Recursos malditos: la paradoja de África
- nacionesenruinas
- 12 mar 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 13 ago 2025
Elementos como el gas, los minerales, la energía o el petróleo se convierten en motores de propulsión económica y en útiles herramientas geopolíticas. Sin embargo, ciertas naciones africanas no reflejan semejante bendición en los ámbitos de poder, comercio o bienestar. Etiopía, Nigeria y Libia, entre muchos otros, se encuentran sumergidas en espirales de corrupción, conflictos y desigualdades, las cuales, desembocan en crisis económicas, político-sociales y militares severas. Como resultado de las riquezas naturales, los conflictos se exacerban, llevándonos a cuestionarnos si realmente hay o no una maldición en ellos.
Libia, epicentro del crudo en África, sufre la maldición del sabotaje, la inseguridad y el hurto de sus recursos por parte de facciones paramilitares que desestabilizan el país. Asimismo, lejos de mejorar la vida de sus ciudadanos, el petróleo finaliza en manos de potencias extranjeras o milicias, quienes se nutren y financian del petróleo para proseguir conflictos congelados en pleno desierto libio.
Etiopía, perla preciada de la exportación de minerales, padece la venta irregular de joyas a través de extracciones mineras apoyadas por grupos armados que se nutren de sus beneficios o contratos ilegales con mafias como lasyemení o sudanesa. La explotación minera no se traduce en mejoras laborales, empleo o rentas. En cambio, produce desplazamientos, crisis y divisiones étnicas.
Nigeria, donde el gas abunda, experimenta una corrupción que desvía miles de millones, afectando de forma antagónica al desarrollo del Delta del Níger, generando picos de violencia insurgentes y una crisis de contaminación en un área que de otro caso, como sucede con el gas qatarí, sería próspera.
Analizando estos datos, podemos llegar a la conclusión de que la paradoja de la abundancia es una realidad innegable en Libia, Etiopía y Nigeria, donde la riqueza en recursos naturales no ha significado desarrollo, sino los conflictos y crisis. No obstante, ¿cómo es posible que estos países hayan acabado en tales situaciones?.
El denominador común con el que cuentan estos países es la debilidad institucional y la corrupción, factores que han impedido que los beneficios de los recursos naturales lleguen a la población. En lugar de ser un motor de crecimiento, el petróleo, el gas y los minerales han sido catalizadores de violencia y desigualdad, profundizando las fracturas sociales y políticas. Sin mecanismos de transparencia y gestión eficiente, estas riquezas seguirán perpetuando el saqueo y la inestabilidad, consolidando la idea de que, en determinadas condiciones, la abundancia de recursos es más una maldición que una bendición.
La “maldición de los recursos” es más que una teoría económica; es una realidad que se da en las naciones africanas y en otras muchas más, en las cuales, su gran riqueza natural se ha convertido en una fuente de lucha en lugar de avance. La experiencia de Libia, Etiopía y Nigeria muestra que ten͏er recur͏sos͏ no siempre ayuda a͏ progresar; si no se posee unas buenas͏ instituciones y unos mecanismos de control efectivos, la abundancia de recursos pue͏de convertirse en algo negativo para la estabilidad de la nación, perjudicando principalmente a los habitantes del mismo. La lección es clara: no son los recursos͏ naturales los que marcan ͏el ca͏mino de un país sino la habilidad de sus líderes y habitantes para administrarlos con justici͏a y visión de futuro.
La situación de los Estados fallidos, donde el caos, la violencia y la falta de instituciones condenan a millones de personas al sufrimiento y la incertidumbre no es fortuita. No podemos ignorar esta realidad ni permitir que queden en el olvido ante la injusticia. Es fundamental que la comunidad internacional actúe para fortalecer sus estructuras y devolver la ansiada esperanza a sus habitantes. Seguir informando y denunciando es el primer paso para lograr un cambio, nuestro cambio.





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