Elecciones Honduras: crisis institucional, polarización y regreso del bipartidismo redefinen el poder político
- José Manuel Jiménez Vidal

- hace 4 días
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Los últimos comicios electorales llevados a cabo en Honduras se han desarrollado en un contexto marcado por una histórica inestabilidad política, desconfianza institucional y profundas desigualdades socioeconómicas. Sin embargo, es esencial comprender la tradición política, el sistema electoral y la situación del país centroamericano para poder observar ampliamente. Estas elecciones no se pueden entender como un evento aislado, sino, cuanto menos, como una nueva expresión de un proceso histórico que proviene ya del largo plazo, moldeando, nuevamente, la democracia hondureña.
Tradición e historia política de Honduras
La historia política hondureña ha estado marcada por una débil institucionalidad democrática casi desde sus comienzos. Durante una notable parte del siglo XX, el país experimentó gobiernos autoritarios, como las dictaduras de Tiburcio Carías Andino –1933 a 1949–; y algunos gobiernos militares surgidos tras el golpe del General Oswaldo López Arellano –1963 a 1982–, marcando una influencia militarista y una presencia determinante en los intereses económicos y políticos. Aunque desde 1982 Honduras reformó formalmente sus sistema con la llegada de Suazo Córdova y la promulgación de la Constitución, desembocando en elecciones periódicas, la democracia ha sido más procedimental o “teórica” que sustantiva, con altos niveles de clientelismo, corrupción y exclusión social.
Durante décadas, el sistema político ha estado dominado por dos partidos: el Partido Liberal de Honduras –liberalismo clásico– y el Partido Nacional de Honduras –conservadurismo–. Ambos se han alternado el poder con diferencias ideológicas moderadas y con una fuerte dependencia a redes clientelares, especialmente relacionadas con las Fuerzas Armadas, las élites económicas y los sectores religiosos.
Este bipartidismo comenzó a resquebrajarse tras el golpe de Estado de 2009 –detonado por la iniciativa de Zelaya; cercano a los gobiernos izquierdistas de Iberoamérica; de impulsar una consulta popular para reformar la Constitución en favor de su reelección presidencial–, cuando se derrocó al entonces presidente Manuel Zelaya. Este evento marcó el punto de inflexión en la política contemporánea de Honduras, dando origen a nuevas fuerzas políticas, particularmente al Partido de la Libertad y Refundación (LIBRE), de orientación de izquierda a extrema izquierda liderado hasta el momento por la Presidente Xiomara Castro y fundado por el expresidente Manuel Zelaya, que canalizó el descontento social en favor de demandas y reformas estructurales más reactivas.
Desde entonces, la política hondureña se ha caracterizado por una polarización cada vez más presente, similar a los hechos que se plasman en todos los demás países culturalmente occidentales, donde conviven sectores que buscan mantener un orden tradicional junto a quienes impulsan cambios más drásticos.
El sistema electoral en Honduras
El sistema electoral de Honduras se rige por la Constitución de la República y por la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas. Las elecciones generales se celebran cada cuatro años y en una misma jornada se escoge al presidente, a los diputados del Congreso Nacional, a las autoridades municipales y a los representantes ante el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) –órgano político regional de integración que forma parte del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), conformado por Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Panamá y República Dominicana –.
El presidente se elige mediante un sistema de mayoría simple: gana el candidato que obtenga más votos, sin necesidad de alcanzar el 50%. Este diseño, si bien simplifica el proceso y evita una segunda vuelta electoral, tiene como consecuencia que el presidente electo pueda asumir el cargo con un respaldo electoral limitado, lo que debilita su legitimidad en contextos donde la fragmentación política puede darse en mayor medida.
El Congreso Nacional, por su parte, se elige mediante un sistema de representación proporcional con listas abiertas siguiendo la cuota Hare, lo que permite el pluralismo partidista, pero también genera mayor fragmentación legislativa y dificulta la construcción de mayorías estables –nada nuevo para sistemas como el español o el francés–. La administración del proceso electoral está a cargo del Consejo Nacional Electoral de Honduras, mientras que el Tribunal de Justicia Electoral resuelve los conflictos y disputas.
Entre las ventajas del sistema hondureño se encuentra la posibilidad de representación de diversas fuerzas políticas y la inclusión de distintos niveles de gobernanza en un mismo proceso electoral, algo a destacar frente a vecinos como Nicaragua. Sin embargo, sus debilidades son notables: problemas técnicos en el conteo de votos –lo que ha retrasado el resultado electoral y dificultado la transición pacífica del poder–, la transmisión de votos, la politización de los organismos electorales, lentitud en la resolución de conflictos y una profunda desconfianza ciudadana en la transparencia del proceso.
Las elecciones de 2025 y sus candidatos
Las últimas elecciones generales se celebraron en un clima tenso. La competencia ha sido muy cerrada entre candidatos, lo que ha exacerbado las debilidades del sistema electoral. Tres figuras han sido las que han concentrado la atención:
Por un lado, Nasri Asfura, del Partido Nacional, representó la continuidad de los sectores conservadores tradicionales. Exlcalde de Tegucigalpa, exdirector del Fondo Hondureño de Inversión Social y exRegidor del MDC, su perfil ha sabido combinar la experiencia administrativa con una narrativa focalizada en la seguridad, el crecimiento económico y la estabilidad. No obstante, su trayectoria ha estado acompañada de cuestionamientos por supuestos actos de corrupción, lo que ha generado rechazos en amplios sectores sociales.
En segundo lugar, Salvador Nasralla, del Partido Liberal, encarna una figura diferenciadora dentro de la política tradicional. Proveniente del mundo de los medios de comunicación, ha construido una campaña electoral con un discurso centrado en la anticorrupción y la crítica hacia el sistema existente, aunque ha mostrado dificultades para consolidar una base partidaria sólida y coherente.
Finalmente, Rixi Moncada, candidata del partido LIBRE y representante del oficialismo, ha buscado dar continuidad al proyecto del Ejecutivo progresista previo. Su perfil técnico y su cercanía con el núcleo duro del partido le han otorgado un apoyo notable entre sectores organizados, pero no ha logrado captar el entusiasmo popular de sus antecesores. Ha ejercido como Secretaria de Defensa desde 2024, tras dejar la Secretaria de Finanzas que encarnó desde 2022, cuando era Consejera del CNE. Previamente había sido Gerente de la ENEE y Secretaria de Trabajo en el Gobierno de Zalaya.
El proceso electoral se ha visto empañado por retrasos en el conteo de votos, inconsistencias en actas y denuncias cruzadas de fraude electoral. La falta de resultados definitivos durante semanas ha alimentado la incertidumbre, provocado protestas y profundizado las crisis de confianza en las instituciones del país.
Resultados electorales
Los resultados electorales del 30 de noviembre de 2025 reflejan un panorama político competitivo, marcado por una carrera extremadamente cerrada entre partidos tradicionales, mientras que el partido izquirdisrta oficialista, LIBRE, ha sufrido un gran retroceso en su apoyo popular.
Con el 99,82% de las actas escrutadas, los números finales muestran una contienda reñida. Nasry Asfura “Tito” ha ganado las elecciones con un 40,40% de los votos (1,322,696 votos). Seguidamente, Salvador Nasralla, habría obtenido un 39,41% (1,290,119 votos). En tercer lugar, Rixi Moncada, habría alcanzado los 629,300 votos, un batacazo electoral para el oficialismo en favor de los partidos tradicionales, logrando tan solo el 19,22% del escrutado. Por debajo, candidaturas como la de Nelson Ávila o Mario Rivera se encontrarían por debajo del 1%. En cuanto a la participación ciudadana, se ha situado en torno al 53,08%, reflejando un nivel de movilización moderado e incluso bajo, marcado por un contexto de alta polarización y hartazgo político, lo cual, ha perjudicado a candidaturas como LIBRE.
Por su parte, el mapa electoral refleja tanto fortalezas tradicionales como cambios recientes, especialmente en centros urbanos:
El PNH ha dominado en 11 departamentos, con mayor fuerza en el oeste del país (Intibucá y Lempira), el sur (Valle y Choluteca) y el este (El Paraíso). En el Distrito Central (Tegucigalpa, capital nacional), su bastión más importante, Juan Diego Zelaya ha logrado la alcaldía con un 37,94% de los votos, consolidando al partido mayoritario en esta jurisdicción estratégica. En consecuencia, un buen resultado para los nacionales.
El PLH ha logrado 7 departamentos, destacando en Islas de la Bahía y otros nodos comerciales. En San Pedro Sula, su victoria ha sido notable, encabezada por Roberto Contreras, quién ha alcanzado el 75,61% de los votos, haciéndose con la alcaldía de forma amplia. Además, lideran en ciudades como La Ceiba, El Progreso y Comayagua.
LIBRE, aunque ha quedado tercero en la presidencia, ha mantenido presencia en Olancho, Santa Bárbara, Colón y Francisco Morazán, donde ha conservado tanto influencia urbana como rural, aunque insuficiente para retener la hegemonía previa. Solo han logrado liderar en un departamento: Santa Bárbara.
Factores como la polarización, las alianzas y la influencia externa –como el apoyo de Trump a Asfura–, la crisis de credibilidad electoral o el desgaste del oficialismo han consolidado la pérdida de 15 diputados por parte de LIBRE en el Congreso, la vuelta del conservadurismo a Honduras tras la legislatura de Xiomara Castro.
En términos visuales, el país queda en cierto estilo “ajedrez”: el centro y occidente se han teñido de azul (PNH), los nodos comerciales del norte y las islas de rojo (PLH), mientras que LIBRE se ha quedado aislado en el oeste del país y conserva ciertos focos dispersos de resistencia en el oriente e interior, pero lejos de la presidencia.

Composición previa y actual del Congreso Nacional y las alcaldías
Previamente a las elecciones de 2025, el órgano unicameral encargado del poder legislativo de Honduras, el Congreso Nacional de la República de Honduras, estaba dividido en tres segmentos claros.
Por un lado, el partido del gobierno: LIBRE, con un total de 43 diputados, apoyado por el Partido Anticorrupción y el Partido Demócrata Cristiano, ambos con un diputado; y por el PINU-SD, con dos diputados de los 128 totales. Seguidamente, encontramos a la oposición, con otros 43 escaños liderados por el Partido Nacional y 35 por el Partido Liberal. Por último, el Partido Salvador de Honduras, de corte independiente y con 3 escaños, sería el séptimo y último grupo parlamentario.
Por el momento, con un 99,82% del escrutinio por parte del Consejo Nacional Electoral, el Partido Nacional habría ganado los comicios, alcanzando los 49 escaños. Seguidamente, el Partido Liberal habría aumentado a 41, LIBRE habría disminuido hast los 35 representantes, PINU-SD habría aumentado un escaño, consiguiendo dos diputados y Democracia Cristiana se mantendría con un escaño nuevamente, desapareciendo del panorama parlamentario el grupo independiente.
Respecto a las alcaldías, de los 298 municipios hondureños se repartieron en 2021 entre el Partido Nacional –144 alcaldías–, el Partido Libreral –90 alcaldías–, LIBRE –50 alcaldías–, Democracia Cristiana –3 alcaldías–, el Partido Salvador de Honduras –1 alcaldía– y el Partido Innovación y Unidad junto a otros pequeños partidos como Alianza Patriótica Hondureña o Todos Somos Honduras, con 1 alcaldía en cada caso, de igual forma que el grupo independiente.
Pese a que todavía no conocemos los datos de las elecciones municipales, la candidatura de Asfura para la Presidencia Nacional ha sido la más escogida en 201 municipios, seguido por Nasralla en 81 municipios, Moncada en 14 y otros 2 municipios sin datos oficiales por el momento. En cuanto al PARLACEN, de los 20 escaños que le corresponden a Honduras, el PNH y el PLH recibirán cada uno 8 escaños y LIBRE los cuatro restantes, a falta de un 3,80% del escrutinio.

La situación actual del país
En el plano económico, Honduras enfrenta problemas estructurales persistentes. La economía depende en gran medida de las remesas enviadas por migrantes, de la exportación de productos agrícolas y de maquila con bajo valor agregado. La pobreza afecta a una gran parte de la población y la desigualdad social sigue siendo un problema elevado a enfrentar. A esto se suma un mercado laboral precario, marcado por la informalidad y la falta de oportunidades para jóvenes.
Socialmente, Honduras es un Estado que enfrenta altos índices de violencia, crimen organizado y desplazamientos forzados. La migración masiva hacia Estados Unidos u otros países de la zona es una manifestación clara de la falta de oportunidades y de la pérdida de esperanza en el futuro nacional. Los servicios públicos, especialmente en salud y educación, muestran serios problemas, lo que ha reforzado además la exclusión social.
En el ámbito político, la polarización es uno de los rasgos más alarmantes. La confrontación constante entre fuerzas, la judicialización de la política y la percepción de injerencias de actores externos debilitan aún más la legitimidad del sistema democrático. Las elecciones de 2025 han evidenciado que, aunque existen mecanismos formalmente democráticos, estos no tienen por qué ser suficientes para garantizar la estabilidad y confianza democrática.
Conclusiones
Honduras refleja una democracia en tensión, similar al contexto en casi todas las sociedades occidentales, pero, exacerbada por el contexto socioeconómico y político tradicional del país. Por un lado, se muestra la existencia de prácticas democráticas sencillas o claras, como: competencia política real, pluralismo partidario o participación ciudadana. Por otro lado, asoman profundas debilidades institucionales a lo largo del sistema, las cuales, ponen en riesgo la gobernabilidad y legitimidad del poder político.
El sistema electoral, legalmente establecido, requiere de reformas para mejorar la transparencia, la eficacia técnica y la independencia de los organismos encargados. Asimismo, el país necesita avanzar hacia un modelo que reduzca la polarización, el intervencionismo estatal y que fortalezca el Estado de derecho.
En último lugar, el desafío de Honduras no se limita a quién gana la elección, sino a cómo construir una democracia capaz de responder a las demandas que le surgen, ofreciendo estabilidad y desarrollo. Las elecciones de 2025 son un espejo de los dilemas y una advertencia sobre los riesgos de no abordarlos de forma estructural.







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