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El ascenso de la dinastía Al Saud: historia, origen y formación de Arabia Saudita

  • Foto del escritor: Rafael Loro Penella
    Rafael Loro Penella
  • hace 2 días
  • 30 Min. de lectura
El ascenso de los Al Saud

Tres intentos fueron necesarios para que finalmente, las tribus árabes bajo el liderazgo de los saudíes establecieran de manera exitosa y definitiva hasta nuestros días un estado soberano e independiente de toda injerencia extranjera. El hito tiene un protagonista, y su nombre era Abdulaziz Bin Abd-el-Rahman Al Saud –comúnmente conocido en Occidente como Ibn Saud–, quien en 1932 y tras años de unificación, proclamó la fundación del Reino de Arabia Saudita. A poco más de un lustro para la celebración del centenario de la fundación del reino, la figura del ex monarca sigue viva y es recordada por el pueblo, especialmente cada 23 de septiembre, día nacional y memorándum de esta gesta histórica que marcaría para siempre el futuro de esta nación de la Península Arábiga. 


Desde el establecimiento de las actuales fronteras del reino en 1926, la dinastía Al Saud sólo ha sido enfrentada seriamente en una ocasión: la Revuelta de los Ijwán durante los tres años que transcurren desde 1927 a 1930 (BTI Country report. Saudi Arabia, 2024). En la actualidad, no solo los expertos sino la sociedad saudí coinciden en que se está produciendo un impulso reformista desde arriba nunca visto en la historia del país, protagonizado por S.A.R. El príncipe heredero Mohamed Bin Salmán Bin Abdulaziz. El entusiasmo es máximo, y resulta esencial en lo que nos concierne hojear las páginas de la historia de esta nación que es origen de la segunda religión más numerosa del mundo, para comprender la trascendencia de la nueva deriva dirigida por el nieto del fundador del reino.


Reanudando la crónica histórica, el conocido como primer estado saudí se estableció en 1745 tras la alianza entre el emir de Diriya Muhammad Bin Saud, líder de la familia Saud y Muhammad Bin Abd al-Wahhab, un clérigo del siglo XVIII que abogaba por el retorno al Islam original, lejos de la superstición y de la veneración de ídolos. Tawheed - la unicidad de Dios- era el principio indiscutible de su movimiento. El Wahabismo se desarrolla en un contexto histórico en el cual se había reportado ya desde principios del siglo XIV la introducción de prácticas de la era preislámica como el culto de santos o la atribución de propiedades sobrenaturales a objetos, lo cual contradecía abiertamente el mensaje del Islam enunciado por Mahoma. Su doctrina no fue siempre bien acogida e incluso fue acusado de interpretar radicalmente dicha religión, un ejemplo de ello fue que el gobernante de Hasa, Sulaiman Bin Hamad Bin Ghurayar al-Humaidi, llegase a ordenar su asesinato, si bien este consiguió exiliarse en Diriya en 1744. Allí, el emir local, Muhammad Bin Saud, le ofrecería protección y aceptaría seguir su visión integrista del Islam. Esta alianza definió el futuro de la Península Arábiga y a principios de la década de los años treinta daría a luz a uno de los gigantes de Oriente Medio (Wynbrandt, 2004). Desde aquel momento y hasta día de hoy, el Wahabismo, enmarcado dentro del Islam suní, recibe el estatus de doctrina oficial del país (Benoist-Mechin citado por Alrebh, 2017).


Pero la vida del primer estado saudí se apagaría en septiembre de 1818, cuando tras una guerra de ocho años iniciada en 1811, el ejército egipcio bajo el mando de Ibrahim Pasha, derrotó a Abdullah Bin Saud destruyendo su capital Diriya (Gómez Aparicio, 1962). El motivo que llevaría al Egipto de Mohamed Alí a intervenir militarmente en Arabia fue una solicitud otomana ante la incapacidad del Sultán en aquel momento de plantar cara a las fuerzas wahabíes tras el saqueo en 1801 de la ciudad santa chií de Karbala y la ocupación de las ciudades santas de Meca y Medina, que por aquel entonces se encontraban bajo el área de influencia turco-egipcia (Campanini, 2014).


Tras la caída del Emirato de Diriya, la familia Rashid había consolidado su poder en el centro-norte de la región del Najd –zona en Arabia central que anteriormente habían controlado los Al Saud hasta 1811– pero en 1824, Turki Bin Abdallah Bin Muhammad Bin Saud, el nieto de Muhammad Bin Saud, fundador de la dinastía, quien ya desde 1821 había recuperado el control sobre gran parte de las tribus de la zona, con un reducido número de hombres consiguió finalmente expulsar a los ocupantes egipcios y turcos de Riad, la cual se convirtió en la capital del nuevo Emirato del Najd, también conocido como segundo estado saudí. Sin embargo, en 1890 con el apoyo otomano –principal interesado en socavar el poder wahabita– la familia Rashid, gobernante de Hail, entró en la capital del emirato y depuso al por aquel entonces monarca Abd-el-Rahman Bin Faisal Al Saud. El soberano, junto con sus familiares y corte, se exiliaron en Kuwait bajo la protección del jeque Mubarak (Gómez Aparicio, 1962). 


Este último episodio no resultó en la extinción del linaje, ya que si bien a comienzos del siglo XX se había dado por asegurada la victoria de los Rashid en la pugna de clanes por el interior de la península, Abdulaziz, hijo de Abd-el-Rahman y futuro rey, quien durante su exilio había vivido entre la humilde y primitiva tribu de los Bani Murra, cuya experiencia le valió para saber cómo tratar con las distintas tribus árabes (Lawrence y Goldschmidt, 2006), consiguió tomar el control de Riad en 1902 tras derrotar a los dirigentes de Hail con tan solo quince hombres (Philowitz, 2013). 


Pero aquello no sació el deseo de Abdulaziz por recuperar lo que un día perteneció a su familia. En 1924 destaca la anexión de la región de Hijaz, que había permanecido bajo dominio otomano durante siglos, y en la cual se sitúan las ciudades santas de Meca y Medina. Aquel hito hizo de Ibn Saud el gobernante más respetado en toda Arabia, además de todo el mundo árabe (Lawrence y Goldschmidt, 2006). Finalmente, en 1932 y habiendo adquirido la totalidad del territorio que hoy en día comprende el tercer intento saudí de establecer un estado, proclamó la fundación del Reino de Arabia Saudita. Desde entonces, siete han sido los reyes que se han ceñido la corona de una de las monarquías más poderosas e influyentes del mundo. 


La importancia del país a nivel global adquiere una doble dimensión: por una parte contiene dentro de sus fronteras a los dos principales lugares de peregrinación para la población musulmana: Meca y Medina –albergando la primera la Kaaba, y la segunda la Mezquita del Profeta, en la cual fue enterrado el profeta del Islam–. Millones son las personas que anualmente viajan a Arabia Saudita para realizar el hach – una peregrinación de carácter obligatorio al menos una vez en la vida para aquellos que profesan la religión islámica y que tiene como centro neurálgico la Gran Mezquita de la Meca, que contiene la Kaaba–. Esto sitúa al gigante de Oriente Medio en una posición de suma relevancia dentro del mundo araboislámico. 


Por otra parte, el descubrimiento de petróleo en su subsuelo poco después la unificación atrajo rápidamente la atención internacional, destacando el caso de los Estados Unidos de América. A finales de la década de 1920 y comienzos de 1930, la alta demanda mundial de petróleo creó la necesidad a las compañías occidentales de buscar nuevas reservas, culminando en la concesión para la explotación petrolífera a la Standard Oil of California en 1933, que sentó las bases para las futuras relaciones entre ambos países. La abundancia de estos recursos naturales –es importante recordar que tras Venezuela, Arabia Saudita es el país con las mayores reservas petrolíferas del mundo y por otro lado es el primer exportador a escala mundial– transformó no solamente la economía, sino también el papel que hoy juega en el sistema internacional (Arnaiz, 2024)


Del tribalismo al estado moderno

En el Golfo Árabe, la hegemonía del Reino Unido, denominada como Pax Britannica, se extendió por 150 años, ejerciendo control sobre la política exterior y de defensa de los estados tribales del Golfo. El momento clave fue el Tratado General de 1820 firmado junto a los jefes de las tribus árabes de la región, que extendería la protección británica hasta 1971 cuando bajo la primera década del reinado de S.M. La reina Isabel II decidió abandonar el Golfo, resultando en la independencia de los Emiratos Árabes Unidos, Catar y Baréin, –Kuwait ya lo había hecho diez años antes– (Onley, 2005). 


A pesar del reparto de Medio Oriente emprendido por Francia y Gran Bretaña en 1916 a través del Acuerdo Sykes-Picot, que delimitó las esferas de influencia de ambas naciones en la zona, solo Arabia Saudita junto con Turquía y Yemen septentrional evitaron verse envueltos en el proceso de colonización europea o convertidos en protectorados. Es por ello que la influencia occidental en el territorio fue casi nula. De hecho, antes de la llegada de ingresos procedentes del petróleo, el país estaba muy alejado de los actuales estereotipos que le asocian la riqueza y el lujo, además de arraigado en la tradicional estructura socioeconómica y modo de vida tribal. 


Fue bajo el reinado de Ibn Saud cuando comenzó el proceso que llevaría a la sedentarización de los nómadas beduinas, impulsado por los beneficios de la explotación sistemática del petróleo a partir de 1938 (Campanini, 2024). El primer acuerdo diplomático formal entre la dinastía de los saudíes y los británicos fue en 1915 durante la Gran Guerra, por el cual la potencia colonial reconoció la soberanía saudí sobre las regiones del Najd, Hasa, Qatif y Yubail a cambio de que estos mantuvieran la neutralidad y se abstuvieran de atacar a los territorios vecinos bajo su protección (Bosemberg, 1998).


Luis E. Bosemberg añade que el proceso de modernización que se emprendió es de carácter conservador, respetando los pilares tradicionales del estado saudí: monarquía, interpretación wahabí del Islam como doctrina oficial y la lealtad e identidad tribal. 


En referencia a la monarquía, primer elemento mencionado, esta ejerce un control patrimonializado del Estado, cuyas instituciones están compuestas por los más de diez mil príncipes que la integran y que ocupan los principales puestos de responsabilidad, permitiendo así la pervivencia de dicho modelo en el cual destaca la importancia de la cohesión dinástica, haciendo que los recursos nacionales adquieran una dimensión privada. (Hernández, 2020). 


El gran número de descendientes del rey Abdulaziz es fruto de su política de matrimonios que sirvieron para asegurar la estabilidad del reino en los primeros años tras su fundación. Un ejemplo de ello fue el concierto matrimonial de dos de sus hermanas tras la revuelta de 1909 y 1910 en la Provincia Oriental con dos de sus primos por vía paterna para asegurar la lealtad de la región. De hecho, para 1953, el monarca tenía 43 hijos y más de una cincuentena de hijas, habiéndose casado con más de 100 mujeres, según James Wynbrandt en “A Brief History of Saudi Arabia”. Asimismo, si bien la élite gobernante se opone firmemente a una reforma democrática, los majlis —consejos tribales de resolución de conflictos–, fortalecen los vínculos entre el gobierno y la ciudadanía, ya que estos cuentan con la mediación de gobernadores locales, principalmente miembros de la familia real. 


Siguiendo con el wahabismo, esta interpretación integrista del Islam con base en la escuela Hanbali –la más conservadora de las cuatro escuelas del pensamiento legal islámico–, ha servido para cimentar la base política, social y cultural del país (BTI, Country report. Saudi Arabia, 2024). Desde el inicio del movimiento a mediados del siglo XVIII en el interior de la Península Arábiga, este ha adquirido una vocación universal en combate de lo que se entendía como herejías para así lograr la práctica de un “Islam puro” aislado de todas las prácticas y creencias que posteriormente se habían añadido alrededor de todo el mundo araboislámico y que se “alejaban” de las enseñanzas de Mahoma. Estos principios han motivado la expansión de los dominios de la familia Saud, la cual mantuvo desde la formación del primer estado saudí hasta la unificación del tercer estado una política agresiva respecto a su vecinos árabes y musulmanes del Golfo y de la Creciente Fértil, y es por eso que no se entienden las fronteras actuales del país sin ellos. 


Tal ha sido la importancia ideológica de esta rama del Islam suní en la nación que, tradicionalmente el reparto de carteras ministeriales desde la constitución del tercer estado ha atribuido a la élite religiosa aquello relacionado con la educación, la fe y la justicia, otorgándole un peso notorio dentro del desarrollo de la gobernanza. Algo importante a tener en cuenta es su rechazo a ser llamados “wahabitas”, con preferencia por “salafistas” o Ahl-sunnah wa al-Jama’ah, ya que entienden este primero como un término de carácter peyorativo con una connotación que implica intolerancia y fanatismo (Alrebh, 2017). 


Igualmente, la estructura social se encuentra en gran manera determinada por la afiliación tribal. Hasta los procesos de modernización emprendidos en el siglo XX en Oriente Medio, existía un predominio de la identidad tribal sobre cualquier otra, incluida la de carácter nacional. Según Shmuel Bar en “The re-tribalisation of the Middle East” “El término tribalismo (qabiliya) incorpora el concepto de lealtad total (‘assabiyah– lit: sensibilidad) que inculca en los miembros de la tribu un sentido de solidaridad primaria o incluso exclusiva con la tribu por encima de cualquier otra identidad colectiva y define límites sociales dentro de la propia tribu”. 


En el caso de Arabia Saudita, este elemento social perdura hasta nuestros días. De hecho, Arabia Saudita es definida como un estado tribal dirigido por la familia Saud, de la tribu Anazah. No obstante, este modelo social provoca una profunda fragmentación entre la población saudí, ya que existen fronteras étnicas entre la población del interior peninsular (Najd) – aquella región que quedó aislada del dominio colonial y en la cual pervive una relativa homogeneidad, origen de la familia real, y cuyos habitantes pueden llegar a autopercibirse árabes “más puros” o “verdaderos” – y de la zona costera, especialmente el Hiyaz –región en el Mar Rojo que durante aproximadamente cuatrocientos años sufrió la ocupación otomano-egipcia y en la que se aprecia una mayor heterogeneidad–. 


Además, la diferencia de la mentalidad entre ambas regiones viene justificada por la historia, siendo esencial considerar la presencia turco-egipcia en el Hiyaz como un factor esencial que explica una mayor reticencia a las actividades de la policía religiosa o Hay'ah, popularmente conocida como Mutawa o de la segregación por géneros en la vida diaria, debido a la influencia que tuvo en la población la corriente religiosa seguida por Estambul, más liberal (Akers, 2001). Igualmente, la identidad tribal se ha ido diluyendo desde la conformación del Reino en 1932, y especialmente a partir de 1938 cuando los ingresos procedentes del petróleo comenzaron a estimular la modernización del país, que entre otras cosas supuso la sedentarización de tribus nómadas. 


Un punto de inflexión para el tribalismo en el gigante de Oriente Medio fue 1953, año en el cual mediante un Real Decreto se nacionalizaron las tierras bajo propiedad tribal, restringiendo el control de las qabilas sobre el pastoreo y los movimientos de población,  pasando a manos de los funcionarios estatales y permitiendo el acceso a ellas sin ningún tipo de restricción basada en la afiliación. Así, su poder político se vio mermado, quedando reducidas meramente a categorías de cohesión e identidad social que persisten y que para muchos saudíes es de gran importancia, por ejemplo, a la hora de elegir a su futuro cónyuge (Akers, 2001).


Los siete reinados desde 1932

Como se había comentado con anterioridad, siete han sido los monarcas que han subido al trono desde la fundación del Reino de Arabia Saudita en 1932: S.M. El rey Abdulaziz bin Saud y sus hijos S.M. el Rey Saúd bin Abdulaziz, S.M. El rey Faisal bin Abdulaziz, S.M. El rey Jálid bin Abdulaziz, S.M. El rey Fahd bin Abdulaziz, S.M. El rey Abdalá bin Abdulaziz y S.M. El Rey Salmán bin Abdulaziz. Este último reina desde 2015 tras la muerte de su hermano Abdalá, bajo el cual se están produciendo las mayores transformaciones socioeconómicas que jamás el Reino ha visto. El protagonista de este período clave en la historia del país es S.A.R. El príncipe heredero Mohamed bin Salmán, hijo del rey Salmán y nieto del fundador del reino, quien desde 2017 es príncipe heredero y desde 2022 ostenta el cargo de primer ministro, convirtiéndose de facto en el impulsor de la renovada y ambiciosa agenda saudí tanto en el plano doméstico como internacional.


Cada soberano ha reinado como monarca absoluto, y de hecho, pocas han sido las transformaciones que ha sufrido el régimen desde la época del rey Abdulaziz. A pesar de ello, cada reinado tuvo que hacer frente a un contexto interno y externo diferente que exigía de diferentes planteamientos para garantizar la supervivencia del país, así como asegurar su proyección futura. A continuación se ofrece un análisis sobre las distintas etapas que ha vivido Arabia desde la unificación.


David Hernández Martinez en “Estructura y distribución del poder en Arabia Saudí. Principales actores,instituciones y procesos de decisión” destaca cuatro períodos en los cuales se engloban los siete reinados anteriormente nombrados: el primero es denominado de consolidación, que abarca los años que transcurren de 1932 a 1964; el segundo de ascenso, que engloba el reinado de Faisal de 1964 a 1975; el tercero de desarrollo, desde 1975 a principios del siglo XXI , el cuarto de modernización durante la última etapa del reinado de Fahd y el reinado de Abdalá; y finalmente el quinto y actual de redefinición, bajo el reinado de Salmán, caracterizado por la distinción entre el cargo de Rey y jefe de estado del de primer ministro oficializada en 2022, un hecho sin precedentes en los noventa años de vida del país.


Respecto al primer período o de consolidación, se incluye por una parte el reinado de S.M. El Rey Abdulaziz desde 1932 hasta 1953, fundador del Reino, el cual gozó de pleno reconocimiento internacional desde su nacimiento. Este reinado se caracteriza por la centralización en busca de la consolidación estatal –subrayándose la creación del ejército, Guardia Real, Guardia Nacional y la policía religiosa–, así como de una escasa presencia en el plano internacional. Se puede decir por tanto que las prioridades del monarca fueron el desarrollo institucional, reforzando a su vez el poder de la dinastía (Hernández, 2020).


Hasta la llegada de las ganancias procedentes de la explotación petrolera, los ingresos del Estado se fundamentaban en las peregrinaciones religiosas a las ciudades santas, aduanas e impuestos. Pero en 1933 cambiaría todo, ya que se firmó la primera concesión de explotación a la Standard Oil Company of California. Fue en 1938 cuando por primera vez se descubrió petróleo en Dhahran, en la Provincia Oriental, y a partir de ese momento se inició un proceso de modernización desde un sistema tribal de recursos limitados a una potencia tanto energética como geopolíticamente imprescindible, especialmente para los Estados Unidos, que en aquel momento se abría paso para convertirse en potencia hegemónica y decisiva en Oriente Medio ante un poder europeo cada vez más menguante, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial. Las relaciones entre americanos y saudíes se fortalecieron aún más tras la creación de ARAMCO (the Arabian American Oil Company), una compañía petrolera de participación conjunta. A su muerte, el primer rey de Arabia Saudita había convertido un país basado en la austeridad en otro ostentoso y con un flujo abundante de rentas procedentes de sus copiosos recursos naturales (Encyclopedia Britannica, 2025)


Tras la muerte del fundador, su hijo Saud ascendió al trono. En línea con su padre, continuó con la agenda modernizadora, con un marcado interés en el aumento de las infraestructuras para uso sanitario y educativo. No obstante, los problemas de salud del monarca le forzaron en marzo de 1964 a transferir sus poderes a su hermano Faisal, a título de virrey, y en noviembre de ese mismo año, Faisal se convirtió en rey tras haber perdido este la confianza de los príncipes de la familia real (Encyclopedia Britannica, 2025). 


En este ciclo de consolidación se formalizó la división territorial del Estado, la patrimonialización de la familia Saud de las instituciones y puestos de poder, así como las bases para una relación duradera con los Estados Unidos de América del presidente Franklin D. Roosevelt mediante la firma del Pacto del USS Quincy en 1945, el cual ofrecía petróleo saudí a cambio de protección y apoyo militar estadounidense. Esto formalizó la indirecta alianza de intereses ya iniciada en 1933, gracias a la cual Arabia Saudita, por aquel momento sin una capacidad militar suficiente para asegurar su integridad territorial y soberanía, se escudaba en el paraguas nuclear norteamericano. Estados Unidos por su parte, veía en el país árabe un potencial aliado que pudiese saciar la alta demanda de petróleo de su sociedad consumista, lo cual le había forzado a buscar nuevas reservas fuera de su territorio nacional (Arnaiz, 2024).


Posteriormente se encuentra la segunda etapa o de ascenso, que cubre el reinado de S.M. El Rey Faisal desde 1964 a 1975. En ella, los frutos de la transformación patrocinada por los beneficios de la industria petrolífera se dieron a conocer a través de la propagación de la tecnología moderna, el acceso de las mujeres a la educación y un desarrollo urbanístico revolucionario que comprendía rascacielos y autopistas. El Reino se convertía entonces en una monarquía absoluta basada en la interpretación estricta de la Sharía por parte de los clérigos wahabitas, pero que había abrazado un modelo consumista. Aquello no obstante, no suponía un desafío de la tradicional alianza entre la dinastía y el wahabismo, ya que de hecho bajo el reinado de Faisal Arabia Saudita aspiraba a liderar el mundo musulmán. Gracias a que en las décadas anteriores había finalizado con éxito la consolidación del nuevo estado, la casa Al Saud se veía preparada para proyectar una visión de liderazgo para su país sirviéndose de La Liga Mundial Musulmana, con sede en la Meca, y la Organización de la Conferencia Islámica (Campanini, 2024). Se juntaron para ello cuantías millonarias destinadas a la construcción de mezquitas, periódicos de corte islámico, programas de cooperación o inversión regional (Bosemberg, 1998). 


Es importante hacer mención a los planes quinquenales: el primero, que se desarrolló entre 1970 y 1975, promoviendo un desarrollo de estado capitalista, destacándose los esfuerzos de diversificación y de industrialización. El nivel de vida aumentó motivado por un elevado gasto social, convirtiendo a Arabia Saudita en un estado rentista en el cual la población recibe privilegios como la exención fiscal, acceso a educación y sanidad, asegurando la pasividad política. Y el segundo entre 1975 y 1980, caracterizado por la inversión en el extranjero y el foco en la especialización en los sectores clave (petróleo y minerales), para reducir la dependencia extranjera (Bosemberg, 1998).


En el aspecto social, el éxodo desde las zonas rurales hacia las ciudades y el crecimiento de estas provocó un resentimiento de los lazos tribales, si bien estas continúan formando parte inprescindible de la identidad de la nación.


Uno de los momentos más destacados del reinado del rey Faisal fue su papel durante la crisis del petróleo en 1973. Todo comenzó con su decisión de imponer un embargo petrolero el día 21 de octubre del citado año a los Estados Unidos por su apoyo militar a Israel durante la guerra de Yom Kippur contra Egipto. La cosa no quedó ahí sino que en noviembre y tras una reunión entre los ministros petroleros de los países árabes productores en Kuwait, se acordó conjuntamente la reducción de la producción en un 25%. El embargo se amplió a todos los países que apoyasen al estado hebreo tras la Conferencia Cumbre árabe en Argel en la cual se afirmó la disposición de los países miembros en continuar haciendo del petróleo un arma económica hasta el momento en que "se materialice el retiro de los territorios árabes ocupados y hasta que se restablezcan los derechos nacionales del pueblo palestino”, siendo levantado el embargo en enero de 1974 tras la desocupación israelí de los territorios anexionados previamente en 1967 (Maffeo, 2003)


El asesinato del rey en 1975 por un miembro de su familia supuso el ascenso de su hermano Jálid al trono.


Continuando con la narración de la historia del liderazgo saudí desde 1932, la tercera fase o de desarrollo se sitúa entre 1975 y principios del nuevo siglo, y comprende los reinados de S.M. El Rey Jálid Bin Abdulaziz y de S.M. El Rey Fahd Bin Abdulaziz en su mayor parte. 


Por una parte, S.M. El Rey Jálid, visto como “un hombre del desierto”, título ganado debido a su temprana experiencia a la edad de catorce años como representante de su padre ante las tribus del desierto, gozaba de gran popularidad, especialmente entre los beduinos. Su conciliadora personalidad lo llevó a ser nombrado príncipe heredero tras la llegada al trono de su antecesor (Encyclopedia Britannica, 2026). Una de sus primeras medidas como jefe de estado fue la promulgación de dos amnistías generales en abril y mayo de 1975, por las cuales se indultaban a los presos políticos y al resto de presos no condenados ni por robo, violación o delitos relacionados con drogas. Su reinado se caracterizó por un continuismo del enfoque tecnócrata de Faisal tanto interna como externamente. 


La muerte de su hermano hizo coincidir su coronación con el desarrollo del segundo plan quinquenal, el cual cumplió con los objetivos marcados, entre los cuales se encuentran una tasa media de crecimiento del PIB del 8,4% y una tasa de inflación no superior al 6% (Saudipedia, 2020). La riqueza vinculada al crudo se utilizó entre otros aspectos para expandir la agricultura a gran escala como evidencian los datos, pues desde 1970 a 1989 la producción nacional de frutas y verduras aumentó casi en un 40%. También el reino árabe se convirtió en un miembro indispensable del FMI, aportando miles de millones en créditos, siendo aceptado finalmente en 1978 como miembro permanente de su directorio. Pero eso no es todo, sus inversiones en el extranjero habían alcanzado la cifra de 133.000 millones de dólares para 1979 (Wynbrandt, 2004).


El mayor desafío interno que tuvo que hacer frente el poder saudí desde la revuelta de los Ijwán entre 1927 y 1930 fue la Toma de la Gran Mezquita de la Meca en 1979. Este hecho fue protagonizado por un grupo de rebeldes vinculados a los anteriores que se habían incorporado al ejército y que se hacían llamar “Movimiento de los Revolucionarios Musulmanes de la Península Arábiga”. Vinculados a la Hermandad Musulmana, el Rey Faisal ya había otorgado asilo a muchos de ellos tras su ilegalización por Nasser en Egipto. 


El 20 de noviembre de aquel año, un número estimado entre doscientos y mil rebeldes tomaron la principal mezquita de la ciudad de Meca durante la celebración del hach –peregrinación musulmana a la ciudad y que en aquel momento había reunido unas cincuenta mil personas–. El pretexto fueron ideas antimonárquicas unidas al fundamentalismo islámico que rechazaba la nueva sociedad consumista y el descontento que se remontaba a la ya citada revuelta de finales de los años 1930, todo ello con un marcado carácter tribal. El templo religioso fue desalojado completamente el 3 de diciembre (Wynbrandt, 2004). 


Este acontecimiento es considerado por muchos académicos como un punto de inflexión en el programa transformador y tecnócrata emprendido durante las últimas décadas, acentuando el discurso religioso del régimen y desde 1986 el papel del rey como Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas. Una prueba de ello fue la prohibición oficial de celebrar fechas como Navidad, San Valentín o Halloween, sumado a la elevación al rango de ministerio del Comité para la Prevención del Vicio y la Promoción de la Virtud en 1980. Ese mismo año se forzó la segregación de géneros en bancos y restaurantes (Lorenzo, 2020).

La policía religiosa controlaba el cierre de las tiendas durante las horas de oración, se prohibió conducir a la población femenina e incluso se hizo obligatorio el uso del velo para las mujeres occidentales.  El Comité para la Prevención del Vicio y la Promoción de la Virtud y la Mutawwa (policía religiosa), que desde 1976 estaba bajo el control directo del rey, se institucionalizó mediante un Real Decreto en 1980, adquiriendo el rango de ministerio. 


Por otra parte y enmarcado dentro de esta tercera fase de desarrollo consta la mayor parte del reinado de S.M. El Rey Fahd Bin Abdulaziz desde 1982, año de la muerte del Rey Jálid, y principios del siglo XXI. A pesar del cambio de cabeza de gobierno, Fahd ya había estado desempeñando un puesto de gran responsabilidad durante el mandato de su antecesor como príncipe heredero y a cargo de gran parte de la administración del reino. Tras su llegada al poder, continuó el proceso de nacionalización de la Arabian American Oil Company (Aramco) iniciado en 1972 hasta 1988 cuando el Estado se hizo con el control del 100% de sus cuotas de participación, pasando a llamarse Saudi Arabian Oil Company (Barcelona Center for International Affairs, Fahd ibn Abdulaziz Al Faysal Al Saud, s.f.).


Asimismo, la amenaza de la revolución iraní de 1979 protagonizada por el clérigo chiita Ruhollah Jomeini que depuso a la monarquía de S.M. el Sah Mohammad Reza Pahlaví aliada de los Estados Unidos, implicó la ruptura del status quo caracterizado por el dominio norteamericano en Medio Oriente desde la retirada británica en 1971, mientras en el ámbito doméstico se instaló el temor a un posible contagio revolucionario en la minoría chiita de la Provincia Oriental instigado por el nuevo régimen en Irán (Philowitz, 2013). Este clima de tensión se acrecentó con el estallido de la guerra entre Irak e Irán en 1980, en la cual el Reino asumió una posición favorable a Bagdad con un respaldo financiero calculado en unos 20.000 millones de dólares que nunca se devolverían. El desafío tanto externo como interno provocó principalmente el establecimiento de instalaciones navales estadounidenses en el país ante el despliegue americano en la región.


Añadido a todo lo anterior se sumó una crisis en las exportaciones y precios del petróleo debido al aumento de la oferta en el mercado internacional. Para 1986, los ingresos vinculados a la explotación de estos recursos naturales se cifraron en 18.000 millones de dólares mientras que cinco años antes habían sido 115.000 millones (Bosemberg, 1998). A pesar de todo, las políticas de precios bajos y alta producción practicadas desde 1985 permitieron socavar la competencia de otros países menos preparados para soportar las fluctuaciones de ingresos debido a su alta dependencia, fortaleciendo el papel de Arabia en el sector (Barcelona Center for International Affairs, Fahd ibn Abdulaziz Al Faysal Al Saud, s.f.).


Igualmente, para reforzar su autoridad religiosa, en 1986 S.M. El Rey Fahd adoptó el título de Custodio de las Dos Mezquitas Santas –en referencia a la Meca y Medina que forman parte del territorio saudí–, buscando respaldar así el reclamo del Reino a liderar las naciones musulmanas.


Lo verdaderamente relevante del legado del ex monarca en el aspecto político fue la aprobación de la Ley Básica del Estado en marzo de 1992 (al-niẓām al-asāsī li-l-ḥukm) y la creación del majlis al-shura u Órgano Consultivo ese mismo diciembre, convirtiéndose en el primer órgano consultivo del Reino desde su fundación, solamente pudiendo realizar proposiciones legislativas y cuyos miembros son directamente elegidos por el rey (BTI Country report. Saudi Arabia, 2003).


Respecto a la Ley Básica, esta reafirmaba el carácter teocrático del Estado, estableciendo el Corán y la Sunna como la constitución del Reino, así pues la función de la política servía “para hacer que los mandamientos y prohibiciones de Dios se apliquen a la sociedad de acuerdo con las enseñanzas verdaderas” (BTI Country report. Saudi Arabia, 2003).


Las altas cifras de crecimiento de población constantes se habían convertido en un reto para el sistema de bienestar a la hora de asegurar la cobertura de los servicios en la población, cobrando un importante papel las estructuras de solidaridad tribales especialmente en las áreas rurales (BTI Country report. Saudi Arabia, 2003).


En el contexto internacional, la invasión del Irak de Saddam Hussein en agosto de 1990 a Kuwait provocó que la ONU aprobase la Resolución 678 en noviembre por la cual autorizó el empleo de la fuerza para restituir la soberanía plena de la monarquía árabe del Golfo. La acción de Bagdad sobre el emirato podía verse como un paso inicial tras el cual podían esperarse nuevas acciones militares contra otros países de la zona. Es importante subrayar que Saddam Hussein controlaba el cuarto ejército de tierra más poderoso del mundo en aquellos días, y no es de extrañar que Arabia Saudita solicitase la intervención estadounidense (Cardona, 2009). La aviación americana doblegó a las fuerzas ocupantes y el 27 de febrero de 1991 se dio punto y final al conflicto con la liberación de Kuwait (Cabrera y González, 2019). 


La guerra terminó aquel día tras cuatro previos de operativo, pero las implicaciones del despliegue militar sin precedentes de una potencia occidental en el corazón del mundo islámico perduran hasta nuestros días. El rechazo de algunos sectores fundamentalistas de la población saudí a la estancia de las 230.000 tropas norteamericanas en el país, incluso tras contar con la aprobación del jeque Abdulaziz Bin Baz, Gran muftí y por lo tanto máxima autoridad religiosa del reino, derivó en la aparición de figuras radicalizadas como Osama Bin Laden y de organizaciones terroristas como Al Qaeda, que desde 2003 a 2006 operó su campaña del terror en la Península Arábiga (BTI Country report. Saudi Arabia, 2024).


Al Qaeda había declarado la guerra no solo a Estados Unidos, sino también a la monarquía saudí a la que acusaba de traicionar el Islam por la modernización del país y permitir el acceso a las tropas “infieles” del presidente George H. W. Bush a tierra sagrada.  El 13 de noviembre de 1995 cinco ciudadanos saudíes perdieron la vida junto a otros dos americanos tras la explosión de un coche bomba frente a la sede en Riad de consejeros militares estadounidenses en la Guardia Nacional. El 25 de junio del año siguiente, un edificio ocupado por militares del país occidental fue objeto de otro atentado que se cobró la vida de otras diecinueve víctimas en Dhahran (Barcelona Center for International Affairs, Fahd ibn Abdulaziz Al Faysal Al Saud, s.f.).


La respuesta de la monarquía fue contundente contra el terrorismo, practicando arrestos masivos y llevando a la justicia a los que fueron encontrados culpables. En 1994 le fue retirada la nacionalidad a Bin Laden quien tuvo que abandonar el país (Barcelona Center for International Affairs, Fahd ibn Abdulaziz Al Faysal Al Saud, s.f.). La potencia árabe ha colaborado junto a los Estados Unidos en el combate del terrorismo y la implantación de medidas para frenar su financiación, especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, siendo 15 de los 19 perpetradores de nacionalidad saudí (Arnaiz, 2024). 


S.A.R. El príncipe heredero Mohamed Bin Salmán aseguró en su visita a la Casa Blanca en noviembre del año pasado que Bin Laden usó a ciudadanos saudíes para destruir la relación entre su país y los Estados Unidos (ABC News, 2025). Lo cierto es que es una evidencia el rechazo de la familia real y de la amplia mayoría de la población del Reino al terrorismo y extremismo intolerante, distanciándose mucho de los prejuicios de la opinión pública internacional que los saudíes y su gobierno tuvieron que sufrir sobre todo desde aquel trágico 11-S. El Reino siempre había creído y fomentado por tanto una coexistencia pacífica y cooperación entre el mundo islámico y el Occidente cristiano (Barcelona Center for International Affairs, Fahd ibn Abdulaziz Al Faysal Al Saud, s.f.).


En definitiva, este período de desarrollo sitúa a la nación en una posición destacada en Medio Oriente y el mundo islámico incluso con los desafíos regionales presentes y la dependencia en materia de seguridad. Se suma a ello la internacionalización del wahabismo un día proyectada por el rey Faisal y el control absoluto del Estado en la actividad económica (Hernández, 2020).


Seguidamente, el cuarto capítulo o de modernización integra el reinado de S.M. El Rey Fahd desde principios del siglo XXI hasta su muerte en 2005, seguido por el ascenso al trono de su hermano Abdalá hasta la muerte de este diez años después.


En primer lugar, el Rey, quien ocupaba la jefatura de estado desde principios de la década de los ochenta, había sufrido un derrame cerebral en 1995, reforzando la presencia del príncipe heredero Abdalá en las labores de gobierno. En 2003, Arabia se mostró contraria a la invasión estadounidense sobre Irak, que no contaba con el respaldo de la ONU, ya que temía que desestabilizase la región en favor de Irán (Kinninmont, 2016).


La muerte en 2005 de Fahd tras 23 años al frente de la dinastía elevó a su hermano Abdalá al liderazgo de la casa real y por tanto del país. 


El reinado de S.M. El Rey Abdalá se extendió un total de diez años (2005-2015) hasta su muerte y sucesión de su hermano Salmán. Bajo su dirección, el enfoque económico promovió reformas como la privatización de empresas estatales, una desregularización limitada y atracción de inversión extranjera. También luchó contra las actividades antimonárquicas y antioccidentales de Al Qaeda dentro del territorio nacional, viéndose obligado por primera vez a ordenar el uso de la violencia por parte de las fuerzas de seguridad para acabar con la oposición extremista como parte del compromiso del Estado en contra del fundamentalismo intolerante (Encyclopedia Britannica, 2026). 


En adición, se buscó el desarrollo de las capacidades militares para reducir la dependencia de los Estados Unidos y la mejora de las relaciones comerciales con terceros estados (Hernández, 2020).


En igual o incluso mayor medida destacan las reformas políticas introducidas por el nuevo monarca con el objetivo de ampliar los derechos de las mujeres y otros grupos sociales, aumentar la participación ciudadana mediante la implantación de las primeras elecciones municipales en 2005 y la transparencia en la administración (Hernández, 2020). Una de las novedades del reinado de Abdalá fue la creación en 2006 de la Comisión de Lealtad, encargada de participar en la designación del príncipe heredero (Philowitz, 2013).


El mayor desafío que tuvo que enfrentar el octogenario monarca fue la primavera árabe de 2011, si bien el grado de seguimiento fue muy inferior al registrado en otras monarquías vecinas. En el mismo sentido, las elecciones municipales celebradas ese año y segundas desde 2005 mostraron el limitado interés popular en los procesos electorales existentes, no superándose el 47% de participación (BTI Country Report. Saudi Arabia, 2024). Como respuesta a la revuelta de 2011, el régimen se decantó por ralentizar y acotar el alcance de las reformas políticas.


Cuando S.M. El Rey Abdalá fallecido en 2015 a la edad de noventa años fue sucedido por su hermano el príncipe Salmán, inaugurando la quinta era o de redefinición que se extiende hasta la actualidad. Este nuevo reinado merece ser analizado como un núcleo temático diferenciado por sus amplias repercusiones tanto económicas, sociales y diplomáticas, así como por las novedades en el sistema de gobierno y la redefinición de la relación del gobierno con las élites.


Arabia Saudita desde 2015: S.A.R el príncipe heredero Mohamed Bin Salmán y la Visión 2030

El protagonista de la Arabia Saudita del futuro se llama Mohamed Bin Salmán. Desde temprana edad este príncipe de la familia real saudí ya se había interesado por la gobernanza, quien caracterizado por su prudencia y su excelente capacidad de comunicación, finalizó sus estudios universitarios en derecho el año 2007 por la Universidad Rey Saud de Riad, diferenciándose de muchos otros príncipes quienes habían decidido estudiar fuera del país (Encyclopedia Britannica, 2025). Muchos académicos coinciden en que esta decisión novedosa para un miembro de la realeza le ha permitido mantenerse conectado a las aspiraciones y pensamientos de la juventud del país, lo cual sin duda se ha visto reflejado en su trabajo como primer ministro y príncipe heredero. Resalta su espíritu emprendedor y humanitario con la fundación de varias empresas y una organización benéfica en el Reino. En  2009 se convirtió formalmente en asesor de su padre, quien ostentó el cargo de gobernador de Riad por casi cinco décadas antes de llegar al trono.


La confianza de S.M. El Rey Salmán en su hijo ha continuado a lo largo de los años, evidenciada en sus decisiones de nombrarle príncipe heredero en 2017 y primer ministro en 2022. Los planes ambiciosos del joven príncipe incluían una reforma social y una agenda de diversificación económica (Encyclopedia Britannica, 2025). 


Su liderazgo se confirmó tras la creación por parte del rey Salmán de dos nuevos consejos complementarios a los ministerios ya existentes a los pocos meses de iniciar su reinado: estos son el Consejo de Asuntos Políticos y Seguridad y el Consejo de Asuntos Económicos y Desarrollo. Ambos, presididos por S.A.R. El príncipe heredero Mohamed Bin Salmán, tienen como objetivo responder ante los principales retos y desafíos del Reino, planificando la reforma y los pasos de la monarquía para los años venideros (Karasik, citado por Hernández, 2020).


A los pocos meses de ser asignado como príncipe heredero se produjo el bloqueo de Catar (2017-2021) entre acusaciones hacia Doha que incluían el patrocinio del terrorismo debido a su conexión con los Hermanos Musulmanes, una organización considerada como terrorista por Arabia Saudita y Emiratos Árabes. El resultado fue una ruptura de las relaciones bilaterales entre ambos países y la paralización del Consejo de Cooperación del Golfo (Bordón, 2021). La crisis finalizó en 2021 con la 41 cumbre del CCG y la firma de la declaración de Al-Ula (González del Miño, 2023)


La obra más notable del príncipe heredero, –también conocido popularmente como MBS– es la Visión saudí 2030, una estrategia lanzada en 2016 que pretende acotar la dependencia del petróleo para evitar la vulnerabilidad que los estados exportadores suelen padecer con las fluctuaciones de los precios de esta materia prima reduciendo significativamente sus ingresos nacionales. Se ha de recordar que según datos ofrecidos por un informe sobre el país de la Cámara de los Comunes del Reino Unido en 2024, alrededor del 78% de las exportaciones del país árabe se basaban en petróleo crudo y gas natural, constituyendo en un 38% a su PIB, siendo origen del 64% de los ingresos del gobierno a 2019.


Uno de los megaproyectos estrella enmarcados dentro de este programa es el conocido como “NEOM”, que fue presentado al público en 2017 por el príncipe heredero durante la conferencia “Future Investment Initiative” en la capital, y está pensado para crear un nuevo estilo de vida tecnológicamente avanzado y sostenible (School of Politics, Economics and Global Affairs & RAIA NOW gUG, 2023).


La agenda transformadora de MBS incluye una flexibilización en las rígidas normas sociales que incluye la apertura de cines, la celebración de conciertos de música, la permisión a las mujeres para utilizar instalaciones deportivas (Takao, 2019), además del levantamiento de  la prohibición de conducir a estas en 2018, o la eliminación de la obligatoriedad del hijab en 2019. En el año 2022 cuando S.A.R. El príncipe heredero Mohamed Bin Salmán se convirtió en primer ministro, gran parte del sistema de tutela masculina fue abolida y las mujeres ya no necesitan contar con el permiso de un tutor masculino para poder estudiar, trabajar o viajar (BTI 2024 Country Report. Saudi Arabia). Todo ello fue precedido por la reducción de la presencia pública de la policía religiosa inmediatamente antes de la presentación de la Visión 2030, cuyas actuaciones fueron restringidas de una manera significativa así como privada de su facultad para arrestar a personas (Takao, 2019).


Desde 1940 cuando fue fundada, la policía religiosa o Hay'ah había velado por el cumplimiento estricto de la Sharía en el Reino. Su finalidad es hacer cumplir la ley islámica en los espacios públicos, incluyendo la prohibición de la socialización entre ambos sexos públicamente, el acatamiento de los horarios establecidos para la oración o la implementación íntegra del código de vestimenta que hasta 2019 había forzado al sector femenino a cubrir todo su cuerpo a excepción de los ojos –con una vestimenta conocida como niqab– (BBC News Mundo, 2016). Sin embargo, a día de hoy su presencia es nula, según ha podido comprobar el autor de este artículo durante su estancia en Riad. 


Los resultados económicos de la Visión 2030 se muestran muy positivos como así lo respaldó en septiembre de 2023 el informe nacional del FMI en el cual afirma que “la implementación de la agenda de reformas de la Visión 2030 —que ha dado lugar a mejoras sustanciales en el entorno regulatorio y empresarial— continúa sin obstáculos hacia una economía productiva y verde” (Congressional Research Service, 2023).


Buscar distanciarse de la mayor fuente de ingresos estatal no es tarea fácil debido al contrato social característico de las monarquías árabes del Golfo por el cual el estado ofrece gratuitamente múltiples servicios públicos como sanidad y educación, emplea a un elevado número de nacionales y subsidia fuertemente la electricidad, agua, comida y con pensiones a aquellos grupos sociales con menores ingresos (BTI Country Report. Saudi Arabia, 2024), todo ello sin el previo pago de impuestos. Por tanto, desligarse del actual sistema rentista requiere de la elección de alternativas fiscales a los ingresos vinculados a los hidrocarburos como ha sucedido con la implantación del IVA o la privatización parcial de la compañía estatal de petróleo y gas —Saudi Aramco—(Barcelona Center for International Affairs, Muhammad ibn Salman ibn Abdulaziz Al Saud, s.f.). La Visión 2030 plantea la revisión del actual contrato social histórico, base de las relaciones entre la monarquía y la población, un asunto muy delicado que deja muy pendientes a los expertos sobre los próximos pasos que se darán al respecto y cuáles serán sus resultados.


No solo se está procediendo a aplicar reformas intensas a todos los niveles, en una fase de redefinición tanto de funcionalidad del estado como de sus capacidades (Hernández, 2020), sino que se está promocionando desde arriba un nuevo espíritu nacional que resalte una imagen menos religiosa y más secular de Arabia Saudita a través de su rica historia, tradiciones y cultura. La nueva narrativa nacionalista hace énfasis en la herencia preislámica de Arabia Saudita anteriormente olvidada. Los sitios históricos están siendo objeto de estudio y restauración por todo el territorio de manera intensiva por medio de la joven Comisión Real de Patrimonio y la “Visión Al-Ula”, con una inversión que ya alcanza los 15.000 millones de dólares en la promoción y desarrollo de este punto emblemático de la ruta de las especias. Seis monumentos —cinco de ellos preislámicos— ya forman parte del catálogo de Sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO, de acceso gratuito. 

En línea con el surgimiento de un nuevo nacionalismo  resalta en 2022 la adición al calendario festivo del 22 de febrero como “Día de la Fundación”, rememorando el comienzo del primer estado saudí. Según Zofia Sawicka y Aldona Piwko en “Contemporary Saudi Identity From Religious Identity To National Identity” MBS está comprometido a crear “un país de islam moderado, abierto a todas las religiones, tradiciones y pueblos del mundo”. 


Conclusiones

El Reino de Arabia Saudita ha sufrido un cambio radical desde una forma de vida primitiva y tradicional de las tribus nómadas vigente todavía a mitad del siglo XX hasta convertirse en un estado moderno al nivel del resto de naciones occidentales en tiempo récord. En este período de modernización se han llevado a cabo planes ambiciosos que han culminado en una alteración de la estructura social y económica, respaldado por los abundantes ingresos del petróleo desde el descubrimiento de este por primera vez en Dhahran en 1938. Su condición como tierra sagrada del Islam albergando a las ciudades de Meca y Medina, así como la existencia de una élite religiosa integrista dentro del Estado han orientado el impulso reformista desde la prudencia, difiriendo mucho del camino emprendido por otras monarquías árabes del Golfo. 


El año 2015 supone un punto de inflexión trascendental en la historia reciente de la monarquía, con el ascenso al trono de S.M. El Rey Salmán y de su hijo S.A.R. El príncipe heredero Mohamed Bin Salmán en la línea de sucesión. Este último ha emprendido desde su posición de príncipe heredero y primer ministro un programa ambicioso de reformas en todos los ámbitos conocido como “Visión 2030”, que está cambiando la economía, sociedad y relaciones exteriores del gigante de Oriente Medio. 


La liberalización social que se está produciendo es aplaudida por la amplia mayoría de la población del Reino, especialmente por los más jóvenes—más de la mitad de la población es menor de 30 años—. Las mujeres han visto ampliados sus derechos y las actuaciones abusivas de la policía religiosa ya no son una realidad en el día a día del país. 


El enfoque en la diversificación y privatización económica pretenden reducir la dependencia en los ingresos petroleros, que añadido a la revisión del contrato social histórico buscan asegurar la viabilidad del Estado en un futuro sin petróleo ni gas. Todo ello, no obstante, hablando de la que es la potencia energética que más crudo exporta del mundo. 


Cuando se habla del Reino de Arabia Saudita, no solo se habla de riqueza, petróleo y una monarquía absoluta, también se hace referencia a una nación llena de historia que contar, y que con su espíritu dinámico, constantemente habla de superación y futuro.

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