Elecciones Perú: la victoria de Keiko Fujimori, el regreso de la bicameralidad y el nuevo ciclo político peruano
- Jordi Pascual Pérez

- hace 9 horas
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El 7 de junio de 2026 fue la fecha elegida para celebrar la segunda vuelta de las elecciones generales de Perú en la que se enfrentaron las dos tradiciones políticas que han estructurado la sociedad política peruana contemporánea: el castillismo vs el fujimorismo.
Estas elecciones representan un punto de inflexión histórico y una de las citas democráticas más determinantes para el futuro del país en las últimas décadas. Su importancia radica no solo en la elección de un nuevo mandatario, sino en una transformación estructural del sistema político y en la posibilidad de cerrar un ciclo de inestabilidad crónica que ha llevado al país a tener ocho presidentes en apenas 10 años.
Además, y por primera vez desde 1993, Perú abandonará el modelo unicameral para restablecer un Congreso bicameral compuesto por 130 diputados y 60 senadores. Este cambio representa una reforma política de gran calado que busca mejorar la calidad de las leyes mediante un “doble filtro” legislativo, reducir las decisiones populistas y fortalecer los pesos y contrapesos entre los poderes del Estado.
Perú se enfrenta a una decisión de romper con el deterioro institucional de la última década o arriesgarse a una mayor regresión autoritaria o inestabilidad política. El ganador será el noveno presidente en una década, y su capacidad de maniobra dependerá de un Parlamento fragmentado y de un nuevo Senado con la misión de dotar al país de una compleja mayor estabilidad institucional.
Contexto político-social: Perú
Perú llega a la segunda vuelta de sus elecciones generales sumergido en una crisis política persistente, caracterizada por una inestabilidad extrema que ha llevado al país a tener un promedio de casi un mandatario por año en la última década. Este contexto social y político es el resultado de un deterioro institucional acelerado, una fragmentación electoral sin precedentes y una profunda desconfianza ciudadana.
La contienda se ha polarizado entre dos herencias políticas que dividen el país territorial y socialmente. Por un lado, encontramos el Fujimorismo, representado por Keiko Fujimori quién abandera una derecha que apela al “orden” y reivindica el legado de Alberto Fujimori, proponiendo mano dura contra la criminalidad y una economía pro-mercado.
Por otro lado, Roberto Sánchez se presenta como el heredero político de Pedro Castillo y el representante de la izquierda peruana. Sánchez aboga por un Estado inclusivo y el fortalecimiento del sistema interamericano de derechos humanos para proteger a las víctimas del poder estatal.
Socialmente, la inseguridad ciudadana se ha convertido en la principal preocupación nacional, superando a la corrupción y la economía, lo cual se puede observar en cifras que alcanzan los 2,400 homicidios y más de 25,000 denuncias por extorsión al cierre de 2025 demuestran la gravedad de la situación. En respuesta, los candidatos proponen medidas de “mano dura” que podrían redefinir el compromiso del país con organismos internacionales de derechos humanos.
En el apartado económico, aunque Perú ha mantenido una notable estabilidad macroeconómica gracias a la autonomía de su Banco Central, la parálisis política ha impedido reformas que permitan un crecimiento mayor al actual (en torno al 3%). Asimismo, las elecciones son vitales para reactivar $55,000 millones en inversiones mineras paralizadas por la incertidumbre, con potencial para revertir el aumento de la pobreza, que pasó del 20% en 2019 al 27.6% en 2024
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Una década de inestabilidad en la Casa de Gobierno
La inestabilidad presidencial ha sido la norma desde 2016, periodo en el que han desfilado ocho mandatarios por el Palacio de Gobierno. Este ciclo de alternancias de líderes se explica por un uso recurrente y, según algunos analistas, extensivo, de la figura de la "vacancia por incapacidad moral permanente" por parte del Congreso.
Las presidencias de Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), Martín Vizcarra (2018-2020) y Manuel Merino (2020-5 días) se caracterizaron por el enfrentamiento constante con la mayoría parlamentaria fujimorista, la destitución de los presidentes por su “incapacidad moral” y por sus vínculos con casos de corrupción y masivas protestas sociales.
Tras un gobierno de transición liderado por Francisco Sagasti entre 2020-2021, llegaría al poder el izquierdista Pedro Castillo. Su gestión fue caótica, con constantes cambios de gabinete y enfrentamientos con el Legislativo, hasta que fue destituido y encarcelado tras intentar un fallido autogolpe de Estado el 7 de diciembre de 2022.
Dina Boluarte asumiría a finales de 2022 el cargo como vicepresidenta primero, presidente después, tras la caída de Castillo. Su gobierno enfrentó las turbulencias sociales más graves de los últimos años y fue sostenido políticamente por una alianza con el fujimorismo en el Congreso hasta su eventual cese. Sin embargo, casos como el Rolexgate, investigaciones por muertes en protestas contra su gobierno, las sospechas de corrupción y encubrimiento o investigaciones parcialmente suspendidas mientras estaba en el cargo, le valieron el fin del mandato a la señora Boluarte.
Por último, los gobiernos de José Jerí (2025-2026) y José María Balcázar (2026) fueron designados como presidentes interinos por el Congreso para completar el período presidencial tras la caída de Boluarte, marcados nuevamente por escándalos. Entre ellos, destacan los asciados a declaraciones controvertidas sobre relaciones sexuales con menores –Balcázar; único legislador peruano en votar en contra la prohibición del matrimonio infantil en 2023–, el denominado Chinagate –reuniones no declaradas de Jerí con empresarios chinos con sospechas de tráfico de influencias y vínculos a redes de corrupción en infraestructuras–, contrataciones irregulares en el Palacio Presidencial o la común corrupción al uso de las instituciones peruanas.
Por ello, en gran medida, el tejido social peruano se encuentra profundamente fracturado por las dos herencias políticas que se enfrentarán en las próximas elecciones del 7 de junio. La caída de Pedro Castillo en 2022 desató un estallido social, especialmente en el sur andino y zonas rurales, que fue reprimido brutalmente por el Estado, dejando un saldo de 50 muertos a la vez que se exacerbó el sentimiento de exclusión y resentimiento hacia las élites políticas de Lima, tradicionalmente ligadas al fujimorismo.
Sistema electoral: Parlamento peruano
El Parlamento peruano se encuentra en un proceso de transformación histórico ya que, a partir de estas próximas elecciones generales de 2026, dejará atrás el modelo unicameral vigente desde 1993 para restaurar un sistema bicameral, es decir, un parlamento conformado por una Cámara Alta (Senado) y una Cámara Baja (Cámara de Diputados).
Cámaras | Composición | Método de elección |
Senado (Cámara Alta) | 60 senadores | Lista proporcional (método D'Hondt) |
Cámara de Diputados (Cámara Baja) | 130 diputados | Lista proporcional (método D'Hondt) |
Total | 190 legisladores | Ambos deben cumplir con las reglas de la “barrera electoral” |
Este rediseño institucional tiene como objetivo mejorar la calidad del proceso legislativo, fortalecer la estabilidad democrática y establecer un sistema de pesos y contrapesos más robusto entre los poderes del Estado.
El Senado peruano actuará como una cámara de revisión y un órgano de mayor peso institucional. De forma exclusiva, gozará de un doble filtro legislativo que le permitirá revisar, modificar o rechazar los proyectos de ley previamente aprobados por la Cámara de Diputados, evitando así decisiones apresuradas o populistas.
Además, será el responsable de elegir y ratificar a los magistrados del Tribunal Constitucional, al Defensor del Pueblo, al Contralor General y a los directores del Banco Central de Reserva.
Y, por último, a diferencia de la Cámara de Diputados, el Senado no puede ser disuelto por el Presidente, lo que refuerza su papel fundamental en la estabilidad del sistema ante la volatilidad política, justo aquello de lo que Perú pretende deshacerse.
El regreso a la bicameralidad responde a una década de extrema inestabilidad política, durante la cual el Congreso unicameral destituyó a cinco presidentes mediante la figura de la "vacancia por incapacidad moral permanente". El nuevo sistema busca que la remoción de un mandatario requiera una argumentación más sólida y pase por filtros adicionales.
Candidatos y partidos del Perú
En la presente tabla, pese a señalar tan solo 6 principales candidatos y partidos políticos para las elecciones de 2026, debemos recordar la fragmentación social y política imperante en el país andino pues, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales se contó con un récord de 35 candidaturas presidenciales, lo que generó una fragmentación significativa en la representación parlamentaria.
Partido | Líder / Candidato | Posición ideológica | Encuestas (mayo 2026) |
Fuerza Popular | Keiko Fujimori | Derecha Conservadora /Autoritarista | ~38-40.4% de intención de voto |
Juntos por el Perú | Roberto Sánchez | Izquierda Radical/Pragmática | ~35-38.3% de intención de voto |
Las encuestas más recientes mostraban una ventaja más estrecha para la candidata por Fuerza Popular, pero dentro del margen de error, las encuestas sugerían la posibilidad de un empate técnico entre ambos candidatos, hecho que finalmente se confirmó en el resultado electoral–hecho tradicional en las últimas elecciones peruanas de los últimos quince años, marcadas por segundas vueltas diferenciadas por menos de un 1,5% de los votos–.
No obstante, si se realiza una lectura de los posibles votos excluyendo los “voto en blanco” o “votos nulos”, las cifras se ajustan todavía más. Estas encuestas otorgarían a Fujimori entre el 51.4% y el 52.9% de los votos—con lo que le bastaría para ganar—mientras que Sánchez se sitúa entre el 47.1% y el 48.6%. Finalmente, los datos parecen haber sido más optimistas para el candidato de izquierdas, quien a pesar de no haber logrado superar a Fujimori, ha mejorado los porcentajes de las encuestas, alcanzando un 49,90% de los votos en segunda vuelta, frente a la aparente victoriosa derecha con un 50,10%.
Estas elecciones, siguiendo la dinámica de la primera vuelta, han contado con un gran porcentaje de electores que aún no habían definido plenamente su voto o que han optado por el voto blanco o nulo. Las encuestas auguran que este tipo de voto ha concentrado casi entre el 21% o el 27% de los votos, demostrando la desconfianza y el desinterés qué despierta el maltrecho sistema político-electoral peruano entre sus ciudadanos, un dato revelador que ayuda a comprender los empates técnicos entre candidatos y la crisis democrática de Perú.
Resultados de las elecciones peruanas 2026
Partido | Líder / Candidato | Posición ideológica | Resultados Elecciones 2026 |
Fuerza Popular | Keiko Fujimori | Derecha Conservadora /Autoritarista | ~50.092% de votos (9.125.179 millones de votos) |
Juntos por el Perú | Roberto Sánchez | Izquierda Radical/Pragmática | ~49.908% de votos (9.091.747 millones de votos) |
A la fecha del 16 de junio de 2026—nótese 9 días después del día donde los peruanos votaron a su nuevo presidente—, los resultados de la segunda vuelta presidencial en el Perú muestran una aparente victoria sumamente ajustada de Keiko Fujimori—de Fuerza Popular—pese a qué la proclamación por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) está prevista para mediados de julio.
Con el 99,050% de las actas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la diferencia entre ambos candidatos es de 33.432 votos—números qué variarán conforme la ONPE contabilice las 881 actas restantes.
La victoria de Keiko Fujimori: una lectura de la victoria electoral del fujimorismo
La victoria de Keiko Fujimori en las elecciones de 2026 se interpreta internamente no sólo como un hito personal tras tres intentos fallidos, sino como un síntoma de profundos cambios nacionales y regionales y fracturas en la sociedad peruana.
Expertos en política peruana exaltan el debate sobre si el apoyo a Fujimori representa una adhesión plena al fujimorismo o es, fundamentalmente, un voto de reacción contra el proyecto de Roberto Sánchez. Diversos analistas sugieren que se trata de una respuesta ciudadana frente a años de inestabilidad política y una frustración acumulada con la administración de Pedro Castillo y Dina Boluarte.
La lectura de los resultados de las elecciones permiten señalar una clara fragmentación a nivel geográfico encontrando una tensión extrema entre la capital—Lima—y el resto del país. Por un lado, Lima y la costa peruana se consolidan como el bastión de la derecha, donde Fujimori obtuvo más del 60% de los votos.
Por otro lado, Roberto Sánchez heredó de Pedro Castillo el apoyo masivo de las zonas quechuas y aymaras (Puno, Cusco, Apurímac) donde obtuvo el respaldo del 78% y 86% de los votantes. Esta brecha territorial sugiere que Fujimori gobernará un país dividido, con sectores que ya advierten que su mandato podría profundizar la polarización ya existente.
Una lectura política clave de las elecciones peruanas es el peso inédito del voto en el exterior. Esto se debe a que el triunfo de Fujimori se ha visto impulsado de manera determinante por el voto de los peruanos en el extranjero, especialmente en Estados Unidos, Argentina y España, donde obtuvo más del 60% de los respaldos.
El poder decisivo de la diáspora peruana ha generado perplejidad y cuestionamientos en sectores de la izquierda y líderes sociales, quienes critican que personas que no residen en el país definan su rumbo político.
A diferencia de procesos anteriores, el partido de Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) ha anunciado qué no habrá una práctica sistemática de obstrucción ni campañas de deslegitimación de los resultados electorales.
El partido de Roberto Sánchez busca una oposición basada en el diálogo público para asegurar la gobernabilidad, aunque mantienen demandas específicas como la posibilidad de un indulto a Pedro Castillo, argumentando que este aún representa a una parte significativa del país.
Perú entra al “club de las derechas” en América Latina: un nuevo ciclo político regional
El triunfo de una candidata conservadora en Perú se suma a una tendencia observada en otros países sudamericanos donde el electorado ha optado por opciones de derecha o centroderecha, un fenómeno que no es aislado y que responde a un patrón de desgaste de los modelos progresistas o de izquierda en la región.
Los diferentes ejemplos que encontramos regionalmente son la Argentina de Javier Milei—donde el libertario accedió al poder gracias a su discurso frontal contra la clase política tradicional—, el Ecuador de Daniel Noboa haciendo frente a una demanda de orden frente a la inseguridad o el caso de Chile con la elección de José Antonio Kast tras el desgaste del proyecto progresista de Gabriel Boric.
A nivel regional, el ascenso de estos líderes no se interpreta necesariamente como una adhesión ideológica pura o convencida a una doctrina de derecha. Más bien, se analiza como una reacción ciudadana frente a la insatisfacción y el desencanto con los gobiernos anteriores que no lograron resolver problemas cotidianos como el costo de vida, la corrupción, el empleo y, especialmente, la inseguridad y el crimen organizado.
Finalmente, Perú se suma a este cambio después de haber tenido gobiernos con propuestas de izquierda o surgidos de fórmulas progresistas (como Pedro Castillo y Dina Boluarte) que terminaron sumidos en profundas crisis políticas y el cansancio ciudadano.
La victoria de Fujimori consolidaría que el desplazamiento del péndulo político en América del Sur se está moviendo nuevamente, buscando soluciones en liderazgos que prometen estabilidad institucional y firmeza frente a la inestabilidad que ha caracterizado a la región en los últimos años.




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