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Trump sin filtros

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 23 sept 2025
  • 8 Min. de lectura

En su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas de Nueva York, Donald Trump ha presentado una visión contundente de su legado y de lo que consideran amenazas y desafíos globales, combinando un fuerte énfasis en la economía nacional, la seguridad propia y la soberanía nacional con críticas directas tanto a la anterior administración estadounidense como a la comunidad internacional.


Bienvenidos a la “Época Dorada” de los Estados Unidos

Trump ha comenzado su discurso destacando los logros económicos de su administración. Según sus palabras, bajo su gobierno, los mercados alcanzaron niveles récord, los salarios crecieron aceleradamente y se generaron más de 17 billones de dólares en inversiones extranjeras directas, en tan solo ocho meses. Criticó duramente la gestión de la administración Biden, a la que responsabiliza de los efectos de la inflación, los altos precios de la energía y las crisis en hipotecas y alimentos. Para el actual presidente, Estados Unidos ahora es nuevamente el mejor lugar del mundo para negociar, con recortes de impuestos y políticas que incentivan la inversión.


En estas declaraciones Trump no solo busca resaltar su gestión económica frente a la de Biden, sino que responde a un objetivo político más profundo: reforzar la idea de que él es el garante de la prosperidad y la estabilidad, mientras su adversario representa crisis e incertidumbre. Al subrayar cifras de inversiones y crecimiento, contrapuestas con inflación y altos precios bajo Biden, Trump no está únicamente hablando de economía, sino construyendo un relato electoral: el pasado con Biden fue un retroceso. Indirectamente, lo que quiere transmitir es que para recuperar competitividad global y bienestar interno, la única alternativa viable es su regreso al poder, apelando tanto al orgullo nacional como a la preocupación ciudadana por el costo de vida.


Fronteras cerradas y migración controlada

La inmigración ilegal ha sido otro eje central del discurso, aunque no tanto como la parte económica. Trump ha afirmado que su gobierno ha detenido lo que califica de “invasión de extranjeros ilegales”, contrastando con lo que describió como la apertura caótica del gobierno de Biden. Asimismo, ha elogiado la labor de El Salvador y subrayado que cada nación debe tener el derecho de controlar sus fronteras. Además, ha destacado los peligros que enfrentan los migrantes ilegales, incluyendo muertes y trata de personas, mientras enfatiza la apertura a la migración legal.


En esta parte del discurso, Trump busca defender tanto sus políticas migratorias como la instalación de la idea de que el control fronterizo es sinónimo de seguridad nacional, protección de la soberanía y hasta un acto humanitario. Al hablar de “invasión” contrapone orden frente al caos, reforzando la imagen de que solo bajo el liderazgo de sí mismo se ha detenido la amenaza que representa la migración irregular. Al mismo tiempo, al destacar los riesgos que sufren los propios migrantes, intenta apoyar su política de cierre como una medida de protección de vidas y no únicamente de exclusión. Indirectamente, el mensaje es doble: hacia dentro, transmitir que su dureza en fronteras protege a las estadounidenses; hacia fuera, advertir que una nación fuerte es aquella que no cede en su soberanía no en su derecho a decidir quién entra y bajo qué condiciones. Además, ha dejado un recado para Venezuela: mantén el narcotráfico controlado o tomaremos más medidas que las llevadas a cabo en el Caribe estos últimos meses, aunque lo ha hecho muy sutilmente.


Cooperación internacional y relaciones estratégicas

Trump ha destacado el papel de EEUU como socio global en un escenario de crecientes cambios. Para ello, ha señalado que los miembros de la OTAN ahora destinan un 5% de su PIB a defensa y ha mencionado acuerdos comerciales con países como Corea, Japón, Malasia, la UE o el Reino Unido, así como estrechas relaciones con los Estados del Golfo Arábigo, mencionando a Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Catar. El mensaje es claro: Estados Unidos está de vuelta y se presenta como aliado indispensable, exigiendo reciprocidad.


En este punto, Trump no solo enumera alianzas o acuerdos, sino que busca reafirmar el liderazgo estadounidense como eje indiscutible del orden mundial. Al destacar el aumento del gasto en defensa de la OTAN y los pactos comerciales con potencias clave, transmite indirectamente que estos logros son fruto de su presión y de su capacidad negociadora, proyectando a EEUU como motor de seguridad y prosperidad global. El mensaje implícito es que ningún país puede ignorar o prescindir del vínculo con Washington: quienes cooperan se benefician, quienes no lo hacen quedan rezagados. En otras palabras, está planteando que la grandeza estadounidense no solo se mide en lo interno, sino también en su capacidad de condicionar y guiar el rumbo de aliados y rivales en la arena internacional.


7 Guerras, 7 Meses

Uno de los momentos más llamativos del discurso ha sido cuando Trump ha afirmado haber puesto fin a siete conflictos internacionales en apenas siete meses, incluyendo a: 


  1. Armenia - Azerbaiyán.

  2. Kosovo - Serbia.

  3. RD. del Congo - Ruanda.

  4. Tailandia - Camboya.

  5. Israel - Irán.

  6. Egipto - Etiopía.

  7. India - Pakistán.


Asimismo, ha criticado a la ONU por su inacción, asegurando que su organización ni siquiera intentó ayudar en estos conflictos. También ha cuestionado su eficacia en la resolución de crisis globales.

Mediante estos logros, Trump busca presentarse como mediador exitoso y contraponer su capacidad de acción directa frente a la pasividad burocrática de organizaciones como la ONU. Al atribuirse la resolución de los siete conflictos mencionados en un tiempo récord, se coloca en el papel de líder global capaz de lograr lo que los organismos multilaterales no logran.


El fin indirecto de esta declaración es doble: hacia el electorado estadounidense, reforzar la idea de que bajo su liderazgo EEUU es de nuevo una potencia que garantiza la paz, la libertad y la estabilidad mundial; hacia la comunidad internacional, enviar el mensaje de que la seguridad y la resolución de conflictos dependen menos de instituciones y más de la voluntad y el poder. En esencia, desacredita el multilateralismo para ensalzar el unilateralismo estadounidense bajo su figura, que en parte, ante muchas organizaciones actuales, puede lucrarse de sus ineficacias.


Críticas a la ONU: inacción y desperdicio

El presidente estadounidense no ha escatimado en críticas directas hacia la ONU, a la que ha acusado de malgastar recursos sin resultados tangibles. Incluso se ha permitido hacer una metáfora sobre las escaleras mecánicas rotas para ilustrar la ineficiencia del organismo. Además, ha subrayado su propio logro en los Acuerdos de Abraham y ha reiterado que su objetivo no es recibir premios –como el Nobel de la Paz, al cual ha hecho referencia como digno merecedor–, sino salvar vidas pragmáticamente.


Trump utiliza la crítica a la ONU como un recurso para reafirmar su narrativa de eficacia personal frente a la ineficacia institucional. La metáfora de las escaleras mecánicas rotas no es casual: busca transmitir que la ONU es costosa, lenta y estancada, mientras él se presenta como alguien que obtiene resultados concretos, como los Acuerdos de Abraham. Al mencionar que no le interesa un Nobel, sino “salvar vidas”, pretende colocarse en un plano moral superior, proyectando pragmatismo frente a la burocracia internacional. El fin se plasma en minar la credibilidad del multilateralismo actual y reforzar la idea de que solo un liderazgo fuerte y decidido, como el suyo, puede garantizar cambios reales.


Amenazas globales y seguridad internacional

En materia de seguridad, Trump ha afirmado haber contenido el terrorismo iraní y haber eliminado otras amenazas globales, usando la disuasión nuclear únicamente como medidia preventiva. Expresó su apoyo a un alto al fuego en Gaza, criticó a Hamás y advirtió que reconocer a Palestina sería premiar el terrorismo. También ha denunciado que países europeos financian indirectamente la Guerra de Ucrania mediante la compra de petróleo ruso, mientras que defiende la postura firme de los Estados Unidos frente a Putin y China.


Trump busca proyectar a EEUU como el garante absoluto de la seguridad internacional, en contraposición a la debilidad de otros actores. Al hablar de contención al terrorismo iraní y de su uso “responsable” de la disuasión nuclear, se presenta como líder firme pero racional. Al mismo tiempo, al criticar el reconocimiento de Palestina y señalar a Europa por financiar indirectamente la guerra en Ucrania, lanza un mensaje: solo bajo su liderazgo Washington actúa con coherencia y contundencia, mientras aliados y rivales contribuyen al desorden global. Subraya pues que, sin él, el mundo sería más inseguro y avanzaría hacia la complicidad con el terrorismo o con regímenes autoritarios, reforzando deque un Trump en el poder es sinónim de orden, disciplina y paz por fuerza de autoridad.


Energía y cambio climático: las renovables como gran fraude

Trump ha cuestionado duramente la energía renovable, calificándola de cara e ineficiente, criticando a países verdes por destruir las industrias locales. Ha defendido la energía nuclear como segura y el petróleo y gas estadounidense como estratégico, responsabilizando a China de la mayor contaminación global. También ha afirmado que el cambio climático no es irreversible y señalado que la narrativa ambiental responde a intereses económicos más que a la ciencia.


Trump no solo desacredita las energías renovables y el discurso climático, sino que persigue reposicionar a EEUU como potencia energética tradicional y a sí mismo como garante del crecimiento frente a lo que se presenta como dogmas ideológicos. Al culpar a China como verdadero contaminante y describir la agenda verde como un negocio disfrazado de ciencia, deslegitima el liderazgo europeo en materia ambiental y justifica la dependencia de los hidrocarburos estadounidenses como una opción “realista” –como ha plasmado con planes de inversión en energía por miles de millones por parte de la UE–.  El fin hacia el interior es tranquilizar a su base al asociar la prosperidad con el petróleo, el gas o el empleo industrial; hacia el exterior, advertir que apostar por la transición ecológica es un error estratégico que debilita las naciones, mientras EEUU ofrece la alternativa energética fiable y competitiva.


Aranceles y eventos

El mandatario ha defendido brevemente y en último lugar a los aranceles impuestos por su administración como herramienta de protección nacional ante la deslealtad internacional con y para el pueblo de los EEUU. Por otro lado, ha mencionado de manera cordial al presidente brasileño Lula da Silva, al tiempo que ha lanzado un sutil “toque de atención” a Brasil. 

Finalmente, ha cerrado su intervención celebrando la historia, cultura y tradiciones de las naciones de la Tierra, invitando a festejar los 250 años de EEUU, los Juegos Olímpicos de los Ángeles y el Mundial de 2026 en su país, concluyendo con un “Dios bendiga a las naciones del mundo”.


Con este cierre, Trump combina economía y al mismo tiempo se presenta como un líder moral y cultural en el escenario mundial. La defensa de los aranceles no es un técnicismo, sino un recordatorio de que su política económica se centra en blindar a la nación frente a lo que describe como abusos de otros países, dejando clara la idea de que él es el único dispuesto a confrontar dichas prácticas. La mención “cordial” a Lula va acompañada de un matiz de advertencia hacia Brasil,  es un gesto diplomático calculado: ofrece cooperación, pero bajo la lógica de que Washington marcará los límites. 


Finalmente, tras haberse vendido política y económicamente durante 57 minutos, cierra con una exaltación de la cultura, la historia y las tradiciones, coloca a Estados Unidos en el centro de un relato de orgullo nacional con proyección global, envolviendo su discurso en un marco de excepcionalismo. Indirectamente, transmite que la fortaleza de su país no se mide solo en lo militar y económico, sino también en su capacidad de ser referente cultural y espiritual para el resto, consolidando una supuesta imagen de liderazgo, que quizás, quiera simular una futura imagen de líderes “occidentales” como la hecha en la última cumbre en China entre Xi Jinping y líderes de Estados autoritarios o más alineados con Pekín.


Crédito foto: David Dee Delgado/ Bloomberg

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