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El colapso glaciar en el Himalaya provoca una catástrofe humanitaria y transfronteriza entre Nepal y China

El pasado miércoles 26 de agosto de 2026, una enorme masa de hielo, roca y sedimentos se desprendió del Himalaya, cerca de la frontera entre Nepal y China. El material terminó bloqueando y desbordando cursos fluviales, generando una riada de alta velocidad que ha arrasado zonas del distrito nepalí de Rasuwa y alcanzado el lado tibetano de China.


La violencia de la corriente fue de gran magnitud. El agua mezclada con barro, hielo y roca destruyó viviendas, carreteras, puentes, instalaciones eléctricas, poblados y demás infraestructuras situadas en los valles por los que arrasó. Algunas localidades han quedado prácticamente borradas y las comunicaciones con varias zonas se han interrumpido, dificultando de forma notoria las operaciones de rescate iniciadas por China y Nepal.


Inicialmente se generó cierta confusión sobre el origen del desastre. Algunos movimientos registrados en la zona hicieron pensar que podía haberse tratado de un seísmo. Sin embargo, los análisis posteriores del Servicio Geológico de Estados Unidos apuntaron a que el fenómeno principal fue un desprendimiento de hielo y roca, no un terremoto, ya que el registro de un temblor de 5,2 en territorio tibetano se debió al propio deslizamiento de tierra provocado por la fuerza del agua. Mientras, el Ministerio de Recursos Naturales de China considera que la avalancha procede de la cuenca de Donglin Sangro, ubicado en el lado nepalí, el cual pudo desencadenar una sucesión de desastres que hizo que el río Bhote Koshi y el río Lhende se desbordasen. Asimismo, otras investigaciones apuntan a que el inicio del desprendimiento procede del macizo nepalí de Langtang, haciendo caer un glaciar a más de 1,200 metros desde una altura de 5,200.


La dimensión humana sigue siendo especialmente grave a menos de 24 horas desde los acontecimientos. Los últimos balances disponibles sitúan al menos 177 fallecidos, mientras que un mínimo de 1,500 personas continúan desaparecidas. Además,una parte notable de los desaparecidos son extranjeros, debido a que la zona constituye una ruta utilizada por turistas, excursionistas y peregrinos que se dirigen hacia lugares del Himalaya y Tíbet, como el monte Kailash –lugar sagrado del hinduismo–, Lhasa, el lago Manasarovar o el Everest, desde Katmandú tras la destrucción de otro paso cercano en 2015 por un terremoto.


La tragedia también ha tenido, por tanto, una dimensión internacional. Entre los desaparecidos según la Junta de Turismo de Nepal, hay al menos 517 turistas y ciudadanos extranjeros de 34 Estados, descontando a 127 turistas nacionales nepalíes en la región. A continuación, se exponen los últimos datos presentados por la Junta por nacionalidad y número de desaparecidos:

Estado
Desaparecidos
Estado 
Desaparecidos
Estado
Desaparecidos

India

178

Australia

35

Reino U.

33

EE. UU.

65

China

100

Singapur

9

Ucrania

53

España

4

Alemania

8

Malasia

51

Canadá

25

Rusia

8

Letonia

6

Sudáfrica

6

Japón

5

Bielorrusia

Italia

2

Nueva Z.

5

Filipinas

1

Serbia

1

Portugal

2

Bulgaria

1

Lituania

1

Israel

1

Finlandia

1

Suecia

1

Suiza

1

Kazajistán

2

Irlanda

2

P. Bajos

2

Bélgica

3

Francia

4

Hungría

1


Una zona estratégica

Más allá de la tragedia humanitaria, el lugar donde se produjo el desastre tiene una importancia geopolítica considerable. La frontera entre Nepal y China constituye un espacio estratégico en el Himalaya y conecta Nepal con el Tíbet mediante rutas utilizadas tanto por la población local como por turistas y peregrinos.


El paso de Gyirong, en lado chino, es además una importante conexión terrestre entre Pekín y Katmandú. Las inundaciones han afectado al menos a 40 km de carreteras, instalaciones fronterizas, comunicaciones y 13 proyectos de infraestructura energética –se estima que un 12% del total hidroeléctrico nepalí ha sido afectado– , así como numerosos puentes e infraestructura civil, complicando todavía más la movilidad entre ambos países.


China y Nepal han desplegado equipos de emergencia, mientras que India también ha ofrecido asistencia y la Unión Europea ha movilizado el sistema Copernicus y ofrecido ayuda. Helicópteros, fuerzas armadas y de seguridad, equipos médicos y unidades especializadas siguen desplazándose hacia las operaciones de búsqueda. Sin embargo, el terreno montañoso, la destrucción de las vías de comunicación y telecomunicación y las condiciones meteorológicas de una región por sí compleja, están dificultando el acceso a algunas rutas y zonas.


El desastre vuelve a poner de manifiesto, además, la creciente vulnerabilidad del Himalaya ante el cambio climático y proyectos de desarrollo desmesurados en zonas inestables. El aumento de las temperaturas está acelerando el retroceso de los glaciares y puede favorecer la aparición de lagos glaciares inestables y fenómenos de inundación súbita como el vivido. Esto no significa una atribución automática de cada desprendimiento al calentamiento global, pero sí que el riesgo asociado a estos procesos cada día adquiere mayor relevancia.


La emergencia continúa abierta. Las autoridades mantienen operaciones de búsqueda y rescate y advierten de que todavía pueden producirse inundaciones si otros aludes bloquean los ríos. Miles de personas desaparecidas y grandes zonas inundadas o destruidas, la cifra definitiva de víctimas todavía está lejos de conocerse.


En definitiva, Nepal se enfrenta a una catástrofe que combina riesgo climático, vulnerabilidad geográfica y una compleja dimensión transfronteriza. El colapso glaciar ha convertido en cuestión de horas una zona turística y estratégica del Himalaya en un escenario de emergencia internacional.

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