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El Movimiento de la Generación Z en Nepal y su influencia

  • Foto del escritor: Alexandra Chong
    Alexandra Chong
  • 13 nov 2025
  • 5 Min. de lectura

El pasado septiembre en Nepal, se vivió una explosión de protestas lideradas por jóvenes de la Generación Z (nacidos aprox. entre 1995–2010). El detonante fue el veto gubernamental a 26 redes sociales populares (TikTok, Facebook, Instagram, etc.), percibido como censura digital. 


Miles de estudiantes y jóvenes, conectados por internet, salieron a las calles de Katmandú y otras ciudades del país para denunciar la corrupción y el nepotismo de la clase política (generaciones conocidas como “nepo kids”), así como para exigir un empleo digno y más oportunidades. Las manifestaciones, inicialmente pacíficas, se intensificaron con confrontaciones violentas con la policía, dejando tristemente decenas de muertos y heridos. 


Finalmente, el primer ministro K. P. Oli (izquierdista) dimitió el 9 de septiembre, y la prohibición de las redes sociales fue revocada. Estos hechos demostraron que las generaciones jóvenes no sólo reaccionaron a la restricción digital, sino a años de agravios, al alto desempleo juvenil (casi la mitad de los jóvenes sin trabajo digno) y a una élite atrapada en prácticas autoritarias. En suma, la protesta Gen Z en Nepal exhibió un reclamo por plaza pública digital y real: un espacio donde las demandas de empleo, comunidad y voz adquieren visibilidad.

 

Influencias globales: la Generación Z en otros países

La protesta nepalí no ha sido la única, de hecho se inserta en una ola mundial de activismo Gen Z. Movimientos similares surgieron en diversas regiones del mundo, conectados por causas y símbolos compartidos.

 

En Perú, los jóvenes salieron a las calles contra el gobierno de Dina Boluarte, usando banderas pirata inspiradas en el anime One Piece bajo el lema “Unidos por un Perú que merecemos”. La reforma a las pensiones motivó las marchas, pero la influencia cultural fue directa: la Gen Z peruana reconoció los emblemas de las protestas nepalíes y los adoptó en su propio movimiento.


Por otra parte, en Marruecos el movimiento GenZ 212 convocó protestas juveniles por la educación y la sanidad. Las manifestaciones, organizadas en Discord, también empuñaron la bandera pirata ya mencionada anteriormente y consignas globales contra la desigualdad. Según la prensa, estas protestas marroquíes estaban directamente “inspiradas en las protestas de la Generación Z en Nepal” dada su dinámica tecnológica y descentralizada. 


En otros países como Bangladesh estudiantes exigieron cuotas universitarias y la caída de la presidenta Hasina, forzándola a renunciar, con tácticas semejantes de redes sociales. En Sri Lanka (2022) el movimiento Aragalaya fue liderado por jóvenes descontentos. Más recientemente en Madagascar (octubre 2025) protestas urbanas contra la corrupción degeneraron en un golpe militar que derrocó al presidente Rajoelina. Diferentes vías, similares finales.


Lectura de la sociedad actual

Estos movimientos concurridos en el año 2025 reflejan cómo la “brecha generacional” adquiere una nueva expresión en la era digital. Karl Mannheim explicó que una “generación” emerge cuando una cohorte comparte cambios disruptivos y nuevos portadores culturales. Al margen de citas directas, podemos decir que esta generación adopta valores postmaterialistas (transparencia, democracia directa, derechos civiles…) transmitidos por la globalización y la educación. Su marco ideológico incorpora elementos del liberalismo moderno y de teorías críticas: la denuncia de la corrupción y el nepotismo tiene una impronta “marxista” de lucha contra las oligarquías, mientras que la organización descentralizada refleja ideas de democracia directa y empoderamiento ciudadano.

 

La Gen Z, globalmente educada y tecnologizada, se reconoce a sí misma como un grupo distinto: conecta sus demandas con símbolos culturales globales, como por ejemplo del anime One Piece y valores modernos como los derechos digitales. Este imaginario compartido alimenta la solidaridad transnacional: jóvenes de distintos países aprenden unos de otros a través de internet. Esta desigualdad generacional-clase tiene raíces históricas profundas.

 

The New Humanitarian señala que la revuelta destacó “décadas de corrupción sistémica y una ruptura total de la confianza entre la juventud nepalí y la élite política”. Eso enlaza con antecedentes como la insurgencia de la 3 guerrilla maoísta (donde granjeros y jóvenes pobres lucharon contra la estructura feudal) o las repetidas crisis políticas por nepotismo. En términos marxianos, podría decirse que la clase proletaria emergente (jóvenes trabajadores y estudiantes) está hoy confrontando a una oligarquía semifeudal que nunca cedió el paso. La globalización tecnológica no elimina esta división de clases, pero sí la hace más visible: las nuevas tecnologías permiten comparar directamente riqueza y privilegios, amplificando la sensación de injusticia. 


Los actores sociales que protagonizan estos actos son estudiantes, desempleados o precarizados de clase media/baja, las cuales se organizan mediante redes horizontales como Discord o TikTok, sin liderazgos tradicionales. Este nuevo grupo colisiona con una élite política envejecida (exlíderes maoístas y comunistas) acusada de clientelismo, en la cual el factor principal es basado en un plusvalor social invertido en empleo y bienestar local, como en las luchas campesinas históricas, por lo que hablamos de una lucha de clases renovada.

 

En términos weberianos, se vive una crisis de legitimidad: las constituciones formales no reflejan la realidad cotidiana de los jóvenes y la interacción con el Estado es con policías y burócratas distantes, y por otra parte, desde la mirada durkheimiana, se hablaría de una anomia: una generación ansiosa sin guías tradicionales, atada a una cultura líquida como indicaría Bauman. 

Los patrones repetidos nos muestran cómo esta cuestión no se trata de un caso aislado, sino de factores internos concurrentes en distintos países. Los jóvenes del Sur Global enfrentan desempleo crónico, precariedad laboral y crisis ambiental; perciben la erosión del Estado del bienestar y de las promesas democráticas. 


Posibles escenarios futuros

Desde una lectura analítica, sociológica y política, pueden darse una posibilidad de trayectorias:

 

  • Institucionalización y renovación democrática: en el mejor escenario de todos, la presión juvenil hacia reformas reales. Esto estabiliza parcialmente los regímenes pero sin resolver desigualdades profundas. 

  • Tokenismo: élites ofrecen medidas superficiales (ministerios “para la juventud”, gestos simbólicos, control de la agenda cultural) sin reformas estructurales. La movilización pierde fuerza o se atomiza en fragmentos retóricos. Esto estabiliza parcialmente los regímenes, pero sin resolver desigualdades profundas. (Comparables históricos de cooptación de movimientos juveniles). 

  • Represión y radicalización: en el peor escenario de todos, existe una represión sostenida como arrestos masivos o la militarización radical. Las noticias recientes en Marruecos y Nepal muestran que la respuesta estatal puede inclinar la balanza hacia este riesgo. 


Las juventudes conectadas ya no son audiencias pasivas: tienen repertorios culturales y técnicos para visibilizar injusticias y presionar en tiempo real. Si los Estados toman medidas estructurales (empleo, derechos digitales, anticorrupción), existe una ventana real para una transición más democrática e inclusiva. Sin esos cambios, el conflicto tenderá a cronificarse: protestas recurrentes, pérdida de legitimidad estatal y mayor polarización. En cualquier caso, la generación que ha crecido con internet será un actor clave del siglo XXI: su capacidad de articular demandas transnacionales y traducir visibilidad en poder político será el factor decisivo.


Créditos foto: AntanO.


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