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Líbano: medios controlados, voces silenciadas

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 19 abr 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 2 jul 2025

El Líbano, históricamente reconocido por su pluralismo mediático en Medio Oriente, atraviesa una crisis sin precedentes en materia de libertad de prensa y derechos digitales. La creciente injerencia de actores políticos, la instrumentalización del marco legal, la crisis económica y el aumento de la censura han deteriorado significativamente el ejercicio del periodismo en el país. Tanto la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2024 de Reporteros Sin Fronteras (RSF) como el informe Freedom on the Net 2024 de Freedom House evidencian este retroceso, señalando la consolidación de un entorno hostil para la libre expresión.


Clasificación de Líbano según los indicadores sociopolíticos. Fuente: Reporteros Sin Fronteras.
Clasificación de Líbano según los indicadores sociopolíticos. Fuente: Reporteros Sin Fronteras.

El informe de RSF sitúa al Líbano en la posición 140 de 180 países, reflejando una caída de 21 puestos respecto al año anterior. Este descenso responde a varios factores interconectados. En primer lugar, el sistema político confesional del país ha convertido a los medios en instrumentos de propaganda de los distintos partidos, muchos de los cuales responden a intereses extranjeros. Hezbolá, respaldado por Irán, y los grupos prooccidentales, apoyados por Arabia Saudí y Estados Unidos, utilizan sus propias cadenas de comunicación para promover narrativas alineadas con sus intereses. Esta situación ha debilitado la objetividad informativa y ha fomentado la polarización.


En el ámbito legal, si bien la Constitución libanesa protege la libertad de prensa, diversas normativas permiten restringirla. El Código Penal y la Ley de Prensa de 1962 contienen disposiciones que penalizan la difamación y las críticas a instituciones clave del Estado, lo que ha servido como herramienta de represión contra periodistas. Un caso emblemático es el de la periodista Dima Sadek, condenada a un año de prisión por una publicación en redes sociales en la que criticaba a Hezbolá. Este tipo de sanciones han generado un clima de autocensura entre los profesionales de la comunicación.


La crisis económica también ha impactado gravemente al sector. La devaluación de la libra libanesa y la hiperinflación han reducido drásticamente los ingresos publicitarios, lo que ha provocado el cierre de medios independientes y ha incrementado la dependencia de financiamiento partidista. La precarización laboral ha obligado a muchos periodistas a emigrar o abandonar la profesión, debilitando el periodismo de investigación y facilitando el control de la información por parte de grupos de poder.


En el ámbito digital, la situación no es más alentadora. Freedom House clasifica al Líbano como "parcialmente libre" en internet, con una puntuación de 50 sobre 100. Las restricciones a la conectividad se han agudizado debido a la crisis económica, encareciendo el acceso a internet, especialmente en zonas rurales. A esto se suma la censura y el aumento de la vigilancia estatal. El gobierno ha utilizado bloqueos de plataformas, cortes selectivos de internet y vigilancia masiva como herramientas de control. El uso de leyes ambiguas ha permitido la persecución de ciudadanos por publicaciones en redes sociales, mientras que los ataques cibernéticos y la filtración de datos personales se han convertido en tácticas habituales para intimidar a periodistas y activistas.


El reciente conflicto con Israel ha intensificado aún más estas dinámicas. Las autoridades han reforzado la supervisión de los medios, restringiendo la cobertura informativa sobre el impacto de la guerra. La narrativa oficial ha sido impuesta con dureza, censurando cualquier crítica a Hezbolá o al gobierno. Se han bloqueado páginas web consideradas adversas y se han registrado detenciones de periodistas que han intentado informar sobre la situación en el sur del país. Además, el conflicto ha convertido a los reporteros en objetivos militares, con la muerte de varios periodistas en bombardeos israelíes.


El deterioro de la libertad de prensa y los derechos digitales en el Líbano responde a una crisis multidimensional que involucra factores políticos, legales, económicos y tecnológicos. La instrumentalización de los medios por parte de los partidos políticos, la aplicación de leyes represivas, la precariedad económica de la prensa y la censura digital han generado un entorno donde el derecho a la información está en riesgo.


Si bien el país aún conserva ciertos espacios de debate y expresión, la tendencia actual sugiere un agravamiento de las restricciones. Sin la implementación de reformas estructurales que garanticen la independencia de los medios y el respeto a los derechos digitales, el Líbano seguirá perdiendo posiciones en los rankings internacionales de libertad de prensa y acceso a la información. En este contexto, resulta fundamental visibilizar y denunciar estas problemáticas para impulsar mecanismos de protección y garantizar el ejercicio del periodismo sin represalias.

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