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Epidemia de ébola en la República Democrática del Congo: retos sanitarios, cooperación internacional y control del virus Bundibugyo

  • hace 3 minutos
  • 10 min de lectura
Breve introducción al ébola

La enfermedad infecciosa del ébola es una epidemia que lastra buena parte del continente africano, un peligro al que se expone la ciudadanía local de manera prolongada y que a diferencia de otras propagaciones víricas con similar mortalidad, no ha sido todavía debidamente abordada por los grandes laboratorios globales debido a que su presencia casi exclusivamente se ha registrado en África.


El ébola fue identificado por primera vez en 1976 a partir de un brote originado en dos principales focos ubicados en Nzara (en su momento parte de Sudán y en la actualidad de Sudán del Sur) y en Yambuku, República Democrática del Congo.

  

La enfermedad procede de un grupo vírico conocido como ortoebolavirus, del cuál surgen cuatro enfermedades que afectan a los humanos directamente: el virus del ébola (Orthoebolavirus zairense), el virus de Sudán (Orthoebolavirus sudanense), el virus del Bosque Tai (Orthoebolavirus taiense) y el virus de Bundibugyo (Orthoebolavirus bundibugyoense).


Los seres humanos pueden llegar a contraer cualquiera de dichas modalidades, a través de la transmisión por parte de animales o heces de los mismos, para posteriormente ser un potencial factor de propagación a partir de sus flujos corporales, tales como: saliva, orina, vómito, sudor, leche materna, sangre…; o de materiales que mantengan contacto con los mismos: vendajes, agujas, ropa de cama…


Consecuencia directa de encontrarse infectado de ébola, es la aparición de múltiples síntomas entre los 2 y 21 días desde que se enferma, tales como: fiebre, fatiga, malestar, dolor muscular, dolor de cabeza y dolor de garganta; seguidos por diarrea, vómito, dolor abdominal y empeoramiento en el funcionamiento de riñones e hígado.

 

Propagación del Bundibugyo en el África Oriental 

El presente brote, manifestado por primera vez en el municipio de Mongbwalu de la provincia de Ituri (República Democrática del Congo), corresponde a la cepa del Bundibugyo, la cuál previamente se había originado exclusivamente en dos ocasiones, y actualmente no cuenta con tratamiento o vacuna que la combata. La tasa de mortalidad registrada a día de hoy es un 30%, un alto porcentaje que sin embargo difiere de otros anteriores brotes, dónde se han llegado a alcanzar cuotas máximas de hasta un 90%. Paralelamente, esta cifra es igualmente inferior a los porcentajes alcanzados durante la crisis de ébola entre 2014 y 2016 en los países de Sierra Leona, Liberia y Guinea, dónde la fatalidad discurrió entre el 35% y el 45%, y se registró el mayor número de infectados (28.600) y fallecidos de la historia (11.325).


Si bien dichas cifras suponen un máximo a nivel histórico, la magnitud del actual brote, anunciado inicialmente el 15 de mayo por la Organización Mundial de la Salud, que posteriormente la declaró como emergencia de salúd pública de interés internacional el 17 de mayo; y finalmente el 22 como alerta sanitaria de nivel muy elevado. En consecuencia, una amalgama de circunstancias que realmente hacen temer a la mayor parte de expertos sobre una posible propagación sin precedentes. 


Asimismo, las 447 muertes alcanzadas, los 1460 casos confirmados, las decenas de miles de contactos directos sin localizar (como mínimo 30.000), junto a un tenso y conflictivo clima político y regional incapaz de gestionar el trato médico y la expansión de la cepa a países vecinos aumentan la preocupación, pues a día de hoy ya se han localizado 20 casos de ébola en Uganda (con 2 fallecidos) e incluso un infectado en Francia (el doctor estadounidense Peter Stafford, que volvía de una misión humanitaria en la RDC). Todo ello crea un ecosistema idílico para una propagación sin precedentes, de la que el pico y el fin aún se encuentran por determinar y ciertos pronósticos prevén una duración mínima de un año adicional. 


Reacciones gubernamentales frente a la expansión

A modo de reacción a la plausible escalada durante los próximos meses de brote, pronosticada por médicos y epidemiólogos, múltiples naciones fronterizas como Sudán del Sur, Kenia, Tanzania, Ruanda o Burundi, entre otros; en contra de las recomendaciones del Director General de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus; han cerrado el tráfico fronterizo y comercial, una medida perfectamente perceptible a nivel regional, a partir del cierre de fronteras marítimas, aéreas y terrestres entre Uganda y la República Democrático del  Congo; salvo para aquellos equipos autorizados de respuesta al ébola, operaciones humanitarias, el transporte de alimentos y mercancías y el paso de personal esencial de seguridad; entre otros.

 

Adicionalmente, toda persona que cruce la frontera entre los Estados mencionados, deberá rellenar formularios de localización y presentar su itinerario, exponerse a pruebas de seguimiento de síntomas (toma de temperatura) y respetar los protocolos sanitarios nacionales establecidos para controlar el brote. Paralelamente, dichas medidas de ámbito regional, se han trasladado al ámbito mundial, ocasionando así que naciones como México, Tailandia, India o Jordania hayan anunciado medidas extraordinarias de vigilancia, restricciones de entrada o cuarentenas previas. Una deriva rechazada por la Unión Europea, pero reforzada por los Estados Unidos de América que, ante la perspectiva de aglomeraciones en todo el país a causa de la Copa Mundial de Fútbol, busca evitar cualquier mínima presencia del virus en la nación, restringiendo así desde el 22 de mayo el acceso a todo viajero, salvo nacional que haya estado en República Democrática del Congo, Uganda o Sudán del Sur durante los últimos 21 días previos.

 

Condicionantes del surgimiento de la epidemia en un contexto complejo 

Dicho aumento de infectados tiene como principales detonantes: la carencia de recursos y laboratorios cercanos al foco, lo que provocó en un inicio que para investigar las primeras muestras se requiriese viajar durante varias horas a los laboratorios más cercanos; la tardanza en identificar la enfermedad concreta, dado tanto al desconocimiento en un principio del brote, como a la posterior incorrecta identificación de la cepa como correspondiente al virus del Zaire; la inestabilidad política del territorio afectado, que está controlado parcialmente por milicias como el M23; el perpetuo movimiento poblacional y comercial en la región, que favorece la expansión transfronteriza; la aglomeración en los campos de refugiados, que cuentan con escasa salubridad; y la inacción por el panorama internacional en la creación de nuevas vacunas para el virus Bundibugyo. 


Recapitulando los motivos principales que han condicionado la declaración de la OMS respecto a la gravedad de la epidemia, localizamos: el elevado y disperso número de contagios, la gran incertidumbre respecto a la cantidad real de personas infectadas, contactos estrechos y cadenas de transmisión aún no detectadas, la exigencia de cautela y coordinación interestatal para mitigar y controlar la expansión y el difícil control del evento dada la inestabilidad regional. 


Sugerencias, medidas y acciones que buscan combatir el ébola

A modo de respuesta frente a tal circunstancia, la propia OMS, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, organismos estatales de la República Democrática del Congo y múltiples ONG (Cruz Roja y Médicos sin Fronteras entre ellas) han marcado ciertas pautas o acciones a seguir con el objetivo de evitar toda opción de propagación, mientras que mediante de medios propios se han ido estableciendo y  desarrollando protocolos de cooperación y contención.

 

Por un lado, entre las recomendaciones a remarcar encontramos: evitar el contacto con personas que presenten síntomas u objetos que hayan manipulado, mantener una higiene cuidadosa, notificar a las autoridades o cuerpos médicos en caso de ser contacto estrecho de un infectado y que las naciones vecinas no lleguen a imponer medidas restrictivas a los viajes y comercio, pues tal limitación no haría sino empobrecer a la población local e incrementar su vulnerabilidad frente a la casuística.

 

Por otro, algunas acciones a subrayar efectuadas por los distintos entes han sido: incrementar el número de efectivos médicos en el terreno, brindar asistencia e información a las comunidades autóctonas, desinfectar toda aquella ubicación con la que un paciente haya tenido contacto y encargarse del cuidado de los enfermos y la tramitación de entierros cuando fuera pertinente. 


De forma añadida y fortaleciendo dichas dinámicas, la financiación juega un rol indispensable dentro del combate contra el ébola, un sector que si bien se enfrenta a un gran revés tras la disolución por parte de Donald Trump de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), se encuentra reforzado por donaciones provenientes de los propios Estados Unidos de América, que han prometido 107 millones de dólares, a la par que por ciertos miembros de la Unión Africana y donantes internacionales que en conjunto han donando unos 910 millones de dólares para la causa.

 

Desgraciadamente, según el Centro Africano para el Control y la Prevención de Enfermedades, hasta el momento tan solo un 10% de las ayudas recibidas han sido empleadas. Aún así, se prevé que estos fondos permitan reforzar los sistemas de salud y saneamiento local, apoyen al personal en primera línea, amplíen la capacidad de aislamiento y derivación, y garanticen que las personas desplazadas no queden excluidas de la respuesta sanitaria global, especialmente en el ámbito rural. 

Junto a esta vertiente monetaria de apoyo, se han ido desarrollando en los últimos meses esfuerzos de coordinación y diseño de estrategías de respuesta, tanto mediante organismos regionales como de la propia Comunidad del África Oriental, y a través de relaciones bilaterales con naciones europeas, como Francia.

 

Toda esta concatenación de factores financieros, logísticos y médicos, posibilitan la aplicación parcial de programas de concienciación, mejora de instalaciones médicas y control de enfermos y fallecidos.

 

Desacato y desconfianza comunal, factores condicionantes de un avance parcial 

No obstante, es indispensable recalcar el calificativo de parcial, puesto que a pesar de esta involucración sin parangón de entes asociativos, administrativos y grupos de voluntarios autóctonos, hay condicionantes que impiden un desarrollo total de las labores médicas contra la propagación del ébola. Debido a la desconfianza, el recelo y la desinformación de la población local, ciertas labores se han visto  entorpecidas en su acción, a la par que en numerosas ocasiones esto ha provocado el incremento a la exposición de la población al virus.

 

A lo largo de estos últimos meses se han dado muestra de dicha desafección y confrontación, puesto que, las comunidades, especialmente para oficios religiosos, siguen vulnerando las limitaciones de aforo impuestas (50 personas); se han registrado asaltos a instalaciones médicas, a la par que robo de cadáveres, con el objetivo de brindarles un entierro tradicional (que sin embargo actualmente se encuentran en la ilegalidad), como por ejemplo pasó en el centro de tratamiento de Rwampara, el cual fue quemado y del que sustrajeron varios cuerpos; y, además; en concordancia con los altos niveles de desconocimiento y sumisión respecto a los líderes comunitarios tradicionalistas,  buena parte de la población se resigna a acudir a los centros hospitalarios y a valerse del apoyo médico de los profesionales.

 

Imbricados a esta desconexión y desacato social, incrementan la dificultad de la labor médica factores previamente recalcados como la existencia de más de 2.000.000 de desplazados (entre los que se ubican 320.000 personas refugiadas en zonas de riesgo de la RDC) y la carencia de vacunas o tratamientos efectivos corroborados.

  

Frente a dicha resistencia comunitaria y el complejo contexto, dentro del panorama nacional, organizaciones tales como Catholic Relief Services o Cruz Roja llevan tiempo inmersos en labores de concienciación, acompañamiento psicológico y educación en materias médicas, con el objetivo de acercarse progresivamente a la comunidad, estrechar lazos y acabar con toda la animadversión que hay respecto al cuerpo médico, restableciendo así la confianza hacia el sistema sanitario y las estructuras de apoyo internacional, que en palabras del delegado de Cruz Roja Española en República Democrática del Congo, Jordi Alberola,  han perdido dada la concatenación de alertas medioambientales, bélicas y sanitarias en los últimos tiempos. A partir de esta tarea de concienciación, igualmente ambas entidades han incrementado su capital humano, visto que la sensibilización y dotación de información anima cada vez más a los propios ciudadanos a integrarse como voluntarios en los programas de cuidado en favor del bien común. 


A pesar de tal muestra continua de interés y esfuerzo, el país se encuentra en una carrera a contrarreloj contra la epidemia, puesto que la tardía detección del brote, los recortes en fondos de ayuda internacional, la prolongación de actos contrarios a los protocolos y estrategias de actuación diseñadas y la carencia en el terreno de expertos, material médico y recintos de aislamiento, subyugan a las instituciones a actuar de manera tardía, siendo incapaz de responder a la mismas velocidad que se expande el virus (declaraciones del Subdirector de Operaciones de Médicos Sin Fronteras Alan González) y  enfrentándose una doble guerra: de armas y vírica. 


La presente derrota parcial contra la epidemia, que evidencia la lejanía de que esta sea una situación bajo control, se muestra en el fallecimiento continuado de doctores y voluntarios, la infección de familiares que llevan a cabo rituales funerarios en los que  se manipulan los cadáveres, la incapacidad de identificar la totalidad de contactos directos, el desbordamiento de las salas de asistencia médica y la clara expansión de la cepa tanto hacia otras naciones (Uganda) como dentro de la propia República Democrática del Congo, dónde se han detectado casos en las regiones de Kivu del Norte y del Sur. 


Esperanza frente la adversidad, un sentimiento reforzado por la cooperación 

No obstante, aún dándose tal cruda realidad, todavía existe cierto margen de actuación que permita solventar y atajar la epidemia en menos tiempo del pronosticado, pues a la par encontramos datos alentadores como la recuperación de algunos enfermos en Bunia, según ha declarado Tedros Adhanom, la baja carga de contagio R0 (número básico de reproducción) del ébola, cuyo rango se localiza entre el 1.5 y 2.5 (un valor inferior al de otras enfermedades víricas como el Covid 19); o el incremento en investigación tanto para lograr una vacuna como descubrir tratamientos que sepan de combatir la cepa del Bundibugyo. 


En igual medida, es pertinente valorar la gran preparación tanto de Uganda (en su región Bundibugyo, es dónde primeramente surgió históricamente la cepa) como de la República Democrática del Congo (nación más castigada, que a día de hoy ya se ha enfrentado a 17 brotes anteriormente) en la disputa contra el ébola. Siendo esta un factor clave en la organización y cooperación interregional e intergubernamental, y en la labor de los médicos y voluntarios para evitar que la propagación en el noroeste de la República Democrática del Congo del brote, no consolide la presente cepa en la más infecciosa de la que se tenga constancia. 


Ahora bien, para que se adquirirán fructíferos avances se precisa mínimo de tres aspectos que han de darse de manera conjunta: 


  • Respeto y seguimiento de los protocolos de vigilancia y confinamiento, acompañado por una mejora de las instalaciones sanitarias. 

  • Distribución eficaz de la ayuda monetaria y laboral internacional, incluyéndose aportaciones y donaciones (por entidades como Cruz Roja) como bolsas de cadáveres, material médico, vehículos y cámaras de aislamiento biológico, siendo estas últimas un elemento escaso en la región (únicamente se cuenta con dos) que tal y como se demostró en la Crisis de 2014, resulta indispensable para combatir la epidemia. 

  • Y una dinámica de cooperación y coordinación entre la sociedad local y las entidades gubernamentales, internacionales y humanitarias presentes en la zona. Disponiéndose este último apunte como el más complejo a alcanzar, visto que por un lado, de la mano de jefes comunitarios, el miedo, la ansiedad y desconfianza frente a las acciones de los extranjeros y la existencia del ébola perdura sólidamente en la mente de buena parte de la población, mientras que por otro lado, en ocasiones los poderes occidentales, especialmente, llevan a cabo intervenciones en la región de manera paternalista y sin escuchar ni valorar la percepción comunitaria, lo que ha llevado a enfrentamientos directos en ciertas localidades y una gran revuelta social en el país de Kenia, dónde los Estados Unidos de América buscó imponer un centro de cuarentena para enfermos de ébola, vulnerando así todo rechazo previamente expuesto por el pueblo keniano, que finalmente tan intensas manifestaciones logró abolir su instauración. 


Teniendo en consideración, ya no únicamente estos últimos aspectos mencionados, sino todo el contexto que rodea este nuevo brote de ébola, se discierne una principal vía de actuación, que aunque engloba una gran complejidad por su propia escala y todos los actores que incorpora, se muestra como la ideal. Puesto que, realmente únicamente a través de una campaña de actuación combinada y liderada por las propias naciones africanas concernientes, quienes son activamente conscientes del vigente panorama y a la par actúan como brazo ejecutor y dialogante, se puede ejecutar una estrategia que neutralice la expansión del brote.

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