El Polo Norte: de la carrera por la exploración a la nueva disputa geopolítica del Ártico
- Paula Pellico de la Mata

- hace 2 días
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Desde tiempos inmemoriales, el Polo Norte se erige como una de las regiones más encriptadas del planeta. “La luz de Medianoche” o “el mar helado” son algunos de los términos que inundaron los debates sobre exploración entre vikingos, fenicios, e incluso griegos; siglos y siglos de pesquisas que se han ido amoldando a un lugar del mundo que, hasta hace poco más de un siglo, nunca nadie habría podido acceder.
El Polo Norte, entendido como el punto exacto de coincidencia con el eje de rotación del planeta, ha sido un objetivo inescrutable durante muchísimo tiempo. No obstante, el 11 de mayo de 1926, y gracias al dirigible Norge, se producía lo que a día de hoy se acepta como la llegada oficial de la humanidad al territorio: 16 tripulantes y una perra fox terrier sobrevolaron el Polo Norte geográfico, protagonizando una de las hazañas más destacadas en la historia de la exploración.
Hoy en día, la región que comprende el Círculo Polar Ártico, así como sus alrededores marinos, constituye un enclave geopolítico importantísimo, con la presencia de ocho estados árticos que conviven de manera pseudo-pacífica y cuarenta pueblos indígenas que hacen de esta zona un crisol de relaciones, culturas e intereses.
Antecedentes históricos de la exploración ártica: del mito clásico a la aviación polar
El vuelo del Norge no estuvo exento de personalidades excéntricas y altamente conocidas entre las sociedades geográficas del momento. A la cabeza de la expedición estuvo el famoso explorador noruego Roald Amundsen, conocido por ser también el primero en llegar al Polo Sur geográfico en diciembre de 1911; por otro lado, el italiano Umberto Nobile fue el diseñador, constructor y comandante de la aeronave, mientras que la financiación corrió a cargo de Lincoln Ellsworth, navegante estadounidense y principal mecenas. No obstante, el desarrollo de esta expedición fue el cúlmen de un seguimiento exhaustivo de la zona polar ártica desde siglos atrás.
Ya en el siglo IV a.C., el explorador griego Piteas de Masalia llegaría hasta Thule, en la actual Islandia. Posteriormente, vikingos y otros pueblos coetáneos también llegaron en sus viajes a territorios cercanos. En la Edad Moderna, la cartografía del Atlántico Norte se volvió una obsesión para los países limítrofes, con Noruega y Rusia compitiendo por la expansión en el Océano Glacial Ártico, mientras que el siglo XVI trajo la fundación de importantes ciudades como Arcángel (o Arjánguelsk, según su transliteración), enclave ruso situado en la bahía del Mar Blanco, así como otras exploraciones de peso.
Obsesionados con la intención de llegar desde Europa hasta China pasando por el norte, las investigaciones continuaron de la mano de otras grandes potencias del momento; destacó especialmente el investigador holandés Willem Barents, quien entre 1594 y 1597 realizó tres viajes en la zona, llegado hasta las costas siberianas y financiado por Guillermo de Orange. El espíritu dieciochesco trajo también otro importante hito de la mano del danés Vitus Bering, quien llegó al Paso del Noreste, descubriendo lo que ahora se conoce como el Estrecho de Bering.
Durante el siglo XIX las expediciones continuaron, buscando siempre la forma de llegar al punto exacto de latitud que coincide con el Polo Norte. Destacaron investigaciones estadounidenses de la segunda mitad de siglo, con la expedición Polaris del 1871 o la exploración Jeannette, de 1879. Asimismo, también podemos mencionar los últimos coletazos decimonónicos, con acercamientos noruegos y suecos en 1895 y 1896 respectivamente, alcanzando el paralelo 86º, y también intentos italianos, también en torno a esas latitudes.
La carrera hacia el vértice polar: controversias de 1909 y el duelo en Spitsbergen (1926)
La entrada del siglo XX trajo consigo una carrera sin precedentes en la llegada al Polo Norte. En 1908, el explorador norteamericano Frederick Cook dijo haberlo alcanzado mediante una exploración terrestre; no obstante, a falta de pruebas se desestimó su testimonio, dejando el camino de la gloria aún abierto. Al año siguiente, otro estadounidense intentaría la misma enmienda: Robert E. Peary se trasladó a la isla de Ellesmere, en Canadá, para convivir con inuits durante casi dos décadas antes de embarcarse en su empeño de conseguir aquello que a Frederick Cook no se le habría concedido. En febrero de 1909 se lanzó al territorio acompañado de un navegante afroamericano, Matthew Henson, y cuatro locales.
Aunque la llegada fue en un principio tomada en consideración, en el año 1989, y con la publicación de su libro The Noose of Laurels, el investigador polar británico Wally Herbert rechazó el hallazgo, considerando las mediciones imprecisas, y los datos inconsistentes. No obstante, y aunque en 1909 se validaba la llegada de Peary, los intentos por conocer el Polo Norte continuaban de la mano de otros exploradores.
La carrera más famosa se produciría en 1926. Por un lado, el anteriormente comentado Norge comenzaría a prepararse de la mano de las personalidades comentadas; se trataba de un dirigible semirrígido de modelo N-1, con unas adaptaciones para resistir el invierno ártico colosales. Aunque la idea inicial sería salir de King 's Bay, en la isla de Spitsbergen, el vuelo de traslado incorporó varias escalas técnicas, destacando la de Leningrado (actual San Petersburgo), donde hubo de esperar a que las tormentas del mar de Barents amainasen. Por otro lado, los estadounidenses Richard E. Byrd y Floyd Bennet desarrollarían paralelamente un proyecto para sobrevolar el Polo en skiplano. Su idea también sería salir de Spitsbergen, con la expedición se trasladada en barco desde Nueva York hasta la isla, transportando tanto la aeronave, un Fokker trimotor, como también un avión de ayuda, el biplaza Curtiss Oriole.
Durante los primeros días de mayo, ambas expediciones compartieron campamento en una tensa atmósfera de cordialidad diplomática: noruegos y estadounidenses realizaban ensayos a contrarreloj sobre su posible salida, así como se cedían entre ellos materiales para dejar a punto todos los preparativos. La llegada del dirigible de Amundsen el 7 de mayo (que hasta entonces habría quedado parado en Leningrado) precipitaría el desenlace. Así, en la madrugada del 9 de mayo, Byrd y Bennet saldrían con su skiplano, retornando 15 horas más tarde y afirmando haber alcanzado el vértice polar a las 09:02 horas, una gesta por la que Amundsen felicitó caballerosamente a los aviadores pese al escepticismo técnico. Lejos de desistir, la expedición del Norge mantuvo su plan original de travesía transpolar completa: en la mañana del 11 de mayo soltó amarras y, a las 01:25 del 12 de mayo de 1926, sobrevoló con exactitud matemática y registros de navegación incontestables el Polo Norte geográfico, arrojando sobre el casquete las banderas de Noruega, Estados Unidos e Italia antes de poner rumbo a Alaska.
En 1996, investigaciones británicas demostraron que las mediciones de velocidad presentadas por los estadounidenses resultaban casi imposibles de alcanzar, así como también una fuga de aceite en el motor no reconocida inicialmente habría hecho adelantar la vuelta unos diez kilómetros antes del objetivo. De este modo, y desestimadas también las llegadas de Cook y Peary, Amundsen y el Norge se proclamaron como los primeros en llegar oficialmente al Polo Norte.
El Ártico contemporáneo, sus tensiones geopolíticas y el auge del turismo polar
Actualmente, el Círculo Polar Ártico se erige como una de las zonas con mayor interés tanto geopolítico como turístico de todo el mundo. Es el enclave más afectado por el cambio climático, lo que lo transforma en un lugar místico e interesante que, a todas luces, amenaza con desaparecer. Han sido varios los proyectos que han querido vender el Polo Norte como un atractivo turístico para los más ricos. Así, el proyecto que ha cobrado más fuerza dentro de este ámbito ha sido el de la empresa sueca Ocean Sky Cruises, que propone una visita de 3 días en dirigible a la zona, con una tripulación límite de 16 personas.
El paralelismo con el propio vuelo del Norge resulta, a su vez, paradójico e irónico, presentando el viaje ya no como una expedición para el conocimiento de la humanidad, sino como un capricho sólo al alcance de unos pocos. La empresa ya ha dado varias informaciones que parecen apuntar a un viaje ecosostenible, con una aparente ventaja medioambiental tanto en términos de eficiencia energética como en el ámbito de la propia infraestructura necesaria para realizarlo, que sería nula. Como indicó el ingeniero español Gonzalo Gimeno en una entrevista para National Geographic en noviembre de 2025, lo que Ocean Sky Cruises busca es “abrir una nueva forma de movilidad sostenible que puede operar sin necesidad de aeropuertos ni infraestructura previa” (Gimeno, como se citó en Molina, 2025).
Por otra parte, la importancia a nivel estratégico de la zona es inimaginable. De acuerdo con el catedrático de geopolítica en la Royal Holloway de la London University y miembro de la Royal Geographical Society Klaus Dodds, el Ártico puede ser definido como la “región circumpolar en la que el círculo polar Ártico se considera como un marcador significativo de identidad” (Dodds, 2021). De este modo, el Ártico se rige bajo el Consejo del Ártico, donde se encuentran tanto los ocho estados árticos como también otros observadores no limítrofes con la región, como Alemania, Francia, Gran Bretaña o España, admitida desde el año 2000. Por otro lado, los pueblos indígenas quedan representados como Miembros Permanentes en seis agrupaciones diferentes, así como la Unión Europea mantiene un rol activo de "invitada permanente", debido a que su estatus oficial ha sido históricamente bloqueado.
Toda esta interrelación hace del Ártico un área en la que la cooperación es extremadamente necesaria; así, ámbitos como la emergencia climática o la necesidad de una regulación naval o la cuestión indígena y sus reclamos de autogobierno aparecen dentro de los foros de debate del Consejo.




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