Bután y la Felicidad Nacional Bruta: un modelo alternativo para medir el desarrollo y el bienestar social
En el mundo existen distintas formas en las que los estados cuantifican el progreso de su población, la mayoría de estos son datos macroeconómicos como el PIB, la tasa de desempleo o la creación de empresas, otros datos que se toman en cuenta son, por ejemplo, la longevidad y el nivel de alfabetización, sin embargo, nunca escucharas a los analistas hablando de algo como la “Tasa de Felicidad” o la “Felicidad Nacional Bruta”, nunca, excepto en Bután.
En 1972, el rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck dijo ante el mundo que "La Felicidad Nacional Bruta es más importante que el Producto Interior Bruto". Estas palabras no se quedaron solo en anécdota o en una reflexión filosófica, ya que Bután diseñaría un sistema de gobierno cuyo objetivo explícito y medible no fuera el crecimiento económico sino el bienestar integral de sus ciudadanos, siendo 50 años después, el experimento butanés único en el mundo.
Qué es el GNH y cómo funciona
El Gross National Happiness o Índice de Felicidad Nacional Bruta (FNB) evalúa el nivel de plenitud de cada persona en 33 condiciones distribuidas en nueve dominios que incluye, el bienestar psicológico, la salud, educación, uso del tiempo, diversidad y resiliencia cultural, buena gobernanza, vitalidad comunitaria, diversidad y resiliencia ecológica, y nivel de vida. El índice se construye utilizando el método Alkire-Foster de medición multidimensional, el mismo que se usa para el Índice de Pobreza Multidimensional del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), lo que le da una base metodológica reconocida internacionalmente.
Una persona se considera "feliz" según la FNB si está plena en al menos el 66% de los 33 indicadores o dominios ponderados, la escala va de 0 a 1, siendo los valores más cercanos a 0 indicativos de una FNB baja mientras que 1 es una puntuación perfecta, las personas que tienen un 77% o más de los indicadores se categorizan como "profundamente felices". Según el último informe disponible que es de 2022, el 9,5% de la población de Bután es profundamente feliz, el 38,6% muy feliz, el 45,5% escasamente feliz y el 6,4% infeliz. El valor global del índice aumentó de 0,743 en 2010 a 0,781 en 2022, lo que representa un crecimiento sostenido pero moderado.
Lo que hace al FNB interesante no es solo el índice en sí, sino su función en el sistema político butanés, ya que el gobierno está obligado formalmente a evaluar el impacto de cualquier política pública sobre el bienestar de la población antes de aprobarla, una oficina del Primer Ministro identifica si las políticas propuestas tienen efectos negativos, inciertos, neutros o positivos sobre los indicadores de la FNB. Es decir, antes de aprobar una autopista, un parque industrial o una reforma educativa, el gobierno de Bután debe demostrar que no destruye el tejido comunitario ni el medioambiente en nombre del crecimiento.
Lo que el GNH mide que el PIB y el Gini no puede
El PIB mide la producción económica de un país, sin embargo, analizar simplemente el crecimiento económico no sirve de mucho para comprobar la calidad de vida de la población, un ejemplo simple que se puede utilizar para explicarlo es que el PIB crece incluso cuando hay un accidente de tráfico o un desastre natural, debido a que estos eventos generan gasto hospitalario, reparaciones, servicios funerarios, entre otros gastos que mueven la economía, sin embargo, no tiene forma de reflejar si la gente de ese país duerme bien, confía en sus vecinos o tiene tiempo para estar con sus hijos. El economista Robert Kennedy lo explicó en 1968 cuando dijo que "el PIB mide todo, excepto aquello que hace que la vida valga la pena".
El Índice de Gini, por su parte, mide la desigualdad en la distribución de la renta, siendo un Gini de 0 la igualdad perfecta y un Gini de 1 la desigualdad máxima, siendo un instrumento valiosísimo para entender si el crecimiento económico se distribuye de forma equitativa o se concentra en pocas manos, pero tampoco captura dimensiones como la salud mental, la cohesión social o el sentido de pertenencia cultural. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) del PNUD añade la esperanza de vida y la educación al ingreso per cápita, pero sigue siendo una medida que pasa de largo muchos indicadores.
Lo que el GNH de Bután propone es que el bienestar tiene dimensiones que no pueden reducirse a dinero ni a años de escolaridad, y que un Estado responsable debe medirlas y orientar sus políticas hacia ellas, aspectos como el tiempo libre para estar con la familia, la riqueza cultural del territorio en que se vive o el grado de confianza que sientes en tus instituciones deben ser bienes públicos tan importantes como el ingreso.
Las tensiones del modelo
El experimento butanés aunque suena perfecto tiene problemas de base y un escenario país complejo, Bután enfrenta una alarmante migración juvenil, con aproximadamente 64.000 jóvenes abandonando el país en busca de mejores oportunidades educativas y laborales, unos 15.000 solo en 2022. Para un país de apenas 800.000 habitantes, esa cifra es devastadora, la emigración de jóvenes no solo refleja ambiciones personales, sino también las limitaciones de una economía doméstica que no ofrece suficientes opciones para su población.
Hay también críticas de fondo al diseño, la primera es que mide percepciones de felicidad en un contexto cultural muy específico, el budismo vajrayana tibetano, que impregna la sociedad butanesa y que valora la aceptación, la comunidad y la moderación material de formas que no son necesariamente transferibles a otros contextos. Una persona budista formada en la doctrina del desapego puede puntuar alto en "bienestar psicológico" mientras vive en condiciones materiales que en otro contexto se considerarían de pobreza, la segunda, es que el índice lo elabora y administra el propio gobierno, lo que plantea preguntas sobre los incentivos para presentar resultados favorables.
Sin mencionar, que el gobierno democrático de Bután se estableció en 2008 y antes de eso, el estado practicó una limpieza étnica masiva de la población no budista de etnia nepalí de fe hindú en nombre de la preservación cultural. La ONG Human Rights Watch documentó los hechos y sugiere que más de 100.000 personas fueron expulsadas del país porque no se integraron a la cultura budista de Bután.
¿Qué nos enseña Bután?
Más allá de las obvias críticas que se le puedan hacer al gobierno de Bután y a su índice de Felicidad, lo que el experimento butanés ha conseguido es poner en el centro del debate internacional una pregunta clave: ¿Qué es lo que realmente queremos medir cuando decimos que un país va bien o mal?
Un PIB per cápita, es objetivo, comparable y útil para muchas cosas, pero es incompleto, el índice de Gini añade la distribución, el IDH añade salud y educación, por su parte, el World Happiness Report, que publican cada año investigadores para Naciones Unidas, combina encuestas de percepción subjetiva con datos objetivos de las variables de renta, apoyo social, esperanza de vida, libertad, generosidad y ausencia de corrupción.
Para tener una comparación, en España el INE y el CIS realizan estudios sobre la felicidad de la población sujeto a datos subjetivos, en el ultimo analisis las comunidades autonomas que se encontraban en el top 5 fueron Navarra, La Rioja, País Vasco, Baleares y Canarias. Encontrar en ese top a Navarra, País Vasco y La Rioja se puede pensar que es lógico debido a que son las comunidades autónomas con mejor calidad de vida en España si comparamos sueldos, calidad en la sanidad, educación y servicios básicos en comparación con el resto del país, sin embargo, cuando hablamos de Canarias, es la comunidad con peor calidad de vida del país, con los sueldos más bajos y con una de las tasa de paro más altas de España, situando su desempleo juvenil superior al 27%.
El caso de Canarias, aunque no ha sido históricamente muy estudiado se compara con los índices de felicidad de otros archipiélagos, donde se argumenta un elevado nivel de felicidad por un aspecto psicológico, ya que muchos analistas consideran que las personas que viven en climas tropicales o subtropicales y cerca de la costa, son más felices en comparación con la media mundial.
Por tanto, muchas han sido las fórmulas que se han querido desarrollar para saber la felicidad de una sociedad, sin embargo, no es fácil tener datos reales de un aspecto tan subjetivo, lo que sí es cierto es que esa pregunta que Jigme Singye Wangchuck planteó hace ya más de 50 años sigue hoy más presente que nunca. Ya no basta con ver números en una tabla, algunos Estados quieren que su gente vea el país no solo con buenos ojos, sino también con una sonrisa en el rostro.





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