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Arabia: el amo del balón

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 11 ago 2025
  • 5 Min. de lectura

Los recientes fichajes que hemos estado observando durante los últimos años por parte de clubes saudíes son mucho más que una ambición desmesurada por el deporte. Riad tiene una estrategia geopolítica y económica clara y hacia el largo plazo, una hoja de ruta, en la cual, el deporte es un pilar clave apoyado desde los más altos niveles del Estado. El fútbol en concreto, el deporte en general, se ha convertido en una herramienta para el proyecto de modernización y el posicionamiento global, de un país que ahora quiere dominar la narrativa cultural, el entretenimiento y el poder blando internacional.


Es bien conocido que Arabia Saudí ha estado trabajando para lograr una cierta mejor imagen internacionalmente. No obstante, mejorar cómo tú país es visto por el resto de la comunidad global no es sencillo. En consecuencia, los saudíes han optado por formas menos convencionales, entre otras, el sportswashing. Es decir, atraer la atención positiva del público internacional mediante estrellas deportivas y eventos faraónicos, los cuales, financia debidamente mediante ingresos petroleros.


Arabia quiere diversificar una imagen focalizada en la extracción de petróleo y el conservadurismo tradicional islámico. No es de extrañar, que este país quiera hacerlo, actualmente se encuentra dentro de las veinte economías más grandes del mundo, con un PIB per cápita superior al de Nueva Zelanda, Corea del Sur o España. No hablamos de cualquier Estado, tratamos con el mayor exportador de petróleo del mundo, con el centro espiritual del islam, poseedor uno de los ejércitos más poderosos de la región y con un Fondo de Inversión Pública  propio de los más grandes del planeta.


De hecho, el Fondo de Inversión Pública saudí es el que financia la mayor parte de los fichajes de estrellas, puesto que cuenta con 800,000 millones de dólares en activos y controla cuatro de los principales clubes saudíes. Este, además, respalda y controla a la Saudi Pro League e invierte en deportes con alta repercusión, como la F1, el boxeo y el golf, ligados normalmente a élites del país. Todo ello se enmarca en la ruta “Visión 2030”, un ambicioso plan aprobado en 2016 por el Príncipe Mohammed bin Salman para diversificar su reino y mejorar su posición geopolítica. Arbia depende todavía un 70% de los ingresos del petróleo y precisa que su Estado se posicione rápidamente como un centro global de negocios, turismo, tecnología y entretenimiento para no morir de éxito. Las energías renovables, el interés occidental por la autonomía energética, la competencia internacional o los conflictos regionales afectan gravemente a los intereses saudíes. Por ende, es comprensible este cambio de marcha tan repentino.


Arabia precisa de presencia, para ello, necesita también, además de un ejército, una liga regional fuerte. Riad se ha propuesto que sus audiencias y selección mejoren, de hecho, quieren conseguir que mínimo queden entre los diez primeros a nivel mundial según el ranking de la FIFA. En consecuencia, atraen también a multitud de inversores y sponsors occidentales y árabes a la zona, los cuales observan una Arabia en sintonía con sus negocios. El deporte se convierte en una herramienta diplomática, en marketing nacional y se traduce en legitimación internacional mediante la reconstrucción de la “marca país”.


Sponsors como Adidas, Visit Arabia o Emirates, así como, inversores en turismo, construcción y tecnología son vitales para el futuro imaginario saudí. Empresas como Disney, Netflix o Live Action, así como grandes cadenas deportivas, para instalar academias o abrir mercados se han convertido en nichos con gran potencial. Por ejemplo, el país ha lanzado el proyecto de una ciudad global de eSports, buscando albergar los Juegos Asiáticos y aspirando, quizás, a celebrar unos futuros Juegos Olímpicos en la década de 2040.


Asimismo, Arabia no solo ve en los deportes una manera de atraer inversión, mejorar su imagen internacional y satisfacer a una parte de la población con muy alto poder adquisitivo, sino que cumple con las características de un país hegemónico. Oriente Medio es una región caracterizada por la inestabilidad, en ella, Israel, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Arabia mantienen una pugna casi constante –a la que a veces se suma Turquía– para conseguir el papel de “potencia principal” de la zona. Al igual que en Asia Oriental domina China, en América del Norte; Estados Unidos o en Europa del Este; Rusia, Arabia quiere imponerse en la Península Arábiga, de la cual posee el 80% del territorio y el 30% de la población.


Para lograrlo, los saudíes ofrecen ofertas económicas muy superiores a las de los mejores clubes europeos, contratos breves de una duración media de entre 2-3 años con salarios que llegan a superar los 200 millones al año, y, en muchos casos con beneficios fiscales, 0% de impuestos y vivienda de lujo incluida, seguridad privada y beneficios familiares. Estas características han conseguido que superestrellas como Crsitiano Ronaldo lleguen al Al-Nassr y se trasladen al país, lo patrocinen, difundan y atraigan turistas e inversores fanáticos por la figura futbolística y movimiento económico que se encuentra en tal lugar gracias a la presencia de los jugadores. 


Actualmente, en la Saudi Pro League juegan nombres como: Karim Benzema  y N'Golo Kanté en el Al-Ittihad, Neymar –previamente– en el Al-Hilal, Sadio Mané junto a Cristiano en el Al-Nassr, Riyad Mahrez en el Al-Ahli y otros muchos nombres donde destacan Firmino, Joao Félix, Retegui, Henderson –previamente– o Neves.


Sin embargo, Arabia no está experimentando una moda pasajera, por mucho que los fichajes no estén dando tal vez los frutos esperados. El reino tiene una estrategia ya en marcha, una infraestructura en auge y un apoyo internacional que soporte los esfuerzos para plasmarlos de forma pragmática. El Mundial de 2034 se celebrará en Arabia Saudí, para lo cual, está construyendo centros de entrenamiento, estadios y academias juveniles. Asimismo, se han mejorado las condiciones para la retransmisión de eventos de este tipo, permitiendo que se compartan en redes sociales libremente, logrando que las mujeres ingresen a los estadios para ciertas ocasiones e incluso celebrado eventos como las Supercopas de España e Italia, peleas de boxeo, que la F1 se lleve a cabo en Yeda desde 2021 y torneos internacionales de golf, como el LIV Golf.


El gobierno saudí ya ha puesto en construcción el Qiddiya Stadium, que será sede del Mundial 2034, con más de 45,000 asientos. Asimismo, el King Abdullah Sports City de Yeda está siendo renovado para albergar eventos de carácter internacional. De igual forma, pero más cuestionables en términos de viabilidad futura, encontramos a los complejos turísticos y deportivos de Neom, la famosa ciudad futurista que se levantará en el desierto desde cero.


Pese a ello, el país sigue presentando fuertes limitaciones respecto a las libertades civiles, especialmente hacia mujeres y niñas, presentando violaciones a los derechos humanos, persecución y asesinato a periodistas y prohibiciones hacia la libertad de expresión y manifestación. Si bien es cierto que la lucha por lograr una buena “marca país” internacional está permitiendo reformas algo más permisivas.


No obstante, aunque los fichajes han traído atención global, aún hay muchas dudas sobre el nivel deportivo de la liga, la sostenibilidad del modelo y la fidelidad de los deportistas a largo plazo. Varios jugadores, como Henderson, han regresado a Europa tras unos meses en Arabia, mencionando dificultades tanto culturales como deportivas. Sin embargo, el país no improvisa. Tiene recursos casi ilimitados, un plan claro, el Mundial 2034 asegurado, y una creciente influencia en el ecosistema deportivos asiático, islámico y mundial.


Arabia Saudí no quiere solo seguir comprando jugadores porque sí, quiere hacerse grande por ello, ganar prestigio, aliados, atención e influencia. Quiere hacer una Arabia grande, imponente, imbatible en la batalla cultural, económica y religiosa, hegemónica. Limpiar tu imagen no es algo del pasado para Riad, Arabia se prepara porque quiere ser protagonista cultural, económica y geopolítica. A medida que vamos viendo sus partidos, consumiendo sus eventos y hablando de sus fichajes, el proyecto saudí seguirá creciendo.


Riad no solo quiere ver el partido. Quiero construir poder a través de él. Y lo está logrando.


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