El modelo Dubái: liderazgo, estabilidad política y ascenso como ciudad global
- Rafael Loro Penella

- hace 1 día
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Introducción
A pesar de la confusión sobre el origen etimológico de la anteriormente Dibai, ahora Dubái, la mayoría de historiadores apuestan por dos explicaciones al topónimo: la primera lo vincula a “dab”, que se refiere a un lagarto de cola espinosa comúnmente avistado en el interior del desierto del Golfo. Mientras que la segunda, establece que Dubái procedería de una palabra en lengua árabe que significaría “tierra devastada por las langostas” (Elsheshtawy ,2004). Sea como fuere, lo cierto es que el que fuera inicialmente un asentamiento anónimo de pescadores y recolectores de perlas de tan sólo 200 casas en las costas de la península arábiga (Elsheshtawy, 2004) hoy se presenta como una megaciudad de alcance global que ya cuenta con 4,248,200 habitantes -según datos facilitados por el gobierno del emirato en 2024-, y en el centro de atención por albergar el edificio más alto del planeta; el Burj Khalifa con 828m, así como por su potente atracción de inversión extranjera y capacidad de innovación constante.
La marca Dubái en el mundo
Dubái se ha establecido como una marca diferenciada que resuena con fuerza en el mundo, y en esto tiene mucho que decir el uso de la paradiplomacia, entendida como la participación de ciudades o regiones en la actividad internacional, con un trato directo con otros gobiernos locales, regionales e incluso estados-nación, y que si bien no sustituye ni afrenta la política exterior de la nación de la que forma parte, la complementa en búsqueda del interés local.
Así pues, destacan varias actividades emprendidas por las autoridades dubaitíes para garantizar la notoriedad de la urbe no solo a escala regional sino universal: entre ellas el hermanamiento con casi una veintena de ciudades según cifras de 2016, -entre las que se encuentra Barcelona-, o su pertenencia a la Asociación Internacional de Ciudades Hermanas, siendo anfitriona del foro mundial de la misma en 2004.
Por otro lado, destacan los acuerdos de cooperación, y el enfoque en la promoción del turismo, comercio e inversión extranjera, - esta última a través del establecimiento de las zonas libres a empresas extranjeras, siendo el emirato pionero-, (Mesa, González, y Duarte, 2018). Todos estos elementos hacen del hogar de los Al Maktoum un punto destacado en el mapa, con un nombre de peso reflejado en datos que lo avalan . Asimismo, los aeropuertos de Dubái se posicionan como unos de los de mayor tráfico de pasajeros desde 2015, con más de 92 millones anuales. Por otra parte, el Jebel Ali Port, en el sur de la ciudad, es el principal puerto de la región en tráfico de contenedores, con unos 15.5 millones de TEUs. Por último, y no menos importante, el Rashid Port, en la desembocadura del Dubái creek, es el destino turístico de cruceros líder en todo el Medio Oriente (Gobierno de Dubái, 2024).
Dubái: historia, petróleo y transformación
Pero, ¿Y cuáles son los orígenes de este imparable fenómeno, qué hace diferente a esta ciudad costera emiratí y qué influencia ha tenido su forma de gobierno en la transformación radical que ha experimentado?
Geográficamente hablando, Dubái se sitúa a orillas del Golfo Árabe -también comúnmente llamado Pérsico-, en una posición de relevancia estratégica por su cercanía al estrecho de Ormuz, que une el Golfo con el mar Arábigo, y por ende, con el Océano Índico. Este estrecho actúa como arteria vital para el comercio de petróleo crudo mundial, conectando las petromonarquías árabes con su clientela. Además, se trata de uno de los seis emiratos que en 1971, tras la retirada británica, se unieron bajo el liderazgo del por aquel entonces gobernante de Abu Dabi, S.A. el Jeque Zayed bin Sultan Al Nahyan -hoy conocido como Padre de la Nación- para en la unidad, y en un contexto de inseguridad tras la desaparición del Reino Unido como garante en la región, asegurar la soberanía y futuro de sus miembros en forma de federación. En 1972, se les unió Ras al Jaima, completando lo que a día de hoy conocemos como los Emiratos Árabes Unidos (de Olazábal, 2018).
Los Emiratos Árabes Unidos es una monarquía federal, compuesta por siete casas reales, cada una liderada por un emir, que gobiernan los territorios históricos de su familia, y que si bien renunciaron a la soberanía íntegra con el nacimiento del nuevo estado a principios de la década de los setenta, mantienen hasta día de hoy una amplia autonomía tanto política, económica, judicial como legislativa. La no existencia de partidos políticos y la invariabilidad en la estructura de poder, hace que el emir posea una capacidad de actuación y decisión absoluta, solo limitada por la existencia de competencias propias distribuidas entre el gobierno central y administración local, así como por el orden jerárquico entre los distintos líderes.
Desde el inicio de la federación, y de manera no oficial, la presidencia y por tanto jefatura de estado de los EAU recae sobre el emir de Abu Dabi –emirato más grande por extensión y rico de entre los siete gracias al petróleo–, mientras que la vicepresidencia y cargo de primer ministro lo hace sobre el emir de Dubái –segundo de mayor peso e influencia– (Brozzone, 2019).
Pero la historia de la ciudad de los rascacielos no comienza en 1971 con el proyecto de formación estatal, sino que esta se remonta al año 1833, en el cual liderada por la familia Maktoum –hoy familia real gobernante–, la tribu Bu Flasa se establece en las inmediaciones del Dubái Creek. Fue en ese preciso año cuando a través del comercio de las perlas, destacando los intercambios con China, India y Pakistán, S.A. El jeque Saeed Al Maktoum inicia el despegue de su economía, convirtiéndose en uno de sus productos estrella por los que será conocida y se basará su fuente de riqueza hasta el siglo XX .
Es importante recordar que al igual que en todas las civilizaciones, el estilo de vida en esta región ha ido transformándose con el paso del tiempo y de generaciones. De hecho, la Dubái tradicional se basaba en la recolección de perlas, dátiles, la pesca y la cría de ganado (de la Torre, 2020). Nada tiene que ver esa imagen ahora obsoleta con la realidad que día a día viven las más de cuatro millones de personas asentadas en la ciudad, de las cuales tan solo 299.600 son nacionales, lo que implica que 9 de cada 10 ciudadanos son extranjeros. También existe una disparidad poblacional en términos de género, ya que 2.911.500 son hombres, es decir, el 68.5% (Dubai Data and Statistics Establishment, 2024). Las explicaciones de los dos datos anteriores están vinculadas entre sí y serán desarrolladas más adelante.
La transformación de Dubái se inició en la segunda mitad del siglo XX gracias a los beneficios de la exportación de sus recursos petrolíferos, los cuales permitieron el desarrollo de grandes infraestructuras entre las que destacan el hoy conocido como Aeropuerto Internacional de Dubái, la draga de Dubái Creek y Puerto Rashid. En 1960 el Plan Harris prometía transformar al emirato a través de un gran plan urbanístico (de la Torre, 2020). Sin embargo, a diferencia de Abu Dabi, Catar o Baréin -con mayores recursos naturales-, esta se vio forzada a diversificar su economía, contribuyendo estos en menos del dos por ciento a su producto interior bruto desde el año 2007 (Dubai Statistics Center, 2010, citado en Govers, 2012). También es fruto de esta necesidad de diversificación el hecho de que Dubái, en ese mismo año aportara más del 80% de los activos no petroleros al PIB de Emiratos Árabes, a pesar de sólo aportar un porcentaje total inferior al 30%, siendo Abu Dabi el gran protagonista, con una aportación total de casi un 60%, del cual un 56% dependía del petróleo (Middle East Monitor, 2007, citado por Balakrishnan, 2008).
Capitalismo de estado y crisis financiera del 2008
Según Carlos Zeballos Velarde citando al profesor Samer Bagaeenen en Dubái vs. Abu Dabi : Dos modelos de ciudad en el Golfo, la decisión dubaití de permitir la adquisición de propiedades a población extranjera en los años noventa ante la necesidad de diversificación por la futura extinción total de las reservas petroleras en un plazo estimado de dos décadas, se convirtió en el catalizador de la expansión de Dubái. Añade también que “Conjuntamente, lo fue la decisión de los poderosos monarcas de invertir en su propio país adquiriendo igualmente el rol de promotores y ejecutores de muchos de los emprendimientos colosales de los últimos años”. Esta idea de la fuerte intervención estatal en la economía es denominada por Marina Inés de la Torre en La ciudad neoliberal: conceptos y realidades de Dubái como capitalismo de Estado. Para entender la fuerza que llega a alcanzar Dubái, en el año 2006 EAU –principalmente el emirato– atrajeron casi tanta inversión de origen extranjero como toda la que recibió en ese mismo año la India (Economist Intelligence Unit, 2007, citado por Govers, 2012).
El boom inmobiliario en Dubái provocado a raíz de la aprobación de la Ley de Propiedad Inmobiliaria de 2002 se mezcló con el deseo dubaití por la colección de récords. Desde la inauguración en 1999 del Burj Al Arab, en aquel momento el hotel más lujoso y de mayor altitud en todo el mundo, le siguieron otras grandes infraestructuras que superaron todos los estándares establecidos: la ciudad portuaria de Jebel Ali; Dubai mall, el centro comercial más grande del mundo; The Palm fountain, la qué fuese fuente musical de agua de mar más grande del mundo; IMG Worlds of Adventure, el que fuese el parque de atracciones más grande del mundo entre otras (Zeballos Velarde, 2013).
Sin embargo, Dubái no quedó inmune a la crisis financiera internacional de 2008, y es que para la financiación de proyectos a largo plazo en un sector inmobiliario en auge desde inicios de la década, Dubái se había sobreendeudado con deuda a corto plazo y muchos de aquellos megaproyectos de villas o apartamentos quedaron paralizados, ralentizados o simplemente no se vendieron. Miles fueron los puestos de empleo perdidos en los sectores de la construcción, inmobiliario y financiero. Pero la cosa no quedó ahí, y es que debido al modelo económico por el cual el Estado se presenta como un importante inversor en estos megaproyectos, varias de sus empresas públicas implicadas en el desarrollo de, entre otros, el Canal de Arabia o las Palmeras se vieron directamente afectadas. Para llegar a entender la dimensión de la vocación intervencionista del gobierno en la economía, desde el inicio de la crisis financiera ya se entendía que cualquier problema para las empresas públicas se traducía en problema para el estado de Dubái. No es de extrañar, puesto que la recaudación impositiva tan solo se traducía en un 10% de su producto interior bruto (Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Dubai, 2010).
El Comité Supremo Fiscal sorprendió a los mercados el 25 de noviembre de 2009 autorizando al Fondo de Apoyo Financiero de Dubái a reestructurar la deuda del Dubai World (DW), una de sus empresas públicas. Durante la crisis, Abu Dabi confirmó la teoría de los mercados de que la capital, sustentada en gran medida por el petróleo, acudiría en ayuda de Dubái y por lo tanto esta respaldaría a sus empresas. Abu Dabi ya había actuado en ayuda de Dubái en marzo de 2009 con 20.000 millones de USD, y a lo largo de 2009, una serie de empresas propiedad del gobierno del emirato bajo la protección de Investment Corporation of Dubai ya se estaban recuperando: es el caso de Emirates Airlines, DPW, JAFZ, DUBAL o DEWA.
Aquel contexto de incertidumbre no impidió que a principios de enero de 2010 se inaugurase el Burj Khalifa, anteriormente Burj Dubái, el edificio más alto del mundo y renombrado en honor a S.A. El Jeque Khalifa bin Zayed Al Nahyan, emir de Abu Dabi y presidente de los EAU en agradecimiento por el apoyo durante la crisis financiera. Si bien la dependencia de Dubái en el sector inmobiliario se había convertido en un gran problema en aquellos días –Dubái representaba el 48% del total de la aportación de la construcción al PIB en los EAU (Matly, y Dillon 2007)–, las caídas de precios habían hecho ganar competitividad de nuevo a la ciudad como un centro de negocios regional (Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Dubai, 2010).
Cuando ser extranjero no es sinónimo de ser minoría
Como ya ha sido comentado con anterioridad, los no emiratíes suponen más del 90% de la población actual de la ciudad, destacando en ella la segunda mayor comunidad de la diáspora iraní en el mundo (de Olazábal, 2018). Dubái, con un incansable aumento del sector turístico, la continuidad de la expansión en el sector de la construcción, así como de la seducción de inversión a través de sus atractivas zonas libres, mantiene una gran oferta de trabajo que la población árabe local no puede asumir, y es por ello que se precisa de la llegada de inmigrantes de otros países vecinos para cubrirla, fundamentalmente hombres, de ahí el desequilibrio demográfico entre el género masculino (68.5%) y femenino (31.5%). Asimismo, existe un sistema que desde hace décadas regula las condiciones de los trabajadores extranjeros y que ha suscitado críticas en la comunidad internacional: el sistema kafala.
El sistema kafala es un modelo de sponsor a través del cual un empleador ejerce el patrocinio de sus empleados, y que es común en los países árabes del Golfo (Brozzone, 2019). Este sistema se relaciona con la mano de obra poco cualificada de origen extranjero, procedente fundamentalmente de países del subcontinente indio, que en busca de mayores oportunidades en el ámbito laboral respecto de sus países de origen, “está dispuesta a tolerar condiciones de trabajo desfavorables” (de la Torre, 2020). A este modelo se le atribuyen casos de vulneración de los derechos de los trabajadores. No obstante, el gobierno ha mostrado esfuerzos en la mejora de las condiciones laborales, siendo firmante de convenios sobre Trabajo de la ONU, ya que “los Emiratos Árabes Unidos tienen la convicción de que el ser humano tiene derecho a disfrutar de condiciones de vida adecuadas (vivienda, horarios, medios, tribunales laborales, seguro médico, garantías protectoras en conflictos laborales a nivel cooperativo internacional…)”, (Brozzone, 2019).
Según The Transformation Index, los expatriados no están cubiertos por los beneficios que ofrece la Seguridad Social a la minoría local, “los cuales incluyen vivienda gratuita o subsidiada, un sistema de atención médica bien desarrollado, oportunidades educativas, incluidos programas de becas y una amplia gama de otras ayudas de subsistencia”. Si bien y a raíz de la vulnerabilidad de la población extranjera durante la pandemia de COVID-19, “El gobierno respondió aprobando reformas a las leyes sobre el estatus personal, ofreciendo acuerdos de visa más flexibles y realizando cambios en la legislación laboral, incluida la provisión de seguro de desempleo” (BTI Country Report. United Arab Emirates, 2024).
Dubái, Occidente en el Golfo
El abrazo de las costumbres occidentales y el elevado nivel de seguridad también han sido clave del éxito en la captación de inversión internacional. Dubái ha proporcionado durante años un clima occidentalizado de negocios a las empresas, con ventajas tales como la no existencia de impuestos salvo a bancos y petroleras (Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Dubai, 2010). De igual forma, y a diferencia de otras ciudades y países del entorno, Dubái tiene una amplia oferta de restaurantes de alto nivel y clubes nocturnos, y es abierta al consumo de bebidas alcohólicas. En ella “Los locales y los expatriados viven y trabajan juntos, creando un ambiente enriquecedor para el expatriado occidental” (Matly y Dillon, 2007).
Se presentan a continuación cifras más actuales para comprender el momento que vive Dubái en el presente: en primer lugar, el turismo sigue en aumento y para el tercer cuatrimestre de 2024 más de 13 millones de personas habían visitado la ciudad, de ellos destacan los más de dos millones y medio procedentes de Europa occidental (Dubai Data and Statistics Establishment, 2024). Seguidamente, en el año 2022 el sector de la construcción generó un valor añadido de 6.7 mil millones de euros, empleando a 702.338 personas (Dubai Data and Statistics Establishment, 2023). Finalmente, en términos de PIB en el emirato de Dubái, este creció un 4.7% en 2025 respecto al año anterior, con un valor superior a los 30,4 mil millones de euros (Dubai Data and Statistics Establishment, 2025). Lo cierto es que a día de hoy, y a pesar de eventos como la crisis del 2008, la economía de la ciudad continúa en expansión, su imagen es fuerte y sigue atrayendo a gran cantidad de inversores de todo el mundo.
Gobierno, religión y multiculturalismo
Los Emiratos Árabes Unidos, al igual que el resto de monarquías árabes del Golfo, es clasificado habitualmente como un estado rentista, en el cual este actúa como impulsor principal de la actividad económica, quien al recibir la renta externa de la economía la distribuye entre una lista jerarquizada de beneficiarios, algo que permite al gobierno mantener su posición dominante (Levins, 2012). Según Christopher M. Davidson en Arab Nationalism and British opposition in Dubai, 1920–66, con la llegada constante de los ingresos procedentes del petróleo, la población dejó de tener que pagar impuestos, y además, esto posibilitó la importación de bienes a una escala nunca antes vista: “Los jóvenes locales tenían dinero en sus bolsillos y negocios que administrar, y se ocuparon de seguir el ritmo del auge petrolero de la región en lugar de concentrarse en la reforma política”. En el caso de su vecino, el reino de Arabia Saudita, se aprecia también la existencia de un sistema de subsidios mantenido durante décadas que tenía como objetivo asegurar la pasividad y lealtad de las tribus del país hacia el gobierno de la familia real saudí. (Bosemberg, 1998).
La alta confianza de los ciudadanos emiratíes en el gobierno –presidido por S.A. El Jeque Mohammed Bin Zayed Al Nahyan– posicionó a este según Edelman Trust Barometer como el segundo más confiable del mundo en 2022 (BTI Country Report. United Arab Emirates, 2024). En cuanto a la administración local del emirato de Dubái se refiere, destaca la figura de S.A. El Jeque Mohammed Bin Rashid Al Maktoum, el hombre que transformó la ciudad y “bajo cuyo liderazgo Dubái se ha convertido en un centro de innovación, sostenibilidad y avance tecnológico” (Gupta, Singla, y Suruchi 2025). “Iniciativas clave como Dubai Vision 2040, Clean Energy Strategy 2050, Smart Dubai Initiative y Dubai Blockchain Strategy ilustran su enfoque en la diversificación económica, la transformación digital y el equilibrio ecológico” (Gupta, Singla, y Suruchi 2025). Su cercanía y la de los miembros de su familia para con los ciudadanos se expresa en múltiples ocasiones, destacando sus constantes apariciones por los espacios públicos y calles de Dubái, rodeado de su séquito, quien como una persona más disfruta del ocio, interactuando de manera afectuosa con locales y turistas. El uso de las redes sociales se extiende entre la familia real Al Maktoum, cuyos integrantes comparten imágenes informales que muestran su lado más personal. Un ejemplo de ello es el príncipe heredero de Dubái y viceprimer ministro de los Emiratos Árabes, S.A. El Jeque Hamdan Bin Mohammed Al Maktoum, quien cuenta con más de 17 millones de seguidores en Instagram.
Melodena Stephens Balakrishnan afirma en “Dubai–a star in the east: A case study in strategic destination branding” que “Dubai tiene algunas ventajas únicas. Ante todo, su liderazgo ha sido fuerte y dotado de una gran visión”. Pero no solo un liderazgo acertado es lo que atrae a tan importante número de expatriados, destacando cada vez más el de occidentales. Dubái y los Emiratos Árabes Unidos se han mostrado abiertos a la modernización y el progreso, adoptando una postura estricta en contra del extremismo religioso -con iniciativas como la creación del Instituto Internacional para la Tolerancia-(BTI Country report, United Arab Emirates, 2024), y abrazando un Islam moderado que promueve la tolerancia entre culturas y demás religiones, sin dejar de reivindicar sus raíces y promocionar la cultura local entre turistas y nuevos residentes. Una evidente prueba de ello es cuando los líderes emiratíes envían sus felicitaciones durante celebraciones no islámicas a las distintas comunidades culturales y religiosas implicadas en el país.
La Navidad, el Pésaj o el Diwali no están restringidos al ámbito privado o perseguidos como sí ocurre en países vecinos de la región, y pueden celebrarse públicamente a pesar de ser ajenas al Islam, la religión oficial. Una permisividad que no pasa desapercibida, especialmente en un país en el que si bien el 75% de la población es musulmana, se estima que la población cristiana alcanza el 13% y el 12% restante principalmente corresponde a budistas e hindús, relacionados con la numerosa comunidad originaria del subcontinente indio (Congressional Research Service, 2025).
Además, la tolerancia religiosa de Dubái y del conjunto del país también se expresa en la existencia de múltiples templos e iglesias que acogen las necesidades espirituales de las minorías.
Si bien Emiratos mantiene en vigencia una serie de pautas morales de comportamiento y apariencia pública estrictas como la ilegalidad de las muestras públicas de afecto (besos, abrazos etc.), en noviembre de 2020, el gobierno anunció una serie de reformas que permitiría a los residentes extranjeros la posibilidad de evadir la aplicación sobre ellos de la Sharía, así como los tribunales islámicos en asuntos como el matrimonio, divorcio o la herencia.
Entre los diferentes ajustes anunciados, se contemplaba la permisión para las parejas no casadas de cohabitar y más flexibilidad en las restricciones sobre el acceso al alcohol (BTI Country report. United Arab Emirates, 2024). Esto supone un distanciamiento claro con otros países del Golfo en los cuales se practica un seguimiento más estricto de la Sharía, lo cual facilita su integración en el escenario internacional, y también la de los expatriados, sobre todo de aquellos inversores y emprendedores no musulmanes a los que Dubái pretende captar, ya que de esta manera pueden residir en ella sin la exigencia de un cumplimiento estricto de parámetros religiosos basados en el Islam.
Conclusión
Dubái no es una ciudad cualquiera, más bien atípica. De proyección mundial, cuyo nombre al ser escuchado despierta sensaciones, casi siempre positivas. A pesar de no poseer tanto petróleo como siempre se ha pensado comúnmente, sus limitados recursos naturales le permitieron financiar el inicio de la transformación de lo que en principio fue un pequeño asentamiento a orillas del Dubái Creek.
En la actualidad, se alza como una imponente ciudad de rascacielos y mega construcciones que desafían toda racionalidad: desde el edificio más alto del mundo con más de 800 m de altitud, hasta islas artificiales frente a sus costas convertidas en resorts de lujo que otorgan a Dubái de personalidad propia.
El liderazgo de los emires de la familia real Al Maktoum, en especial el de S.A. El Jeque Mohammed bin Rashid, quien este pasado 5 de enero celebraba sus veinte años al frente del emirato, ha sido acertado y elogiado por muchos, quienes han logrado convertir a un pequeño emirato a orillas del Golfo Árabe en una potencia a todos los niveles. En Dubái convergen multiculturalismo, un islam moderado y oportunidades en el aspecto financiero, a lo que se le añaden la estabilidad política y un alto índice de seguridad característico de las monarquías árabes del Golfo envidiable a ojos del mundo.







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