top of page
  • Instagram
  • X
  • Threads

Elecciones Irlanda: Connolly toma la escena electoral

  • Foto del escritor: José Manuel Jiménez Vidal
    José Manuel Jiménez Vidal
  • 27 oct 2025
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 28 oct 2025

En un país donde tradición y cambio van de la mano, las recientes elecciones presidenciales en Irlanda han marcado un giro notable. El pasado 24 de octubre de 2025 los ciudadanos de la república fueron convocados a elegir a su décimo presidente, y la victoria aplastante de la independiente de izquierdas Catherine Connolly –con cerca del 63% de los votos de primera preferencia –unos 914,143 votos– ha sacudido el panorama político irlandés. Sin embargo, la participación rondó apenas el 46%, lo que, junto con un número récord de votos nulos o anulados –unos 213,700–, revela también un desencanto ciudadano.


El ambiente previo al comicio se encontraba cargado: Irlanda, aunque en muchos indicadores goza de buena salud económica, afronta desafíos sociales claros –como la crisis de la vivienda, el costo de la vida, la falta de infraestructuras de calidad, y un debate intenso sobre identidad e inmigración, así como la relación con Europa y el norte del país–. La elección de Connolly se presenta no solo como una renovación simbólica de la jefatura del Estado sino también como un mensaje a las élites políticas convencionales.


Resultados de las elecciones presidenciales irlandesas 2025.
Resultados de las elecciones presidenciales irlandesas 2025.

 

El papel de la presidencia en Irlanda

Para comprender por qué esta elección tiene más de símbolo que de poder real es necesario repasar la naturaleza institucional de la jefatura del Estado en Irlanda. En la república parlamentaria irlandesa –definida por la Constitution of Ireland– el presidente es el jefe de Estado, pero no el jefe de gobierno. 


El presidente –cargo al que pueden presentarse ciudadanos mayores de 35 años con las correspondientes nominaciones– cumple un mandato de siete años, renovable solo una vez. Gran parte de su papel es representativo: firmar leyes, convocar el Parlamento –Dáil y Seanad–, disolver el Dáil cuando lo pide el gobierno, nombrar al Taoiseach –primer ministro– o a jueves, y ostentar el mando supremo de las Fuerzas de Defensa –aunque ese mando también está sujeto al control del gobierno–.

 

En la práctica, los ciudadanos irlandeses tienden a ver esta figura como un garante de los valores democráticos, una voz moral por encima del día a día políticamente cargado y un símbolo de cohesión nacional. La presidencia no dirige la política económica o social, pero su ocupante puede influir en el tono del debate público, en la representación internacional y en la visibilidad de cuestiones culturales.


Para su elección, se utiliza el sufragio universal directo mediante el sistema de voto único transferible, una forma de voto preferencial. En este sistema, los ciudadanos ordenan a los candidatos por preferencia (1,2,3, etc.). Si ningún aspirante obtiene más del 50% de los votos de primera preferencia, se elimina al candidato con menos apoyos y sus votos se redistribuyen según las opciones marcadas. El proceso continúa hasta que se alcanza una mayoría absoluta, garantizando así que el ganador cuente con un respaldo mayoritario y representativo del electorado –hecho que ha sucedido con Connolly, puesto que ha recogido una gran cantidad de votos procedentes del electorado del Fianna Fáil–.


De dónde viene Irlanda: un breve repaso histórico

La historia política de Irlanda está marcada por hitos que han modelado tanto su sistema institucional como sus tensiones identitarias. Tras décadas de dominación británica, el Estado Libre irlandés se independizó en 1922, y en 1937 se promulgó una nueva Constitución que estableció la República de Irlanda como Estado soberano. En 1973 el país ingresó en la Unión Europea –por entonces Comunidad Económica Europea–, lo que aceleró su modernización posteriormente –junto a incentivos más que atractivos a empresas multinacionales tecnológicas–.


En las últimas décadas Irlanda ha experimentado un notable crecimiento económico –especialmente en el sector tecnológico y de servicios–, al mismo tiempo que enfrentaba retos como la recesión del periodo 2008-2010, el escándalo bancario-inmobiliario, y un cambio profundo en su relación con la Iglesia católica, reflejado en los debates sobre derechos civiles: divorcio, aborto, matrimonio igualitario etc. También queda en el trasfondo el efecto indirecto del Brexit sobre sus relaciones económicas y logísticas y la cuestión de la frontera con Irlanda del Norte, que ha reabierto las discusiones sobre la identidad nacional y las relaciones con Londres.


Todo ello hace que Irlanda se encuentre hoy en un momento de transición social; de un país que avanza hacia una identidad más plural, abierta y europea-centrada, pero al mismo tiempo interpelado por sus raíces históricas, tradicionales e institucionales.


El legado de D. Higgins

El presidente saliente es Michael D. Higgins, que ejerció el cargo desde noviembre de 2011, reelecto en 2018, y que cumplió el máximo de dos mandatos permitidos. Higgins, laborista, poeta, académico y antiguo ministro de Cultura, alcanzó gran popularidad gracias a su estilo reflexivo, su defensa de la justicia social, los derechos humanos y la visibilidad internacional de Irlanda.


Entre sus logros destacan la elevación del perfil de la presidencia irlandesa en el exterior –

especialmente por las críticas hacia Israel en la ONU por la situación en Gaza, el reconocimiento del Estado Palestino o la primera visita de un presidente irlandés a Reino Unido en 2014 desde su independencia–, el refuerzo de la conciencia cultural, la moral coherente más allá del partidismo, los valores humanistas y su posición como figura unificadora en momentos de crisis interna, así como sus perros, especialmente Bród –igual o más famoso que el propio presidente– , lo que reforzó su vinculo afectivo con la ciudadanía. No obstante, algunas críticas señalan que su papel, aunque simbólicamente potente, ofrecía poca influencia real sobre las estructuras de poder, y que en tiempos de urgencia económica o de vivienda difícilmente podía ofrecer respuestas políticas directas. 


En el contexto de esta campaña, la figura de Michael D. –cariñosamente llamado así– fungió como referencia alta: su popularidad y su estilo marcaron un estándar que muchos candidatos sentían que debían igualar o superar. En ese sentido, la elección próxima estaba llamada a ser tanto homenaje a ese legado como desafío a dar un nuevo paso.


La nueva presidente: figura, discurso y campaña

La nueva presidente electa es Catherine Connolly, tercera mujer en ostentar el cargo, independiente, de izquierdas, atea, hablante de irlandés, de 68 años, contraria al IRA y originaria de Galway, región al oeste del país. Antes de su candidatura presidió el ayuntamiento de Galway y entró en el Dáil –Cámara baja– en 2016 como diputada.


Su campaña giró en torno a mensajes resonantes para muchos electores jóvenes y urbanos, pero no exclusivamente: “inclusión”, “república que valora a todos”; “voz para la diversidad y para la identidad irlandesa tanto en idioma irlandés como en inglés”; fueron frases constantes durante sus mítines. Además, Connolly planteó una Irlanda más firme en temas de justicia social, medio ambiente y actuación internacional, cuestionando la militarización de la Unión Europea y defendiendo la tradicional neutralidad irlandesa, con discursos duros anti-OTAN.


Contó con el apoyo explícito de los partidos de izquierdas –Sinn Féin, Labour Party, Social Democrats, Solidarity, Green Party y People Before Profit – y se benefició de una respuesta notable en votantes jóvenes y en zonas urbanas al oeste del país.


Entre las polémicas, se le ha criticado por sus declaraciones sobre ciertos conflictos internacionales –por ejemplo las críticas a Israel sobre el conflicto de Gaza y su postura sobre las relaciones exteriores irlandesas– que suscitaron debate sobre hasta qué punto una figura presidencial debía adoptar posturas tan contundentes. Durante la campaña, sin embargo, supo mantener la narrativa de “presidente para todos”, lo que contribuyó a construir una imagen de liderazgo cercano, con buena comunicación en redes sociales y presencia en medios tradicionales, y de conexión generacional.


Su imagen pública mezcla la figura institucional con mensajes de cambio generacional. Ha logrado proyectar una presidencia no únicamente para las élites o para Dublín, sino también para las regiones –una cuestión clave en Irlanda, donde el desequilibrio metrópolis-rural es perceptible–. 

El triunfo Connolly se explica por la convergencia de factores políticos, sociales y estratégicos. En un contexto descontento con los partidos tradicionales –Fine Gael y Fianna Fáil–, su candidatura canalizó el hartazgo ante la crisis de la vivienda, el aumento del coste de vida y la percepción de que las instituciones habían perdido sensibilidad social. A ello se sumó una cierta fatiga con el largo mandato de Higgins: Connolly ha sabido proyectarse como heredera de sus valores, pero también como la renovación que muchos buscaban.


Su campaña ha destacado por el uso eficaz de las redes sociales, una comunicación cercana y una movilización inédita del voto joven y urbano. La retirada tardía del candidato del Fianna Fáil, Jim Gavin, debilitó aún más a la oposición, dejando la contienda prácticamente reducida a dos aspirantes, lo que amplificó su margen de victoria –63,36% frente al 29,46% que consiguió su opositora, Heather Humphreys–. En consecuencia, Connolly ha ganado en todos los distritos nacionales por circunscripción con más de un 50% de los votos, a excepción de la circunscripción de Cavan-Monaghan, donde solo alcanzó el 38,33% de los votos.


El trasfondo sociológico también ha sido clave: el electorado irlandés muestra una creciente afinidad con causas como la igualdad de género, el ecologismo y el europeísmo. Así, la victoria de una mujer independiente y de izquierdas simboliza el giro cultural de una Irlanda más diversa, moderna y crítica con las élites. Connolly encarna –para bien o para mal– ese deseo de cambio moral y social que trasciende el mero resultado electoral.


Créditos foto: Houses of the Oireachtas from Ireland.

Comentarios


Blog internacional

© 2025 Naciones en Ruinas. Todos los derechos reservados

bottom of page