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Brexit: la apuesta fallida

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 19 sept 2025
  • 14 Min. de lectura

El Brexit, la salida formal del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte de la Unión Europea, fue consumado el 31 de enero de 2020, con una fase de transición que terminó el 31 de diciembre de ese mismo año, y la entrada en vigor del Acuerdo de Comercio y Cooperación –Trade and Cooperation Agreement, TCA— a partir del 1 de enero de 2021. Desde entonces, los efectos –anticipados, inmediatos y estructurales– han comenzado a manifestarse en múltiples dimensiones: economía, legislación, política, sociedad, salud, educación, vivienda, seguridad y relaciones internacionales, entre otros muchos.


Durante el siguiente artículo, pretendemos abordar y proporcionar un análisis profundo, riguroso y objetivo de las consecuencias inherentes a la salida de la unión: qué efectos reales pueden ya documentarse, cuáles debatidos o difíciles de medir, qué estrategias ha adoptado el Reino Unido, cuáles costos se han observado en diferentes sectores, y qué escenarios podrían predominar en el futuro.

 

Consecuencias económicas

Hablar del Brexit es sinónimo de tratar temas económicos. Así pues, según un informe del Office for Budget Responsibility (OBR) y diversos analistas, el Brexit ha generado una reducción del PIB real y de la productividad británica, comparadas con un “escenario hipotético” en el que Londres se hubiera mantenido en la UE. Se estima que la pérdida permanente ha sido de alrededor del 4% del PIB a medio y largo plazo.

 

Goldman Sachs estimó que el Reino Unido ha crecido un 5% menos de lo que harían otros países comparables desde el referéndum de 2016 hasta hoy en día, por factores combinados, tales como: menor comercio, inversión empresarial debilitada e inmigración reducida desde la UE.

 

Respecto a la productividad, la inflación y el “ahogamiento” de la mano de obra, estos han generado una desaceleración exacerbada. Por ejemplo, un miembro externo del comité de política monetaria del Banco de Inglaterra identificó un “penalti de productividad” de 29 mil millones de libras esterlinas, es decir, unas 1,000 libras por hogar briánico, respecto a una trayectoria que se habría mantenido si el Brexit no hubiera ocurrido.


Comercio e inversión extranjera directa

Las exportaciones de bienes hacia la UE están entre un 15-16% más bajas en términos reales que lo que serían si hubieran seguido la trayectoria europeísta. El comercio con la UE ha sufrido barreras no arancelarias: trámites aduaneros nuevos, regulaciones, costes, documentación, inspecciones… lo cual, ha aumentado los costes y tiempos para exportadores e importadores. Estas barreras han afectado especialmente a pequeñas y medianas empresas británicas.


Asimismo, se ha observado una caída de los proyectos de IED: el número de proyectos registrados se ha desplomado, y los montos de inversión en algunos sectores se ha desplomado. En el año fiscal finalizado en marzo de 2025, los proyectos de inversión extranjera directa nuevos eran unos 1,375, lo cual supone un 12% menos respecto al año 2024 y casi un 40% por debajo respecto al periodo 2016-2017.


Inflación, coste de vida y tipo de cambio

El Reino Unido ha experimentado una inflación cada vez más persistente, en parte atribuible a la depreciación de la libra esterlina tras el referéndum y a variables internacionales como los precios de la energía. Además, a los costes añadidos  se suman las dificultades para importar desde la UE. Aunque es difícil aislar qué parte exacta es resultado de la salida británica, es sensato identificar el alza de precios en bienes importados desde la UE como resultado de las nuevas barreras económicas, comerciales y logísticas.


En términos de tipo de cambio, la libra se ha mostrado volátil, depreciándose frente al euro y al dólar en distintos momentos, lo que ha encarecido importaciones y presionado a la inflación. No obstante, sí se han mostrado ciertas recuperaciones, pero la incertidumbre sigue siendo un factor para inversionistas y comerciantes internacionales muy condicionante.

 

Empleo

Ciertos sectores se han visto afectados por las pérdidas de empleo o el menor crecimiento de la demanda o la oferta, esperado debido a la reducción de las cadenas de suministro, la menor demanda de exportaciones o el aumento de los costes de producción. Sin embargo, otros sectores han crecido, particularmente los relacionados con servicios financieros, tecnologías digitales o el comercio con países fuera de la UE.


En cuanto a la mano de obra, esta se ha visto afectada por la disminución de la inmigración intereuropea, lo que en algunos sectores, generalmente cualificados, ha generado escasez de trabajadores. De igual forma, la agricultura, la construcción, la salud o la hostelería han sido también azotados por los efectos de la salida.


Impacto en la “City” de Londres

La City –centro financiero– ha perdido cierto impulso como puerta de entrada para servicios financieros dirigidos hacia Europa, dado que algunas operaciones reguladas por la UE han sido reubicadas a ciudades dentro de la unión para mantener acceso al mercado europeo.

Sin embargo, el Reino Unido ha intentado compensar esta situación mediante una serie de acuerdos regulatorios propios, la flexibilización regulatoria en algunos ámbitos o la búsqueda de nuevas asociaciones no es uniforme: algunas instituciones han reportado costos operativos más elevados, pérdida de clientes, necesidad de establecer sucursales europeas…


Consecuencias jurídicas

Dentro de los cambios normativos y pérdida de jurisprudencia europea podemos analizar diversas afecciones principales. Entre ellas, al abandonar la UE, el Reino Unido dejó de estar sujeto al Derecho de la Unión en casi todos los ámbitos: libre circulación de personas, política comercial común, regulaciones aduaneras, estándares comunes de productos, normas de competencia, protección de datos, medio ambiente, etc. Ha sido necesario transponer, adoptar o derogar muchas leyes que previamente dependían de legislación europea o de decisiones del Tribunal de Justicia de la UE.


Un caso clave fue el de R(Miller) v Secretary of State for Exiting the European Union (2017-2019). En ese caso, el Tribunal Supremo británico –y tribunales inferiores– determinaron que el Gobierno Británico no podía invocar su prerrogativa para activar el artículo 50 sin aprobación del Parlamento. En consecuencia, el caso reforzó el principio de soberanía parlamentaria en la Constitución del Reino Unido.


Otro buen ejemplo ilustrador es la jurisprudencia, la cual, ha abordado los derechos de los ciudadanos europeos residentes en el Reino Unido, y viceversa, en cuanto a seguridad social, pensiones, reconocimiento de cualificaciones profesionales, etc. Muchas de esas decisiones dependen ahora de los acuerdos del TCA, de leyes nacionales o de decisiones judiciales británicas, ya no del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.


Adaptación legislativa, tratados y aplicación del Tratado de Lisboa

Mientras el Tratado de Lisboa sigue aplicable en parte al Brexit en cuanto a ciertos procedimientos de la UE hasta el fin del periodo transitorio, tras la salida plena, muchas referencias del tratado europeo han dejado de ser directamente vinculantes para el Reino Unido. El TCA establece los términos del comercio, cooperación judicial, aduanera, etc., pero ya no hay una participación institucional plena en la toma de decisiones de la UE.


Legislativamente, el Reino Unido ha tenido que legislar para reemplazar lo que antes era derecho derivado europeo, como directivas y regulaciones, en ámbitos como estándares de productos, protección del consumidor, regulación financiera, transporte marítimo, etc. Se han aprobado leyes como el Retained EU Law –Revocation and Reform– Bill para eliminar, reemplazar o retener ciertos cuerpos de legislación europea.


Rol del Tribunal Suprema británico y conflictos jurisdiccionales

Tras el Brexit, los tribunales británicos, incluido el Tribunal Supremo, tienen un papel dominante en la interpretación de la legislación nacional que incorpore elementos previamente regulados por la UE. En muchos casos, los juicios relacionados con disputas sobre el alcance del TCA, derechos adquiridos de residentes, protección de datos, etc., han sido los que marcan precedentes.

También ha habido debates sobre hasta qué punto los tribunales británicos deben considerar la jurisprudencia pasada del TJUE como guía, aunque ya no vinculante, al interpretar leyes “retenidas”.


Consecuencias políticas

Entre las dinámicas internas de partidos de Westminster, podemos observar como el Partido Conservados se enfrenta al Laborista. El Brexit ha sido un tema muy divisivo, no solo entre partidos, sino dentro de los mismos. Dentro de los conservadores, hubo fuertes tensiones entre los partidarios de “Leave” y aquellos de “Remain”, que continúan afectando a la política interna, la selección de líderes o a la agenda gubernamental. En los laboristas, se han visto promesas incumplidas y posicionamientos incómodos, teniendo que enfrentar dificultades económicas derivadas y gestionar las distintas situaciones. Sin embargo, ninguno de los partidos han logrado cautivar las expectativas de los votantes, sobre todo en temas como la inmigración, las relaciones exteriores o el comercio, lo que ha provocado un ciclo de crisis políticas en Reino Unido.


Las elecciones generales, los debates parlamentarios, las manifestaciones políticas o las declaraciones públicas vuelven frecuentemente al Brexit como punto central, particularmente respecto a la “frontera de Irlanda del Norte”, en derechos de ciudadanos –como en Gibraltar–, comercio o regulaciones.


Impacto en Escocia e Irlanda del Norte

En Escocia, el Brexit ha reforzado el independentismo, pues en el referéndum de 2016, los escoceses votaron mayoritariamente por “Remain” en la UE. Esto ha deteriorado la confianza entre Westminster y Edimburgo, especialmente en temas como el comercio, la pesca, la agricultura y las regulaciones fronterizas. Actualmente, siguen habiendo reclamos contínuos sobre que Escocia quedó perjudicada al perder el acceso pleno al mercado comunitario, afectando a agricultores, marineros y clases bajas.


En cuanto a Irlanda del Norte, es un tema todavía complejo. Para evitar una frontera”dura” con la República Irlanda –Dublín–, se acordó constituir el Protocolo de Irlanda del Norte, que en muchos aspectos alinea ciertas normas con la UE. Este Protocolo ha sido fuente de numerosas disputas políticas internas en Reino Unido, sobre todo entre gobierno, miembros conservadores, unionistas y nacionalistas, y negociación con la UE para revisarlo–”Windsor Framework de 2023”. Estas tensiones continúan afectando a la estabilidad institucional de Irlanda del Norte, donde sigue aumentando el auge nacionalista.


Estabilidad institucional

Ha habido desafíos para la gobernabilidad directamente relacionados con el Brexit, como la incertidumbre legislativa, los litigios, requerimientos parlamentarios sobre contenido del TCA, presiones de devoluciones y regionalismos, tensiones entre poderes ejecutivos y judiciales o temas relacionados con la transparencia gubernamental.


Asimismo, se han observado cambios en la política migratoria, la política exterior y en la estructura regulatoria que requieren coordinación entre los niveles nacionales, regionales –Escocia, Gales e Irlanda del Norte– y locales; en algunos casos con una devolución de poderes o conflicto constitucional.


Movilidad laboral y migración

El fin de la libre circulación de ciudadanos de la UE significa que los ciudadanos europeos ya no tienen derecho automáticamente a vivir o trabajar libremente en el Reino Unido. Así pues, se han implementado nuevos sistemas de visados basados en méritos y ocupaciones, lo cual ha reducido todavía más la inmigración europea hacia el país.


Por otro lado, la inmigración desde países no comunitarios se ha disparado, tanto para estudiantes como para trabajadores calificados. Esto ha reconfigurado la composición demográfica de los trabajadores extranjeros y provocado un choque intercultural cada vez mayor entre las urbes británicas. Nacionales de Pakistán, India, Bangladés, Turquía, Jamaica, Siria, Yemen, Sudáfrica, Filipinas o Nigeria han ido aumentando su peso, desplazando a las tradicionales comunidades de chinos, alemanes, polacos, franceses, españoles, italianos e irlandeses que habían llegado al país entre la segunda mitad del siglo pasado y 2015.

 

Derechos de los ciudadanos residentes

Los nuevos mecanismos legales se han implementado para proteger los derechos de los ciudadanos de la UE residentes en el Reino Unido y viceversa, incluyendo derechos de residencia, salud o pensiones. Sin embargo, sigue habiendo incertidumbres prácticas y burocráticas respecto a los retrasos, costes u otros elementos adicionales.


También hay disputas legales acerca de reconocimiento de cualificaciones profesionales, derechos laborales, protección social y demás,lo que anteriormente se resolvía bajo legislación europea.


Políticas de visados

Las reformas migratorias han introducido un sistema basado en puntos –”points-based immigration system” –, que da prioridad a habilidades, oferta laboral, idioma, salario mínimo, etc. Esto ha afectado tanto a trabajadores como estudiantes comunitarios.

 

Las políticas de visado han aumentado los costes administrativos, el tiempo de espera, los requisitos de permisos… lo cual, disuade o dificulta la llegada de ciertos perfiles, especialmente de Europa Occidental,los cuales optan por otros destinos como Europa Central, los países nórdicos o hubs en la Península Ibérica y el eje norte-centro de Italia.


Impacto sobre el NHS y los profesionales de la salud

Hay una creciente dependencia del National Health System de trabajadores extranjeros, especialmente en la actualidad, extracomunitarios. En septiembre de 2023, el 20,4% del personal en hospitales y servicios en Inglaterra no eran británicos. Entre los doctores, más de un tercio eran extranjeros.


Con el Brexit, hubo una caída del crecimiento de profesionales médicos procedentes de la UE y la EFTA, sobre todo entre prácticas específicas de alta cualificación. Un estudio del Nuffield Trust estimó que en 2021 había 4,285 doctores menos de la Unión de lo que habría sido si no hubieran salido de la UE. Las especialidades con mayores déficits incluyen anestesiología, pediatría, psiquiatría o cardiotorácica.

 

En consecuencia, el sistema sanitario se ha visto colapsado en diversas ocasiones, especialmente en centros urbanos medios y grandes, como Londres, Birmingham, Leeds o Manchester. Las áreas rurales demandan un mejor servicio sanitario, el cual, se encuentra en proceso de desbordamiento debido a la creciente demanda y tiempos de espera de ciudades cercanas. Las listas de espera aumentan, los servicios empeoran, la natalidad nacional se estanca y la migración genera un mayor peso a tener en cuenta.


Educación superior, investigación y Erasmus+

El número de estudiantes de la UE a universidades británicas se ha desplomado: de 64,120 en 2020 a aproximadamente 31,400 en 2022, una caída del 53% que ha seguido a la baja durante los siguientes años.

 

Pagos de matrículas y financiamientos se han visto obligados a adaptar cambio. Los estudiantes de la UE han dejado de ser elegibles para los “home fees” –tarifas como residentes domésticos– y para ciertos tipos de becas de financiación estudiantiles, lo que ha hecho que muchos estudiantes de la UE debieran pagar tasas mucho más altas, comparables a estudiantes internacionales no comunitarios.


En términos de investigación, muchos proyectos colaborativos de la UE con Reino Unido han quedado fuera de las instituciones, por ende, de las subvenciones. Pese a que Londres ha tratado de reemplazar o compensar la financiación mediante programas nacionales o acuerdos bilaterales, la pérdida de acceso completo a ciertos fondos de las redes europeas han desalentado y ralentizado el desarrollo investigativo.


Vivienda y mercado laboral

Los precios de vivienda y el mercado de alquileres se han visto afectados a través de la menor inmigración europea, la cual ha reducido la demanda en ciertas zonas urbanas, especialmente del oeste de Londres. No obstante, otros factores como las crisis de oferta, las políticas locales, las tasas hipotecarias, la inflación o el coste de construcción han tenido y tienen probablemente efectos tan fuertes o más que el propio Brexit. No hay un consenso claro de que los precios hayan aumentado sustancialmente por la salida en sí sola, pero sí hay evidencias de ciertos costes añadidos para materiales importados mediante aranceles y regulaciones que han hecho aumentar los precios de construcción, especialmente en viviendas de pisos y edificios de oficinas. 


En cuanto a movilidad profesional, al haber menos personas de la UE que puedan trasladarse libremente al Reino Unido a trabajar, los efectos han sido diversos. El reconocimiento de cualificaciones profesionales tiene más barreras, dificultando la movilidad en trabajos especializados, como en los sectores aeroportuarios, médicos o financieros.


Además, algunos empleos de bajos salarios, como la hostelería, agricultura o servicios menores de dependencia de mano migrante europea –especialmente del este, balcanes y sur– han visto presiones cuando hay escasez de mano de obra. Esto ha aumentado los costes a los empleadores, pero también ha generado vacantes no cubiertas y aumentos salariales no transitorias, lo que ha alimentado la inflación de salarios en ciertos sectores, especialmente relacionados con manufacturas, agricultura, pesca o maquinaria.


Consecuencias militares y de seguridad

La cooperación con la OTAN no ha cambiado fundamentalmente. Reino Unido sigue siendo un miembro activo y clave de la alianza atlántica, y los compromisos militares y de defensa nuclear, así como los despliegues internacionales, continúan. Sin embargo, en cuanto a la interoperabilidad regulatoria, los estándares europeos de defensa, las cadenas de suministro militares, la adquisición de componentes o algunos proyectos con empresas europeas, se han complicado, paralizado o directamente revocado.


Si bien el Reino Unido ha logrado una cierta estratégica independencia frente a Bruselas, ha rechazado muchos casos de armonización regulatoria con la Unión en ámbitos de seguridad y defensa, alegando a la autonomía propia. Esto, ha generado debates respecto a los fondos europeos de defensa, los proyectos de investigación en defensa conjuntos y abierto tensiones respecto a la situación social y la crisis de seguridad que atraviesa el país.


Respecto a la inteligencia compartida y la cooperación policial, algunos instrumentos de cooperación han sido perdidos o debilitados, como el acceso a sistemas de datos de extradición, cooperación judicial o bancos de datos criminales comunes. El Acuerdo TCA contiene provisiones de cooperación judicial y policial, pero hay informes de que la cooperación no es óptima. El Comité de la Cámara de los Lores ya ha advertido de que la cooperación en este campo con la UE es menos eficiente desde la salida del Reino Unido, generando paradojas, duplicaciones y malentendidos con las autoridades y tribunales europeos.


Relaciones Internacionales

Las relaciones bilaterales con la UE se han tensado en multitud de aspectos, como la pesca, la frontera con Irlanda o los estándares. No obstante, hay muchos intentos recientes de reacomodo, como acuerdos de cooperación en seguridad, defensa, economía o ajustes al TCA.


Con EEUU, Londres ha buscado un papel más central, intentando firmar tratados de libre comercio, alianzas estratégicas, inversiones en ciencia, tecnología y defensa o mejores relaciones bilaterales. Pero los acuerdos con Washington han sido lentos en concretarse, con muchas negociaciones pendientes y una creciente tensión gubernamental entre la inestabilidad política británica, el gobierno laborista de Starmer y la actual administración Trump.


Con Pekín, las tensiones de acceso al mercado, inversiones, vigilancia o las restricciones a la tecnología avanzada han provocado diversos choques diplomáticos –como dejar fuera a Reino Unido del año con visa libre para ciudadanos de España, Italia, Francia, Países Bajos y Alemania al país asiático–.  El Reino Unido ha incrementado su énfasis en la seguridad nacional en inversiones extranjeras, lo que afecta a las inversiones chinas, especialmente en puntos calientes como Hong Kong.


Respecto a la Commonwealth, el Reino Unido ha buscado mejorar los vínculos perdidos o abandonados durante décadas como parte de su estrategia post-Brexit. Sin embargo, los beneficios comerciales no siempre compensan los costes de la pérdida del libre comercio con la UE. Asimismo, ha habido “derrotas” diplomáticas por parte de ciertos Estados para Londres: Barbados se declaró como República, aboliendo el papel de Carlos III; escraches en el Parlamento de Australia hacia el monarca…


Actores perjudicados y beneficiados del Brexit

Perjudicados:


  • Pymes exportadoras e importadoras de productos UE.

  • Sectores dependientes de mano UE: salud, agricultura, hostelería o transporte.

  • Estudiantes de la UE y programas de intercambio.

  • Gobiernos regionales de Escocia e Irlanda del Norte.

  • Poblaciones bajas y medias de áreas rurales y urbanas.

  • Servicios públicos: seguridad, educación, transporte y salud.

  • La Unión Europea per se.

  • Gobiernos locales que se quedan sin subsidios y programas.

  • Investigadores, científicos, migrantes legales y ciudadanos europeos en UK.


Beneficiarios:


  • Empresas de grandes capacidades para asumir nuevos costes aduaneros.

  • Sectores financieros beneficiarios de la flexibilidad regulatoria.

  • Países no europeos que exportan al Reino Unido.

  • Diversas narrativas políticas e ideológicas.


Estrategias adoptadas por el Reino Unido

El Reino Unido ha establecido la aprobación de leyes nacionales para reemplazar normativas europeas, estableciendo organismos reguladores independientes, reformas migratorias, esfuerzos para atraer inversiones extranjeras mediante incentivos fiscales, desregulaciones en ciertos sectores…


En políticas comerciales, la firma de acuerdos con países fuera de la UE o negociaciones de mejoras bilaterales, así como, renegociaciones puntuales, han buscado el acceso a mercados no europeos, especialmente en el marco de la Commonwealth.


En cuanto a la movilidad educativa; Londres quiere crear o reforzar programas que puedan sustituir la colaboración europea, especialmente hacia la estadounidense, canadiense, australiana y neozelandesa. Para ello, están primando los premios nacionales de investigación, los acuerdos bilaterales de intercambio y las relaciones con universidades extracomunitarias.


Por otro lado, se han establecido nuevos acuerdos de cooperación en seguridad o “sociedades” de seguridad con la UE, como las de diálogo estratégico, participación en iniciativas militares europeas sujetas a negociación y compras de diversos recursos y equipos militares, metalúrgicos, minerales, alimentarios o sanitarios, como el “Security and Defence Partnership”, firmado en mayo de 2025.


Valoraciones críticas y reflexivas

Los costes del Brexit fueron, son y serán reales y casi incuantificables. No obstante, se han de tener también en consideración factores exógenos que se han entrelazado: la pandemia COVID-19, la crisis energética, la inflación global, la Guerra de Ucrania o la fluctuación del precio de las materias primas, lo que dificulta en la práctica el aislamiento del impacto pleno del Brexit.


Pese a que las expectativas de ganancias eran esperadas debido a la autonomía regulatoria, el control migratorio o la firma de nuevos tratados, lo cierto es que han sido parcialmente frustradas por la complejidad del mundo globalizado en el que nos encontramos. No es tan sencillo desvincularse de estándares internacionales, cadenas de suministros o normas cooperativas, especialmente si son europeas.


Asimismo, las promesas políticas de que el Brexit generaría grandes beneficios rápidos han sido suavizadas o deslegitimadas por la evidencia empírica británica: los beneficios de nuevos acuerdos son modestos frente a los costes de las empresas con menor capacidad, los sueldos han disminuido, los servicios empeorado, la clase política colapsado y la inseguridad se ha desbordado.


Tampoco se ha visto un beneficio directo en términos de cohesión, percepción de derechos, costo de la vida o bienestar social. De hecho, se ha incrementado la desconfianza institucional, la polarización social, las crisis socioeconómicas y políticas, así como los costos políticos y económicos difíciles de medir. De igual forma, la Monarquía Británica, ha pasado por un periodo turbulento y de cambios tras el fallecimiento de la aclamada Reina Isabel II, figura clave en el entendimiento de la historia contemporánea británica, lo que ha desembocado en una crisis institucional y en un fortalecimiento a movimientos independentistas o “anti-Carlos III” en contra de la monarquía o a favor del Príncipe Guilherme, cuestionando y poniendo en el tablero a la institución más antigua y relevante a nivel nacional.


Los escenarios futuros dependen de las decisiones políticas: cuánto el Reino Unido esté dispuesto a cooperar o reglamentarse de modo compatible con la UE, cuánto invierta en capacidades internas, como la formación, la infraestructura o la innovación, y cómo maneje las presiones sociales y territoriales.


Créditos foto: Pro-Brexit protesters take part in the March to Leave demonstration, in London, March 29. REUTERS/Toby Melville

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