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Arabia Saudí y los hutíes: la nueva escalada por el control de Yemen y Bab el-Mandeb

hace 2 horas
4 min de lectura
Una escalada renovada

Septiembre de 2026 ha supuesto una ruptura significativa de la relativa contención que había caracterizado el conflicto entre Arabia Saudí y los hutíes desde la tregua de 2022. Aunque la escalada ya había comenzado antes de este mes, los acontecimientos recientes han transformado una confrontación principalmente contenida en una crisis con dimensiones energéticas, militares, comerciales, marítimas y geopolíticas.


Misiles y drones sobre Arabia Saudí

La reaparición de los ataques transfronterizos constituye el elemento central. Durante el mes de septiembre, los hutíes han empleado misiles balísticos y drones contra objetivos en el sur saudí, mientras el grupo ha afirmado haber atacado una base en Sharurah. Paralelamente, las autoridades saudíes han informado de víctimas y daños en Jazan. La situación demuestra que los hutíes conservan capacidades para proyectar fuerza sobre el territorio saudí, inclusive tras el deterioro del régimen iraní.


La batalla por el litoral, un dilema militar para Riad

Reducir la situación a un enfrentamiento casual es insuficiente. El principal cambio estratégico se está produciendo dentro de Yemen. Las fuerzas hutíes han aprovechado la reactivación de los combates contra las fuerzas del Gobierno reconocido internacionalmente para avanzar hacia el litoral del Mar Rojo. La captura de Mokha el 10 de septiembre y los avances hacia Bab el-Mandeb amplían su capacidad para influir sobre una de las principales rutas marítimas mundiales. Asimismo, han tomado el control de la isla de Perim; y la ciudad portuaria de Dhubab; situada en el centro del estrecho, con barcos de combatientes tras acabar con las fuerzas gubernamentales yemeníes.

En consecuencia, desde una perspectiva militar, Arabia Saudí ya no afronta únicamente ataques contra su territorio, sin la posibilidad de que los hutíes consoliden un corredor estratégico en la costa occidental yemení. Desde allí pueden combinar presión terrestre, misiles, drones y capacidades navales para elevar el coste de cualquier operación saudí y amenazar e imposibilitar coetáneamente las rutas comerciales, las instalaciones energéticas y las posiciones del Gobierno yemení. 


El factor energético y el dilema saudí

La dimensión energética es muy sensible, ya que alrededor del 12% del petróleo mundial pasa por Bab el-Mandeb. Los ataques contra infraestructuras saudíes afectan a la seguridad económica del reino árabe y a los precios mundiales de los hidrocarburos, encareciendo especialmente las cadenas de valor. No obstante, no todos los incidentes habidos son automáticamente atribuibles a los hutíes, pero la simultaneidad de las amenazas sobre Arabia Saudí y las rutas marítimas incrementa la vulnerabilidad global.


Todo ello, para Riad, plantea un dilema estratégico. Una campaña militar amplia podría intentar contener el avance hutí, pero también reactivar la guerra de desgaste que Arabia ya trató de evitar en 2022. Una respuesta limitada, por el contrario, puede permitir que los hutíes consoliden sus ganancias territoriales y mejoren su capacidad de disuasión, algo que los socios militares y económicos de Arabia no estarán dispuestos a negociar, especialmente en una zona sensible donde Washington y Tel Aviv entran a estar bajo presión en pleno conflicto contra Irán. 


Por el momento, Riad ha optado por utilizar el puerto de Yanbu –severamente amenazado desde hace meses– para incrementar sus exportaciones de crudo y cerrado el oleoducto Este-Oeste –paralizando más de 5 millones de barriles diarios y la principal ruta de suministro a los mercados globales tras la paralización de Ormuz– como “medida de precaución”, según el Ministerio de Energía saudí. Asimismo, Riad sigue analizando y señalando a Irak, país desde el que, supuestamente, se lanzaron drones al oleoducto Este-Oeste el 10 de septiembre por parte de milicias pro-iraníes, atacadas en julio por EE. UU. y Arabia Saudí; guardando el derecho a tomar las medidas necesarias. 


El objeto saudí se sitúa, por ende, entre la protección de su territorio y la defensa del Gobierno yemení sin regresar necesariamente a una intervención terrestre de gran escala que pueda afectar severamente a la ya deteriorada economía mundial. En consecuencia, se espera un repunte en los precios de los hidrocarburos y el alza del barril saudí por la menor producción, potenciando a otros productores alternativos como Rusia o EE. UU., perjudicando a los importadores netos y, especialmente, a la Unión Europea en cómputo y a Israel y EE. UU. en sus operaciones regionales.


Irán, la dimensión regional y Bab el-Mandeb

El factor iraní añade otra capa geopolítica. Los hutíes mantienen una relación directa y estratégica con Teherán, especialmente en materia de armamento, tecnología y apoyo político, aunque ello no implica que sean simplemente un instrumento iraní en todas sus actuaciones. Para Irán, la capacidad hutí de amenazar Arabia Saudí y Bab el-Mandeb constituye una herramienta de presión indirecta sobre Estados Unidos y sus aliados, hecho que, al parecer, Teherán ha utilizado para bloquear el lado opuesto al estrecho de Ormuz.


La dimensión internacional es cada vez mayor. El avance hutí hacia el estrecho de Bab el-Mandeb amenaza la libertad de navegación y el comercio entre el océano Índico, el Mar Rojo y el Mediterráneo. El estrecho conecta el golfo de Adén con el Mar Rojo y constituye un punto de estrangulamiento estratégico cuya inestabilidad puede repercutir mucho más allá de Yemen. Asimismo, pone sobre la mesa la posible activación de los Pactos de la Meca, acuerdo defensivo entre Turquía, Pakistán y Arabia Saudí que apenas lleva unas semanas en pie.


Conclusiones, ¿Regreso a la guerra?

Septiembre no representa simplemente otro episodio de la Guerra Civil Yemení. La combinación de ataques contra Riad, avances territoriales hutíes y presión sobre Bab el-Mandeb ha transformado el conflicto en un problema regional de seguridad. Paralelamente, Naciones Unidas insiste en que no existe una solución exclusivamente militar y reclama el retorno a un proceso político yemení.

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