación adicional.

(*) Armenia Prospera quedó a un punto del umbral del 5%, lo que supuso su exclusión parlamentaria. Al haber tres fuerzas que superaron el umbral, la cláusula de garantía de representación mínima no fue necesaria.


Participación y geografía del voto

La participación fue del 58,89% con más de 1,4 millones de votos emitidos: la cifra más alta desde las elecciones de 2018 (60,88%). El incremento respecto a 2021 –49,39% – fue de casi diez puntos porcentuales, lo que sugiere una mayor movilización tanto del electorado favorable al gobierno como de la oposición. Siugniq registró la mayor participación regional (66,67%) y Gegharkunik la más baja (54,6%). Ereván, con el 58,46%, se alineó con la media nacional. La “alta” participación favoreció al oficialismo, históricamente mejor implantado en el voto urbano de clase media.


Incidentes y denuncias

Como hemos mencionado, el Comité de Investigación abrió 59 causas relacionadas con irregularidades durante la jornada electoral, incluyendo casos documentados de voto múltiple. Asimismo, la policía armenia habría detenido a 14 personas por infracciones electorales antes de las 17:00 horas locales, y seis candidatos de Armenia Fuerte fueron arrestados el día previo a la votación. Se reportaron además cortes de luz en varios colegios electorales después del cierre de las mesas, aunque el director interino de Redes Eléctricas de Armenia confirmó el restablecimiento del suministro supuestamente antes de que comenzaran los recuentos.


La oposición impugnó los resultados desde el mismo momento en que se publicaron. Karapetyan calificó las elecciones de vergüenza y denunció irregularidades sistémicas, acusando al gobierno de fabricar los casos penales contra miembros de su partido para desorganizar su estructura electoral. El Contrato Civil y las autoridades electorales rechazaron las impugnaciones. Observadores de la OSCE/ODIHR y del Consejo de Europa estaban presentes y su valoración definitiva estaba pendiente de publicación en el momento del cierre de los análisis electorales finales.


Análisis postelectoral: lo que dicen los resultados

El resultado del 49,81% es una victoria clara e incuestionable en términos aritméticos: Pashinyan obtiene una nueva mayoría absoluta de escaños sin necesidad de coalición y con una ventaja significativa sobre el segundo partido. Es, en ese sentido, el mejor resultado posible para el oficialismo: un mandato renovado y aunque no reforzado, le da base parlamentaria suficiente para gobernar otros cuatro años, cerrar el acuerdo con Azerbaiyán y acelerar políticas alineadas con la integración europea. Se espera pues, un alineamiento Washington-Bruselas-Ereván, una nueva era Ankara-Ereván-Bakú y un cambio de paradigma con Moscú, Pekín y posiblemente Tbilisi.

 

No obstante, el resultado revela tensiones que un simple porcentaje no captura. El 23,3% de los armenios han optado por un partido fundado hace cinco meses, cuyo líder estaba bajo arresto domiciliario y cuya estructura fue golpeada por detenciones en los días previos al voto. Esto no es una anécdota, es un indicador de una fractura social profunda y persistente, exacerbada si cabe por la campaña sistemática de deslegitimación por parte del gobierno.


El fracaso de la oposición coordinada

La oposición pro-rusa no ha conseguido su objetivo máximo: desplazar al gobierno o forzarle a una coalición incómoda. Pero tampoco ha sido aplastada. Con Armenia Fuerte y la Alianza Armenia, las fuerzas opositoras conjuntas suman un tercio del parlamento, con más del 33% de los votos. El fracaso es parcial, pero también, consecuencia de una propia fragmentación: si Karapetyan, Kcharyan y Tsarukyan hubieran presentado una candidatura unificada, quizás las cifras del escrutinio habrían representado un escenario distinto. Sin embargo, la disputa de egos, intereses económicos y tradiciones políticas incompatibles impidió esa concentración.


La exclusión de Armenia Prospera por un punto de diferencia respecto al umbral mínimo del 5% es emblemática: Tsarukyan ha acabado pagando el precio de no haber podido articular una alianza con ninguna de las otras fuerzas opositoras, y deja fuera del Parlamento a un sector político con base social real. Que el Parlamento haya quedado reducido a tres fuerzas y no a cuatro o cinco simplifica la gestión parlamentaria –ciertamente interesante para un país con las características armenias o en emergencia–, pero debilita a una oposición, dejando numéricamente fragmentada a la posibilidad de cambio. 


El fracaso de DOK y la sorpresa que no fue 

El partido DOK, que en encuestas de finales de mayo aparecía con hasta el 13% de los votos, no superó el umbral necesario –algunos acusan de una posible operación de desinformación rusa que dotaba al partido de un voto mayor al real, para debilitar el voto hacia el oficialismo; mientras, otros creen que los datos de los resultados finales están dopados y no se corresponden con la realidad–. Su colapso es un fenómeno a analizar, ya que sugiere que el espacio de centro tecnocrático, aparentemente amplio según sondeos, se contrajo en el momento del voto real ante la lógica de la polarización. Los electorales de DOK parecen haber optado, en último momento, por el “voto útil”, reforzando a Pashinyan para garantizar la mayoría o reforzar a Armenia Fuerte como fuerza opositora principal. El centro no ha resistido a la presión del encuadre binario. La cuestión quizás pase por reflexionar sobre si la llegada del centro hubiera interesado a entes extranjeros terceros –tanto Occidentales como sino-rusos o túrquicos– , interesados en el sistema binario que finalmente se ha mantenido.


Lo que viene: el acuerdo con Azerbaiyán y el camino europeo 

Con una mayoría parlamentaria reforzada, Pashinyan tiene ahora el mandato político para intentar cerrar el acuerdo de paz con Azerbaiyán. Este es el gran experimento de los próximos meses: si el tratado se firma y se ratifica por el Parlamento armenio, sería el primer acuerdo de paz estable en el Cáucaso Sur desde los años noventa y eliminaría uno de los principales vectores de inestabilidad regional. El precio político es alto y Pashinyan lo sabe. Pero ahora tiene la base legislativa para intentarlo sin depender de socios de coalición.


Paralelamente, la candidatura armenia a la UE avanzara en la forma de negociaciones del acuerdo de asociación ampliado. La adhesión plena no es realista en el corto plazo —Armenia sigue siendo miembro de la UEEA rusa y tendrá que gestionar esa salida—, pero el camino institucional está trazado y esta elección lo reválida. El coste diplomático con Moscú será creciente: las restricciones comerciales rusas son solo el primer capítulo de una relación que se deteriorará con cada acercamiento de Ereván a Bruselas.


El gran interrogante no resuelto por las urnas es de naturaleza democrática. Pashinyan ha ganado con claridad, pero la campana acumulo evidencias de una concentración de poder que genera incomodidad incluso entre sus aliados occidentales: arrestos de figuras opositoras, uso de recursos estatales para movilizar votantes, deslegitimación sistemática de los medios críticos. La victoria electoral no convierte esas prácticas en aceptables. La OSCE/ODIHR tendrá la última palabra sobre la valoración del proceso, y su informe definitivo condicionarán la narrativa internacional sobre la calidad democrática de estas elecciones. La Armenia que avanza hacia Europa necesita no solo ganar elecciones, sino ganarlas de una forma que Europa pueda defender.


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