Antártida: hacia lo imposible
- nacionesenruinas
- 30 ago 2025
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La historia de la exploración antártica está marcada por relatos plenos de valentía, resistencia, superación y descubrimientos científicos, pero pocas expediciones logran capturar la imaginación como la de Ernest Shackleton y el barco Endurance. Este viaje, que comenzó con el ambicioso objetivo de atravesar el continente antártico de un lado a otro, se transformó en un ejemplo sin precedentes de resiliencia humana y liderazgo bajo condiciones sumamente extremas.
Objetivos de la expedición
En 1914, Shackleton, un explorador británico ya famoso por su participación en la expedición Nimrod a la Antártida, anunció su proyecto: la Primera Travesía Transcontinental de la Antártida. La intención era partir desde la costa del mar de Weddell, cruzar la masa continental hasta el mar de Ross, y demostrar la capacidad humana para superar los desafíos más hostiles de la naturaleza.
El Endurance, originariamente denominado como Polaris, fue un barco de tres mástiles construido en Noruega específicamente para soportar el hielo, se convirtió en el transporte que llevaría a Shackleton y su tripulación hacia lo desconocido. La expedición contaba con 28 hombres, 69 perros de trineo, un gato, suministros para un año y la esperanza de completar una hazaña histórica jamás llevada a cabo.
La construcción del barco fue una iniciativa empresarial de Adrien de Gerlache –oficial de marina belga– y Lars Christensen –explorador polar y magnate ballenero noruego—, quienes querían utilizarlo para la caza de osos polares y el turismo adinerado. Finalmente, por problemas financieros, Christensen le vendió el navío a Shackleton tras el abandono del proyecto por parte de Gerlache, cambiando éste el nombre del navío y utilizándolo para la expedición.
El Endurance partió de Londres el 1 de agosto de 1914 al mando de Frank Worsley rumbo a la bahía de Vahsel, en la zona sur del mar de Weddell. Es decir, por casualidad, justo el día en el que Reino Unido entraba oficialmente en la Primera Guerra Mundial. Debido a la guerra, Shackleton dudó sobre partir, pero tras enviar un telegrama al Almirantazgo, este le envió un telegrama con una respuesta: “proceda”. Posteriormente, les llegaría otra comunicación, del mismísimo Winston Churchill, en aquel entonces Primer Lord del Almirantazgo. En consecuencia, el 9 de agosto de 1914 dejaron el puerto de Plymouth con destino a Buenos Aires.
El encuentro con el hielo
Desde los primeros días, la Antártida demostró su implacabilidad. En enero de 1915, apenas unos meses después de partir, el Endurance quedó atrapado en la banquisa de hielo del mar de Weddell. A pesar de los intentos de Shackleton y su tripulación por liberar el navío, la presión del hielo lo comprimió hasta que, finalmente, en noviembre de 1915, la nave se hundió bajo toneladas de hielo. Sus restos fueron encontrados en 2022, a 3000 metros de profundidad y cuatro millas al sur de la posición registrada originalmente por el capitán Frank Worsley.
La situación podría haber sido desastrosa, pero Shackleton mostró desde el inicio una capacidad excepcional de liderazgo. Consciente de que el fracaso del objetivo del viaje era inevitable, se centró en proteger la vida de su equipo. El grupo se trasladó a los hielos flotantes, estableciendo campamentos improvisados en medio del océano congelado.
Tras el catastrófico destino del Endurance, la tripulación comenzó una travesía a trineo por el helado mar de Weddell y posteriormente un viaje en bote hasta la isla Elefante, ubicada en el archipiélago de las islas Shetland del Sur.
Supervivencia en el hielo
Durante meses, Shackleton y su grupo enfrentaron temperaturas extremas, tormentas implacables y una escasez creciente de alimentos. La moral era un desafío constante, y cada decisión podría significar jugar la vida o la muerte. Shackleton organizó turnos, mantuvo actividades diarias y fomentó la camaradería, entendiendo que la disciplina y el espíritu colectivo eran esenciales para la supervivencia de los allí presentes.
En abril de 1916, Shackleton decidió intentar llegar a tierra firme desde las Shetland del Sur. Usando un bote salvavidas, él y cinco hombres – Worsley, Tom Crean, Timothy Mccarthy, John Vincent y Henry Mc Neish— emprendieron un viaje épico de 1,300 kilómetros hasta la isla Georgia del Sur en un bote de 6,7 metros de eslora, navegando por aguas heladas a través del paso de Drake y el mar de Scotia –considerado el peor mar del mundo para navegar por su oleaje—. Este viaje, considerado uno de los mayores logros de la navegación de emergencia, se realizó sin mapas precisos y con recursos mínimos, pero culminó en éxito absoluto.
Tras tocar tierra en la zona sur de la isla, los seis hombres atravesaron la cordillera que recorría la isla en 36 horas, igualmente destacable viaje; puesto que el interior de las isla Georgia del Sur no había sido cartografiado, hasta alcanzar la base ballenera de Grytviken, donde lograron conseguir ayuda.
Rescate de la tripulación
Tras alcanzar la isla, Shackleton no descansó. Organizó de inmediato el rescate de los hombres que habían quedado en las islas cercanas. A pesar de los peligros del mar del sur, logró rescatar a todos los integrantes de la expedición sin una sola pérdida humana. Este hecho consolidó su reputación como un líder excepcional, capaz de mantener la vida y moral de su equipo frente a cualquier adversidad extrema.
Finalmente, los veintidós hombres que quedaron en la isla Elefante fueron rescatados por el buque Yelcho, de la Armada de Chile, comandado por el Capitán Luis Pardo Villalón, el 30 de agosto de 1916, veintidós meses después de haber llegado a la isla Georgia del Sur y tras otros tres intentos fallidos de rescate a causa de las condiciones meteorológicas.
Importancia histórica y humana
La expedición del Endurance no alcanzó su objetivo inicial, pero su legado es incuestionable. Demostró que la resiliencia, la planificación cuidadosa y el liderazgo humano pueden superar condiciones que parecen insuperables. La historia de Shackleton se convirtió en un referente para militares, exploradores, empresarios y cualquier persona interesada en la gestión de crisis y la motivación en situaciones difíciles.
Además, la expedición contribuyó al conocimiento sobre la geografía y el clima antártico. Aunque el objetivo científico no fue tan llamativo como en otras expediciones coetáneas, los diarios, mapas y observaciones recopiladas durante la travesía proporcionaron información valiosa sobre la región del mar de Weddell, la isla Georgia del Sur, la isla Elefante, el pasaje de Drake y el mar de Scotia, el comportamiento del hielo marino y las condiciones extremas de supervivencia en el continente austral.
Expedición del Endurance–tripulación completa
Liderazgo
Sir Ernest Shackleton – Jefe de la expedición — Irlanda.
Frank Wild — Segundo a bordo — Inglaterra.
Oficiales
Frank Worsley — Capitán del Endurance — Nueva Zelanda.
Lionel Greenstreet — Primer oficial — Inglaterra.
Tom Crean — Segundo oficial — Irlanda.
Hubert Hudson — Navegante — Inglaterra.
Alfred Cheetham — Tercer oficial — Inglaterra.
Científicos y especialistas
James Wordie — Geólogo — Escocia.
Leonard Hussey — Meteorólogo — Inglaterra.
Reginald James — Físico — Inglaterra.
Robert Clark — Biólogo — Escocia.
Dr Alexander Macklin — Médico cirujano — Inglaterra.
Dr James Mcilroy — Médico cirujano — Irlanda.
Ingeniería, marineros, ayudantes y logística
Harry McNish — Carpintero — Escocia.
Tom McLeod — Marinero— Escocia.
Charles Green — Cocinero — Inglaterra.
Walter How — Marinero — Inglaterra.
William Bakewell — Marinero — Estados Unidos.
Perce Blackbborow — Polizón (aceptado posteriormente como tripulante) — Gales.
Timothy McCarthy — Marinero — Irlanda.
James Francis Hurley — Fotógrafo — Australia.
Thomas McLeod— Marinero– Escocia .
William Stevenson— Fogonero/Bombero — Inglaterra.
Albert Holness — Fogonero/Bombero — Inglaterra.
George Marston — Artista de la expedición — Inglaterra.
John Vincent — Contramaestre — Inglaterra.
Charles Ansell — Mayordomo.
Thomas Orde-Lees —Experto en equipos de transporte — Inglaterra.
Curiosidades de la expedición
El polizón
Perce Blackbborrow fue rechazado a bordo, por su juventud e inexperiencia y porque ya contaban con suficientes tripulantes. Ayudado por su amigo William Bakewell, Tim McCarthy y Walter How le ayudaron a introducirse en secreto en la nave, viajando escondido como polizón en un armario. Cuando fue descubierto, estaban demasiado lejos para dar media vuelta, por lo que a Shackleton no le tocó otra que aceptarlo a bordo. Fue el primer ser humano en pisar la isla Elefante.
El gato Mrs. Chippy
Mrs. Chippy, el gato del carpintero Harry McNish, fue considerado por muchos como uno más a bordo. El gato acompañó a la tripulación desde el inicio y fue muy querido, a pesar de su nombre femenino, era macho, pero la bautizaron así por su apego a McNish.
Cuando el Endurance quedó atrapado y se hundió en el hielo, Shackleton tomó una dura decisión: no podían cargar animales, ya que los recursos eran muy muy limitados y cada kilo extra era la diferencia entre vivir o morir. En octubre de 1915, se ordenó sacrificar a todos los perros y también a Mrs. Chippy.
La pérdida fue especialmente dolorosa para McNish, quien nunca le perdonó la acción a Shackleton. Años después, cuando se erigió la tumba de McNish en Nueva Zelanda, los miembros de la Sociedad Antártica colocaron una escultura de bronce de Mrs. Chippy sobre la lápida, como homenaje póstumo al vínculo insuperable entre ambos.
Los perros
Shackleton sabía que para atravesar la Antártida necesitaría trineos tirados por perros. Por eso, llevó consigo 69 perros de trabajo, muchos de ellos esquimales o de raza groenlandesa. Cada uno tenía su nombre, muchos puestos por la tripulación, tales como: Satan, Oscar, Hurley, Samson, Sally, Boss, Suggen o Sue. Los perros se quedaron con ellos durante meses tras la destrucción del barco, ayudando a transportar cargas y tirando de los trineos. Tristemente, al igual que Mrs. Chippy fueron sacrificados antes de partir hacia la isla Elefante por falta de suministros, siendo recordados como miembros oficiales de la tripulación.






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