Elecciones Chile: resultados de las primarias presidenciales
- José Manuel Jiménez Vidal

- 26 nov 2025
- 10 Min. de lectura
El pasado 16 de noviembre de 2025, Chile llevó a cabo Elecciones Presidenciales y Parlamentarias, un proceso que ha generado un amplio debate y análisis tanto internamente como en la esfera internacional, especialmente en el contexto iberoamericano. Estos comicios representan no solo un acto democrático, sino también un reflejo de la organización institucional chilena, que combina obligatoriedad ciudadana, mecanismos de participación y medidas de transparencia y seguridad ciudadana.
El sistema electoral chileno y la participación ciudadana
El sistema electoral chileno establece el voto como obligatorio para todos los ciudadanos mayores de edad, con la excepción de aquellos que tengan condenas con penas aflictivas, chilenos residentes en el exterior habilitados para votar y extranjeros con derecho a sufragio. La mencionada obligatoriedad se refuerza mediante sanciones económicas que oscilan entre el 0,5 y 1,5 UTM, equivalentes a aproximadamente 34,633 a 103,898 pesos chilenos, o entre 32 y 95 euros. Sin embargo, el marco legal chileno contempla excepciones justificadas, tales como estar fuera del país, encontrarse a más de 200 kilómetros del local de votación, presentar certificado médico, cumplir funciones legales durante la elección o acreditar discapacidad u otros casos a justificar. En este último caso, la evaluación de las excepciones queda a cargo de los Carabinero y de los Juzgados de Policía Local, asegurando que cada caso sea ponderado de forma individual.
El ejercicio del voto se organiza mediante mesas electorales, cada una con un vocal y miembros del colegio escrutador designados por las Juntas Electorales entre quienes desempeñaron dichas funciones en procesos previos. La obligación de asistir como vocal es severamente estricta, y la no presencia conlleva multas de entre 2 a 8 UTM –120 a 510 euros–. Mediante estas multas, se evidencia la relevancia que el sistema hispanoamericano otorga a la organización y la validación de las votaciones, clasificadas como una de las mejor estructuradas del continente. Para quienes ejercen labores de cuidado, existe un mecanismo especial de excusa y atención preferente, demostrando una firme inclusión de situaciones particulares dentro de una estructura electoral que de inicio puede presentarse rígida por su “obligatoriedad”.
Infraestructura y logística electoral
La jornada electoral se desarrolló entre las 8:00 y 18:00 horas locales, con posibilidad de extensión dependiente de la última persona en votar. Se contó con 3,379 locales de votación con 40,473 mesas a nivel nacional, garantizando la cobertura total del territorio. Para asegurar la movilidad y accesibilidad, el transporte urbano operó de forma gratuita y reforzada, especialmente en zonas rurales o aisladas, con un total de 2695 servicios subsidiados. La Red de Movilidad en Santiago, así como la red de Metro aumentaron las frecuencias. Asimismo, se desplegaron equipos de fiscalización y control de tránsito por garantizar un buen desplazamiento hacia los locales de votación, demostrando, de nuevo, que el sistema democrático chileno es uno de los más robustos a nivel continental y muy destacable en términos globales –Chile se considera una democracia plena, ocupando el puesto número 19 a nivel mundial, por debajo de Australia, Japón, Costa Rica o Reino Unido y por encima de otras democracias plenas com España, Francia o Austria–.
La accesibilidad se contempló, según medios oficiales, para personas con discapacidad, con mecanismos de voto asistido, plantillas en Braille y asistencia por parte de vocales de mesa, asegurando el respeto al secreto de voto y la inclusión.
Derechos laborales
El sistema chileno reconoce el derecho de los trabajadores a ausentarse para ejercer el voto mediante permisos, que incluyen tanto la jornada laboral normal como la participación como vocal o miembro colegiado. En algunos sectores, como los centros comerciales, la ley establece feriado obligatorio, garantizando que la presión laboral no pueda impedir el derecho a sufragio. Estos mecanismos reflejan un equilibrio entre obligación y protección de derechos ciudadanos, reforzando la participación democrática.
Seguridad y participación exterior
Para garantizar las últimas elecciones, se desplegaron más de 23,000 Carabineros y 2,249 voluntarios de Defensa Civil, cuya función era asistir a los votantes, prestar primeros auxilios y garantizar la movilidad y seguridad.
En cuanto al voto exterior, de carácter voluntario y exclusivamente apto para la elección presidencial, se organizaron 119 locales de votación en 64 países, abarcando a unos 160,935 electores, de los cuales han ejercido el voto unos 65,000. Esta disposición subraya la proyección internacional del sistema democrático chileno y el compromiso de sus ciudadanos en el exterior, los cuales destacaron en los centros de votación de Estados Unidos, Argentina, Canadá, Suecia, España, Alemania y Australia.
Resultados electorales de la primera vuelta de las elecciones chilenas 2025
La primera vuelta de las elecciones presidenciales chilenas de 2025 ha dejado un resultado altamente polarizado, con un muy notable aumento en la participación electoral que refleja un interés ciudadano significativo. Según los datos oficiales reportados, Jeannette Jara, del Partido Comunista, se ha posicionado como la candidata más votada con el 26,85% de los votos válidos (3,476,615 votos), seguida por José Antonio Kast, del Partido Republicano, con el 23,92% (3,097,717 votos). El resto de candidatos obtuvieron porcentajes menores, quedando fuera de la segunda vuelta, destacando Franco Parisi –19,71% –, Johannes Kaiser –13,94% – y Evelyn Matthei –12,46% –, mientras que los candidatos con apoyo más modesto no superaron el 2% de los votos cada uno. En total, se han contabilizado 12,949,715 votos válidos, 142,083 en blanco y 360,926 nulos.
En cuanto a la participación nacional, ha aumentado del 47,33% en 2021 al 85,26% en 2025, un salto que refleja la movilización ciudadana, motivada por la polarización del panorama político, la presencia de candidatos con fuerte identificación ideológica y las influencias políticas regionales.

Análisis de las elecciones por región
Las elecciones del 16 de noviembre han plasmado un mapa electoral que muestra patrones regionales claros, los cuales, muestran las diferencias sociopolíticas y culturales.
Norte del país (Arica, Tarapacá, Antofagasta, Atacama)
Parisi lideró en todas las regiones del norte, con porcentajes entre el 27,84% y 34,99%.
La participación aumentó significativamente, pasando del 42-44% en 2021 al 80-82% en 2025.
La preeminencia de Parisi puede explicarse debido a su perfil independiente y su enfoque en políticas de corte económica y tecnológicas, que resuena en zonas urbanas del norte, caracterizadas por la actividad minera y empresarial.
Zona central (Coquimbo, Valparaíso y Metropolitana)
Jeannette Jara se ha impuesto en estas regiones con entre el 27-31% de los votos, mientras que Parisi y Kast ocuparon los siguientes lugares.
La participación ha sido muy elevada, alcanzado el 84-86%, frente a una media ligeramente superior al 47% en 2021.
La victoria de Jara en áreas urbanas muy pobladas –principales urbes de Chile– refleja un electorado más receptivo a la inclusión de programas sociales, postulados típicos de grupos izquierdistas. Asimismo, en la Región Metropolitana –Santiago de Chile–, con más de 5 millones de votantes, ha sido decisiva para consolidar la ventaja de la comunista a nivel nacional –además de haber sido una buena fuente de votos para Evelyn Matthei, quien ha logrado una segunda posición en dicha área–.
Zona sur y centro-sur (O-Higgins, Maule, Ñuble, Biobío, Araucanía, Los Ríos y Los Lagos)
José Antonio Kast ha liderado en todas las regiones, con un 25-32% de los votos.
La participación se ha mantenido notablemente alta, alcanzando entre un 84-91% según la región.
Las regiones del sur chileno han presentado, durante años, una tradición más conservadora y rural, donde el mensaje de Kast sobre orden, valores tradicionales y seguridad han captado mejor al electorado.
Zona austral (Aysén y Magallanes)
Jeannette Jara también se ha impuesto en el área sur del país, logrando un 27-28% de los votos en ambas regiones.
La participación, aunque elevada pese a 2021, ha sido menor que en otras regiones, alrededor de un 73-76%.
Estas regiones presentan una población más dispersa y con mayor dependencia de programas sociales e infraestructuras, lo que podría explicar su decantación por Jara como primera opción.
Comportamiento del voto chileno en el exterior
El voto exterior ha disminuido respecto a 2021, del 47,94% al 39,93%, con 64,269 electores de los 160,935 habilitados. De tal forma, los resultados han sido:
Jeannette Jara ha ganado el voto exterior con un 46,66%, reflejando el apoyo mayoritario de la diáspora, probablemente vinculada a sectores progresistas o ligados a experiencias políticas de dictadura militar-conservadora. En total, ha ganado en casi todos los países del voto exterior, especialmente en Europa y países occidentales como Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Japón.
José Antonio Kast ha logrado el primer puesto en países hispanoamericanos, en Estados Unidos y ciertas regiones del Sudeste Asiático y Oriente Medio, incluyendo Bolivia, Colombia, Estados Unidos, Ecuador, Guatemala, Honduras, El Líbano, Indonesia, Malasia, Panamá, Perú, Egipto, Malasia, Israel, El Salvador y República Dominicana.
Probablemente, los migrantes conservadores y empresarios chilenos fuera del país han sido quienes se han identificado mejor con Kast, junto con el aumento conservador que la región hispanoamericana está experimentando, con figuras como Javier Milei, Nayib Bukele, Paz Pereira o Daniel Noboa.
Evelyn Matthei se ha impuesto en el voto desde el continente africano y en Asia Oriental –ha ganado en China, Argelia, Filipinas, Jamaica, Kenia, Marruecos, Singapur, Sudáfrica, Tailandia y Turquía–, mientras que Johannes Kaiser ha liderado en contextos europeos y de Medio Oriente –Croacia, Emiratos Árabes Unidos, India y Paraguay–. Ambos, han capitalizado nichos más específicos, con votantes que responden a ideologías moderadas de centro-derecha o libertarios y antielitistas.
Franco Parisi no ha logrado ganar en ningún país exterior, lo que indica que su atractivo es simplemente doméstico y se vincula en mayor medida a las problemáticas nacionales específicas, como la economía o la gestión local.
Tendencias generales de las elecciones
Los resultados de la primera vuelta ponen de manifiesto una configuración electoral polarizada, donde los apoyos principales se han concentrado en polos opuestos. Por un lado, encontramos un bloque urbano progresista, representado por Jeannette Jara, por tro un espacio conservador más rural, encarnado por Kast y en tercer lugar un espacio intermedio donde el voto canalizado es más independiente o responde más al pragmatismo, con adhesiones volátiles según las condiciones locales.
El panorama no solo describe una serie de preferencias partidarias, sino dos visiones contrapuestas de un mismo país, donde las candidaturas intermedias actúan como válvula de escape para los descontentos o no representados y ya no como un espacio de fortaleza política activa. Así pues, es recalcable que el voto se ha canalizado en un partido de izquierda frente a cuatro de derecha o centro-derecha, lo que plasma los peores resultados de la izquierda chilena a nivel histórico desde la llegada de la democracia.
De la misma forma, la alta participación sugiere un cambio en cuanto al involucramiento ciudadano, especialmente desde los sectores de derecha. En las anteriores elecciones, pese a la victoria de Kast en la primera vuelta, fue Boric –izquierda– quien logró la Presidencia de la nación. En estos comicios, la movilización, motivada por la polarización para impulsar o frenar determinados proyectos, la percepción de riesgo ante una situación liderada por antagonistas y la eficacia de las campañas territoriales plasman un panorama político muy distinto, que traduce la valoración pública chilena respecto a su actual gobierno.
¿Por qué retrocede la izquierda chilena?
La derecha ha obtenido un resultado muy amplio, logrando capitalizar un conjunto de factores que en el ciclo electoral en el que se ha movido Chile adquieren un enorme peso. El eje de la seguridad pública, especialmente en el sur y centro-sur del país, se ha convertido en un determinante poderoso del voto que, José Antonio Kast ha logrado captar, con respuestas más directas, simples y contundentes frente a una percepción de amenaza, abandono estatal y conflicto entre el mundo urbano y rural.
A ello se suma un voto identitario conservador arraigado en territorios rurales, donde prevalecen estructuras comunitarias más tradicionales, una menor presencia estatal y una desconfianza creciente hacia la clase política urbana, considerada descontextualizada de la realidad. La narrativa de la derecha, además, se ha adaptado a características según la zona, desde la estabilidad económica y el orden necesario en el centro del país, la defensa de los valores comunitarios y tradicionales en el ámbito rural o la seguridad en el sur.
De forma paralela, el surgimiento de fuerzas como Kaiser, con un discurso más orientado al electorado joven, digitalizado y libertrio –en parte influenciado por la Argentina de Milei– ha ampliado aún más el ecosistema de la derecha al captar sectores que rechazan la política progresista y que no se sienten representados por la política institucional intrusiva en el ámbito privado. De esta manera, la derecha ha consolidado tanto a su electorado histórico, como a sectores nuevos, absorbiendo males que han generado desafección hacia proyectos de la izquierda gobernante.
Por otro lado, el retroceso de la izquierda, pese al liderazgo de Jara en la primera vuelta, responde a un desgaste sistemático y a una pérdida de cohesión entre partidos de izquierda. Tras años de debates constitucionales fallidos, reformas lentas, expectativas no cumplidas, etc. parte del electorado urbano –base del progresismo– se ha fatigado y distanciado respecto a estos partidos del ala izquierdista. El progresismo aparece poco unificado, con candidaturas menores sin peso, que fragmentan opiniones y distancian los objetivos de las agendas políticas, lejos del contexto de la victoria de Boric en 2021.
Asimismo, la izquierda mantiene un arraigo en los centros urbanos y administrativos, pero no tiene penetración territorial apenas, quedando confinada a espacios concretos, donde si no se gestiona debidamente, la derecha puede arrebatarles rápido el terreno rural, suburbano e intermedio –como ha sucedido en estas elecciones–. Además, a esto sumamos que la derecha jugaba en tres direcciones: clásica, drástica y antisistema, erosionando una base común desde distintas perspectivas, lo que en la práctica ha sido un auténtico “divide y vencerás”. Al haber cuatro partidos de derecha, pese a las diferencias internas entre los mismos, iban a apoyar al derechista ganador, puesto que todos comparten un objetivo común: evitar que la izquierda se mantenga en el poder. En consecuencia, Kast ganará –casi por asegurado– las elecciones chilenas en la segunda vuelta, puesto que el resto de líderes le ha otorgado su apoyo al ser el segundo representante más votado. En cambio, la izquierda, de forma abrupta ha canalizado su voto en un único partido –Partido Comunista–, lo que le ha otorgado peso en la primera vuelta, pero arrebatado sus posibilidades de ganar las elecciones.
Esta competencia también se ha observado en el exterior: Jara ha triunfado en países con altos niveles de bienestar, pero Kast y Matthei dominan en entornos culturalmente conservadores o económicamente competitivos, mientras Kaiser ha atraído a expatriados conservadores, emprendedores y jóvenes. En conjunto, la izquierda chilena no desaparece, pero pierde su alcance nacional, mientras la derecha se expande como alternativa a un país polarizado y cansado del ciclo político previo. Pronto veremos a José Antonio Kast en el Palacio de la Moneda, abriéndose un ciclo en el continente hacia la derecha, liderado por Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Perú, El Salvador, Guatemala, Estados Unidos, Panamá y República Dominicana, cercando a Brasil, Venezuela, Colombia, Nicaragua, Cuba, Honduras y México, junto a una Costa Rica y un Uruguay más moderados en el área centro-izquierda.
Créditos foto: Agencia UNO.




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