Navidad en zonas de conflicto: tradición, adaptación y resistencia de las comunidades cristianas
- José Manuel Jiménez Vidal

- 24 dic 2025
- 5 Min. de lectura
La Navidad, celebrada mundialmente como un momento de unión, concordia, regalos y luces, tiene un trasfondo mucho más profundo y cultural: la celebración del nacimiento de Jesús y los valores de esperanza, solidaridad o resiliencia. Aunque en muchos países el componente religioso se ha diluido, para millones de cristianos que viven en zonas de conflicto, la Navidad sigue siendo una festividad cargada de significado cultural, espiritual y político. Las guerras, la violencia o las persecuciones han obligado a miles de comunidades cristianas alrededor del mundo a adaptar, reducir o incluso eliminar tradiciones, transformando la manera en que celebran estas fechas. En el siguiente artículo, nos focalizaremos en cuatro de las decenas de ejemplos que existen, explorando cómo se vive la Navidad en Ucrania, Líbano, Siria y Nigeria.
Ucrania, concentración de cristianos y resiliencia frente a la invasión
Ucrania es un país de mayoría cristiana, con aproximadamente el 70% de la población afiliada a la Iglesia Ortodoxa –Patriarcado de Moscú y Patriarcado de Kiev– y un 10% a diferentes ramas de las iglesias católicas, quedando un reducido número de minorías agnósticas, ateas o pertenecientes a otras religiones. Las regiones más concentradas de cristianos incluyen Lviv, Ivano-Frankivks, Ternopil, Kiev y las áreas más occidentales del país, que tradicionalmente celebran la Navidad el 7 de enero según el calendario juliano ortodoxo.
Impacto del conflicto
Ucrania no es la primera vez que experimenta cambios culturales-religiosos relacionados con festividades propias, ya sucedió décadas antes con otras etnias, tanto cristianas como no, incluyendo a los tártaros, cosacos o religiosos cristianos, especialmente perseguidos durante el periodo soviético.
Actualmente, las regiones del sur y este del país, como Mariupol, Donetsk y Járkov, aunque con menor concentración de cristianos que el oeste, han sido fuertemente afectadas por los ataques derivados de la guerra, desplazando a miles de fieles y limitando las celebraciones de Navidad. desembocando en la pérdida de más de 15,000 civiles cristianos. En ciudades como Kiev, se han organizado misas al aire libre y ceremonias en refugios, mientras que los Koliadky –villancicos locales– se cantan en grupos reducidos para proteger la seguridad de los participantes y simular una vida que lejos queda de los años tranquilos en Ucrania.
Un ejemplo más concreto es el que pudimos observar en diciembre de 2022, cuando la Catedral de San Miguel Arcángel de Kyiv organizó un servicio de misa al aire libre para 300 desplazados, acompañado de la entrega de alimentos y kits de higiene a familias afectadas por el ataque a sus hogares. Además, en Lviv, región menos afectada por la guerra en cuanto a ataques directos, voluntarios instalaron un árbol de Navidad comunitario en un estacionamiento, iluminandólo con energía solar, simbolizando la continuidad y resistencia de la tradición pese a los apagones y cortes eléctricos provocados por la guerra.
El Líbano, zonas cristianas y adaptación frente a la crisis
El Líbano, lejos del pensamiento popular, es un país multirreligioso donde los cristianos –herencia de Francia e historia previa a la colonización de la zona– representan aproximadamente el 33% de la población, con fuertes concentraciones en el Monte Líbano –Jbeil, Keserwan, Matn–, Beirut –Achrafieh y Zalka– y el valle de la Bekaa. Estas áreas históricamente celebran la Navidad con procesiones, belenes y mercados, incluyendo comidas típicas como el pan de jengibre o los dulces de sésamo.
Impacto del conflicto
La crisis económica y la devaluación de la libra libanesa han limitado los recursos de las familias para llevar a cabo ferias y celebraciones públicas. Asimismo, en barrios como Achrafieh, se han mantenido las celebraciones, pero con grupos reducidos actividades comunitarias dentro de parroquias para garantizar la seguridad y reducir los gastos.
En 2022, la parroquia de San Jorge de Beirut repartió alimentos, ropa y juguetes a más de 500 familias en situación de vulnerabilidad. Las tradiciones, como villancicos y conciertos, se adaptaron a espacios interiores y grupos más pequeños, preservando el sentido de comunidad, pero cada vez en menores espacios en el ámbito público. En zonas rurales del Monte Líbano, se reemplazaron los fuegos artificiales tradicionales por luces LED y pequeñas representaciones teatrales del Nacimiento, manteniendo la esencia frente a la crisis económica y política que atraviesa el país.
Siria, zonas perseguidas y fe clandestina
Antes del conflicto civil, Siria tenía una población cristiana cercana al 10%, concentrada principalmente en Alepo, Homs, Damasco –barrios de Bab Tuma y Mazraa– y la región de Maaloula, famosa por conservar el arameo como lengua litúrgica.
Impacto del conflicto
Tras la guerra, Alepo y Homs, históricamente centros cristianos, sufrieron bombardeos y ocupaciones por grupos extremistas, asesinando en torno a 17,000 cristianos por persecución sectaria, transformando las celebraciones en actos clandestinos perseguidos. Las misas públicas, procesiones y representaciones teatrales se vieron reemplazadas por reuniones en sótanos y hogares.
En diciembre de 2021, las familias cristianas de Alepo organizaron cientos de misas clandestinas en sus sótanos, combinadas con la distribución de alimentos a niños desplazados. En Damasco, las comunidades greco-católicas mantuvieron la tradición del Fawaz, un cántico o villancico local sobre la llegada de los pastores al pesebre, adaptando su interpretación a pequeños grupos y grabaciones compartidas para mantener su fe. En Maaloula, se mantuvo la decoración de belenes y algunos servicios en arameo, pero con mucha menos asistencia y un mayor control de seguridad.
Nigeria, concentración y resistencia frente a Boko Haram
En Nigeria, los cristianos representan en torno a la mitad de la población total, concentrándose en el norte central –Plateau, Kaduna, Taraba– y el noreste –Borno, You, Adamawa–. Estas áreas han sido fuertemente afectadas por la insurgencia de Boko Haram, especialmente durante la celebración de actividades religiosas cristianas como es la Navidad.
Impacto del conflicto
Las misas se han comenzado a celebrar en refugios temporales o escuelas convertidas en centros de desplazados, bajo vigilancia militar y continuos ataques sistemáticos. Además, tradiciones como las procesiones de Nochebuena, las reuniones familiares grandes o villancicos y música tradicional han sido reducidos o incluso eliminados de zonas de alto riesgo.
Uno de los ejemplos lo podemos observar en la comunidad cristiana de Maiduguri, la cual celebró la Navidad en escuelas convertidas en refugios para cristianos perseguidos, con apoyo de ACNUR y Cáritas Nigeria, distribuyendo alimentos y regalos a más de 1000 niños desplazados. En aldeas cercanas a Bama, algunas familias mantuvieron la tradición de encender pequeñas velas en las ventanas, adaptando su costumbre en un contexto inseguro, transmitiendo un mensaje simbólico de esperanza.
Actualmente, las estimaciones de organizaciones sobre violencia contra cristianos estiman que entre 2019 y 2023, se han informado al menos 16,700 asesinatos hacia cristianos en Nigeria, relacionados con incidentes asociados a violencia de herders fulani, milicias y grupos armados en zonas afectadas por conflictos intercomunitarios. A ello, se suman miles de muertes derivadas de ataques yihadistas vinculados a Boko Haram y facciones afines, junto a la destrucción de miles de iglesias y escuelas, especialmente en áreas rurales sin recursos.
Conclusión
En Ucrania, Líbano, Siria y Nigeria, la navidad se vive como un acto de resistencia, identidad y esperanza. Cada misa clandestina, cada villancico reducido, cada luz encendida y cada regalo entregado representa la afirmación de la vida cultural y espiritual frente a la violencia, el asesinato, la persecución y la crisis económica, entre muchos otros. Las comunidades cristianas, aunque dispersas o desplazadas, continúan transmitiendo mensajes de solidaridad y fe, mostrando que incluso en los entornos más difíciles, la Navidad conserva su esencia: esperanza, unión y resiliencia.
En esta Navidad, recordemos que la festividad no es solo un momento de celebración para quienes vivimos en paz y seguridad. Es también un acto de resistencia para millones de personas en los rincones más oscuros de nuestros días. Desde Naciones en Ruinas, deseamos que la luz de estas fiestas llegue a todos, sin importar las dificultades, y que inspire solidaridad, comprensión y humanidad. Feliz Navidad, incluso para aquellos que hayan perdido la esperanza en medio del conflicto y la adversidad. Que la esperanza, la paz y la fe llegue y perdure donde más se le necesita.







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