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Balance de poder y bandwagoning: las alianzas internacionales ante el auge de China

En un sistema internacional gobernado por la desconfianza y la anarquía, las alianzas entre Estados se vuelven algo clave para su supervivencia. Así bien lo explicó Stephen Walt (1981) en su libro The Origins of Alliances, donde resaltó que las fuerzas que unen y separan a los Estados afectarán su seguridad individual al determinar qué tan fuerte es la amenaza a la que se enfrentan y qué tanto pueden esperar.

 

De tal forma, el sistema internacional ha visto sobresalir dos formas en las que se dan las alianzas. La más común de todas es el balance de poder, aquel que caracterizó a la pentarquía del siglo XIX, cuando Reino Unido, Francia, Prusia, Austria y Rusia se aliaron para combatir las fuerzas napoleónicas con la fuerza suficiente; o mismo en la Guerra Fría, donde la disuasión nuclear jugaba un rol importante para balancear el poder de ambas superpotencias.

 

Sin embargo, aunque es la forma más estudiada, el balance de poder no es la única línea que guía la creación de alianzas, sino que también existe otro proceso importante: el envagonamiento, o más conocido por su nombre en inglés: el bandwagoning.

 

Del “pequeños pero poderosos” al “si no puedes con ellos, úneteles”

El balancing, define Schweller (1994), se da cuando los Estados perciben la posibilidad de perder el status quo establecido ante una amenaza, elemento primordial de este tipo de alianzas. Al contrario del bandwagoning, que responde más a oportunidades de expansión y donde los países buscan aliarse con la fuente de inseguridad; el balancing busca la autopreservación y el mantenimiento de los valores obtenidos (Schweller, 1994), contraponiéndose a esa fuerza que atenta contra estas condiciones.


Dando entonces una definición resumida, el balance de poder es la alianza entre Estados que se ven amenazados por un poder más grande, con el fin de obtener el suficiente como para contrarrestarlo (es decir, el típico “pequeños pero poderosos”) y evitar pérdidas. En cambio, el bandwagoning tiene que ver con aliarse con la amenaza para evitar un conflicto con un poder que no se puede combatir, considerando que a futuro, este tendrá la victoria y por consiguiente, también la tendrá el Estado pequeño (una visión más bien de oportunidad, como se decía previamente) (Scheweller, 1994). Lo que, de esta forma, caracteriza al bandwagoning es el intercambio asimétrico entre un Estado poderoso y un Estado que ve en el peligro una oportunidad.

Aquí, el Estado pequeño aceptará la presión del más grande y decidirá tomar un rol de subordinado, tolerando, inclusive, acciones ilegítimas del Estado aliado, con miras a obtener una ganancia más adelante por haberse subido al tren.

 

Para que quede claro, un ejemplo de un posible bandwagoning es el caso de las Islas Salomón y la ruptura de relaciones diplomáticas con Taiwán para acercarse a China en 2019 (BBC News Mundo, 2021), generando tensiones con aliados tradicionales como Australia y Estados Unidos (DW, 2022). Esto es coincidente con la creciente influencia del gigante asiático en el país, hasta el punto de firmar un acuerdo de seguridad en 2022, el cual le permite a China que, de acuerdo con sus propias necesidades y con el consentimiento de las Islas Salomón, pueda hacer visitas navales para realizar abastecimientos logísticos en el país, y que despliegue policías armados chinos para ayudar a mantener el orden social. Este envagonamiento del país peninsular cambió el cálculo geopolítico y encendió las alarmas en Occidente, que ve cómo su mayor opositor oriental acrecienta su poder, volviéndose una amenaza mayor.

 

No obstante, lejos de lo que pensadores realistas como Walt y Scheweller creían, el bandwagoning aún no es la razón más común por la que los Estados se alían. Sino que, por el contrario, aún lo que prima es el balance de poder, retomando su retórica incluso en el actual enredo geopolítico.

 

Un caso poco hablado: la Cuádruple Alianza y sus efectos en el sistema internacional

Dicho lo anterior, un caso importante pero no tan estudiado como otras alianzas es el caso de la Cuádruple Alianza, cuyo desarrollo pasó de ser de mera asistencia humanitaria tras un tsunami en India en 2004 a una coalición contra la creciente influencia china en la región del Indo-Pacífico.

 

En tal sentido, la administración de Narendra Modi, primer ministro indio, estableció que China era un adversario estratégico y que, por tal motivo, necesitaba la ayuda de los otros tres para evitar que este enemigo se volviera hegemónico en la región (Wei, 2022). Situación similar ocurrió con Japón, donde se percibió que China opacaba su poder económico (Wei, 2022). En el caso australiano, la amenaza estaba en su gran dependencia del país asiático y en la intromisión de este en asuntos internos, negándole, por ejemplo, a la empresa Huawei participar en los desarrollos australianos de tecnologías 5G. A todo esto, se suma la política ferviente de este país de cambiar las reglas del status quo establecido, sobre todo en la zona sur del Mar Chino (Wei, 2022).

 

Por su parte, Estados Unidos también se unió al Quad por esta misma razón, además de que China también le representa un desafío a la presencia americana en el Océano Índico (Hauk, 2023). Igualmente, y por sobre todas las cosas, también fue una oportunidad bien aprovechada por Estados Unidos para continuar asentando sus alianzas en Oriente a fin de contraponerse al creciente poder chino en el sistema internacional.


De esta manera, la reforma del Quad implicó un acto de balance de poder, donde países con gran peso en la región, en busca de la defensa de esa posición y por ende, de sus intereses, buscaron aliarse y trabajar conjuntamente en contra de China. Esto mismo implicó la conformación de agendas compartidas, sobre todo para cuestiones de infraestructura, cooperación y cambio climático como respuesta a la iniciativa Belt and Road china (Marlow, 2023).


Esta alianza tuvo cierto efecto en la política exterior china, pues poco después de consolidarse como una alianza estratégica, se han visto cambios en su forma de actuar frente a los miembros de la alianza: intentó mejorar las relaciones con India y Japón y aplicó medidas de presión a Australia (como restricciones a las importaciones de carbón) (Toro Hardy, 2022).


De tal manera, y aunque, como asegura Paul Mostafa (Hauk, 2023), el Quad es más que solo la mera alianza contra China, la realidad es que su origen tras la reforma se basa en un balance de poder que busca mantener las normas del status quo e impedir que China pueda ganar la influencia suficiente como para cambiar la situación ventajosa de estos países. Una alianza que se une a la enorme cantidad de balances de poder que se han generado en la historia internacional.

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