El ferrocarril clave entre China y Mongolia: carbón, geopolítica y el reto de conectar dos anchos de vía
- Bia Jennice Faller Poblete

- hace 4 horas
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4677 km es lo que separa a China y Mongolia. Desde 2012, hay un proyecto en marcha para conectar los dos países a través del ferrocarril, permitiendo, por tanto, transportar el carbón de las minas mongolas a las plantas chinas. Sin embargo, el proyecto ha sufrido de constantes retrasos y demoras por cuestiones económicas o políticas, entre otras. Ahora mismo, quedan los 19,5 km más importantes a lo largo de la frontera. El problema actual es que Mongolia utiliza el ancho de vía soviético (1.520 mm) mientras que China emplea el estándar (1.435 mm). Esto provoca que en el paso de Gashunu Shukhait, haya que trasladar la mercancía hacia caravanas, que cruzan por el Desierto de Gobi hasta llegar a su destino, con las demoras y costes que esto implica.
La solución es construir un ancho de doble vía tanto en la zona mongola como en la china, permitiendo el paso transfronterizo y el ahorro en tiempo y dinero. La construcción comenzó en 2025 y se alargará hasta el 2027. No obstante, los ingenieros se enfrentan a la ardua tarea del clima extremo del desierto, dónde se registran 40º grados en verano y – 40º en invierno. Teniendo todo esto en cuenta, ¿qué importancia tiene el ferrocarril para ambos países, para que no hayan desistido y desechado el proyecto?
La paradoja china: del mayor inversor en energías limpias y carbón
Líder indiscutible en la transición energética, China lleva años liderando los rankings, ya sea produciendo coches eléctricos o llenando los tejados de paneles solares. Solo en 2025, la energía solar creció un 35% hasta las 1200 GW y la eólica un 23%; aportando un 35% del mix energético. No obstante, la volatilidad de estas energías hace que el gobierno no pueda desligarse de los combustibles fósiles. Tanto es así, que pese a apostar con todo a las energías renovables, sigue siendo el mayor emisor de CO2 del planeta; con el carbón representando alrededor del 50% de su consumo energético.
En 2024, nueve de cada diez centrales de carbón construidas aquel año se encontraban en territorio chino. Estas centrales permiten garantizar la producción constante de electricidad, en un país en constante crecimiento tanto industrial como urbano que cada vez demanda más – los datos indican un aumento del 5% anual en cuanto al consumo de electricidad-. Asimismo, la vasta geografía del territorio hace que los campos de energía solar y eólica se encuentren en el oeste del país mientras que las fábricas estén al este, a más de 2000 kilómetros de distancia, dificultando el uso de estas energías en la producción industrial.
El gobierno de Xi Jinping necesita garantizar el suministro de materias primas, en un momento geopolítico en el que estos recursos son críticos. En su momento, durante la pandemia, las exigencias de Australia de investigar el origen del COVID-19 provocaron un veto hacia el carbón australiano que suponía la pérdida de alrededor de 92,1 millones de toneladas (2019) para China. Este suceso fue el que impulsó la búsqueda de seguridad energética y, por tanto, ampliar sus opciones en el mercado.
Relaciones entre China y Mongolia
En 2023, Mongolia se convirtió en el mayor exportador de carbón de China con 54 millones de toneladas, representando un 53% de las importaciones chinas de carbón. Para Mongolia, el país vecino es su mayor socio comercial: representan el 73% de sus exportaciones – en particular el 32% de su carbón – y el 37% de sus importaciones. Pekín es además uno de los mayores inversores en territorio mongol, con el 21% de las inversiones extranjeras.
Pekín y Ulan Bator siempre han tenido una historia escrita en común. El imperio mongol fundado por Gengis Kan, conquistó la actual China en el siglo XIII, tras 70 años de luchas constantes. Con la dinastía Qing, las fuerzas mongolas perdieron el control del territorio y quedaron bajo el gobierno chino. No fue hasta 1911 cuando proclamaron su independencia, pero en 1921 quedaron bajo influencia de la recién creada Unión Soviética. En la actualidad, los dos estados tienen una relación que va más allá de lo económico. En la región china de Mongolia Interior -llamada así para distinguirla en su momento de Mongolia Exterior, que ahora es Mongolia- viven un millón de mongoles más, lo que produce tensiones identitarias. Del mismo modo, el conflicto con el Tibet ha provocado encontronazos con China, puesto que los gobiernos mongoles han invitado a lo largo de los años al Dalai Lama al país.
Los dos gobiernos firmaron, en 2025, una asociación estratégica “para promover aún más la amistad de buena vecindad y la cooperación de beneficio mutuo entre China y Mongolia”. Aumentarán tanto su cooperación económica como comercial, enfocándose en la explotación de recursos naturales y la construcción de infraestructuras. Entre los proyectos de los que se habla se encuentra el Tavantolgoi–Gashuun Sukhait Railway, que se encuentra en la última fase de conexión en la frontera. El proyecto se encuadra dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta – mejor conocida como la Nueva Ruta de la Seda- desarrollado por Pekín, para conectar a China con el mundo a través de infraestructuras físicas. Esto ha permitido a China expandir su influencia mediante el soft power mejorando las interconexiones regionales y la integración económica. Del mismo modo, es parte de la Política de Nuevo Renacimiento de Mongolia, diseñada para impulsar el desarrollo económico del país tras la pandemia.
El ferrocarril que conecta economías
El Tavantolgoi–Gashuun Sukhait Railway tiene capacidad de exportar entre 30 y 50 millones de carbón a China anualmente. Debe su nombre a las minas de Tavan Tolgoi, que es uno de los mayores yacimientos de carbón de coque – el coque es uno de los carbones con alto poder calorífico – sin explotar del mundo. Se estima que hay 6.400 millones de toneladas en todo el territorio.
Aun así, el tramo final del proyecto, llamado Gashuunsukhait-Gantsmod se enfrenta a serias dificultades. La conexión ferroviaria, que ya cuenta con un puesto de control en territorio chino, tiene que cruzar el Desierto de Gobi, uno de los lugares más inhóspitos del planeta. Su variabilidad climática provoca que el suelo se contraiga y se expanda entre la congelación y el deshielo. Los ingenieros del proyecto han dado con varias soluciones: desde viaductos elevados, sistemas anti congelación, túneles climatizados hasta monitoreo sísmico en tiempo real. Por otro lado, es el punto en dónde se tienen que conectar ambas redes ferroviarias. Gracias a la construcción del doble ancho de vía, los trenes no tendrán que cambiar de eje ni trasladar la carga, sino que mediante el cambio de boogie o ejes. Esto consiste en extraer los bojes (ruedas) del tren y sustituirlos por el del nuevo ancho. El cambio se hace elevando cada vehículo con gatos hidráulicos.
El ferrocarril es un enlace vital para el sector minero del país, puesto que Mongolia no tiene salida al mar, por lo que depende de China y el puerto de Tianjin para exportar sus recursos y actividades. De igual forma, cabe señalar que la importancia de esta conexión ferroviaria no solo radica en la economía, sino que juega un papel imprescindible en los intereses geopolíticos de ambos estados. En el caso de Mongolia, aumenta sus oportunidades de acceder a mercados internacionales al reducir el impacto de las restricciones geográficas; mientras que China refuerza su rol en Asia Central gracias al comercio, lo que permite aumentar su influencia en la región. Con la construcción de la última fase del ferrocarril, se estima que el volumen exportado de Mongolia aumentará de 83 millones de toneladas a 165 millones al año, según el gobierno de Ulan Bator. Esto representaría un crecimiento de 1,5 billones de dólares.
Pero Mongolia no es solo hogar para el carbón. En su territorio se encuentran también minerales, siendo muchos de ellos materiales críticos -uranio, cobre, oro o plata – necesarios en el mercado actual. La mayoría de estos minerales acaban en China. El corredor también transportará el cobre y las tierras raras, elementos más que necesarios en la transición energética y que colocará a Mongolia como uno de los proveedores estratégicos del mundo.
Paralelamente, China está construyendo un corredor ferroviario elevado sobre pilares de hormigón, con un recorrido de más de 1.800 kilómetros. Atraviesa el desierto de Gobi, conectando la ciudad de Erenhot, en la frontera, con Mongolia y continuando hasta Rusia. El motivo es crear una arteria directa para transportar materias primas estratégicas durante todo el año, permitiendo un acceso constante y seguro a los recursos naturales; sin depender de las condiciones climáticas en carretera ni los vaivenes de la geopolítica internacional.
Conclusión
Las interconexiones físicas juegan, una vez más, un papel clave en la geopolítica internacional. El ferrocarril, que ya en su momento fue una revolución para la humanidad, vuelve a demostrar su importancia en el mundo en el que nos encontramos. Para China y Mongolia, el ferrocarril no solo es un modo de conexión sino una arteria que bombea recursos naturales, dinero e influencia en un mundo en el que se necesita sobrevivir.




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