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Cumbre BRICS 2026: hacia un nuevo orden mundial multipolar frente a Occidente

hace 3 horas
3 min de lectura

La XVIII Cumbre de los BRICS, celebrada en Nueva Delhi, India, los días 12 y 13 de septiembre de 2026, confirma la creciente relevancia del grupo geopolítico como plataforma de coordinación global más allá de Occidente. Más que consolidar una alianza política sólida o militar, la última reunión evidencia una tendencia hacia la construcción de mecanismos económicos, financieros y diplomáticos capaces de reducir la dependencia respecto a las instituciones dominadas históricamente por Norteamérica y Europa.


Un bloque, múltiples intereses

Los BRICS continúan lejos de constituir un bloque homogéneo. En su seno conviven Rusia y China con India, que mantiene una estrecha relación con Washington; Irán con las monarquías del Golfo; y democracias con sistemas políticos autoritarios. Esta heterogeneidad limita la posibilidad de desarrollar una política exterior común, pero también explica parte de su atractivo: los miembros no necesitan compartir una misma visión del mundo para cooperar en ámbitos concretos, lo que ha favorecido la incorporación de Estados como Indonesia, Egipto, Etiopía o los Emiratos Árabes Unidos.


La estrategia parece orientarse, por lo tanto, hacia una multipolaridad pragmática. La Declaración de Nueva Delhi apuesta por reforzar la cooperación económica, defender una mayor representación de Estados emergentes o en rápida industrialización y reformar instituciones como el FMI, el Banco Mundial y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.


El frente económico

La dimensión económica sigue constituyendo el principal campo de batalla en el grupo. Los BRICS pretenden incrementar el comercio en monedas nacionales, mejorar la interoperabilidad de sus sistemas de pagos y reforzar el papel del Nuevo Banco de Desarrollo. No se ha producido, sin embargo, la creación de una moneda común. 


Esta cuestión sigue siendo fundamental. El objetivo parece ser menos sustituir inmediatamente al dólar que reducir la vulnerabilidad derivada de depender del mismo. Una progresiva diversificación de divisas, sistemas financieros y mecanismos de financiación podría erosionar parcialmente la centralidad económica estadounidense sin necesidad de construir un sistema completamente alterno. 


China, India y el equilibrio interno

China continúa siendo el principal motor económico del grupo y asumirá la presidencia el próximo año, 2027, lo que puede favorecer una mayor institucionalización de los BRICS. Pekín apuesta por ampliar la cooperación hasta ámbitos como la inteligencia artificial, la tecnología y las cadenas de suministro.


Por su parte, India representa el principal contrapeso. Nueva Delhi busca mantener simultáneamente relaciones con Estados Unidos, Moscú y Pekín, evitando quedar integrada en un bloque dirigido por cualquiera de ellos. Su estrategia de autonomía estratégica –debatible en ciertas similitudes con la Unión Europea– puede convertirla en uno de los actores decisivos de la futura arquitectura internacional. No obstante, sigue siendo profundamente vulnerable a cambios políticos internos y a presiones externas que pueden alzar la balanza en favor de un bloque concreto.


Asimismo, la Guerra de Ucrania y las tensiones en Oriente Medio, exacerbadas con Irán y el conflicto entre Arabia Saudí y los hutíes, muestran las limitaciones del grupo. Los BRICS pueden alcanzar consensos sobre principios generales, pero las divergencias entre ellos dificultan una posición común ante conflictos concretos. Por ello, funcionan mejor como foro diplomático y económico que como alianza estratégica, más propia del sistema político Occidental.


Prospectiva derivada de los BRICS cara al futuro

Entre 2027 y 2030, el escenario más probable es una consolidación parcial y gradual de los BRICS como segundo gran espacio de coordinación internacional, sin sustituir al G7 o el G20 ni al sistema occidental. Su expansión puede aumentar su peso en recursos básicos, materias primas, energía, financiación, tecnología y comercio, mientras que China parece que optará por institucionalizar algo más el proyecto geopolítico. Mientras, India tratará de impedir que el foro se convierta en un instrumento exclusivamente sino-ruso.


Por su parte, las tensiones bilaterales entre los propios miembros también pueden condicionar futuras adhesiones. La incorporación de nuevos Estados no depende únicamente de su afinidad con los BRICS, sino de la capacidad de sus miembros para alcanzar consensos, especialmente cuando existen rivalidad regionales. El caso de Pakistán e India resulta ilustrativo, al igual que las tensiones entre Argelia y Emiratos Árabes Unidos, ya que la entrada de nuevos países podría trasladar conflictos bilaterales al funcionamiento interno del grupo. Esto adquiere relevancia ante el interés de Estados como Bielorrusia, Cuba, Uzbekistán, Kazajistán, Uganda, Malasia, Senegal, Tailandia o Bolivia –cercanos especialmente y de forma mayoritaria a Moscú y Pekín de forma bilateral–, cuya eventual incorporación ampliaría el peso internacional de BRICS, pero también podría introducir nuevas divergencias y dificultar la cohesión del bloque, sobre todo con países como Brasil, India o Egipto.


La principal transformación, no sería el nacimiento de una nueva Guerra Fría de bloques, sino la consolidación de un sistema internacional fragmentado y competitivo, donde cobran fuerza las potencias regionales. Estados Unidos conservará su posición central, pero deberá comenzar a competir en nuevos escenarios donde irá perdiendo capacidad de influencia frente a Rusia, China, India y potencia regionales como Sudáfrica o Brasil.

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