Libia: donde informar es una misión de riesgo
- nacionesenruinas
- 17 abr 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 2 jul 2025
Libia, país africano atrapado en el caos desde la caída de Gadafi en 2011, enfrenta una situación crítica en términos de libertad de expresión. El país cuenta con tan sólo 9 de 100 puntos del ranking de libertades civiles elaborado por Freedom House, y aunque ha incrementado su puntuación levemente en el ranking de RSF, sigue totalmente por debajo de la media global. En Libia, ser periodista no es una profesión, es directamente un deporte de riesgo.

El país está dividido en diversas facciones armadas y regiones sin control estatal efectivo. Esta inestabilidad genera un entorno proclive a la censura, la autocensura y el miedo constante. Las redacciones no son censuradas exclusivamente por parte de las autoridades, sino también controladas y silenciadas por milicias paramilitares, grupos de presión político-religiosos, tribus, extremistas e intereses económicos.
En cuanto al marco legal, los medios siguen regulados por leyes creadas en los años 70, con ciertas leyes vigentes desde la dictadura de Gadafi, lo cual, da rienda a la interpretación arbitraria, la represión legal y el castigo a la disidencia. No existen garantías para el periodismo libre, y las desapariciones, secuestros y amenazas se convierten en constantes para los profesionales.
En el plano sociocultural, las tradiciones patriarcales, las prácticas religiosas conservadoras y las presiones políticas por parte de los grupos tribales intensifican la censura y ataque a los periodistas, especialmente en el caso de las mujeres. El periodismo en Libia es censurado tanto por las cúpulas de poder, como por las bases sociales. Algunos temas tabú – derechos humanos, religión, libertad sexual, derechos de la mujer, género, corrupción – son directamente vetados por temor a represalias. Libia es ejemplo de cómo la libertad desaparece entre las sombras de un Estado fallido. En éste contexto, informar se convierte en un acto de resistencia, y cada palabra escrita y publicada es, literalmente, una batalla ganada ante la censura.
Libia es hoy uno de los lugares más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. En mitad de este caos, los periodistas son blanco de amenazas, secuestros, torturas y asesinatos. Las milicias y grupos armados, vinculados al poder, ven en la prensa crítica un enemigo a silenciar.
La situación es tan desesperante que muchos profesionales han optado por abandonar la profesión o exiliarse a países cercanos, mientras quienes se quedan escogen la autocensura como medio de supervivencia en un clima hostil. La infraestructura mediática ha sido también golpeada: canales cerrados, radios incendiadas y medios digitales bajo constante vigilancia. Incluso durante catástrofes naturales, como fueron las inundaciones en 2023, las autoridades bloquearon el trabajo de los reporteros.
Casos como el de Mohamed Ben Khalifa y Reda Fhelboom son ejemplos de un mismo patrón de represión. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras y Human Rights Watch denuncian esta situación continuamente, pero los ataques continúan en un clima de total impunidad.

Pese a todo, aún hay quienes arriesgan su vida para contar la verdad. En medio del miedo, surgen iniciativas diversas como Small World News que apuestan por el periodismo ciudadano, llevando esperanza donde tan sólo parece quedar oscuridad. En Libia, informar es un acto de valentía que se convierte cada día en resistencia.





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