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Cascos Azules de la ONU: historia, funciones, origen y desafíos de las misiones de mantenimiento de la paz

  • Foto del escritor: Francesca Beretta Jerez
    Francesca Beretta Jerez
  • hace 22 horas
  • 10 min de lectura

Cada 29 de mayo se celebra el Día Internacional del Personal de Paz de las Naciones Unidas, y más allá de su valor simbólico para rendir homenaje a su servicio, las operaciones de mantenimiento de la paz constituyen uno de los instrumentos más visibles mediante el cual la ONU ha intentado responder a conflictos, crisis y tensiones sin recurrir directamente a la guerra abierta. Esta fecha conmemora oficialmente el despliegue de su primera misión de mantenimiento de la paz en 1948, cuando el Consejo de Seguridad autorizó el despliegue de observadores militares para vigilar el cumplimiento del armisticio entre Israel y sus vecinos árabes, conocida como el Organismo de las Naciones Unidas para la Vigilancia de la Tregua (ONUVT), que marcó el inicio del mantenimiento de la paz moderna.


La creación de las Naciones Unidas tres años antes había generado la expectativa de que el nuevo organismo pudiera prevenir conflictos y mantener la seguridad internacional, pero las tensiones entre las grandes potencias y el estallido de crisis regionales mostraron rápidamente los límites de la diplomacia tradicional. En ese marco, el conflicto en Palestina y la guerra árabe-israelí de 1948 obligaron a la ONU a buscar una solución inédita: desplegar observadores militares para vigilar el cumplimiento del armisticio y evitar una nueva escalada de violencia. Su objetivo fue contener el conflicto y crear condiciones mínimas de estabilidad mientras se intentaba abrir espacio para soluciones políticas. 


Las misiones de mantenimiento de la paz surgen como mecanismos de supervisión internacional basadas en la neutralidad, por eso se establece que para ejecutar una misión se necesita la presencia en el terreno y el consentimiento de las partes. Y aunque en ese momento todavía no existían los cascos azules tal como se conocen hoy en día, sí se sentaron las bases de un modelo de actuación que buscaba contener los conflictos sin sustituir la soberanía de los Estados. 


Origen de los Cascos Azules

Con el paso del tiempo, estas misiones fueron adquiriendo mayor complejidad y visibilidad. La imagen de los cascos azules comenzó a consolidarse especialmente a partir de la década de 1950, cuando la ONU decidió desplegar fuerzas multinacionales en situaciones de crisis internacionales. En estas operaciones, dependiendo de sus mandatos, se dispone de personal militar, policial y civil para ayudar a frenar la violencia, vigilar el cumplimiento de un alto el fuego, proteger a la población civil y crear condiciones para que el conflicto se transforme en una paz duradera. La primera misión de paz moderna conocida fue la FENU I, que se aplicó debido a la crisis del Canal de Suez de 1956.


La decisión de nacionalizar el Canal por parte del gobierno egipcio de Gamal Abdel Nasser,  provocó la reacción de Reino Unido, Francia e Israel, quienes respondieron mediante una intervención militar para recuperar el control de la zona. El conflicto generó una fuerte tensión internacional, porque mostró hasta qué punto las viejas potencias coloniales todavía intentaban conservar influencia en un mundo que ya estaba cambiando rápidamente. Ante el riesgo de una escalada inminente, la ONU decidió desplegar su primera gran fuerza militar internacional, La Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas, cuyo objetivo era supervisar la retirada de las tropas para proporcionar estabilidad a la situación.


A partir de entonces, la rutina de un Casco Azul va mucho más allá de la observación, su día a día implica patrullaje en zonas de alto riesgo, protección de civiles, o la supervisión de acuerdos de alto el fuego, además; actúan como escudos humanos en la entrega de asistencia humanitaria esencial, sirven como mediadores locales, e incluso dan apoyo a procesos de reconstrucción política, como la organización de elecciones, la transición institucional, o gestionan programas de desarme y desmovilización de excombatientes. Sin embargo, con este cambio surgió un problema logístico: la identificación. Las tropas que formaban esta fuerza de paz pertenecían a ejércitos de diferentes países, por lo que en el caos del frente de la batalla, era imperativo que los soldados de la ONU se diferenciaran del resto de las fuerzas británicas y francesas porque si no, corrían el riesgo de ser atacados por cualquiera de las partes. 


Convertir el azul en el símbolo de la paz

El color azul no fue elegido por casualidad. Se trató de una referencia directa a la bandera de las Naciones Unidas, que ya utilizaba ese tono como símbolo de neutralidad, legitimidad y pertenencia a la organización. En un entorno de guerra y tensión diplomática, el azul funcionaba como una marca de reconocimiento inmediata, capaz de transmitir que esas tropas no representan a un Estado beligerante, sino a una misión multilateral con un mandato internacional. De ese modo, el color se convirtió en una extensión visible de las autoridades de la ONU.

 

La adopción del casco azul también respondió a razones prácticas. En el terreno, los soldados necesitan una señal clara que permitiera diferenciarlos rápidamente de otras fuerzas militares y reforzar su identificación como personal de paz. En un principio, ante la falta de cascos pintados de fábrica, los primeros soldados tuvieron que cubrir sus cascos con boinas azules, o literalmente, pintar sus cascos de combate con spray azul. La visibilidad era importante no solo para la población civil, sino también para los actores armados y para los propios mandos de la operación. 


Con el tiempo, esa solución práctica adquirió un valor simbólico mucho mayor. El casco azul pasó a representar la idea misma de paz bajo supervisión internacional, así como el esfuerzo colectivo de la comunidad internacional por contener conflictos y proteger a la población civil. Su fuerza simbólica reside en que une dos dimensiones: la material, porque nace de una necesidad concreta en el terreno, y la política, porque expresa la voluntad de la ONU de actuar como garante de estabilidad. Así, un detalle de uniformidad terminó convirtiéndose en uno de los emblemas más reconocibles del sistema internacional. El casco queda al servicio de la seguridad, la coordinación y la presencia internacional. 


La dimensión política: el equilibrio entre la diplomacia y la fuerza

¿Cómo puede intervenir la comunidad internacional en un conflicto sin vulnerar la soberanía de los países involucrados? El mapa de herramientas de la ONU nos proporciona, a través de las palabras del Capítulo VI que, la resolución de cualquier controversia; deberá ser enfocada desde la negociación, la mediación y los buenos oficios diplomáticos. Luego, bajo el Capítulo VII, se permite el uso de la fuerza militar abierta para repeler una agresión bajo ciertas excepciones. Los Cascos Azules se posicionan en el limbo intermedio que los expertos bautizaron  como el “Capítulo Seis Y Medio”. No iban a hacer la guerra, pero tampoco eran simples diplomáticos de corbata. Eran soldados armados cuya única misión era garantizar que las partes en conflicto cumplieran las treguas acordadas. A diferencia de otros países,  se plantea una herramienta entre la diplomacia pura y la coerción armada. 


Los Cascos Azules operan bajo un estricto código de conducta que blinda la soberanía del país receptor mediante tres pilares. En primer lugar, exigen el consentimiento de las partes, lo que significa que la ONU jamás impone su presencia y solo pone en marcha la misión si el gobierno local y los actores principales firmaron una invitación formal. Segundo, debe existir una imparcialidad absoluta, que los obliga a actuar como árbitros neutrales encargados de vigilar el alto el fuego sin juzgar bandos. No deben juzgar quién es el “bueno” o el “malo” de la historia. Y por último, solo se les permite el uso mínimo de la fuerza, al punto de que sus armas disuasorias solo pueden ser utilizadas en situaciones extraordinarias de estricta legítima defensa. 


Para los líderes políticos del siglo XX, este marco normativo transformó las reglas del juego. Aceptar a los contingentes de la ONU no se percibía como una claudicación ni como la admisión de una derrota, sino como una salida honrosa para detener las hostilidades sin entregar la soberanía nacional a una potencia extranjera. Pero justamente, la misma arquitectura política que otorga legitimidad a los Cascos Azules es una de sus principales fragilidades, revelando los límites estructurales cuando el consenso internacional se quiebra. Como siempre, el talón de Aquiles de este sistema es que las fuerzas de paz son tan fuertes como la voluntad política que las respalda, y ya no es tan solo que el único órgano que puede autorizar su ejecución es el Consejo de Seguridad, el cual siempre se ha visto paralizado, especialmente en tiempos de la Guerra Fría, sino que también se le suma la trampa del consentimiento y la dependencia absoluta del Estado anfitrión, un factor que puede volatilizar una misión de la noche a la mañana. 


El precedente histórico ocurrió en 1967, cuando el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser exigió la salida inmediata de la FENU de la península del Sinaí. Las Naciones Unidas no tuvieron más remedio que acatar la orden y marchar, un vacío de poder que desencadenó casi de inmediato la Guerra de los Seis Días. Esto demostró que los peacekeepers operan bajo un permiso que en cualquier caso cuando la tensión sea muy alta, puede ser revocado. Finalmente, el sistema también choca contra su propia naturaleza operativa, pues los Cascos Azules están diseñados para mantener la paz, no crearla.


¿Cómo funcionan las misiones de paz?

Es importante aclarar que no todas las misiones de paz son las mismas. Para evitar realizar una lectura simplificada del funcionamiento de la ONU, debemos distinguir con claridad entre las operaciones de “peacemaking” o establecimiento de la paz, “peacekeeping” o mantenimiento de la paz, “peacebuilding” o consolidación de la paz, y por último “peace enforcement” o imposición de la paz, porque no son sinónimos y responden a lógicas distintas en cuanto a la intervención internacional. 


El peacemaking actúa durante el conflicto, estas misiones entran en acción para detener los combates y utilizan  los medios establecidos bajo el Capítulo VI de la Carta de la ONU, no verás soldados sobre terreno, sino más bien, diplomáticos, mediadores, abogados y observadores políticos. Los Cascos Azules entran formalmente durante el peacekeeping, el cual se basa en los principios mencionados anteriormente: consentimiento, imparcialidad y uso limitado de la fuerza, y se busca preservar la frágil estabilidad lograda por los diplomáticos. Por su parte, el peacebuilding se orienta a largo plazo del conflicto, buscando transformar las causas estructurales del conflicto mediante el fortalecimiento de la capacidad estatal, la promoción del Estado de derecho y el apoyo a procesos de reconciliación social y política. La presencia de Cascos Azules es mixta, porque se prioriza la actuación de agencias civiles como PNUD, UNICEF o ACNUR. En cambio, el peace enforcement implica una actuación mucho más coercitiva, la cual a través de la autorización puede imponer medidas coercitivas y restaurar la seguridad incluso sin el consentimiento pleno de los actores implicados, por lo que no se utilizan los soldados azules.


A pesar de todo esto,  la realidad es que las resoluciones que establecen el mandato de dichas misiones suelen situarse en una zona intermedia y bastante ambigua, donde se puede dar libertad de poner en uso cualquier medio bajo la Carta para solucionar dicha disputa sin definir con suficiente precisión las prioridades, los límites del uso de la fuerza o los criterios de éxito. La consecuencia es una brecha enorme entre el lenguaje normativo de la ONU y su capacidad real de implementación. Con datos actualizados a finales de marzo de 2026, el alcance global es de 11 misiones de mantenimiento de la paz  y más de 50,000 efectivos desplegados, conviene analizar este dispositivo como una mediación limitada por el diseño institucional del sistema internacional. 


El precio de la paz en las Naciones Unidas

El escenario actual en el sur de Líbano demuestra que la razón fundamental por la que se crearon las operaciones de paz hace casi ocho décadas sigue estando vigente hoy más que nunca. En la frontera que divide a Líbano de Israel, conocida como la Línea Azul, la misión de la FPNUL se encuentra en el epicentro de un conflicto activo y devastador. Lejos de operar en un entorno de posguerra o de tregua consolidada, los Cascos Azules desplegados en la zona sufren hoy el impacto directo del fuego y los ataques con tanques por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel, en medio de su ofensiva contra las milicias de Hezbolá. Este tenso escenario evidencia que, cuando la diplomacia falla, los soldados de la paz siguen siendo el único escudo internacional que se interpone físicamente entre dos ejércitos. Y es por ello, que precisamente debido a la naturaleza de la labor de los cascos azules, se les honra y celebra su creación. 


Este asedio en Líbano no es un hecho aislado, sino la continuación de una peligrosa dinámica donde la bandera de la ONU se ha convertido en un objetivo. El atentado del Canal Hotel en Bagdad en 2003, donde un camión bomba mató a 22 funcionarios, incluido el enviado Sergio Vieira de Mello, destruyó la ilusión de la inmunidad humanitaria. Vieira de Mello era el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y el Representante Especial del Secretario General en Irak. Considerado por muchos como el sucesor natural al frente de las Naciones Unidas, debido a sus grandes hazañas logrando la paz en Camboya, Bosnia, Kosovo y Timor Oriental, murió bajo los escombros de la sede de la ONU perpetrado por una célula que más tarde daría origen a Al Qaeda en Irak. 


Este ataque forzó a la organización a reescribir por completo todos los protocolos de seguridad global de las misiones de paz. Sin embargo, la misma hostilidad asimétrica ha cobrado vidas en otros rincones del planeta, como ocurrió durante los ataques violentos y emboscadas a las patrullas oficiales en el distrito de Adjame, en Costa de Marfil, donde milicias locales asaltaron a los contingentes internacionales.


La tragedia de verse atrapados entre el fuego cruzado evoca el trauma histórico del Genocidio de Ruanda en 1994. En aquel año, la misión de la ONU (UNAMIR) personificó la impotencia absoluta al verse obligada a presenciar el exterminio de casi un millón de personas sin la autorización política ni los medios militares para intervenir, atada de manos por el Consejo de Seguridad que se negó a cambiar su mandato e incluso retiró las tropas tras el brutal asesinato de diez Cascos Azules belgas. 


Actualmente, estas experiencias resuenan más que nunca en las misiones como la UNISFA en la región petrolera de Abyei (Sudán y Sudán del Sur), la MONUSCO al este de República Democrática del Congo y la MINUSCA en la República Centroafricana, las cuales se han convertido en auténticos frentes de combate. Especialmente, al este de Congo, el resurgimiento de violentos ataques entre el ejército congoleño y el grupo rebelde M23 ha dejado a las fuerzas de paz en una situación  límite. Desde el año 2000, se han contabilizado 992 fallecimientos en total, disparándose de manera exponencial a partir del 2011. Estas crecientes pérdidas humanas son un recordatorio de que la misión original de 1948 no ha caducado, al contrario, demuestra que el uniforme azul paga el precio de la estabilidad global. 


No solo es necesario conmemorar el nacimiento histórico de las operaciones de paz en 1948, sino que también es recordar que representan un doloroso pero necesario acto de memoria colectiva: el momento de despedirse de un colega, de llorar a los compañeros caídos en cumplimiento del deber y brindar un homenaje sincero a la vida. Recordar a los más de 4,500 cascos azules que han perecido en acto de servicio es el recordatorio más humano de que la paz internacional se construye día a día, con el sacrificio de quienes decidieron interponer sus propios cuerpos para salvar las vidas de los demás.


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