top of page
  • Instagram
  • X
  • Threads

Libia y Myanmar: verdades silenciadas, democracia en ruinas

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 13 mar 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 2 jul 2025

Hace ya cuatro años desde que las últimas imágenes del golpe de Estado en Myanmar ocuparon las primeras planas de los medios alrededor del mundo. Aquel 1 de febrero de 2021 la antigua Birmania se sumergió de nuevo en un régimen militar, socavando los casi once años de transición hacia la democracia logrados. En distinta forma y grado encontramos a Libia, país que no ha logrado sanar los estragos de la guerra y la violencia entre facciones, iniciadas tras la caída de Muamar Gadafi en 2011. En ambos, la represión, la censura y la violencia han convertido la libertad de expresión en un hecho ilusorio, y el ciudadano se enfrenta a una difícil cuestión: someterse, resistir o huir.


Un hombre que trabajaba como coordinador de banquetes de un hotel de Rangún, a la derecha, ahora se encuentra entre los combatientes de las milicias rebeldes que luchan contra el ejército de Birmania en las selvas y colinas del estado de Kayin. Foto: Adam Dean, New York Times.
Un hombre que trabajaba como coordinador de banquetes de un hotel de Rangún, a la derecha, ahora se encuentra entre los combatientes de las milicias rebeldes que luchan contra el ejército de Birmania en las selvas y colinas del estado de Kayin. Foto: Adam Dean, New York Times.

La desesperanza y la incredulidad dominan las percepciones ciudadanas de ambas naciones. En el caso de Libia, la población ha observado recurrentes fracasos de intentos de reconstrucción y estabilización del país bajo sistemas democráticos, lo cual ha desembocado en que la mayor parte de los locales aspiren a cualquier categoría de estabilidad y seguridad, mermando el valor de la democracia. La división entre facciones políticas e ideológicas han transformado la lealtad hacia los líderes en una cuestión de supervivencia, mientras, la desinformación refuerza el rechazo a medios oficiales. En Myanmar, los grupos estudiantiles de resistencia siguen activos, pero el temor a las represalias es mayor: miles han sido ejecutados, arrestados y torturados por oponerse al régimen del Tatmadaw. Ante éste escenario, la violencia socava la disidencia, genera resignación social y frustra cualquier posibilidad de mejoría.


En Libia, el liderazgo es difuso. No existe una única figura que domine la totalidad del territorio, sino dos gobiernos enfrentados — uno en Trípoli, otro en el este del país — que no han logrado estabilizar el país, sino más bien dividirlo. Khalifa Haftar, líder militar del este, es reconocido por algunos como un garantista del orden, para otros, un señor de la guerra. De igual forma, Abdelhamid Dabeiba, líder del Gobierno de la Unidad Nacional (GNU), es considerado un líder para sus apoyos y un corrupto guerrillero para sus opositores. En Myanmar, la percepción está menos dividida que en el caso africano: Min Aung Hlaing, comandante del Tatmadaw, es la personificación de la opresión y el miedo al caos. El régimen birmano ha acabado con cada atisbo de oposición, ha encarcelado a líderes pro-democráticos como Aung San Suu Kyi y ha estructurado un gobierno represivo. Sin embargo, el ejército mantiene apoyos entre sectores nacionalistas que lo ven como un “mal necesario” para mantener la unidad territorial y la estabilidad del país frente a grupos secesionistas, minorías étnicas u opositores democráticos.


REUTERS / ESAM AL-FETORI.
REUTERS / ESAM AL-FETORI.

Contradictoriamente, en ambos países una supuesta democracia es más un ideal que un objetivo alcanzable en términos realistas, y su ausencia no ha hecho más que mermar su valor. En Myanmar, antes del golpe de Estado en 2021, un 60% de la población consideraba indispensable un sistema democrático para la futura Myanmar, pero hoy muchos dudan sobre la viabilidad del mismo tras el fracaso del proceso de transición. En Libia, la democracia es un anhelo lejano: las elecciones fracasan una tras otra, y la fragmentación ideológica, religiosa, política y social impide la existencia de un consenso para implementar cualquier indicio de democracia. Pese a que los ciudadanos desean un sistema más estable y representativo, el caos ha desembocado en que muchos a considerar que un gobierno fuerte, incluso si no es democrático, puede ser la única vía factible.


Tanto en Myanmar como en Libia, la verdad es un lujo peligrosamente inaccesible. En Libia, el periodismo independiente es chantajeado y coaccionado por los grupos en conflicto, que usan los medios para expandir su propaganda. La violencia contra los profesionales ha convertido a la información en un arma de guerra, donde cada bando manipula hechos a su favor. En Myanmar, la represión es aún peor: el gobierno militar ha cerrado los medios independientes, encarcelado a periodistas y bloqueado el acceso a las redes sociales. La veracidad de la información se ha intercambiado por la propaganda oficial, desembocando en que la verdad se esconda clandestinamente o se exilie.


Libia y Myanmar son dos caras lejanas de un mismo problema: cuando la democracia ha fracasado y la información ha sido silenciada, el poder se aferra en las sombras. Mientras millones de personas resisten entre la resignación, la comunidad internacional todavía mira con indiferencia la represión sistemática. No hay prensa libre, no existen elecciones reales y no hay líderes que apuesten por la estabilidad democrática, ambos países siguen entre las paredes de un laberinto con compleja salida, donde la única certeza es que la verdad es siempre su primera víctima.

Comentarios


Blog internacional

© 2025 Naciones en Ruinas. Todos los derechos reservados

bottom of page