El Baifo y la construcción de la identidad cultural en la música urbana española: Canarias, Quevedo y la territorialidad del reguetón en la era digital
- Octavio Jesús Lorenzo Hernández

- hace 1 día
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El pasado 23 de abril, Quevedo publicó "El Baifo", su tercer álbum, un disco de catorce canciones que en cuestión de horas se convirtió en uno de los lanzamientos más comentados del año en España. Más allá de las cifras y de las discusiones que generó en redes sociales, este disco es un buen punto de partida para hablar de algo que lleva gestándose desde hace más de una década, la llegada del reguetón a España, país que se ha convertido en un punto estratégico de la música urbana a nivel internacional. En este sentido, también es importante observar cómo la música urbana está siendo clave para generar identidad a lo largo y ancho del globo y como se convierte en altavoz para las luchas sociales.
El Baifo como concepto de identidad
Para entender el álbum es necesario saber lo que significa “baifo”, palabra que es usada en Canarias para referirse a la cría de la cabra, una palabra de raíz prehispánica que está vinculada con el amazigh que dejaron los aborígenes canarios antes de la conquista castellana. Que Pedro Dominguez Quevedo, uno de los artistas españoles más escuchados del momento, decida titular su disco con un canarismo tan específico no es casualidad. En un mercado musical donde la tendencia suele ser buscar títulos neutros, fácilmente exportables y sin marcas geográficas demasiado evidentes, recuperar una palabra que solo se usa en las islas es un gesto de carácter identitario.
Hay además un doble sentido en el uso de la palabra, ya que en el ámbito anglosajón, llamar a alguien "la cabra" (the GOAT, Greatest Of All Time) es una forma de decir que es el mejor en su categoría, siendo un título que funciona en dos registros simultáneos, el canario y el global, sin que ninguno de los dos anule al otro, lo cual resume bastante bien el propio proyecto artístico del disco. Sin embargo, desde el primer sencillo, "Ni Borracho", lanzado en febrero con un videoclip rodado en las islas y protagonizado por figuras canarias como Arístides Moreno o el cómico Kike Pérez, además de personajes como el físico Javier Santaolalla, hasta canciones como "Gáldar" (con el puertorriqueño Tonny Tun Tun), "Al Golpito" (junto al grupo canario Nueva Línea), "La Graciosa" (un merengue con Elvis Crespo) o "Hijo de Volcán" (con la agrupación folclórica Los Gofiones), el disco funciona como un mapa sonoro y emocional del archipiélago.
Por ejemplo, "Mi Balcón", con el timple como instrumento central, habla desde la nostalgia de los balcones tradicionales canarios, una arquitectura muy característica de las islas, mientras que "Scandic" hace referencia a una antigua discoteca de Gran Canaria que ha marcado a varias generaciones de jóvenes. Incluso el lanzamiento del disco incluyó un espectáculo de drones con referencias al paisaje volcánico y a las ocho estrellas que representan las islas en la portada de su canción "Ni Borracho". En este sentido, el álbum al marcar una senda tan identitaria, no ha dejado de causar controversia, ya que muchos usuarios en redes consideran el uso de las ocho estrellas como un guiño a la bandera nacionalista canaria –véase la bandera del ateneo de La Laguna de 1907–, además, el uso de sonidos clásicos de la salsa y del merengue han sido considerados como apropiación cultural, tema que el propio Quevedo ha explicado en sus entrevistas posteriores al estreno del albúm argumentando que el uso de este tipo de ritmos siempre han sido usados en las islas por la conexión de estas con Hispanoamérica.
El Baifo como biografía
A diferencia de lo que muchos piensan, Quevedo no nació en Gran Canaria, nació en Madrid en diciembre de 2001, pero a los pocos meses su familia se trasladó a Brasil, donde vivió hasta los cinco años. Tras ese periodo, la familia regresó a España, no a Madrid, sino a Gran Canaria, donde Quevedo se crió y desarrolló su carrera musical. El artista que hoy reivindica Canarias con tanta fuerza no es alguien que nació en las islas por pura casualidad geográfica y de quien podríamos esperar cierto desapego, sino alguien cuya familia, como la de tantas otras en el archipiélago, tiene un recorrido migratorio.
Su carrera despegó con fuerza en 2022 con "Cayó la Noche Remix", colaboración en la que participaron artistas canarios como Cruz Cafuné, La Pantera o Bejo, nombres que forman parte de esa escena urbana canaria. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó en julio de ese mismo año con la “Sessions Vol. 52”, su colaboración con el productor argentino Bizarrap. A partir de ahí llegaron "Donde Quiero Estar" en 2023, que fue el disco más vendido en España ese año, manteniéndose catorce semanas consecutivas como número uno en ventas, y "Buenas Noches" en 2024.
En este sentido, su último álbum consolida a Quevedo como uno de los nombres centrales de la música en español a nivel mundial, y desde esa posición ha decidido dedicar un disco a la tierra que lo vio crecer. No obstante, el canario desde sus inicios siempre introdujo aspectos de su vida en Las Palmas, así como léxico de las islas en sus canciones, un ejemplo de esto es como suele cerrar muchas de sus canciones con su firma "LPGC, you know" (Las Palmas de Gran Canaria, ya sabes), un detalle pequeño que con los años se ha convertido en una de sus señas de identidad más reconocibles, casi un sello de origen dentro de un mercado musical que tiende a la deslocalización.
De los barrios latinoamericanos a las listas españolas
Para entender por qué un artista español puede hoy llenar estadios cantando reguetón y trap, hace falta mirar hacia atrás, hacia el origen del género. Cuando se habla del reguetón se hace referencia a un subgénero de la música urbana, siendo este un concepto usado en el mundo musical para aglutinar en un mismo espacio a géneros musicales que vienen de una misma raíz como pueden ser el trap, rap, R&B, dembow, reguetón, entre otros. Estos estilos musicales tienen sus orígenes en el hip hop, reggae y dancehall, géneros que nacieron a partir de los años 70.
El reguetón que se conoce hoy proviene de Puerto Rico, cuando a finales de los años 90´s se adaptó el reggae en español nacido en Panamá a los estilos musicales de la isla y a la producción digital que estaba surgiendo en ese momento. La Explosión del género podemos ubicarla en 2004 con el álbum Barrio Fino de Daddy Yankee, entrando en las listas de éxitos de Estados Unidos y Europa, en especial con su canción Gasolina.
La llegada de este sonido a España no puede separarse de los flujos migratorios que el país experimentó desde finales de los noventa y, sobre todo, durante la primera década de los 2000. La población latinoamericana que se asentó en España en ese periodo trajo consigo un consumo cultural propio que durante años quedó relegado a un circuito relativamente marginal dentro del panorama musical español. El reguetón sonaba en España, pero no era "la" música española, era la música de una comunidad, algo que se escuchaba en determinados espacios pero que rara vez aparecía.
Indiscutiblemente las pioneras de este género en España fueron las K-narias, Gara y Loida, originarias de Tenerife, su dúo musical fue la primera muestra de reguetón en el país. En un reportaje para el diario El País comentan que “la primera vez que escucharon el reguetón en las islas fue a través de las canciones de Don Omar” (K-narias, 2021), artista que a principios de los 2000 estaba siendo un éxito mundial, queriendo así, imitar ese estilo musical en este lado del atlántico.
Lo que cambió radicalmente ese escenario fue, sobre todo, la digitalización. Plataformas como YouTube desmontaron las barreras que durante décadas habían mantenido separados los mercados musicales nacionales. El español, que ya es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes con casi 600 millones de personas, encontró en la música urbana un vehículo de expansión global, imponiéndose como la tercera lengua más usada en internet, solo por detrás del inglés y el chino. Lo que antes era un género "de nicho", en apenas dos décadas, pasó a ser el motor de la industria musical en español a nivel mundial, fusionándose con otros estilos musicales.
Esta transformación tiene también una lectura identitaria muy potente, ya que la relación entre la música urbana y los procesos migratorios no es solo de origen, sino estructural. Para muchas comunidades latinas, tanto dentro de América Latina, como fuera de la región, la música ha funcionado como una forma de representación cultural que trasciende fronteras nacionales y de clase. No es casualidad que en eventos de máxima visibilidad global, como la Super Bowl, artistas como Shakira y Bad Bunny hayan compartido escenario interpretando temas de reguetón junto a clásicos de la música latina, lo que se interpreta como una expresión de orgullo latino y de empoderamiento cultural compartido por toda una generación de artistas que crecieron entre dos mundos.
España no fue ajena a este giro, la industria discográfica española, que en 2005 vivía un momento de crisis profunda por la caída de ventas físicas y el avance de la piratería, encontró en este nuevo ecosistema digital una vía de reconversión. Con el tiempo, una nueva generación de artistas españoles, muchos de ellos nacidos ya en plena globalización digital y criados escuchando indistintamente reguetón puertorriqueño, trap estadounidense y pop latino, empezó a producir su propia música urbana, ya no como una simple imitación de lo que llegaba de fuera, sino como un género propio, mestizo, con acento español.
Además la industria del rap existente en España desde los años 90´s con grupos como Violadores del verso, SFDK y El Club de los Poetas Violentos, ayudó mucho a la consolidación de géneros como el trap y el reguetón en el país, así como al desarrollo de la música urbana. Gracias a que estos géneros se alimentan muchas veces de la esencia del rap, temáticas como la marginalidad, violencia y ascenso económico se volvieron recurrentes, lo que encontró en España un elevado número de jóvenes que veían en estas narrativas un reflejo de sus propias realidades de barrio.
Quevedo y el "efecto Canarias" en la música española
Dentro de esa generación de artistas urbanos españoles, Quevedo ocupa un lugar particular, pero Canarias no ha adquirido notoriedad sólo por sus cifras, sino que el archipiélago lleva años produciendo una camada de artistas como Cruz Cafuné, Abhir, Bejo, La Pantera, Ptazeta o Don Patricio, entre otros, que, sin perder de vista los códigos globales del género, han ido incorporando elementos de identidad canaria en sus letras, estética y referencias. La doble dirección migratoria que ha tenido las islas durante el siglo XX hasta la actualidad, explica en parte por qué la influencia latinoamericana en la música urbana canaria no se siente como algo "importado", sino como algo propio.
El reguetón, por haber nacido como una música de identidad migrante, tiene una relación particular con lo local, por ello el propio género lleva usándose desde hace años en distintos países como vehículo de orgullo nacional y de pertenencia, desde Puerto Rico hasta República Dominicana, pasando por Colombia con artistas como Maluma o Karol G o Argentina con Duki o Cazzu. Que un artista español haga lo mismo, llevando sus palabras y su acento al escaparate global de la música urbana, no es una rareza dentro de esta lógica, es la aplicación de ese mismo mecanismo a un contexto europeo.
La vuelta a las raíces: un fenómeno que va más allá de Canarias
"El Baifo" no es un caso aislado, en los últimos años se percibe dentro del propio género urbano, un giro hacia lo local que contrasta con la fase anterior, más homogeneizadora, en la que el objetivo de muchos artistas era sonar "internacional" a toda costa, casi sin marcas de origen reconocibles, buscando títulos y estéticas que pudieran funcionar igual en Madrid, en Bogotá o en Miami.
El ejemplo más notorio de este giro es el álbum "DTMF" de Bad Bunny, lanzado en 2025, el disco está cargado de referencias a Puerto Rico, su folclore, su identidad y, sobre todo nos habla de los efectos de la gentrificación causada por la llegada masiva de estadounidenses a la isla. El cortometraje que acompañó al lanzamiento, protagonizado por el actor Jacobo Morales junto a un sapo llamado "Concho", retrataba precisamente esa transformación social y cultural. Durante todo 2025, canciones de ese álbum fueron usadas para denunciar el problema de la gentrificación a nivel mundial, llegando incluso a los parlamentos nacionales de varios países.
En España, el fenómeno se replica a menor escala pero con la misma lógica de fondo, en Euskadi, por ejemplo, grupos como Dupla o Zetak fusionan reguetón y trap con letras en euskera, abordando temas de crítica social desde un idioma que históricamente ha tenido que pelear por su espacio en la música popular. La música vasca, en general, vive un momento de gran diversidad, con artistas de rap y música urbana que cantan en euskera junto a una vanguardia de música experimental y cantautoras que mezclan euskera y castellano sin complejos, en colaboraciones que van desde el rap hasta la música clásica.
En Cataluña, la escena urbana convive con una tradición de cantautores y grupos que reivindican el catalán, mientras festivales como Primavera Sound dan cada vez más espacio a artistas que mezclan identidad local, producción electrónica y códigos urbanos, muchas veces protagonizados por personas migrantes que han hecho de Barcelona su segunda casa. En la edición de 2026 del festival, por ejemplo, conviven proyectos como el de Isa Rojas, una DJ y productora chilena afincada en Barcelona que cofundó un ciclo de fiestas pensado como espacio seguro para el colectivo migrante latino, con sonidos que van del "dark perreo" al hard club, además, artistas urbanas como Mushkaa, hermana de Bad Gyal, se están haciendo un hueco en la escena musical española, cantando principalmente en catalán.
En Galicia, la escena urbana en gallego, aunque todavía minoritaria frente a otros idiomas cooficiales, viene creciendo de la mano de artistas jóvenes que ven en el rap y la electrónica como una vía para que la lengua llegue a públicos que normalmente no consumirían música en gallego, artistas gallegos como Hard GZ incluyen versos en gallego en sus canciones y otras como Mondra y Baiuca están replicando el fenómeno que ha surgido con el euskera y el catalán, para así usar un género percibido como "moderno" y "global" para dar visibilidad a una lengua que en otros formatos musicales llevaba décadas circulando casi exclusivamente entre un público local.
El género urbano ya está consolidado, ya ha conquistado las listas globales, lo que da a sus artistas el margen necesario para experimentar con lo local sin miedo a perder audiencia. Cuando un género está en una fase de expansión y necesita validación, tiende a borrar marcas regionales para resultar lo más universal posible, cuando ya domina el mercado, se podría decir, que puede permitirse reafirmar aspectos locales.
Soft power y el uso de la palabra
"El Baifo" puede leerse como una forma de soft power cultural para las islas, un disco que lleva la palabra "baifo" a las listas de éxito, que coloca a grupos folclóricos como Los Gofiones junto a nombres de la música urbana internacional, o que convierte una antigua discoteca de Gran Canaria en el título de una canción que sonará en festivales de toda Europa, está exportando una imagen de Canarias que va mucho más allá del tópico turístico del sol y playa. Es una narrativa hecha desde dentro, por alguien que ha "vuelto a casa" después de haber alcanzado el éxito global, y que llega a audiencias que probablemente nunca habían pensado en las islas como algo más que un destino vacacional y en un momento donde se percibe que la identidad se encuentra amenazada por la globalización y la turistificación del archipiélago.
Si se observa el caso de Puerto Rico, el uso del léxico boricua en el género urbano ha sido uno de los mayores éxitos de soft power de la isla, ya que desde Chile hasta España, gran parte de los artistas de reguetón usan palabras como “bellaco” o “jangueo” en la letra de sus canciones, lo que directamente conecta al público de una forma u otra a la cultura puertorriqueña. Este caso en especial, es importante destacarlo, ya que a lo largo de los años especialmente con el auge del trap y el reguetón en Argentina y Colombia, se intentó, sin mucho éxito, internacionalizar palabras propias de dichos países. Lo que nos puede dar una idea de lo que podría pasar en un futuro con los canarismos que, por ejemplo, Quevedo, intenta exportar al resto del mundo.
La industria, los festivales y lo que viene después
Más allá del análisis cultural, conviene también situar este fenómeno dentro de la lógica industrial de la música en España. Durante años, los grandes festivales y giras estuvieron dominados por el pop, el indie y el rock, con la música urbana ocupando un espacio secundario, asociado a un público más joven y, en ocasiones, mirado con cierto recelo por parte de la crítica musical tradicional. Esa jerarquía se ha invertido casi por completo en la última década. Hoy, los artistas urbanos en español llenan estadios, encabezan carteles de festivales y dominan de forma aplastante las listas de reproducción en plataformas digitales, que son, en última instancia, donde se libra la batalla real por la atención del público.
En 2025 en la lista anual de artistas más escuchados de Spotify, la plataforma arrojó que el artista más reproducido en España fue Bad Bunny, seguido de Quevedo, en esa lista, dentro del top 10, sólo dos eran españoles (Quevedo y JC Reyes), en contraste con 6 artistas puertorriqueños. Los datos globales de Spotify dejan a la vista una clara tendencia hacia los artistas urbanos en España, siendo los cantantes puertorriqueños dueños indiscutibles del panorama, a pesar del crecimiento que los y las artistas españolas han tenido en los últimos años.
Un panorama musical en transformación
Lo que está ocurriendo en España no es solo que el reguetón y la música urbana hayan triunfado comercialmente, algo que ya era evidente desde hace años. Lo interesante es la segunda fase de ese proceso y la forma en que estos géneros, una vez consolidados y normalizados dentro del mainstream, se están convirtiendo en el espacio donde distintas identidades regionales y migrantes encuentran un lenguaje común para hablar de sí mismas.
La música urbana, que llegó a España de la mano de la migración y que durante años fue vista por una parte de la crítica como un producto de consumo rápido, sin profundidad ni arraigo, se ha transformado en uno de los principales escaparates de la diversidad cultural del país, ya sea a través del euskera, el catalán, el gallego o, en el caso de "El Baifo", de un canarismo que en pocas semanas pasó de ser una palabra de uso cotidiano en las islas a un término que millones de personas en toda España buscaron en internet para entender su significado.
Queda por ver si este giro hacia lo local es una tendencia pasajera, ligada al momento de máxima fortaleza comercial del género, o si marca un cambio más profundo en la manera en que los artistas españoles entienden su relación con la identidad y el territorio. Lo que está claro, a la vista de casos como el de Quevedo o las escenas urbanas en euskera y catalán, es que en un país donde la pluralidad lingüística y cultural ha sido durante mucho tiempo un tema políticamente sensible y a menudo motivo de tensión, ver cómo esa pluralidad se cuela con naturalidad en las listas de éxitos, a través de un género nacido en los márgenes de la sociedad, en los “residenciales” de Puerto Rico, dice mucho sobre cómo está cambiando, de abajo hacia arriba el panorama cultural español.
En este sentido, es importante destacar que el auge de discursos identitarios en la música se puede sumar como una pieza más de la desglobalización que se está viendo desde hace un par de años a nivel social, cultural y político en todo el mundo. En España, partidos nacionalistas, regionalistas, independentistas y soberanistas cobran fuerza en cada elección, en Reino Unido, en las últimas elecciones municipales, en Escocia, Gales e Irlanda del Norte, los partidos independentistas sacaron mayorías holgadas, al mismo tiempo que los discursos sobre la “pérdida de identidad” ganan terreno tanto en partidos de izquierda como de derecha a lo largo y ancho del mundo. Por tanto, la cultura, así como la música, son sólo un reflejo más de los cambios sociales que vivimos constantemente y quizás “El Baifo” sea una parte más de la transformación que estamos teniendo ahora mismo como sociedad.
Foto: portada de El Baifo (2026), álbum de Quevedo. Ilustración: Capi Cabrera.




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