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El marxismo y las guerrillas del siglo XX: ideología, expansión global y declive de los movimientos revolucionarios

21 sept
12 min de lectura

En 1967 en una carta escrita poco antes de ser capturado y ejecutado en Bolivia, el Che Guevara decía que soñaba con ver "dos, tres, muchos Vietnams". En ese momento Vietnam del Norte se encontraba, apoyado por China y la URSS, resistiendo el poderío militar estadounidense, que como todos sabemos, terminó derrotado por el bando comunista. Para una generación entera de jóvenes en América Latina, África y Asia, esa imagen se convirtió en un símbolo, algo a lo que aferrarse para creer que era posible desafiar al orden establecido con voluntad, rifles y una nueva doctrina. 


Varias décadas después vemos cómo esos proyectos y sus herederos tomaron caminos muy distintos a los que alguna vez soñaron. La mayoría de las guerrillas que llenaron el mapa de tres continentes durante la segunda mitad del siglo XX han desaparecido, se han desmovilizado, se han degenerado en organizaciones criminales o sobreviven solo un par de cientos de combatientes. En América Latina, el continente donde el fenómeno tuvo mayor densidad y duración, los Acuerdos de Paz del Estado colombiano con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) en 2016 marcaron el cierre simbólico de una época, no obstante, antes de realizar un análisis a profundidad, conviene entender porque tantas organizaciones de diferentes partes del mundo, con culturas, marcos y experiencias distintas, interpretaron por igual y desarrollaron ID una forma de lucha que marcaría décadas de conflicto e inestabilidad. 


Marx y la gramática de la revolución

Para entender la ideología de las guerrillas hay que empezar por sus fuentes, gran parte de estos grupos se han autodenominado a lo largo de las décadas con una ideología marxista, sin embargo, es importante matizarlo, ya que gran parte del marxismo desarrollado en el siglo XX son adaptaciones de ideas y movimientos impulsados principalmente en la Unión Soviética y China. Si tomamos como punto de partida a Marx, cuyas obras más importantes son El Capital y el Manifiesto Comunista, este dio al mundo una interpretación y una manera precisa de ver el capitalismo, para Marx se resumía en un sistema basado en la extracción de plusvalía al trabajador y condenado a su propia contradicción interna, en tal sentido, la historia era el escenario de una lucha de clases que encontraría su resolución en la revolución del proletariado, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la construcción de una sociedad sin clases.             


El principal problema que surgió con las ideas de Marx al pasar las décadas es que él escribió sobre una Europa occidental e industrial, una realidad que tenía poco que ver con las sociedades agrarias, semicoloniales o directamente colonizadas de América Latina, África y Asia, el marxismo en su estado más puro no encajaba en una clase obrera que nunca había experimentado las consecuencias directas de la industrialización. En este sentido, fue Lenin quien realizó la primera gran adaptación del marxismo a un contexto diferente, en "El imperialismo, fase superior del capitalismo", añadió una capa al análisis marxista, alegando que “el capitalismo no colapsaría por sus contradicciones internas en los países avanzados, porque había encontrado una válvula de escape exportando esa contradicción hacia la periferia colonial, donde los países del tercer mundo no eran simplemente atrasados, eran subdesarrollados por un proceso activo de extracción imperialista que transfería riqueza de la periferia al centro”, esta idea añadió un eje causal poderoso a los contextos coloniales y postcoloniales debido a que explicaba la pobreza no como un defecto propio sino como el resultado de una dominación estructural. 


Lenin también reformuló radicalmente la idea del partido político y consideraba que frente a las organizaciones de masas socialdemócratas, se debía constituir un modelo denominado como “partido de vanguardia”, una organización pequeña, disciplinada, de revolucionarios profesionales que actuara como la avanzada consciente del proletariado. Este modelo organizativo en el que las decisiones se toman colectivamente pero se ejecutan con disciplina militar, fue adoptado casi universalmente por las guerrillas del siglo XX, independientemente de sus diferencias ideológicas.


Si Lenin sentó las bases para que el marxismo se abriera paso en las sociedades más allá de la Europa industrial, en la China de Mao su filosofía llegaría directamente a la clase campesina. Mao Zedong sabía que en un país donde gran parte de la clase obrera era campesina y el proletariado industrial es demasiado débil, la única forma de ganar su revolución era desarrollando su propia teoría. La "guerra popular prolongada" de Mao, partía del campo para rodear y asfixiar a las ciudades, construyendo zonas liberadas en el territorio rural antes de avanzar hacia los centros de poder, de esta manera el Partido Comunista Chino ganaría la guerra civil en 1949, naciendo así, el maoísmo como concepto político. 


Otro gran referente ideológico para los grupos guerrilleros fue la Revolución Cubana de 1959, casuística en la que destacó que un pequeño grupo armado, el Movimiento 26 de Julio liderado por Fidel Castro, hubiera tomado el poder en un país caribeño con apenas dos años de guerra irregular, un hito que tuvo un impacto enorme sobre el imaginario político de toda una generación. El Che Guevara posteriormente daría forma a ese método su libro "La guerra de guerrillas" publicado en 1960 y en sus textos sobre el "foco guerrillero", para el Che no era necesario esperar a que las condiciones para la revolución estuvieran maduras, bastaba con que un pequeño núcleo de combatientes encendiera la chispa en el campo para que el fuego se extendiera. Esta doctrina que ponía el acento en la acción fue rechazada por los partidos comunistas latinoamericanos que seguían la línea soviética que propugnaba la acumulación de las fuerzas política y electoral.


Porque el marxismo y no otra cosa 

Entre 1945 y 1975 decenas de países en África y Asia accedieron a la independencia formal tras siglos de dominio europeo, esa independencia política llegó, en la mayoría de los casos sin transformación de las estructuras económicas, siendo las mismas élites locales las que ocuparon el lugar de los europeos, mientras las economías nacionales seguían exportando materias primas a precios fijados en los mercados de los países ricos. El concepto marxista-leninista de "neocolonialismo", desarrollado entre otros por el ghanés Kwame Nkrumah, proporcionaba el vocabulario preciso para lo que estaba ocurriendo en África, que no era más que una independencia política formal sin soberanía económica real, en este sentido, muchos movimientos políticos y sociales que surgieron en estas décadas, veían en el marxismo un programa alternativo de desarrollo basado en la planificación estatal, la nacionalización de recursos naturales y la ruptura con los circuitos comerciales y financieros dominados por Occidente.


Además, el contexto de la Guerra Fría y la existencia de la Unión Soviética como potencia alternativa al capitalismo occidental no solo ofrecía un modelo de referencia sino también, en muchos casos, apoyo material concreto proporcionando armas, formación militar, financiación, refugio diplomático y reconocimiento internacional. La disputa entre China y la URSS por el liderazgo del movimiento comunista mundial empujó a ambas potencias a comprometerse diplomática, militar y económicamente con movimientos guerrilleros en Argelia, Egipto, Palestina, Vietnam del Norte y América Latina en una competencia que multiplicó los recursos disponibles para cualquier organización que supiera posicionarse en ese tablero. 


Cuba, por su parte, proporcionó apoyo militar y médico a grupos rebeldes y gobiernos socialistas en África, América Latina y Asia, un sustento orientado a la difusión del marxismo-leninismo y a la proporción de respaldo a grupos anticoloniales, que se encontraba enmarcado en la defensa del "internacionalismo proletario”. En dicho contexto, el marxismo ofrecía a los intelectuales que lideraban muchos de estos movimientos un marco de análisis que les parecía riguroso y lógico, por ejemplo, Abimael Guzmán, fundador de Sendero Luminoso en Perú, era profesor de filosofía en la Universidad de Huamanga, Camilo Torres, el cura guerrillero colombiano que murió en combate en 1966 siendo miembro del ELN (Ejército de Liberación Nacional), tenía formación en sociología en la Universidad de Lovaina y gran parte de los fundadores de las FARC venían de comunidades campesinas con influencia comunista, siendo el marxismo no solo una doctrina sino una identidad intelectual.


En el caso de América Latina, un eje vertebrador en el discurso de gran parte de los líderes guerrilleros se encontraba en la idea de erradicar la gran concentración de tierras que se encontraban en manos de una minoría terrateniente, situación que dejaba a millones de campesinos sin acceso a la propiedad que estos mismos trabajaban, además, muchos grupos nacieron del malestar, en un contexto de represión política en el continente debido al auge de las dictaduras militares que ahogaban todo intento de manifestaciones políticas o movilizaciones sindicales. 


Las guerrillas en América Latina

Hablar de "guerrillas" como si fueran una cosa uniforme, como ya hemos comentado, sería un error, dentro del marco compartido del marxismo, las organizaciones se diferenciaban enormemente en su lectura teórica concreta, en su base social, en su relación con la población civil y en sus métodos. Durante la Guerra Fría, las guerrillas de izquierda latinoamericanas estuvieron inspiradas en los principios de la Revolución Cubana o en otras variantes del marxismo, incluyendo el marxismo-leninismo-maoísmo. 


Las FARC colombianas, fundadas en 1964 por campesinos comunistas con influencia del Partido Comunista Colombiano, adoptaron una línea marxista-leninista ortodoxa que enfatizaba la construcción de poder en las zonas rurales y la acumulación lenta de fuerzas, su origen estaba en comunidades campesinas de las zonas rurales que habían atravesado décadas de violencia y represión, con creciente influencia comunista, y que se declararon en rebelión contra el Estado en 1964. El ELN, fundado el mismo año bajo la influencia directa de la Revolución Cubana y con la participación del sacerdote Camilo Torres, adoptó un foco más cercano al modelo cubano y estuvo directamente influenciado por la teología de la liberación, una corriente del catolicismo latinoamericano que interpretaba el mensaje evangélico desde la perspectiva de los pobres y que encontró en el marxismo un lenguaje complementario para el análisis social.


En el extremo opuesto del espectro, Sendero Luminoso del Perú fue el ejemplo más radical de maoísmo latinoamericano, fundado en 1970 por Abimael Guzmán, desató en 1980 el conflicto armado interno peruano con el objetivo de derribar al Estado mediante la guerra popular y reemplazarlo con una Nueva Democracia. Guzmán desarrolló su propia elaboración teórica, el "Pensamiento Gonzalo" y sus militantes adoptaron el principio de la "cuota de sangre", es decir, la disposición al sacrificio como prueba de fe revolucionaria, siendo Abimael prácticamente un mesías para sus seguidores.


 Mientras tanto, los maoístas colombianos del Ejército Popular de Liberación (EPL), por su parte, intentaron encontrar sus apoyos entre el campesinado, mientras que los marxista-leninistas del Frente Patriótico Manuel Rodríguez de Chile buscaron su base social entre las clases populares urbanas, y el castrista Ejército Guerrillero de los Pobres de Guatemala intentó apoyarse en una población mayormente definida por su identidad étnica indígena. 


África y Oriente Medio: el marxismo como anticolonialismo armado

En África, el marxismo guerrillero adquiere otra dimensión, centrándose en la lucha de liberación nacional contra el colonialismo europeo. Los movimientos de liberación de las antiguas colonias portuguesas en África, que consiguieron la independencia entre 1974 y 1975 tras años de guerra de guerrillas, son quizás el ejemplo más claro de cómo marxismo y anticolonialismo se fusionaron en un mismo proyecto político. 


El Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) adoptó una orientación marxista-leninista, mientras el Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO) se convirtió en un partido marxista-leninista en 1977, habiendo firmado un tratado de amistad con la Unión Soviética ese mismo año. En ambos casos, el marxismo proporcionaba no sólo una doctrina de transformación social sino también una red de alianzas internacionales con la Unión Soviética, Cuba y los países del bloque oriental que era indispensable para sostener la lucha armada frente a las fuerzas coloniales portuguesas y, tras la independencia, frente a los movimientos contrarrevolucionarios apoyados por Estados Unidos. La presencia de combatientes cubanos en Angola durante la guerra civil que siguió a la de independencia, luchando junto al MPLA contra la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) respaldada por Estados Unidos y Sudáfrica, es uno de los episodios más llamativos de esa solidaridad internacional que daba a todos estos movimientos la sensación de estar participando en una causa común global.


En Oriente Medio, la izquierda marxista tuvo una presencia importante especialmente desde los años sesenta, aunque en competencia constante con el nacionalismo árabe y más tarde, con el islam político. La Revolución Rusa influyó de notoriamente en la historia de Oriente Medio y el Norte de África, impulsando la creación de partidos comunistas desde Marruecos hasta Irán, aunque este comunismo chocó con el nacionalismo y el islam político, que lo percibían como amenaza o competencia. El Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), fundado por George Habash en 1967, adoptó explícitamente el marxismo-leninismo como ideología, distinguiéndose de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) de Arafat que era fundamentalmente nacionalista, para el FPLP, la causa palestina no era solo una cuestión nacional sino parte de la lucha de clases a escala regional e internacional, lo que le llevó a construir alianzas con guerrillas europeas como las Brigadas Rojas italianas o la Fracción del Ejército Rojo alemana.


El declive: caída de la URSS, narcotráfico y el agotamiento de la utopía

A partir de los años ochenta, y de forma acelerada después de la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de la URSS en 1991, el ciclo de la guerrilla marxista entró en una fase de declive que en América Latina se convirtió progresivamente en cierre, siendo las causas múltiples, la primera y más obvia es el hundimiento del referente. El colapso de la URSS no fue solo la desaparición de un apoyo material, fue la demolición del horizonte al que se miraba para continuar con la lucha. 


A lo largo de los años ochenta, América Latina fue saliendo de las dictaduras militares y abriendo procesos electorales que aunque limitados e imperfectos, ofrecían a la izquierda la posibilidad de participar en la política sin recurrir a las armas. La firma del Acuerdo de Paz de Chapultepec entre el gobierno de El Salvador y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en 1992, fue interpretada por muchos analistas como el signo del ocaso definitivo de los movimientos guerrilleros en América Latina, puesto que grupos como el FMLN salvadoreño, los sandinistas nicaragüenses, el M-19 (Movimiento 19 de abril) colombiano y decenas más optaron por la vía electoral.


Además, la vinculación de grupos guerrilleros con el narcotráfico, generaría con el tiempo malestar entre sus simpatizantes, las FARC, que en su origen recaudaban fondos a través de secuestros e "impuestos" a la coca, fueron derivando progresivamente hacia una dependencia estructural del tráfico de cocaína que acabó por difuminar cualquier distinción entre organización político-militar y cartel. Los prósperos negocios ilícitos, grandes plantaciones de coca, minas de oro ilegales, redes de extorsión y contrabando, son responsables de la supervivencia y expansión de muchos grupos armados que perdieron con ello cualquier contenido ideológico reconocible. 


Métodos condenables y una huella permanente

Muchas de las guerrillas del siglo XX cometieron crímenes atroces como asesinatos, secuestros, atentados, reclutamiento forzado de menores y uso de la población civil como escudo, por ejemplo, Sendero Luminoso, considerado en Perú como grupo terrorista, masacró a comunidades campesinas que se negaban a sumarse a su causa o que eran sospechosas de colaborar con el Estado. La Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) constituida en 2001 en Perú, calculó que las víctimas totales del conflicto armado habían sido de 69.280 personas en las más de dos décadas de existencia de la guerrilla. Así mismo, las FARC mantuvieron secuestrados durante años a miles de personas en condiciones infrahumanas en la selva y el FPLP realizó atentados contra aviones civiles.


Uno de los casos más llamativos en Asia fue el de los Jemeres Rojos en Camboya, este era el nombre que se le daba a los miembros del Partido Comunista de Kampuchea, un grupo guerrillero liderado por Pol Pot, que tomó el poder del país en 1975 tras la guerra civil, en 4 años en el poder, se calcula que hubo más de 2 millones de víctimas del régimen, entre asesinatos, hambruna y enfermedades. Los Jemeres Rojos eliminaron a intelectuales, profesionales y minorías étnicas, además, forzaron a gran parte de la población de las ciudades a trasladarse al campo para dedicarse al trabajo agrícola y paralelamente lograr la eliminación de toda forma de dinero. 


Sin embargo, es importante destacar que las acciones políticas que muchas veces se tomaron ante estos grupos, causaban en gran medida un recrudecimiento de los conflictos. Un claro ejemplo consistió en la creación de grupos paramilitares, los cuales en el caso de Colombia, fueron estructurados directamente por políticos, ricos hacendados, empresarios, ganaderos, narcotraficantes, mineros, campesinos e industriales, que buscaban con a través de los mismos, una protección y desarticulación de las guerrillas. El problema llegó cuando con el tiempo, estos grupos de “autodefensa” terminaron replicando acciones y negocios a los que se dedicaban las guerrillas, implicándose también en el contrabando de droga, extorsiones y secuestros. 


Por otro lado, las guerrillas han traído a la política a presidentes como José Mujica, una de las figuras más importantes de la izquierda latinoamericana del siglo XXI, que integró el movimiento de Liberación Nacional Tupamaros entre los años 60 y 70. Dicha guerrilla urbana llegó a realizar secuestros, atentados y enfrentamientos armados, acciones que consecuentemente la llevaron a ser fuertemente reprimida y desmantelada en 1972 por parte del presidente Jorge Pacheco. Mujica estuvo más de 10 años en prisión hasta que en 1985 obtuvo su libertad debido a una ley de amnistía aprobada tras la caída de la dictadura militar en Uruguay.


Otros presidentes igualmente mantuvieron vínculos con grupos revolucionarios, tal es el caso de Gustavo Petro en Colombia, quien perteneció de joven al M-19, una guerrilla urbana que aunque no se consideraba marxista, bebía de las tesis nacionalistas y antiimperialistas, una diferencia fundamental frente a otras guerrillas de su índole dentro del país, es que el M-19 creía en la democracia participativa. Las actuaciones de esta guerrilla tenían tintes propagandísticos ya que buscaban principalmente llamar la atención con sus acciones, por ejemplo, robaron la espada de Simón Bolívar en 1974, tomaron la embajada de República Dominicana en 1980 y entraron al Palacio de Justicia en 1985.


Para concluir, se podrían resumir las ideas en las que se fundamentaban las guerrillas en una crítica del capitalismo como sistema de explotación, la denuncia del imperialismo y del colonialismo, la reivindicación de los derechos de los campesinos sin tierra y la búsqueda de acciones ante realidades de injusticia y exclusión. El error de muchos de estos movimientos no fue sólo metodológico o el recurrir a la violencia, fue la creencia en una falsa verdad absoluta, que de forma irreparable los llevaría a callejones sin salida y creer que en sus contextos, podrían crear un nuevo Vietnam.

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