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Sáhara Occidental: historia del conflicto, descolonización española y disputa entre Marruecos y el Frente Polisario

  • Foto del escritor: Marta Herrera Macías
    Marta Herrera Macías
  • hace 5 días
  • 11 Min. de lectura

Este artículo ha sido elaborado por Naciones en Ruinas en colaboración con Sevimun (Modelo de Naciones Unidas). Ambos proyectos comparten una vocación internacionalista y están impulsados por jóvenes comprometidos con el análisis, el debate y la comprensión de los asuntos globales.

Esperamos que su lectura haya resultado útil e interesante. Nuestro objetivo es contribuir a generar reflexión y diálogo sobre los principales retos internacionales.


Quienes deseen participar, colaborar o conocer más sobre nuestras actividades pueden hacerlo poniéndose en contacto con nosotros. Naciones en Ruinas está presente en todas las redes sociales, donde compartimos contenidos, iniciativas y oportunidades de participación.

Agradecemos el interés y el apoyo de quienes siguen y contribuyen a este proyecto, y deseamos a todos los participantes una excelente experiencia en el Sevimun.


Introducción

El Sáhara Occidental fue una colonia española hasta el año 1975, cuando tras el movimiento organizado por Marruecos, llamado la “Marcha Verde", España se vió obligada a abandonar el territorio. 


Esta retirada ocasionó que las tierras saharauis se quedasen sin su soberanía, sin pertenecer legalmente a nadie, y rápidamente; tanto Marruecos como Mauritania, procedieron a su ocupación, reclamando así su soberanía dentro del territorio. Todo ello desencadenó un enfrentamiento contra el movimiento independentista, el cual sigue a día de hoy, encabezado por el Frente Polisario.

Desde entonces, la descolonización del Sáhara ha estado fuertemente marcada por una lucha por definir el estatus del territorio. De hecho, hasta que el 31 de octubre de 2025 la ONU, con la resolución 2797, aceptó el criticable plan de autonomía marroquí para el Sáhara Occidental –debido a que lo veían la opción más factible para la pacificación y el fin del conflicto, pese a que éste sigue vigente en la actualidad– no se había logrado un posicionamiento de la organización hacia los postulados de Rabat.


El papel que España ha jugado durante todo este tiempo sobre la descolonización del Sáhara ha sido bastante complejo y significativo. Por ello, hemos de subrayar su importancia y deber histórico desde la colonización del territorio hasta la retirada en 1975, de manera formal, acabando con el proceso de descolonización el 26 de febrero de 1976.


Antes de la presencia de los europeos en África, la franja occidental estaba compuesta por 2 millones de kilómetros cuadrados que estaban habitados por unas 400.000 personas. Estas, eran poblaciones nómadas y pastores, los cuales, hablaban el mismo idioma y llamaban a su tierra por el nombre de Bidán, pero no conformaban un Estado o comunidad completamente cohesionada, dependiendo de los recursos, la meteorología y los flujos comerciales continentales.


Inicialmente, España reclamó la región en 1884 en la Conferencia de Berlín –puesto que previamente ya mercantes y exploradores nacionales habían avistado la región– y no fue hasta 1885 cuando comenzó la construcción de asentamientos en el territorio de Villa Cisneros y el establecimiento de diversas factorías en Río de Oro y Bahía Blanca. 


En 1900, Francia y España se repartieron todo el territorio del Magreb nordoccidental, aunque de manera desigual. Francia ocupó el 85% del territorio, asumiendo el dominio casi completo del actual territorio maroquí, dejándole a España el resto del área, conformada por el Sáhara y el norte de Marruecos. Posteriormente, se crearon una serie de acuerdos para delimitar las áreas de influencia de ambos, evitando conflictos entre París y Madrid. 


Desde la Segunda Guerra Mundial hasta la entrada de la década de los setenta especialmente, en los territorios que estaban en manos de europeos, tanto en África como en Asia, se extendieron movimientos de independencia y nacionalismos influenciados por las nuevas doctrinas e ideologías políticas globales. En consecuencia, las metrópolis tuvieron que conceder a los territorios cesiones y finalmente independencias por la presión internacional que recibían, influidos por los movimientos mencionados y por las nuevas dinámicas que marcaban el inicio de la Guerra Fría.

España, ante estas nuevas estructuras y sistemas de la comunidad internacional, se encontraba en una disputa. Madrid debía defender sus territorios propios –recordando que el Sáhara había sido considerado provincia española y no colonia en 1958–, pero también estaba obligado frente a la presión que la comunidad internacional realizaba para que llevase a cabo la descolonización. Todo ello comenzó a marcar la política exterior española, desde los cincuenta hasta su adversa“descolonización”. 


Primeramente, España resistió el conflicto que hubo en Ifni entre 1957-1958, pero las tensiones que había en el territorio cada vez se intensificaban más. A pesar de los intentos de España de mantener el control a través de las inversiones territoriales y la resistencia militar, así como de diversas estrategias políticas, lo cierto es que, los resultados, no acababan de contentar a nadie. A ello, también se sumó el aumento de la presión internacional, al incluir la ONU los territorios de Ifni y el Sáhara Occidental en la lista de territorios por descolonizar. 


El problema principal que se encontraba España en el territorio era que estaba aislado y rodeado por Marruecos, quien sus movimientos nacionalistas e intereses ya habían influenciado a poblaciones locales saharauis, lo que hacía que la población local se identificara a través de su religión y cultura más fácilmente con Rabat o movimientos independentistas propios. En consecuencia, Marruecos comenzó a reclamar los territorios. En términos internacionales, el primordial problema era que la ONU en 1960, tras la Resolución 1514, aprobó la concesión de la independencia a los países y pueblos colonizados, causando una tensión creciente en el territorio.

Posteriormente, cinco años más tarde, la ONU promulgaría otra resolución, pero esta vez, específica para el Sahara Occidental, quién demandaba un referéndum de autodeterminación propio, hecho que chocó con los intereses de Rabat directamente. España se aferró a que era parte de su territorio y no una colonia, pero Marruecos reforzó sus reclamaciones y la población saharaui comenzó a organizarse políticamente ante una presencia española cada vez más debilitada y unos intereses terceros más contundentes, donde también destacaba Mauritania.


Tras la entrega de Ifni en 1969, la tensión en Sáhara Occidental creció, desembocando en la creación del Frente Polisario, el cual, era un movimiento nacionalista saharaui que luchaba por la independencia territorial. Estos, iniciaron una guerra contra España, con ataques de guerra de guerrillas. Mientras, entre todo este embrollo, Mauritania comenzó a marcar terreno en su posición, reclamando parte del territorio sur. 


Finalmente, tras la Marcha Verde, convocada por Hassan II de Marruecos en un contexto de debilidad política nacional –puesto que Francisco Franco se encontraba en lecho de muerte y la pacífica Transición Española podía verse rota si un nuevo conflicto hubiera alterado el consenso entre españoles–, marcó el futuro del Sáhara. Marruecos tenía como objetivo el cruce de la frontera mediante miles de civiles –para así reclamar el territorio de forma “alegal” sin causar bajas ni intervenciones militares–. En tal forma, las tropas españolas tuvieron que marcharse por decisión de Madrid, debido a la presión que un conflicto internacional hubiera causado al periodo de transición hacia la democracia, pero siempre defendiendo el referéndum de autodeterminación para ele territorio. En consecuencia, en 1975 se firman los Acuerdos de Madrid entre Marruecos, España y Mauritania. 


Tras el acuerdo, el territorio quedó dividido entre Marruecos, el cual se quedó con el norte y oeste del territorio, y Mauritania que se quedó con el sur. Con ello, la retirada española hizo que el Frente Polisario proclamase la República Árabe Saharaui Democrática, lo que llevó a la prolongación de la lucha en el territorio, atentando contra fuerzas opositoras tanto de Mauritania como de Marruecos, internacionalizando un conflicto colonial. Hoy en día, la ONU lo considera como un territorio no autónomo pendiente de descolonización.


El movimiento abrupto que llevó a cabo España interrumpió no solo la administración, sino que también el tejido social que se había estado construyendo a medida que los años transcurrían, por lo que hubo consecuencias  graves para la población. Los saharauis, ciudadanos españoles, vieron en multitud de casos cómo se les negó su nacionalidad, se les arrebató en favor de los independentistas sin negociaciones ni reparaciones pactadas, fueron privados de protecciones y derechos logrados entonces y amparados en el régimen judicial y perdieron la protección de las fuerzas españolas desplegadas, así como el impacto en negocios, la retirada de funcionarios nacionales en sectores como la educación, la sanidad o la seguridad civil y el exilio o vuelta a territorio nacional de una buena parte de la población.


Papel de los actores involucrados

El papel de Marruecos es y ha sido clave, como se ha mostrado. Rabat siempre fue astuto, debido a que antes de que España abandonara su provincia, Marruecos ya defendía que el Sáhara Occidental formaba parte de su territorio histórico. De tal forma, se ha defendido constantemente argumentando que algunas tribus saharauis habían tenido vínculos de lealtad con el sultán de Marruecos antes de la colonización española –hecho históricamente no comprobado o con falta notable de justificaciones–.


 Este asunto derivó en que la Corte Internacional de Justicia en 1975 concluyese que, sí habían existido ciertos vínculos históricos, estos no eran suficientes para justificar la soberanía marroquí sobre el territorio que ellos reclamaban, debiendo respetarse el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. En respuesta y de forma posterior, tanto a la firma de los Acuerdos tripartitos de Madrid como la anterior Marcha Verde, Marruecos llevó a cabo una ocupación militar, que es considerada por la ONU, actualmente, como ilegal. 


La sociedad internacional y el pueblo saharaui vió esta invasión y repartición del territorio entre Marruecos y Mauritania como una violación total de los derechos de autodeterminación de los pueblos. Ante ello, se manifestó una respuesta por parte del Frente Polisario inmediata, formando un gobierno en el exilio y proclamando la república, desencadenando una guerra abierta que provocó desplazamientos masivos de la población a Argelia, concretamente a la zona sur, región de Tinduf.


A lo largo de los años, el Frente Polisario ha llevado a cabo diversas campañas políticas y diplomáticas para conseguir más visibilidad. Esto ha llevado a que establezcan relaciones diplomáticas con varios países y organizaciones internacionales, así como el reconocimiento de su independencia y soberanía por 46 Estados. El Frente no solo ha luchado por la independencia, sino que ha sido partícipe en la defensa de los derechos humanos y del bienestar de todos aquellos refugiados saharauis que tuvieron que abandonar el país en busca de su supervivencia adentrándose en el desierto hacia Argelia –No obstante al Frente también se le atribuyen asesinatos, violaciones de DDHH y crímenes diversos por su pasado–.


En 1991 hubo un alto al fuego en el territorio que duró hasta 2020, cuando se reanudaron con fuerza las hostilidades, generando un nuevo clima de violencia. Los saharauis siguen luchando por su autodeterminación, pero Marruecos toma represalias ante sus movimientos, escalando la situación cada vez más. La sociedad y diversos organismos internacionales han denunciado la represión y las violaciones de libertades fundamentales que hay en el territorio. Sin embargo, hoy en día Marruecos, controla aproximadamente el 80% del Sáhara Occidental, habiendo mermado las posibilidades reales de independencia y adoctrinado y reemplazado a los locales por marroquíes.


Por su parte, Mauritania también tuvo un papel clave, como hemos mencionado. Antes de la descolonización española, Mauritania ya reclamaba parte del territorio del Sáhara Occidental, su argumento era que existían vínculos históricos y tribales entre los saharauis y la población mauritana. Además, el Gobierno de Nuakchot defendía inicialmente el principio de autodeterminación, pero mantenía que este territorio se podía integrar a su territorio debido a los vínculos culturales existentes.


Tras los Acuerdos de Madrid de 1975, Mauritania firmó que controlaría el sur, una zona llamada Tiris al-Gharbiyah, por lo que el país africano pasó a ocupar militarmente el territorio, como hizo Marruecos. Sin embargo, Mauritania también se enfrentó a ataques militares del Frente Polisario, incluso contra ciudades y zonas mineras estratégicas, lo que debilitó mucho al país y provocó una gran crisis económica,  además de inestabilidad política y la presión militar.


Pocos años después, Mauritania, muy debilitada militarmente, decidió abandonar en 1979 el conflicto. Ésta renunciaba así a sus reclamaciones territoriales y reconocía el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, firmando un pacto de paz con el Frente Polisario. Sin embargo, el territorio posteriormente fue ocupado por Marruecos, aprovechando la marcha de las fuerzas mauritanas.


Otro papel clave en este conflicto es el que ocupa Argelia, el cual siempre ha sido un fiel apoyo a la causa saharaui. Argelia, desde los inicios del Frente Polisario ha sido un aliado para ellos. Argel ha proporcionado no solo apoyo político, sino que también ayuda militar y refugio a los saharauis. El apoyo de Argelia al Frente también se ha enmarcado en la relación de rivalidad geopolítica con Marruecos, así como con el entendimiento del panarabismo y panafricanismo que marcó al país tras su sangrienta Guerra de Independencia, donde la lucha contra la ocupación se plasmó de forma muy directa, influenciando a pensadores y políticos.


El papel que está tomando actualmente Argelia en el conflicto es de un actor diplomático regional y clave. Argelia defiende que la solución del territorio es un referéndum de autodeterminación supervisado por la ONU y sigue siendo un fiel defensor de la independencia saharaui, hecho que ha plasmado logrando que la Unión Africana integrase al territorio como un Estado y consiguiendo que países como Sudáfrica o Nigeria, potencias continentales, reconozcan y defiendan la autodeterminación frente a Marruecos.


El Sáhara; entre dos aguas, una ambigüedad todavía no resuelta

Por otro lado, el reconocimiento o no de la existencia del Estado saharaui crea una situación política muy particular, porque existe diplomáticamente para algunos, pero no controla la mayor parte del territorio ya que lo hace Marruecos, y otros muchos países rechazan su existencia debido a las relaciones que tienen con Rabat.


Como hemos podido observar, éste conflicto ha tenido un gran impacto político internacional, además de ser uno de los focos principales entre Marruecos y Argelia, debido al apoyo que Argelia tiene hacia el Frente Polisario, mientras que Marruecos defiende su soberanía en el territorio por intereses económicos en fosfatos, turismo y proyección regional. Esto ha provocado una ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos y mucha rivalidad política y militar en el Magreb, lo cual se ve también reflejado en políticas europeas mediterráneas.


Además, la cuestión del reconocimiento del Estado saharaui divide a la comunidad internacional debido a que hay algunos países que apoyan su independencia mientras que otros no lo hacen. Por ejemplo, Estados Unidos apoya la autonomía bajo Marruecos, al igual que Francia o el actual Ejecutivo español. Sin embargo, la mayor parte de países africanos y diversos Estados hispanoamericanos apoyan al Sáhara, herencia del movimiento de países no alineados, el respeto del derecho internacional y la voluntad de la Carta de las Naciones Unidas. A ello, se suman dinámicas, tanto de Rabat como Argel y del Frente para conseguir adeptos a las causas. Un hecho destacable de tal forma fue el apoyo de la Liga Árabe a Marruecos, dejando fuera al Sáhara Occidental como miembro, posición que había presentado Argelia.

 

Este conflicto también ha impactado en la política africana, debido a la admisión de la República Saharaui en la Unión Africana en 1984. Esto tuvo un gran impacto político, ocasionando que Marruecos abandonase la organización durante décadas como protesta, aunque finalmente volvió en 2017.


También el impacto del conflicto ha creado un bloqueo a la integración regional ya que ha dificultado la cooperación dentro de la Unión del Magreb Árabe, además de la fuerte tensión militar en la región y la crisis humanitaria prolongada que existe debido a que miles de saharauis viven desde hace décadas en campamentos de refugiados sin condiciones mínimas.


Conclusiones; una perspectiva actual del Sáhara

En la actualidad, la región del Sáhara Occidental está habitada por unos 611,000 habitantes y tiene una densidad de población muy baja debido al clima desértico y a las circunstancias qué acoge el territorio.


La economía local es bastante pequeña con un PIB aproximado de 906 millones de dólares y tiene como sectores principales la pesca, la minería de fosfatos y la agricultura y la ganadería nómada. Es decir, hoy sigue con muchas de las tradiciones de las tribus existentes antes de la época colonial, pese a la introducción de nuevos actores y sectores por Marruecos. Esto se puede observar en gran parte de la población, ya que trabajan en actividades tradicionales, artesanales y rudimentarias ya que tienen una forma de vida muy conservadora basada en lo nómada o seminómada, incluyendo aquí la crianza de camellos, ovejas y cabras y un comercio local cambiante y dependiente de los cambios meteorológicos.


Además, otro dato relevante es que El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, estimó que alrededor de 173,000 saharauis viven en campamentos de refugiados en Argelia, un hecho devastador a tener en cuenta por la comunidad mundial que, Marruecos, sigue a día de hoy ignorando.


Para concluir, el proceso de descolonización que ha sufrido el Sáhara Occidental ha sido uno de los casos más complejos y prolongados de la historia contemporánea. Desde la retirada de España y los acuerdos de Madrid, el territorio se convirtió en un campo de disputa ocupado por Marruecos y Mauritania, provocando un conflicto prolongado con el Frente Polisario y sus intereses en favor de la autodeterminación.

 

El territorio está compuesto por un enfrentamiento marcado por intereses territoriales, rivalidades regionales y la intervención de diversos actores internacionales. A pesar de los diversos intentos de mediación internacional y altos al fuego, el conflicto continúa teniendo importantes consecuencias políticas y sobre todo humanitarias.Todo lo expuesto, saca a relucir como la descolonización del Sáhara sigue siendo un proceso incompleto, trágico, ignorado y sobre todo, injusto e ilegal ante la Carta de las NNUU.

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