Cuatro años de guerra en Ucrania: balance humano, impacto geopolítico y nueva seguridad en Europa
- Nicolas Daniel Petcuta

- hace 3 horas
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El 24 de febrero pero de hace cuatro años, el presidente ruso, Vladimir Putin, lanzó una ofensiva en Ucrania, justificándose como una “operación militar especial” mediante un discurso televisado. Bien es cierto que se venía oliendo este ataque, ya que los entrenamientos militares, tanto en Rusia como Bielorrusia, y la presencia militar en la frontera ucraniana era bastante frecuente desde mediados de 2021.
Cuatro años después, la guerra se encuentra en un periodo de relativo estancamiento desde hace más de un año, aunque sigan habiendo frentes abiertos, sobre todo en el este y en el sur. Esta devastadora guerra que ha roto la paz en Europa ha dejado cientos de miles de muertos en ambos bandos, millones de desplazados y ciudades destruidas. Además, la actuación y narrativa de los Estados y la opinión pública internacional ha ido modificándose con el transcurso de la guerra.
Balance humano
Desde el inicio de la guerra Ucrania ha experimentado una fuerte crisis demográfica, debido al gran número de bajas, tanto militares como civiles; de refugiados y de desplazados internos. Sin embargo, debido al estancamiento de la guerra la tasa de crecimiento, la cual había caído un 8% al año de 2022 a 2024, ha empezado a situarse en positivo y recuperarse, aunque a un ritmo muy lento.
Este conflicto, caracterizado por devolver la guerra convencional a Europa, ha dejado cientos de miles de muertos en los campos de batalla en ambos bandos. Sin embargo, los constantes bombardeos a ciudades con un elevado número de habitantes, como Kiev, Mariúpol o Donetsk; y genocidios, como el de Bucha, han dejado miles de muertos civiles, violando el derecho internacional.
Por otro lado, también ha traído una crisis de refugiados, no solo en Ucrania, sino que en toda Europa. Por una parte, en Ucrania, han sido cinco millones las personas desplazadas internamente debido al avance de la guerra. Por otro lado, Europa ha acogido alrededor de siete millones de refugiados ucranianos, muchos de los cuales se han ido a las vecinas Polonia y Rumania, pero también a Alemania, República Checa, España, Italia o Bulgaria, entre otros.
Balance geopolítico
El retorno de un conflicto a gran escala en Europa ha hecho que se reconfigure la seguridad continental, con un incremento del gasto militar en los países occidentales y una expansión de la OTAN en el flanco norte, tras la adhesión de Finlandia (2023) y Suecia (2024). Además, la Unión Europea concedió el estatus de candidato a Ucrania y se acercó a Moldavia, quedando orientada hacia la integración europea y atlántica.
Por otra parte, la mayoría de relaciones diplomáticas rusas se han visto afectadas desde 2022, en su mayoría con países occidentales. Esto ha producido un giro de sus relaciones económicas y diplomáticas hacia China, y un fortalecimiento de las relaciones con países del “Sur Global”, como India o Irán. Asimismo, varios países de América Latina, África o Asia han evitado alinearse con Occidente, llevando a una fragmentación del orden internacional.
Balance económico
A nivel económico, Ucrania ha comenzado a recuperarse de la caída del PIB en 2022 (alrededor de un 30%), gracias a las masivas ayudas occidentales. Sin embargo, su infraestructura energética se ha visto gravemente dañada y el coste de su reconstrucción se estima en miles de millones de dólares todavía inexistentes.
Por su parte, la economía rusa se ha visto afectada por las sanciones impuestas por Estados Unidos y Occidente, por lo que su sistema energético se ha reorientado hacia Asia, provocando una grave crisis energética en Europa. Además, el limitado acceso a la tecnología de Occidente y la fuga de capital humano cualificado ha afectado a sectores claves de la economía rusa.
Evolución de la política interna
La imagen de Volodimir Zelenski fue altamente aprobada durante los primeros meses del conflicto, debido a su imagen de liderazgo y capacidad de comunicación con los líderes europeos. Asimismo, el pueblo ucraniano mostró una fuerte imagen de unión e identidad, recibiendo el apoyo de Europa.
Sin embargo, la duración del conflicto ha provocado un cambio en estos ámbitos, rebajando el apoyo social hacia la figura del presidente ucraniano, debido a la suspensión de elecciones por la Ley Marcial, la suspensión de partidos vinculados a Rusia, la fatiga tras años de conflicto, el reclutamiento continuo y la presión sobre familias de soldados y desplazados.
La narrativa del conflicto desde la perspectiva rusa
En el caso de Rusia, la narrativa oficial sobre la guerra se ha construido desde el inicio. El Kremlin ha evitado sistemáticamente el término “guerra” o “invasión”, utilizando el concepto de “operación militar especial”, como una respuesta necesaria frente a la expansión de la OTAN y a lo que presenta como una amenaza directa a la seguridad rusa.
Un elemento central de la narrativa rusa es la deslegitimación del Estado ucraniano como actor plenamente soberano. En distintos discursos oficiales y mediáticos se ha presentado a Ucrania como un país artificial, controlado por potencias occidentales y por élites nacionalistas. Por lo que desde Rusia no describen el conflicto como una guerra entre dos Estados, sino como una confrontación entre Rusia y un Occidente que utiliza a Ucrania como instrumento geopolítico.
La narrativa rusa también incorpora elementos históricos y simbólicos, movilizando apoyo interno mediante referencias a la identidad e intentando atribuir una justificación moral a la intervención. Al mismo tiempo, los medios estatales ponen en el centro la resistencia rusa frente a las sanciones y proyectan una imagen de fortaleza militar y económica, reforzando la idea de que el país no solo resiste, sino que avanza. Asimismo, en el plano interno, esta narrativa ha contribuido a consolidar el poder político y a legitimar medidas de control informativo y represión de la oposición.
La narrativa del conflicto desde la perspectiva ucraniana
Por su parte, la narrativa ucraniana se centra en la defensa existencial del Estado y la nación. Desde el inicio de la invasión, el discurso oficial ha presentado la guerra como una lucha por la supervivencia, la libertad y el derecho a decidir su propio futuro. Ucrania se posiciona como víctima de una agresión injustificada y como defensora no solo de su soberanía, sino también de los valores democráticos europeos, siendo clave para movilizar apoyo internacional y consolidar alianzas con la Unión Europea y la OTAN.
La narrativa ucraniana enfatiza la resiliencia, el heroísmo y la unidad nacional frente a la agresión externa. La figura de Volodimir Zelenski ha sido proyectada como símbolo de la resistencia, y su comunicación estratégica ha buscado conectar emocionalmente con socios internacionales, subrayando el sufrimiento civil y la destrucción de infraestructuras. Con el paso del tiempo, el relato ucraniano ha incorporado también elementos de reconstrucción y futuro europeo. Al mismo tiempo, la larga duración del conflicto ha obligado a reconocer el desgaste social y la necesidad de reformas internas.
La narrativa del conflicto desde otras perspectivas
La guerra no solo se ha dado en el campo de batalla, sino que el conflicto ha generado una auténtica “batalla de narrativas” a escala global, en la que distintos actores compiten por moldear percepciones, creencias y actitudes públicas sobre Ucrania, Rusia e incluso Occidente. En Occidente predomina la narrativa que presenta a Ucrania como víctima de una agresión ilegal y como un actor legítimo que defiende su soberanía. Sin embargo, incluso dentro de Occidente no existe una homogeneidad total, ya que junto al apoyo mayoritario a Ucrania, existen discursos que cuestionan los costes económicos de la guerra, el cansancio social o la necesidad de una solución diplomática rápida, incluso si ello implica la pérdida de parte del territorio ucraniano.
Por su parte, China entiende el conflicto dentro de la rivalidad entre dos grandes bloques históricos, como es el estadounidense y el ruso. El foco del discurso político chino no se coloca en Ucrania como víctima de una agresión, sino en la expansión de la OTAN y el aumento de la seguridad y defensa europea como factores explicativos del estallido del conflicto. Esto encaja con la posición oficial de “neutralidad” proclamada por Pekín, que combina llamados al diálogo y a la solución política con la negativa a condenar explícitamente a Rusia. Asimismo, se pone en duda frecuentemente la eficacia y legitimidad de las sanciones occidentales y se subrayan los efectos negativos de la guerra sobre la economía global.
En el Sur Global la guerra también tiende a interpretarse desde claves distintas a las predominantes en Europa occidental y Estados Unidos. En muchos casos, el conflicto es percibido como un enfrentamiento entre potencias externas cuyas consecuencias impactan indirectamente a otras regiones, por lo que se enfocan en los efectos materiales, como el aumento de precios de alimentos, fertilizantes y energía, así como la inestabilidad económica derivada de las sanciones y la disrupción de mercados.
La memoria histórica del colonialismo y de intervenciones occidentales pasadas muestran cierta desconfianza hacia los discursos occidentales que apelan a la defensa del orden internacional basado en normas. Asimismo, los países del Sur Global ven injusta la intensidad de la respuesta internacional a la guerra en Ucrania en comparación con otros conflictos en África o Medio Oriente. Como resultado, pueden surgir relatos que señalan tanto a Rusia como a la OTAN o a los Estados Unidos, o que abogan prioritariamente por un alto el fuego rápido, incluso si ello implica cesiones territoriales. También se pueden encontrar narrativas alineadas con el Kremlin, especialmente aquellas que presentan a Ucrania como un actor instrumentalizado por Occidente o que describen la guerra como reacción defensiva ante la expansión occidental.
Conclusión
Este conflicto ha traído de vuelta la guerra convencional a Europa casi un siglo después, recordando el sufrimiento y dolor de los conflictos armados. Millones de ucranianos se han visto obligados a dejar sus vidas, bien sea para buscar un futuro sin guerra en Europa, o bien para luchar y defender su país de la amenaza rusa.
Aunque ya hayan pasado cuatro años y el conflicto se encuentre estancado, la única manera para que los ucranianos puedan volver a su rutina con normalidad es poniendo fin al conflicto, encontrando una solución pacífica y diplomática, aunque cada Parte tenga que ceder ante ciertas cuestiones. Sin embargo, parece que esto no interesa a unas élites políticas que solo buscan culpar al enemigo y destruir la imagen internacional.




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