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Elecciones Nepal: la victoria histórica de Balendra Shah y el fin del dominio de los partidos tradicionales

  • Foto del escritor: Javier Angulo Perojil
    Javier Angulo Perojil
  • hace 6 días
  • 11 Min. de lectura

El 5 de marzo de 2026, Nepal celebró unas elecciones generales que ya son consideradas por muchos analistas como uno de los episodios políticos más transformadores en la historia reciente del país. Situado estratégicamente en el corazón del Himalaya, Nepal ocupa una posición geopolítica singular: es un Estado sin salida al mar que se encuentra literalmente encajado entre dos de las mayores potencias asiáticas, India y China. Esta posición geográfica ha condicionado profundamente su evolución política, económica y diplomática, obligando a Katmandú a mantener un delicado equilibrio entre ambas potencias mientras intenta preservar su autonomía estratégica.


Históricamente, Nepal ha funcionado como una especie de espacio bisagra en el sur de Asia. India mantiene con el país vínculos culturales, económicos y sociales muy profundos, mientras que China ha incrementado notablemente su presencia en las últimas dos décadas mediante proyectos de infraestructura, inversión y cooperación dentro de la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda. Esta competencia silenciosa entre Nueva Delhi y Pekín convierte a Nepal en un escenario relevante dentro de la geopolítica asiática contemporánea.


Sin embargo, los desafíos del país no provienen únicamente del exterior. Nepal arrastra también profundas tensiones internas derivadas de factores históricos, sociales y económicos. A pesar de sus avances democráticos desde comienzos del siglo XXI, el país continúa enfrentando importantes problemas estructurales: desigualdades regionales pronunciadas entre las zonas montañosas y las llanuras del Terai, debilidad institucional, corrupción administrativa y una economía altamente dependiente de las remesas enviadas por trabajadores emigrados. 


En este contexto, las elecciones de 2026 se desarrollaron en un clima de creciente descontento social. Durante años, amplios sectores de la población habían expresado frustración ante la incapacidad de los partidos tradicionales para ofrecer estabilidad política y reformas económicas sostenidas. Desde la instauración de la república en 2008, Nepal ha experimentado numerosos cambios de gobierno, coaliciones frágiles y frecuentes crisis parlamentarias que han alimentado la percepción de un sistema político dominado por élites partidistas desconectadas de las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía. A este malestar estructural se sumaban problemas socioeconómicos particularmente agudos entre las generaciones más jóvenes. El desempleo juvenil, la falta de oportunidades profesionales y la emigración masiva hacia los países del Golfo, Malasia o Corea del Sur se han convertido en fenómenos habituales en la sociedad nepalí. Para muchos jóvenes, el horizonte vital parecía situarse fuera del país, lo que reforzaba la sensación de estancamiento económico y político. Este clima de frustración terminó cristalizando en las presentes elecciones, que adquirieron un carácter decisivo de rendimiento de cuentas respecto al sistema construido tras la abolición de la monarquía.


Contexto histórico: de monarquía a república frágil

Para comprender plenamente la magnitud de las elecciones de 2026 es imprescindible situarlas dentro de la evolución política reciente de Nepal. Durante más de dos siglos, el país fue una monarquía gobernada por la dinastía Shah, instaurada en el siglo XVIII tras la unificación territorial llevada a cabo por el rey Prithvi Narayan Shah. Durante gran parte de su historia moderna, Nepal permaneció relativamente aislado del exterior y fue gobernado mediante estructuras políticas fuertemente centralizadas.


A lo largo del siglo XX, sin embargo, comenzaron a surgir movimientos reformistas que cuestionaban el poder absoluto de la monarquía. Tras la caída del régimen autocrático de los Rana en 1951, Nepal experimentó varios intentos de democratización, aunque estos procesos estuvieron marcados por continuas tensiones entre el palacio real, los partidos políticos y las fuerzas sociales emergentes. La situación se volvió especialmente inestable a finales del siglo XX. En 1996 estalló la Guerra Civil Nepalí, un conflicto armado entre el Estado y la insurgencia maoísta liderada por el Partido Comunista de Nepal (Maoísta). Los rebeldes buscaban abolir la monarquía y establecer una república popular. Durante diez años, el conflicto se extendió por gran parte del territorio nacional, provocando más de 13.000 muertos, miles de desaparecidos y un profundo impacto social y económico.


La guerra concluyó finalmente con los Acuerdos de Paz de 2006, firmados tras una amplia movilización popular contra el poder absoluto del rey Gyanendra. Este acuerdo marcó el inicio de una transición política que transformaría radicalmente el sistema institucional del país. Dos años después, en 2008, la Asamblea Constituyente abolió oficialmente la monarquía y proclamó la República Federal Democrática de Nepal, la cual se enfrentó desde el principio a enormes dificultades para consolidar un sistema político estable, como, por ejemplo, la redacción de una nueva constitución, que no llegó hasta 2015. 


Entre 2008 y 2026, el país experimentó una notable rotación de gobiernos y una fragmentación persistente del sistema partidista. Tres grandes fuerzas dominaron la escena política: el Nepali Congress, socialdemócrata; el Partido Comunista de Nepal; y distintas formaciones surgidas del antiguo movimiento maoísta. Aunque estas fuerzas desempeñaron un papel central en la transición republicana, con el tiempo comenzaron a ser percibidas por amplios sectores de la población como parte de una élite política consolidada que reproducía dinámicas de clientelismo, corrupción y luchas internas por el poder. Este desgaste político se vio agravado por factores externos y desastres naturales que afectaron gravemente al país, como el devastador terremoto de 2015, que dejó casi 9.000 muertos y enormes daños en infraestructuras. La lenta reconstrucción posterior reforzó la percepción de ineficiencia administrativa.


A lo largo de la presente década, este malestar fue creciendo progresivamente, especialmente entre las generaciones jóvenes y urbanas. En ese contexto comenzó a gestarse un nuevo tipo de liderazgo político que buscaba romper con las estructuras tradicionales del poder. La figura del rapero Balendra Shah y el surgimiento de nuevas formaciones políticas reformistas fueron, en gran medida, el resultado de este proceso de acumulación de frustraciones sociales y demandas de cambio.


La crisis política de 2025: el origen del cambio

El detonante inmediato de las elecciones de 2026 fue la crisis política que sacudió Nepal durante el año 2025. Aunque el malestar social llevaba años gestándose, una serie de acontecimientos concretos terminó desencadenando una ola de movilización popular de la Generación Z, la cual comenzó protestando en reacción a la restricción temporal de las redes sociales impuesta por el gobierno. Esto fue tomado por amplios sectores de la población como un intento de limitación del debate público y la libertad de expresión.


Sin embargo, las reacciones sociales pueden ocurrir por acontecimientos en un inicio observados como banales, que generan una reacción en cadena mucho mayor. En el caso nepalí, lo que empezó como una protesta puntual, se tornó en un movimiento nacional contra la clase política, en el que hubo numerosas manifestaciones en diferentes ciudades del país, principalmente en los centros urbanos como Katmandú. Se protestaba contra la corrupción gubernamental, el desempleo estructural, la falta de oportunidades y la migración forzada de los trabajadores.


Sin embargo, lo que empezó como una protesta puntual se transformó rápidamente en un movimiento mucho más amplio que canalizaba el descontento acumulado contra la clase política, e impulsado en gran medida a través de las redes sociales y plataformas digitales. Esto reflejó el protagonismo de una generación excluida de los beneficios del sistema político, criada en la era posterior a la guerra y sin oportunidades.


La respuesta del gobierno fue inicialmente vacilante. Mientras algunos sectores intentaban negociar con los manifestantes, otros optaron por medidas represivas que terminaron agravando la situación. Los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad provocaron un aumento de la tensión política y colocaron al gobierno en una posición cada vez más frágil. Finalmente, la crisis desembocó en la caída del ejecutivo encabezado por el entonces primer ministro K. P. Sharma Oli, una de las figuras políticas más influyentes del país durante la última década. Ante la creciente presión social y la pérdida de apoyo parlamentario, el gobierno se vio obligado a convocar elecciones anticipadas, y en ese escenario fue cuando se hizo fuerte un político independiente, reformista y ajeno a las estructuras tradicionales de poder, Balendra Shah.


Los contendientes electorales

Las elecciones de 2026 enfrentaron principalmente a tres grandes bloques políticos, aunque el escenario electoral fue más fragmentado de lo que podría sugerir una simple división tripartita. Por un lado se encontraban los partidos tradicionales que habían dominado la política nepalí desde la transición republicana; por otro, nuevas fuerzas emergentes que buscaban canalizar el creciente descontento social hacia una renovación del sistema político.


1. Rastriya Swatantra Party (RSP)

El gran protagonista de las elecciones fue sin duda el Rastriya Swatantra Party (RSP), liderado por Balendra Shah, conocido popularmente como “Balen”. Ingeniero civil de formación y figura pública conocida por su pasado como rapero en la escena musical de Katmandú, Shah había alcanzado notoriedad nacional tras ser elegido alcalde de la capital en 2022 como candidato independiente.


De cara a las elecciones de 2026, el RSP se presentó como una fuerza política claramente orientada hacia la renovación institucional. Su programa electoral giraba en torno a tres ejes principales: La lucha contra la corrupción estructural, considerada por muchos ciudadanos como uno de los principales obstáculos al desarrollo del país; la modernización del Estado y de la administración pública, con propuestas orientadas a mejorar la eficiencia burocrática, digitalizar servicios públicos y reducir el clientelismo político; y la creación de empleo y oportunidades económicas para los jóvenes, especialmente en sectores tecnológicos, de infraestructura y emprendimiento.


Uno de los rasgos más distintivos de la campaña del RSP fue su estrategia de comunicación política. A diferencia de los partidos tradicionales, el movimiento de Shah apostó por una fuerte presencia en redes sociales y plataformas digitales, logrando movilizar especialmente a votantes jóvenes, urbanos y miembros de la diáspora nepalí. Este enfoque permitió al partido construir una narrativa política basada en la idea de una “nueva generación” destinada a transformar el país.


2. Nepali Congress (NC)

El Nepali Congress (NC) es uno de los partidos más antiguos y relevantes de la historia política moderna de Nepal. Fundado en la década de 1940, el partido desempeñó un papel central en los movimientos democráticos que lucharon contra los regímenes autoritarios y, más recientemente, en el proceso que condujo a la abolición de la monarquía en 2008. 


Ideológicamente, el Nepali Congress se sitúa en la combinación de la socialdemocracia con una orientación liberal en términos económicos. Durante décadas fue considerado una de las principales fuerzas políticas del país y encabezó varios gobiernos tanto antes como después de la transición republicana. Sin embargo, en los años previos a las elecciones de 2026 el partido atravesaba una etapa de desgaste político considerable, con escándalos de corrupción y luchas internas entre facciones como principales retos a superar. 


Muchos votantes, especialmente entre las generaciones más jóvenes, comenzaron a percibir al Nepali Congress recientemente como parte de un sistema político estancado, incapaz de responder a los desafíos económicos y sociales del país. Aunque el partido mantuvo cierta presencia en regiones rurales y entre sectores tradicionales del electorado, su capacidad para movilizar apoyo en las ciudades se redujo notablemente.


3. Communist Party of Nepal (UML)

La tercera gran fuerza en la contienda electoral fue el Communist Party of Nepal, dirigido por el ex primer ministro K. P. Sharma Oli. Este partido representa una de las principales corrientes del escindido movimiento comunista nepalí y ha desempeñado un papel clave en la política nacional durante las últimas décadas.  El CPN-UML combinó históricamente una ideología marxista-leninista con un enfoque pragmático en materia de gobierno. Bajo el liderazgo de Oli, el partido adoptó en algunos momentos un discurso nacionalista que buscaba reforzar la autonomía del país frente a presiones externas, especialmente en el contexto de las tensiones diplomáticas con India.


Durante varios años, el partido lideró gobiernos y coaliciones parlamentarias, lo que le permitió mantener una importante presencia institucional. Sin embargo, esta misma experiencia gubernamental terminó convirtiéndose en una fuente de desgaste político. Las críticas a la gestión del gobierno de Oli, especialmente durante las crisis políticas de comienzos de la década de 2020, debilitaron la posición del partido ante un electorado cada vez más impaciente. Además, el ascenso de nuevas fuerzas políticas reformistas redujo la capacidad del CPN-UML para presentarse como una alternativa creíble al sistema político existente.


Otros partidos

Además de estas tres principales fuerzas, otros partidos menores también participaron en las elecciones. Entre ellos destacaban el Nepali Communist Party, el Shram Sanskriti Party y el Rastriya Prajatantra Party, este último asociado con sectores conservadores que en ocasiones han defendido posiciones favorables a la restauración monárquica. Aunque estas formaciones contaban con bases electorales más limitadas, su presencia reflejaba la persistente fragmentación del sistema partidista nepalí.


Elecciones: Sistema electoral y ganador

La tardanza en la revelación de los resultados oficiales se debe a la combinación de dos métodos de elección, estipulados en el ordenamiento interno nepalí. De los 275 escaños del parlamento nepalí, los más de 18,9 millones de ciudadanos censados eligen mediante un sistema mayoritario en distritos uninominales (first-past-the-post) a 165 de sus representantes, mientras que los 110 restantes se distribuyen en base a un sistema de representación proporcional a partir del voto nacional a los partidos. Este modelo busca equilibrar la representación territorial con la pluralidad del país, y es el motivo de la tardanza de resultados respecto al día de las elecciones (sucedidas el pasado 5 de marzo, siendo los oficiales totales desvelados el 10 de marzo).


Partido político
Escaños First-Past-The-Post (165)
Escaños por representación electoral (110)
Total de escaños
% del parlamento

Rastriya Swatantra Party (RSP)

125

57

182

66,2 %

Nepali Congress (NC)

18

20

38

13,8 %

Communist Party of Nepal (UML)

9

16

25

9,1 %

Nepal Communist Party (NCP)

8

9

17

6,2 %

Otros partidos e independientes

5

8

13

4,7 %


Los resultados oficiales publicados por la comisión electoral confirmaron la contundente victoria del partido RSP, liderado por el ex-rapero Balandra Shah, obteniendo una cifra cercana a la supermayoría parlamentaria, con un 66,2% del parlamento y un 75% del voto FPTP y un 47’8% del voto proporcional que, sí bien puede parecer una cifra que limita sus resultados, resulta la mayor proporción registrada desde que el sistema proporcional fue introducido en 2008. Esta cifra es más que suficiente para poder gobernar en solitario, caso poco común en el sistema político nepalí, donde han predominado históricamente los gobiernos de coalición. 


En contraste, los partidos tradicionales sufrieron derrotas históricas. El Nepali Congress, uno de los pilares de la política nepalí desde la transición democrática, obtuvo su peor resultado electoral registrado, con sólo 38 escaños, perdiendo 52. Este retroceso es compartido con el de la izquierda nepalí. El Communist Party of Nepal (United Marxist-Leninist) consiguió 25, perdiendo 53, mientras que la caída para el Nepal Communist Party fue ciertamente más sostenida, pasando de 20 a 17 escaños. Entre los derrotados se encuentran figuras bastante distinguidas de la política nepalí, como el ya ex primer ministro K.P. Sharma Oli, quien perdió su circunscripción electoral frente a candidatos del movimiento ganador. 


El triunfo del RSP no puede explicarse únicamente por la popularidad personal de Balendra Shah. En realidad, refleja transformaciones profundas que han ido configurando la sociedad nepalí durante las últimas dos décadas. En primer lugar, un factor considerable es la estructura sociodemográfica notablemente joven. Una proporción muy significativa de la población tiene menos de 30 años, lo que significa que gran parte del electorado ha crecido en el periodo posterior a la guerra civil y a la abolición de la monarquía. Por otro lado, uno de los rasgos más característicos de la economía nepalí es su fuerte dependencia de las remesas enviadas por trabajadores emigrados, que representan una cantidad significativa del PIB nacional, y constituyen una vía vital de ingresos para numerosas familias. 


Otro factor clave fue el uso intensivo de redes sociales y plataformas digitales por parte del RSP. La campaña de Balendra Shah logró conectar con sectores del electorado que tradicionalmente habían estado menos movilizados políticamente. A través de vídeos, transmisiones en directo y mensajes directos a los votantes, el partido construyó una narrativa de renovación política que contrastaba con las estructuras partidistas tradicionales, caracterizadas por jerarquías rígidas y métodos de movilización más convencionales.


De este modo, las elecciones presentes en Nepal abren un nuevo horizonte para la sociedad nepalí, al mismo tiempo que una etapa política marcada por expectativas intensas a la par que riesgos profundos. La magnitud de la victoria del movimiento político no es una casualidad: es un voto de castigo y un agotamiento del electorado a las élites tradicionales, en un deseo de renovación institucional. Sin embargo, transformar el presente mandato electoral en gobernabilidad efectiva exigirá algo más que entusiasmo reformista: requiere gestión, capacidad administrativa, consensos sociales, reconciliación y una gestión responsable de las tensiones entre un cambio rápido y una estabilidad sin romper el orden constitucional. El verdadero significado no reside en quién ganó, sino en si Nepal logra convertir este impulso en confianza y perduración en el tiempo.

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