Elecciones Zambia: reelección de Hakainde Hichilema, polarización política y desafíos democráticos
- José Manuel Jiménez Vidal

- hace 2 días
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Zambia celebró el pasado 13 de agosto de 2026 sus elecciones generales, decisivas para determinar el rumbo político y económico del país africano. Los comicios confirmaron la continuidad del presidente Hakainde Hichilema, que logró la reelección para un segundo mandato de cinco años. Sin embargo, su victoria, aunque amplia, ha estado acompañada de acusaciones por irregularidad, tensión política y denuncias sobre las condiciones en las que compitió la oposición.
La jornada electoral movilizó a un Estado de más de 22 millones de habitantes. Según la Comisión Electoral de Zambia, había 8,786,300 electores registrados, que además de elegir presidente votaron para renovar el Parlamento y las autoridades locales. En total, catorce candidatos competían por la Presidencia, aunque la contienda estuvo dominada por Hichilema, líder del United Party for National Development (UPND) –partido que desde una perspectiva ideológica podríamos situar en el liberalismo económico y el socioliberalismo, en un espectro o posición centrista–, y su principal rival, Brian Mundubile, líder del partido líder de la oposición; Frente Patriótico, de centroizquierda.
El resultado fue claro. La Comisión Electoral declaró vencedor a Hichilema con 2,965,326 votos, equivalente a un 60,5% del total, frente a los 1,856,217 votos y 37,9% obtenidos por Mundubile. La diferencia, de más de un millón de sufragios, permitió al presidente evitar una segunda vuelta y garantizarse otros cinco años en el poder. En suma, la participación política ha disminuido casi un 14%, sobrepasando ligeramente el 57% de los habitantes con derecho a voto.
Así mismo, los resultados electorales destacan una clara división geográfica. Mientras el área más occidental, sur y central del país, donde se encuentra la mayor parte de ciudades y núcleos urbanos, ha optado por el partido vencedor de las elecciones; obteniendo 123 circunscripciones; la mitad norte y oriental ha votado por Mundubile, quién ha logrado 103 de las mismas. Esto demuestra una clara polarización territorial del voto que lleva décadas reproduciéndose debido a la distribución lingüística y cultural zambiana, junto a la construcción de la organización de los partidos en dos bases territoriales muy definidas; lo que ha generado un pacto de dependencia, fenómeno ligado a una región que durante varias elecciones ha apoyado al mismo partido, desarrollando redes locales, dirigentes, estructuras territoriales y una identificación política que resulta difícil de modificar.
En consecuencia, mientras grupos étnicos como los tonga y los lozi han favorecido históricamente al UPND –Hichilema es de origen tonga–, y, el norte y oeste, se relacionan con partidos vinculados a bases de población de la etnia bemba. No obstante, esta dinámica no corresponde de forma directa a un funcionamiento inmóvil, de hecho, en los últimos comicios de 2021, Hichilema arrebató varias zonas históricamente favorables al Frente Patriótico, como Luapula, Muchinga, Lusaka o Copperbelt y también suman peso factores económicos, desigualdades y reivindicaciones históricas. Como resultado, el parlamento ha quedado liderado por el UPND con 174 escaños, seguido del NRPUP con 76 diputados. Tras ellos, se encuentran 20 escaños de candidatos independientes, 6 de RP, 2 de CF y 1 de ZMP –con dos escaños todavía disputados de los 280 totales–.
La victoria consolida la política de Hichilema, presidente desde 2021. Su primer mandato estuvo marcado especialmente por una grave crisis económica heredada, la reestructuración de la deuda y la búsqueda de inversión extranjera. Zambia había incurrido en impago de su deuda soberana en 2020, convirtiéndose en el primer Estado africano en hacerlo durante la pandemia. El Gobierno de Hichilema consiguió posteriormente avanzar en la reestructuración de la deuda y completar un programa respaldado por el Fondo Monetario Internacional.
La economía ha sido, precisamente, uno de los principales argumentos utilizados por el presidente durante la campaña. Su Gobierno ha presentado como logros la estabilización macroeconómica, la recuperación de la moneda y la llegada de inversiones, especialmente en el sector minero. Zambia posee enormes reservas de cobre, un recurso estratégico cuya importancia ha aumentado en los últimos tiempos debido a la transición energética y a la creciente demanda mundial de minerales críticos. Hichilema ha planteado elevar considerablemente la producción nacional de cobre, mientras Estados Unidos, China y otros actores internacionales compiten por reforzar su presencia económica en el país.
Pero la recuperación macroeconómica no ha eliminado el malestar social. La inflación, el coste de vida, el desempleo y los problemas energéticos continúan afectando a numerosos ciudadanos zambianos. La oposición construyó buena parte de su argumento de campaña precisamente sobre esta contradicción: mientras el Gobierno destaca la recuperación de los principales indicadores económicos, una parte notable de la población todavía no percibe una mínima mejora proporcional de sus condiciones de vida.
Por ello, las elecciones funcionaron en cierta medida como un referéndum sobre el primer mandato de Hichilema. El resultado demuestra que una mayoría de los votantes ha respaldado la continuidad de sus políticas económicas, pero casi un 38% obtenido por Mundubile evidencia también la existencia de una oposición con capacidad para canalizar el descontento social.
Asimismo, la principal controversia, sin embargo, se encuentra en la dimensión democrática del proceso. Aunque Lusaka mantiene una de las reputaciones democráticas más sólidas del África austral –consolidada desde 1991 tras acabar con el régimen de Kenneth Kaunda– y ha experimentado transferencias pacíficas de poder, diferentes observadores señalaron problemas relacionados con las condiciones de la campaña y el trato hacia la oposición. La misión de observación electoral de la Unión Europea consideró que la jornada fue en gran medida pacífica, pero manifestó cierta preocupación por determinadas desigualdades y por las condiciones políticas en las que se desarrolló la competición.
El recuento tampoco estuvo exento de problemas. La Comisión Electoral Nacional llegó a suspender temporalmente el proceso después de incidentes violentos contra personal electoral y denuncias relacionadas con el robo de papeletas. Estos acontecimientos fueron utilizados posteriormente por la oposición para cuestionar la transparencia del proceso.
Mundubile rechazó los resultados y anunció que recurriría ante los tribunales alegando irregularidades graves. La situación, además, se agravó después de una operación policial relacionada con miembros de su entorno político, en la que fueron detenidas varias personas y murió el exministro Mutotwe Kafwaya. Las autoridades justificaron la actuación policial alegando amenazas contra la seguridad nacional, mientras que la oposición niega las acusaciones. Naciones Unidas manifestó preocupación por las detenciones y demandó que cualquier actuación contra opositores respetase las garantías de los derechos humanos y el Estado de derecho.
El desafío para la administración de Hichilema durante su segundo mandato será, por tanto, doble. En el terreno económico deberá transformar la estabilización financiera en un crecimiento que logre llegar a la población, afrontar los problemas energéticos y de suministro y aprovechar el potencial del cobre y los recursos naturales nacionales sin generar una compleja y excesiva dependencia externa de las materias primas. En el plano político tendrá que demostrar que su victoria no implica un retroceso de las libertades, un aumento del autoritarismo o un agravio a la competencia democrática.
De igual forma, es relevante considerar que, Zambia, adquiere además una relevancia superior a su tamaño económico. Su oposición en el centro de la competición mundial por los minerales críticos, especialmente por el mencionado cobre, convierte al país en un espacio estratégico para Washington, Pekín y otros actores globales. Al mismo tiempo, su trayectoria democrática le otorga una influencia política particular en su región.
En conclusión, las elecciones de 2026 dejan una considerable ambivalencia. Hichilema ha obtenido un mandato electoral reforzado y legítimo en términos de resultados oficiales, pero la controversia presente entre la población y las políticas económicas obligan a observar atentamente la evolución política y social del país. Zambia afronta ahora cinco años en los que deberá demostrar que la estabilidad económica y la continuidad democrática pueden convivir de forma competitiva, plural y respetuosa con la oposición. Su segundo mandato será, en última instancia, una prueba para el presidente Hichilema y también para la reputación que Zambia ha construido durante las últimas décadas.




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