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Myanmar: entre la censura y la resiliencia informativa

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 1 may 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 2 jul 2025

En la era digital, donde la información circula de forma masiva y acelerada, la labor de los verificadores de datos se ha vuelto fundamental para combatir la desinformación. Estas plataformas, conocidas como fact-checkers, cumplen un rol esencial: comprobar hechos, cotejar fuentes oficiales y desmentir bulos que pueden tener consecuencias sociales, políticas o sanitarias graves.


A nivel global, dos instituciones destacan por su liderazgo en el ámbito: el Duke Reporter’s Lab, con 450 verificadores activos y 161 inactivos, y el IFCN Code of Principles, que agrupa a 148 miembros activos con estándares éticos internacionales. Estas redes permiten observar la distribución y características del fact-checking a escala continental.


En Asia, el 26% de las cuentas activas del Duke Reporter’s Lab se concentran en 33 de los 50 Estados. Sin embargo, hay vacíos significativos en países como Rusia, Emiratos Árabes, Vietnam o Corea del Norte. La presencia se focaliza mayoritariamente en capitales, siendo India el líder regional, con 26 verificadores activos y 9 inactivos, seguido por Corea del Sur, Indonesia y Filipinas. En contraste, países con alta censura como Irán, Afganistán o Myanmar tienen una presencia marginal o en declive. Cinco ciudades concentran el 42,84% de los verificadores asiáticos, lo que denota una centralización preocupante.


En cuanto a los idiomas, aunque Asia es lingüísticamente diversa, el inglés predomina (25,38%), seguido por el árabe, coreano y bahasa indonesia. En la red IFCN, la hegemonía del inglés se amplifica hasta el 44,73%, favorecida por su peso en India y la conectividad internacional. Esto refleja tanto los legados coloniales como la necesidad de visibilidad transnacional. Sin embargo, el uso de lenguas nacionales (como el birmano, bengalí, persa o hebreo) sigue siendo relevante en contextos específicos.


El caso de Myanmar representa un punto crítico en esta dinámica. El país cuenta con solo dos verificadores activos (Fact Crescendo y AFP) y uno inactivo, el “Myanmar ICT for Development Organization”, expulsado de la red IFCN en 2021 tras el golpe militar. Desde entonces, el régimen ha impuesto bloqueos de Internet, censura sistemática y persecución a medios independientes, obligando a muchos periodistas y verificadores al exilio o la clandestinidad. La censura ha impactado directamente la capacidad de operar de las organizaciones de verificación, dificultando el acceso a información confiable.


A pesar de ello, medios como Fact Crescendo, registrado en India pero con operaciones en birmano, y la AFP, con redes de contacto internacionales, mantienen presencia activa en Yangon, antigua capital de Myanmar. Sus esfuerzos se centran en desmontar desinformación visual —particularmente imágenes manipuladas o generadas por IA sobre temas militares—, en un contexto donde la información se ha convertido en un bien escaso y estratégico.


En conclusión, la verificación en Asia enfrenta desafíos estructurales como la censura, el centralismo urbano y la dependencia del inglés como idioma vehicular. El caso de Myanmar evidencia el extremo de estas tensiones: un entorno donde informar puede significar poner en riesgo la vida, pero donde algunos medios siguen operando con valentía. Fortalecer las redes de verificación en países vulnerables, promover el uso de lenguas locales y garantizar un ecosistema digital libre son pasos clave para enfrentar la desinformación en el continente asiático.

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