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Myanmar: la trampa silenciosa de la censura

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 19 abr 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 2 jul 2025

Hoy día, en pleno siglo XXI, Myanmar es uno de los peores lugares del globo para ejercer el periodismo. Con una libertad civil valorada con apenas 7 de los 100 puntos por Freedom House en 2024 y ocupando el puesto 171 de 180 en la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa de RSF, el país vive en una represión informativa constante desde el golpe militar de 2021.


Clasificación de Myanmar según los indicadores sociopolíticos. Fuente: Reporteros Sin Fronteras.
Clasificación de Myanmar según los indicadores sociopolíticos. Fuente: Reporteros Sin Fronteras.

Periodistas encarcelados, torturados, ejecutados, perseguidos… Más de 150 profesionales se encuentran actualmente en prisión, mientras otros 60 medios se han exiliado a diversos países, operando principalmente en Tailandia, India o Australia. En cuanto a internet, el país no presenta mejoras: Myanmar comparte con China el penoso honor de tener la peor puntuación en libertad digital del mundo, con un índice de 9 sobre 100.


Además, las leyes birmanas, aparentemente “democráticas”, están repletas de trampas legales que sirven al gobierno para censurar a su plena voluntad. Desde la Ley de Medios de 2014 hasta la aprobada Ley de Ciberseguridad de 2025, todas han sido herramientas para la justificación del control, la vigilancia y el castigo. ¿Publicaciones críticas sobre el régimen? Puedes acabar 20 años en la cárcel, como le ocurrió a Sai Zaw Thaike, o incluso morir.


Los artículos del código penal birmano, como el 505(b) y el 124 (a), castigan desde el “causar alarma pública” hasta la sedición. La ambigüedad legal se convierte en un arma de doble filo que silencia a quienes alzan la voz. Incluso las manifestaciones de más de cinco personas necesitan permisos, los cuales raramente se conceden.


Lo más impactante es que la impunidad es la reina del país: asesinatos, desapariciones y torturas contra periodistas apenas son investigados. En Myanmar, ejercer el profesionalismo periodístico es un acto extremo, casi de supervivencia si cabe.


La situación de la libertad de prensa es una mezcla entre la censura asfixiante, la violencia y el control total por parte de las autoridades militares. Desde el golpe militar, el país se ha convertido en una trampa mortal. Las leyes no garantizan la libertad informativa pese a camuflarse como garantes de las mismas, sirviendo como herramientas de represión, censura, intimidación y arresto.


En términos económicos, el periodismo está asediado. El gobierno usa subvenciones y publicidad propagandística estatal como arma de control. En consecuencia, cuando un medio no sigue lo dictado oficialmente, se le cierra el financiamiento y, por ende, se acaba ahogando y desapareciendo. Muchos periodistas se han exiliado, operando en el extranjero para vivir en la clandestinidad informativa.


En lo sociocultural, el entorno es hostil. La prensa tiene que sortear jerarquías, valores tradicionales, una situación religiosa patriarcal y diversa, así como, tabúes étnicos. Las mujeres enfrentan además un doble castigo: por hablar y por ser mujeres. Los periodistas de etnia no birmana, tienen menos oportunidades y más riesgos, especialmente en áreas conflictivas.


En cuanto a seguridad… hablar de forma clara te puede costar directamente la vida. El régimen militar no se anda con rodeos: cámaras destruidas, detenciones arbitrarias, torturas, asesinatos, violencia sexual y arrestos sin juicios. Informar se ha vuelto un riesgo de valentía extrema.


Myanmar, en conclusión, se ha convertido en un escenario de lucha entre la autoridad y la verdad, donde la corrupción y el miedo generan una tormenta de represión. No obstante, pese a la situación, hay quienes siguen contando lo que muchos prefieren callar, encontrando esperanza hasta en el instante más oscuro.

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