Islas Malvinas o Falkland Islands: historia del conflicto entre Argentina y Reino Unido
- Jordi Pascual Pérez

- hace 1 día
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La disputa de las Islas Malvinas (o Falkland Islands) dependiendo de a quién se pregunte o qué fuente se consulte, tiene su origen 500 años atrás y está marcada por disputas coloniales, una ocupación por la fuerza y un enfrentamiento bélico. Se trata de una controversia colonial heredada del Imperio Británico que suscita una gran polémica en el panorama internacional y a la que todavía no se le ha encontrado una solución pacífica.
Hablar de Malvinas en Argentina trae sentimientos encontrados pues, por un lado, pocas cuestiones nacionales unifican tanto al pueblo argentino como la cuestión sobre la soberanía del archipiélago del Atlántico Sur. Por otro lado, mencionar Malvinas atrae un sentimiento amargo del recuerdo de una época de dictadura militar marcada por la oscuridad, la censura y la represión que golpeó a todo un pueblo y cuyas cicatrices a día de hoy continúan sanándose.
Para los británicos, las Falkland Islands situadas a más de 13.000 kilómetros de sus costas representan el legado colonial de sus expediciones en “el Nuevo Mundo” con una población de hasta 3.600 personas que habitan las islas que se sienten “orgullosamente británicas” tal y como lo demostró el referéndum realizado en 2013.

Esta lucha vigente en la actualidad entre la República Argentina y el Reino Unido atrae cuestiones relativas a la identidad y a la unidad nacional así como la defensa de la autodeterminación de los pueblos y la democracia. El final del conflicto armado en el año 1982 no significó el cese de las hostilidades y reclamaciones argentinas sobre las Islas Malvinas, sino que sirvió para demostrar que son un símbolo de soberanía incompleta, una causa de unión nacional y un compromiso histórico que define su posición ante el mundo y su propia identidad como nación.
¿Islas Malvinas o Falkland Islands? Un repaso histórico de la controversia
Los reclamos de soberanía de la Argentina y el Reino Unido sobre las Islas Malvinas se fundamentan en un complejo contexto histórico que abarca desde el siglo XVI hasta la actualidad. La historia se remonta al año 1520 cuando los argentinos sostienen que la expedición española liderada por Fernando de Magallanes hubo avistado las islas. Contrariamente, el Reino Unido sostiene que el navegante John Davies descubrió el archipiélago en 1592 sin establecer ningún asentamiento.
Sin embargo, durante el siglo XVIII los británicos demostraron su voluntad y su interés estratégico en las islas estableciendo un asentamiento en Puerto Egmont en 1765. Este asentamiento sirvió a las autoridades españolas para citar una violación del Tratado de Utrecht (1714) y expulsar a los británicos hasta en dos ocasiones, en 1770 y 1774. Tras la expulsión de los españoles, el Reino Unido abandonaría el asentamiento en 1774 y permaneció sin presencia oficial durante los siguientes 55 años pese a que los británicos alegan que no renunciaron a sus derechos sobre las islas.
Fuentes argentinas señalan que, en 1790 se firmó el Tratado de San Lorenzo del Escorial entre España y Gran Bretaña donde ‘Gran Bretaña se comprometió a no establecer ningún asentamiento ni en la costa oriental ni en la occidental de Sudamérica, ni en las islas adyacentes ya ocupadas por España, como fue el caso de las Islas Malvinas’ (Gobierno de Argentina, s. f.).
El inicio del siglo XVIII trajo consigo el desmembramiento del Imperio español y con ello, la independencia de Argentina. Tanto fue así que la Revolución de Mayo de 1810 y la celebración del Congreso de Tucumán el 9 de julio de 1816 fueron dos eventos que asentaron la independencia de la Argentina de la corona española. Desde ese momento, Argentina asumió la posesión de las islas bajo el principio jurídico ‘uti possidetis juris’, un principio que estableció que los nuevos Estados heredasen los territorios de la metrópoli colonial.
No fue hasta 1833 tras diferentes enfrentamientos entre el gobernador Luis Vernet y la armada americana y británica cuando, un 3 de enero de 1833, los británicos expulsaron de manera efectiva a las autoridades y población argentina instalada en el archipiélago. Hay que tener en cuenta la situación política de la Argentina, pues atravesaba una fase de guerra civil y el gobierno del general Juan Manuel Rosas era incapaz de poder ejercer un control efectivo sobre el territorio.
Desde 1833, la Argentina ha presentado protestas diplomáticas de manera ininterrumpida a Londres sin recibir respuesta acorde desde la capital británica. Mientras tanto, en un acto parlamentario los británicos establecieron en 1842 las Falklands como una colonia de la corona y designaron a un gobernador. En 1851 se crearía la respectiva ‘the Falkland Islands Company’ o la Compañía para las Islas Falkland en español que se encargaría de la gestión económica para la producción de lana, ofrecer servicios a los barcos mercantes en el Cabo de Hornos y la industria ballenera a la vez que la población de la isla iba creciendo de británicos provenientes de la metrópoli.
En 1888, bajo el gobierno de Julio Argentino Roca, el Gobierno de Argentina propuso al Gobierno Británico someter la disputa a un arbitraje internacional para que un tribunal se encargara de ejercer de mediador para la resolución del conflicto. Sin embargo, Londres se negaría y las reclamaciones de Buenos Aires siguieron sin ser escuchadas.
La creación de las Naciones Unidas en 1945 otorgó una vía a la Argentina para iniciar su revancha contra el Reino Unido por la vía de la diplomacia y, durante las décadas de 1960 y 1970, la batalla narrativa y diplomática parecía estar del lado de Buenos Aires.
En 1960, la Resolución 1514 de la Asamblea General de las Naciones Unidas o Declaración sobre Descolonización de 1960 estableció que ‘el principio de libre autodeterminación no puede ser invocado cuando la integridad territorial de un Estado se ve comprometida’. Esta última declaración acerca del principio de autodeterminación sirvió como argumento central a la delegación argentina para, en el año 1964, acudir al Comité Especial de Descolonización para demostrar la existencia de ‘una ocupación extranjera en Malvinas cuya población implantada no estaba habilitada a ejercer el derecho de autodeterminación en los términos previstos por el derecho internacional’.
La insistencia del Gobierno argentino dio sus frutos el 16 de diciembre de 1965 con la Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Dicha resolución reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido e instó a ambos gobiernos a una solución pacífica a través de negociaciones.
En esta misma resolución se estableció que se debían de considerar los intereses de los habitantes, pero no los deseos de los mismos. Es precisamente bajo esa premisa por la que Argentina descarta el principio de libre autodeterminación alegado por los británicos. A pesar de ello, se iniciaron diversos procesos de resolución pacífica de la controversia sin que las partes llegasen a un acuerdo mutuo.
Con unas negociaciones estancadas y la Casa Rosada bajo el control del general Leopoldo Galtieri, la disputa sobre las islas derivaría en un conflicto armado que comenzó el 2 de abril de 1982 y finalizó el 14 de junio de ese mismo año con la rendición argentina. La guerra duró 74 días costandole la vida a 649 argentinos, 255 británicos y tres civiles malvinenses.
El resultado no solo reforzó el control británico sobre el archipiélago, sino que también cerró para Londres cualquier posibilidad de negociar la soberanía. Ya en 1990 se restablecieron relaciones diplomáticas, pero desde Downing Street argumentan que el asunto de la soberanía es un “caso cerrado” y se niega categóricamente a discutirlo con Argentina.
Por su parte, la derrota en la guerra significó la caída del ‘Proceso de Reorganización Nacional’ que gobernaba con puño de hierro al país desde 1976 y que, tras la celebración de unos comicios electorales, el 10 de diciembre de 1983 asumiría el cargo Raúl Alfonsín devolviendo la democracia a la Argentina. El Gobierno de Alfonsín aprobaría la Reforma Constitucional de 1994 estableciendo que la recuperación de las islas y el ejercicio pleno de la soberanía son un ‘objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino’.
La defensa de Londres y las posiciones de los organismos internacionales
El Reino Unido mantiene una postura negativa a discutir la soberanía de las Falkland Islands considerando que el asunto es un “caso cerrado” desde el final del conflicto en 1982. El argumento principal que Londres esgrime es el derecho democrático de los habitantes de las islas a elegir su propio futuro político a través de su libre determinación.
Como prueba de su legitimidad, el Reino Unido utiliza los resultados del referéndum realizado en 2013 donde se estimó que el 98,8% de los votantes manifestaron su deseo de seguir siendo un territorio británico de ultramar. Con este resultado, el gobierno británico afianza su posición donde prioriza los ‘deseos’—y no los intereses—de la población actual sobre cualquier reclamo histórico de integridad territorial.
En su negativa a negociar sobre la soberanía de las islas, también se encuentra la negativa británica a levantar el embargo de armas y componentes militares impuesto en 1982 con el estallido del conflicto armado, priorizando otras áreas como la científica, cultural o el comercio, es decir, aquellas que pueden ‘generar crecimiento para el pueblo británico’ como se traslada desde Downing Street.
La internacionalización de la controversia se encuentra formalmente presente desde el reconocimiento de la disputa de soberanía irresuelta por parte de las Naciones Unidas. A través de la Resolución 2065 y el Comité Especial de Descolonización se piden a las partes la reanudación de las negociaciones con la mayor brevedad posible para poner solución a un caso de ‘descolonización especial y particular’.
Históricamente, la Unión Europea se ha abstenido de tomar una posición colectiva sobre el fondo de la disputa, considerándolo un asunto bilateral al ser el Reino Unido uno de sus Estados Miembros. No obstante, tras el Brexit, la Unión Europea incluyó por primera vez el nombre de “Islas Malvinas” junto a “Falkland Islands” en un documento oficial tras la cumbre con la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) en 2023, provocando la reacción inmediata de Londres.
Para la desdicha diplomática del Reino Unido, Argentina cuenta con un respaldo constante de diversos bloques internacionales—véanse las Cumbres Iberoamericanas y de Países Árabes, el G77+China y Mercosur y CELAC que instan al diálogo bilateral entre las partes y la resolución pronta y definitiva de la disputa conforme a las resoluciones de las Naciones Unidas.
Malvinas Argentinas: una cuestión de soberanía, memoria, patria y lealtad
Tras el final de la dictadura militar que llevó al país a la guerra en 1982, los gobiernos democráticos reafirmaron la vía pacífica y diplomática como el único camino para la recuperación del ejercicio de la soberanía de las Islas Malvinas.
Bajo el gobierno de Carlos Menem (1989-1999) se consiguió el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el Reino Unido en 1990, apostando por la fórmula del “paraguas de soberanía”. Esta fórmula permitía a ambos países dialogar sobre aspectos prácticos y comerciales sin que ello implicara una renuncia a sus respectivas posturas sobre la soberanía del archipiélago.
No obstante, los gobiernos kirchneristas de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner (2003-2015) junto con el Gobierno de Alberto Fernández (2019-2024), que beben ideológicamente de la doctrina peronista, optaron por una diplomacia más confrontativa y de denuncia de los actos unilaterales británicos, como la exploración de hidrocarburos y licencias de pesca.
Con ello, siguiendo la política emprendida por el presidente Raúl Alfonsín, Buenos Aires intensificó su presencia en foros multilaterales, obteniendo el respaldo sistemático de organismos como las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y el Mercosur, logrando un mayor reconocimiento de la causa argentina a nivel internacional.

En la actualidad, el Gobierno de Javier Milei ha promulgado una política hacia la reclamación de las Islas que, conforme algunos expertos del Observatorio de Política Exterior Argentina apuntan, recuerda a la perseguida por el Gobierno de Mauricio Macri y los Gobiernos de Carlos Menem.
Así pues, el Gobierno del León Libertario busca bajar la intensidad de la controversia sobre la soberanía de la agenda bilateral para priorizar una relación cordial centrada en lo comercial y financiero. Un ejemplo sería la ‘excelente y muy cordial reunión’ entre Javier Milei y el secretario de Estado británico, David Cameron, en el Foro de Davos (Suiza) en enero de 2024.
No obstante, la polémica se avivó en Argentina cuando el presidente libertario expresó en una entrevista con el diario británico The Telegraph que el territorio (Islas Malvinas) debería ser devuelto mediante negociación y “cuando los habitantes de las islas así lo deseen”. Esta última declaración atribuida a Milei por el entrevistador Louis Emanuel, rompe con la tradición diplomática argentina y su Constitución en tanto que estas se distinguen por ‘respetar los intereses y el modo de vida de los isleños’ mientras rechazan que ‘los deseos o la autodeterminación’ definan la soberanía sobre las Islas.

La cuestión sobre la soberanía de las Islas Malvinas continúa siendo un tema de suma importancia nacional para la población, pues, de acuerdo con un estudio realizado por Vox Populi en 2023, hasta un 67,8% de los encuestados considera importante o muy importante la recuperación de las Islas para Argentina, demostrando el respaldo de la población y la defensa de la centenaria reclamación de Argentina sobre las Islas.
Pese a las críticas por su falta de firmeza, el gobierno de Milei apuesta por un enfoque pragmático y comercial subordinando temporalmente la retórica de la confrontación de los gobiernos anteriores a cambio de una mayor integración comercial y financiera en el mercado internacional abrazando los intereses y la retórica de las políticas provenientes de Estados Unidos.
Por último, la Casa Rosada se anotó un tanto a favor el pasado junio de 2025 cuando, la Organización de Estados Americanos aprobó por aclamación una nueva declaración instando al Reino Unido a retomar las negociaciones que se niega a iniciar. Milei, con su tradicional estilo, celebró en su red social X (antes Twitter) la victoria cosechada contrastando el avance con el ‘nacionalismo de pacotilla y berreta’ alegando que su administración responde con ‘acciones claras y resultados concretos’.




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