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ASEAN: origen, evolución y papel geopolítico en el nuevo orden internacional

A simple vista, pueden leerse como unas siglas más en el mapa saturado de organizaciones internacionales, pero detrás de esas siglas se esconde uno de los bloques regionales más dinámicos y discretamente influyentes del siglo XXI. La Asociación de Naciones del Sudeste Asiatico reúne hoy a once países que van desde gigantes demográficos como Indonesia hasta estados pequeños pero altamente conectados como Singapur, articulando una región que concentra a cientos de millones de personas, importantes rutas marítimas y una parte creciente de la producción mundial. Estamos ante una transformación mucho más sutil del poder global hacia nuevas geografías, y esta alianza debe ser entendida como parte de ella. 


Que sus líderes se reúnan en Kazan con Vladimir Putin, justo cuando el G7 refuerza las sanciones contra Rusia y promete más ayuda militar a Ucrania, no es casualidad, sino más bien un síntoma de cómo el Sudeste Asiatico está desafiando el statu quo geopolítico, buscando presencia en otras alianzas de reputación controversial. Explorar qué es ASEAN, quienes la integran, y cuáles son sus objetivos permite analizar cómo se ha convertido en una pieza central en la construcción de un orden internacional más complejo, que busca descentralizar el multilateralismo otorgando mayor peso a los bloques regionales. 


¿Qué es el “Modo ASEAN”?

Fundada el 8 de Agosto de 1967 en Bangkok por cinco países originarios -Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia-, este organismo de cooperación nace debido a la fuerte inestabilidad regional marcada por la Guerra Fría y amenaza por la expansión de la sangrienta Guerra de Vietnam, que contagia a vecino como Laos y Camboya. A este peligro ideológico se sumaba el miedo generalizado de los gobiernos locales a la República Popular China, que financiaba activamente a guerrillas comunistas dentro de sus territorios, obligando a estos nuevos Estados a buscar una estrategia conjunta para no convertirse en simples peones de las superpotencias (Urgell, 2007).


A nivel interno, la situación era igualmente crítica debido a procesos de descolonización muy recientes que dejaron fronteras artificiales, una gran debilidad institucional y profundas fracturas étnicas. Los propios países fundadores arrastraban consigo disputas regionales, como la expulsión de Singapur de la Federación de Malasia en 1965, o la pugna territorial por Sabah entre Filipinas y Malasia. Además, el ambiente se encontraba tenso debido a que el presidente de Indonesia en ese entonces, Sukarno, consideraba la Federación de Malasia como el nuevo proyecto neocolonial del Reino Unido, lo que desató un conflicto armado no declarado entre estos Estados conocido como Konfrontasi (Department of Veterans’ Affairs, 2019). Si los países del Sudeste Asiatico seguían utilizando sus limitados recursos económicos para espiarse, armarse y pelear entre ellos por fronteras heredadas del colonialismo, las guerrillas internas los derrocaron o las superpotencias terminaron por absorberlos. 


Es por eso que, desde su creación a través de la Declaración de Bangkok, la ASEAN funcionó más como un pacto de no agresión, entendiendo que la cooperación regional podría ser una forma de reducir la conflictividad y crear un marco mínimo de confianza mutua. Tenía como objetivo principal acelerar el crecimiento económico, el progreso social y el desarrollo cultural de sus miembros. La idea de que la seguridad y el desarrollo son inseparables aparece ya en los documentos iniciales y se reforzará más tarde con conceptos como “Comunidad ASEAN”. 


A diferencia de la Unión Europea, el bloque nace como un foro político que debe ayudar a sus Estados a ganar margen de maniobra frente a la presión de la Guerra Fría y, posteriormente, de la globalización. A medida que el tiempo avanza, la agenda se amplió y actualmente incluye temas de seguridad, comercio, conectividad y gestión de crisis. Los bloques como el Mercosur o la Unión Africana suelen sufrir parálisis institucional o disputas ideológicas ante los desacuerdos de sus líderes,  el “modo ASEAN” ha convertido la flexibilidad en su mayor fortaleza (Herrera Pilar, 2024). Todo radica en haber logrado una integración regional profunda y una estabilidad entre países con sistemas políticos fuertemente contrastantes, desde democracia y monarquías absolutas hasta regímenes comunistas.


Debido a su naturaleza, un rasgo definitorio de este organismo son sus principios básicos de funcionamiento. Se basan en el respeto estricto de la soberanía y la integridad territorial de los Estados miembros, la no injerencia en los asuntos internos, la búsqueda de solución pacífica de las controversias y la toma de decisiones por consenso. Estos principios se codifican en instrumentos como el Tratado de Amistad y Cooperación en el Sudeste Asiatico (TAC) firmado en 1976, que establece normas para la conducta entre las relaciones de los países de la región, que además se convirtió en referencia obligada para cualquier Estado que quiera vincularse a ASEAN (Consejo de la Unión Europea, 2012). De cierto modo, la rigidez de sus principios funcionales explica por qué uno de los retos principales de esta unión sea la lentitud en cuanto a la toma de decisiones. Sin embargo, esta misma fórmula evita confrontar directamente situaciones internas, como crisis políticas o violaciones graves de derechos humanos, permitiendo mantener a la mesa miembros muy diversos en cuanto a sistemas políticos y modelos de desarrollo. 


El camino hacia la membresía

A lo largo de su historia, ASEAN se ha convertido en un bloque que abarca prácticamente casi toda la región, lo que ha reforzado su peso político y económico. Los miembros fundadores representaban en 1967 el núcleo inicial de la organización, pero desde el principio se dejó abierta la puerta a la incorporación de otros Estados que compartieran sus objetivos. Esa vocación de ir más allá del grupo original se ha traducido en sucesivas ampliaciones que han dado forma a lo que hoy suele denominarse “ASEAN-10”, con la inclusión reciente de Timor Oriental como nuevo miembro en proceso.


El primer país en sumarse a ASEAN tras su nacimiento fue Brunei Darussalam, que ingresó en 1984 poco después de su independencia. Esta incorporación marcó un primer paso en la expansión de la organización hacia el conjunto de Estados del Sudeste Asiatico Insular. En 1995 se produjo un hito especialmente significativo, que fue la adhesión de Vietnam, antiguo adversario de varios miembros fundadores y protagonista central de las guerras de Indochina. La ampliación continuó en 1997, cuando Laos y Myanmar se incorporaron al bloque, y en 1999, con la entrada de Camboya, se completó así el mapa de los diez Estados miembros. 


Justo con la ampliación de la membresía, otro hito clave en la evolución de la organización ha sido la adopción de la Carta de ASEAN en 2007. La misma otorga, por primera vez, personalidad jurídica formal a la organización. Con este paso, el bloque define de manera más precisa sus objetivos, principios y procedimientos. Además, se articula una estructura institucional de órganos como la Secretaria General, la Cumbre de Líderes y diversas reuniones ministeriales recogidas en el texto constitutivo. Sin embargo, la aprobación de la Carta no supone abandonar el estilo gradualista que tanto caracteriza a esta asociación. 


En cuanto a su arquitectura interna, la creación de la llamada “Comunidad ASEAN”  constituye otro paso fundamental en la consolidación del bloque. Esta comunidad se articula en tres pilares: la Comunidad Política y de Seguridad, la Comunidad Económica y la Comunidad Sociocultural. La primera de éstas persigue fortalecer un entorno de paz, gestionar disputas territorials y coordinar posiciones frente a retos como el terrorismo, el crimen organizado o las tensiones en el mar de China meridional. La segunda busca avanzar hacia un espacio económico más integrado, reduciendo barreras comerciales, armonizando ciertos estándares y mejorando la conectividad física y digital, sin llegar a constituir una unión aduanera plena como la UE. Por su parte, la Comunidad Sociocultural se centra en educación, cultura, medio ambiente, salud y reducción de desigualdades, con el objetivo de fomentar una identidad regional compartida y hacer que la integración no se perciba únicamente en términos económicos. 


Además de estos desarrollos internos, ASEAN ha tejido desde muy temprano una red de relaciones externas que refuerza su papel como actor regional. El Tratado de Amistad y Cooperación (TAC), que inicialmente se aplicaba a los Estados Sudestes Asiatico, se ha abierto progresivamente a la adhesión de países no miembros, de modo que potencias como Rusia, China, Japón, Estados Unidos y la Unión Europea han suscrito el tratado como señal de compromiso con la estabilidad de la región (Comisión Europea y Alta Representante, 2012). A partir de ahí, ASEAN ha desarrollado categorías de “socios de diálogo” y formatos ampliados como ASEAN+3, ASEAN+6 y el East Asia Summit, en los que dialoga con otras economías asiáticas y con actores externos sobre comercio, inversión, energía, y seguridad. 


ASEAN-RUSIA y la cumbre de Kazán 2026

Entre sus reuniones ministeriales más recientes, se encuentra la Cumbre ASEAN-Rusia. La relación entre esta organización y Rusia no es nueva, pues tienen más de tres décadas de historia y se ha ido afianzando desde que Moscú se convirtió en socio de diálogo de pleno derecho de la asociación en 1996 (The Associated Press, 2026). Esa condición significa que Rusia participa regularmente en los formatos de reunión de ASEAN, puede impulsar programas de cooperación y comparte mesas de trabajo en ámbitos de distintos tipos. En otras palabras, Rusia no es un actor externo ocasional, sino un interlocutor reconocido dentro de la estructura de las relaciones exteriores de esta alianza. 


En junio de 2026 se celebró la cumbre conmemorativa ASEAN-Rusia en la ciudad de Kazán. El encuentro tuvo lugar en paralelo a la reunión del G7 en Francia, en la que las principales economías occidentales anunciaban nuevas sanciones contra Rusia y un refuerzo de la ayuda militar a Ucrania (RTVE, 2026). La coincidencia temporal subrayó el contraste entre dos agendas: por un lado, el endurecimiento de la presión occidental sobre Moscú; por otro lado, la voluntad de los países del Sudeste Asiativo de mantener y ampliar canales de diálogo y cooperación con Rusia, especialmente en ámbitos económicos y energéticos. 


A la cumbre de Kazán asistieron líderes de once países,incluyendo Camboya, Tailandia, Vietnam y Singapur, junto al presidente ruso Vladimir Putin. El objetivo declarado del encuentro fue revisar más de 35 años de relaciones y definir nuevos campos de cooperación política, económica y humanitaria para los próximos años. En sus intervenciones, Putin destacó el potencial de profundizar en proyectos conjuntos en soluciones digitales basadas en inteligencia artificial, energía, seguridad alimentaria, tecnologías avanzadas, uso pacifico de la energía nuclear, transporte y logística. Desde la perspectiva rusa, ASEAN aparece como un socio clave para diversificar mercados y alianzas en un contexto de sanciones y aislamiento desde Occidente. 


El sector energético ocupó un lugar central en la agenda debido a la crisis irani en el contexto actual. El secretario general de ASEAN, Kao Kim Hourn, subrayó que las necesidades energéticas de la región continúan creciendo y que el grupo mantiene el interés en incrementar las importaciones de hidrocarburos procedentes de Rusia, pese a las nuevas amenazas de sanciones sobre el petróleo y el gas ruso formuladas por el G7. Según declaraciones, ASEAN busca una red de suministro desarrollada y diversa, una ambición que ilustra bien el equilibrio que la región intenta mantener (Agencia EFE, 2026). 


Durante la reunión se adoptó la Declaración de Kazan, un documento que consolida una visión común de un futuro pacifico y estable para la región, donde las partes reafirmaron su apoyo al papel central de la ASEAN, su compromiso con la  Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional. En el ámbito de la seguridad, se prestó especial atención a la cooperación marítima, la protección de infraestructuras submarinas, la bioseguridad y la lucha contra la ciberdelincuencia. Mientras que, la agenda económica abarcó la cooperación en agricultura, digitalización e inteligencia artificial, respaldando además la asociación con la Unión Económica Euroasiática (UEE) y la Organización de Cooperación de Shangai (OCS). De igual modo, se adoptaron declaraciones conjuntas sobre cultura y energía, bajo el marco del nuevo Plan de Acción Integral para 2026-2030 como hoja de ruta (The ASEAN Secretariat, 2025).


Sin embargo, este acercamiento institucional vuelve a poner a prueba el “modo ASEAN” y su cohesión interna debido a las posturas divergentes de sus miembros frente a Moscú. Mientras el bloque busca asegurar su suministro, destaca el hecho de que el Primer Ministro de Singapur había adoptado previamente sanciones multilaterales contra Rusia en respuesta a la invasión de Ucrania, convirtiéndose en el único país del Sudeste Asiatico en aplicar medidas de castigo financiero y restricciones de exportación directa (Agencia EFE, 2022). Este contraste evidencia que, fiel a su naturaleza fundacional, la ASEAN opta por mantener el consenso institucional y firmar planes de acción colectivos a largo plazo con socios externos, permitiendo al mismo tiempo que cada Estado miembro mantenga su propia soberanía e independencia en su política exterior.


Desafíos contemporáneos en la región

La cooperación entre grandes potencias es, quizá, el reto estructural más delicado para el futuro de esta asociación. Estados Unidos, China, Japón, India y Rusia proyectan sus agendas sobre la región mediante acuerdos comerciales, iniciativas de infraestructura, cooperación en defensa y marcos como el Indo-Pacifico “libre y acierto” o la Nueva Ruta de la Seda. Cada una de estas propuestas invita a los países de ASEAN a acercarse a un centro de poder concreto, lo que puede fragmentar al bloque si las respuesta son demasiado nacionales y no se articulan posiciones comunes. 


Esa presión se nota en cuestiones muy sensibles, como las disputas en el mar de China Meridional, la seguridad marítima, la cooperación energética o la definición de estándares tecnológicos y digitales. China, por ejemplo, combina una presencia económica masiva con reivindicaciones territoriales que afectan directamente a varios miembros de ASEAN, mientras que Estados Unidos y otros aliados promueven esquemas de seguridad que buscan contener la influencia china. Rusia, por su parte, se presenta como proveedor energético y socio tecnológico en un momento de represalias internacionales, como se ha visto en la cumbre de Kazan. Cada una de estas agendas ofrece oportunidades, pero también condiciona la libertad de maniobra de los Estados de la región y puede tensionar la unidad interna de ASEAN si no se gestiona cuidadosamente.

1 comentario


Javi
Javi
hace un día

Muy original e interesante artículo. Enhorabuena!!!!

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