Eurovisión: ¿Unidos por la música?
- nacionesenruinas
- 15 may 2025
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 2 jul 2025
Eurovisión es mucho más que luces, canciones y coreografías llamativas. Detrás de este evento se esconde un tablero de ajedrez geopolítico donde los países mueven fichas diplomáticas, políticas y culturales. Cada participación, o ausencia, cuenta una historia que va mucho más allá de la música. En la edición de 2025, celebrada en Basilea, este panorama no será diferente.
Ausencias significativas: más que un vacío en el escenario
La lista de ausencias de Eurovisión 2025 refleja una realidad política compleja. Las razones detrás de estas ausencias son diversas: disputas económicas, sanciones internacionales, ideologías políticas y conflictos diplomáticos. Es interesante notar que, a veces, un asiento vacío en el escenario de Eurovisión dice tanto como la participación de un país.
Moldavia: Aunque inicialmente había confirmado su participación, el pequeño país se retiró a última hora debido a la falta de recursos financieros y a un escaso interés en su preselección, la Etapa Națională. Esta retirada resalta cómo algunos países enfrentan dificultades para mantener el costoso aparato eurovisivo.
Bosnia y Herzegovina: No participa desde 2016 debido a las sanciones impuestas por la Unión Europea de Radiodifusión (UER) por impagos. Esto deja al país fuera del juego hasta que resuelva sus deudas.
Eslovaquia: La última vez que pisaron el escenario de Eurovisión fue en 2012. La falta de presupuesto ha sido la razón oficial de su ausencia desde entonces.
Hungría: Aunque oficialmente se apartó por motivos económicos, muchos sugieren que la decisión tiene un trasfondo ideológico. Bajo el gobierno conservador de Viktor Orbán, Hungría ha mostrado recelo hacia el carácter inclusivo y progresista del festival.
Turquía: Desde 2013, Turquía no ha participado. Su rechazo no solo se debe a críticas al sistema del Big Five (los cinco países mayores financiadores del festival), sino también a una visión tradicionalista del género que entra en conflicto con algunos contenidos del certamen, optando por dejar de participar en el concurso tras la victoria de Conchita Wurst en 2014 —representante drag queen de Austria—.
Macedonia del Norte y Rumanía: En 2025, ambos países han decidido no participar debido a problemas financieros. En el caso rumano, los conflictos internos entre la televisión pública y los productores nacionales también impidieron una preselección sólida.
Kosovo: Aunque Kosovo ha expresado su interés en participar, la UER no lo permite. Su estatus como no miembro pleno y su limitado reconocimiento internacional, especialmente debido a la influencia de Serbia, mantienen a Kosovo fuera del certamen.
Bulgaria: A pesar de no estar sancionada, Bulgaria ha decidido no participar por tercer año consecutivo. La combinación de falta de fondos, desinterés institucional y malos resultados en ediciones pasadas ha llevado a este país a retirarse del certamen.
Algunos países no participan debido a sanciones internacionales o conflictos políticos
Rusia y Bielorrusia: Siguen expulsadas de Eurovisión debido a las sanciones impuestas tras la invasión rusa de Ucrania. Las decisiones de la UER en estos casos muestran una postura clara contra los conflictos armados y las violaciones de derechos humanos.
Pequeños olvidados, falta de industria e infraestructura musical
Estos países no siguen los pasos de San Marino, que participa pese a sus limitaciones. La principal razón es económica: sin una industria musical propia, deben recurrir a artistas internacionales, lo que aumenta considerablemente los costos de participación, como en el caso de Andorra, país que sí ha participado en alguna ocasión previamente.
Liechtenstein: Además de la falta de una industria musical propia, el hecho de que su emisora fuera privatizada en 2024 y que nunca haya formado parte de la UER complica aún más su entrada en el certamen.
Mónaco: Aunque mostró señales de interés con el lanzamiento de TVMonaco en 2023, Mónaco no está preparado para asumir los gastos de una participación de esta magnitud. Su programación actual no permite un regreso al festival por el momento.
Por otro lado, hay algunos países que han participado en apariciones estelares como invitados o que ya nos han dejado
Marruecos: el país africano participó por primera y única vez en 1980 en el certamen, aprovechando la ausencia de Israel ese mismo año. No obstante, tan sólo recibieron 7 puntos por parte de Italia, quedando en el puesto 18 de 19. En consecuencia, el rey Hassán II declaró que su país no volvería a participar en el festival.
Yugoslavia: participó desde 1961 a 1992, siendo el único país de la esfera comunista en participar durante la Guerra Fría. De hecho, era parte de la UER y llegó a ganar en 1989 con la canción “Rock me” de Riva. Tras 1991 y 1992, la desintegración de Yugoslavia en repúblicas independientes impidieron su participación.
Por último, aquellos que se quedaron para siempre
Israel: desde 1973 forma parte de la UER mediante la emisora KAN. Además, pese a la compleja y tensa relación actual entre el país judío y varias naciones europeas por el conflicto en Gaza, el país siempre ha consumido y producido música de estilo “occidental”. Por ello, ha logrado obtener el micrófono de cristal en cuatro ocasiones: 1978, 1979, 1998 y 2018.
Australia: tal vez el caso más sonado sea el de la gran isla del Pacífico. Australia participa desde 2015 debido a que era un socio asociado a la UER que gracias al interés de su público por el festival fue invitado. Desde entonces no ha dejado de participar, habiendo logrado inclusive un segundo puesto en 2016 con Dami Im y su canción “Sound of Silence”.
Asimismo, las votaciones en Eurovisión son mucho más que una simple asignación de puntos. Son un reflejo de las alianzas políticas, culturales y diplomáticas entre países. Los bloques de votación, formados tanto por lazos culturales como políticos, son uno de los aspectos más fascinantes del certamen.
Los bloques de votación: una estrategia diplomática en juego
El bloque del este: Georgia, Armenia, Ucrania, Estonia, Letonia y Lituania tienen una fuerte afinidad cultural e histórica debido a su pasado soviético común. Estos países suelen apoyarse mutuamente en las votaciones.
Los países nórdicos: Islandia, Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia no solo comparten una cultura similar, sino también una estrecha cooperación regional. El apoyo mutuo es casi una tradición en las votaciones de Eurovisión.
Los balcanes: A pesar de sus tensiones políticas internas, países como Montenegro, Croacia, Serbia y Eslovenia suelen votar entre sí. En muchos casos, este apoyo mutuo refleja la política más que el gusto musical.
Grecia y Chipre: La relación entre estos dos países es tan cercana que siempre se intercambian los 12 puntos. Sin embargo, la ausencia de Chipre en 2025 genera incertidumbre sobre cómo esto afectará las votaciones de Grecia.
De igual forma, las diásporas juegan un papel fundamental en la asignación de puntos. Alemania, por ejemplo, solía dar grandes puntuaciones a Turquía gracias a la numerosa comunidad turca en el país. De manera similar, Ucrania recibe apoyo significativo de países como Polonia y Estonia, que comparten vínculos culturales y geográficos.
Sin embargo, no todos los países tienen ventajas de votación. Rusia y Ucrania son el ejemplo clásico y actual de cómo las rivalidades políticas afectan las votaciones. Estos países rara vez se dan puntos debido a los conflictos bélicos y diplomáticos entre ellos. No obstante, previamente a la Guerra de Crimea en 2014, Moscú y Kiev tenían una simbiosis muy marcada, otorgándose mutuamente el mayor puntaje, plasmando el poder de Rusia sobre la política ucraniana del momento. De igual forma, sucede entre Armenia y Azerbaiyán, entre Serbia y Montenegro tras la independencia del segundo del primero, o, cuando se suceden ciertas problemáticas diplomáticas puntuales entre Estados o grupos de alianzas.
Además, el Big 5 (España, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido) a menudo se encuentra en una situación difícil. Aunque tienen una plaza garantizada en la final debido a su alto nivel de financiación, estos países no siempre tienen el apoyo de alianzas fuertes, lo que les pone en desventaja en las votaciones.
Por otro lado, Eurovisión ha sido históricamente un escenario para la transmisión de mensajes políticos y sociales. Los artistas, a través de sus letras y actuaciones, aprovechan la visibilidad del certamen para abordar temas importantes o controvertidos.
"Toy" de Israel (2018): En un contexto político tenso, algunos países pidieron un boicot a Israel por su situación con Palestina. Este episodio mostró cómo el certamen puede ser un campo de batalla para debates internacionales.
"Rise Like a Phoenix" de Conchita Wurst (2014): La actuación de Conchita Wurst, una drag queen, fue una declaración de empoderamiento para la comunidad LGBTQ+. La canción se convirtió en un himno de la lucha por los derechos humanos y la aceptación de la diversidad sexual.
“Él” de Lucía (1982): España mandó un tango al certamen celebrado en Londres, el mismo año que Reino Unido entraba en guerra con Argentina por las Islas Malvinas, mostrando el apoyo español al país andino.
“New Day Will Rise” de Yuval Raphael (2025): la delegación israelí ha optado por enviar a una cantante superviviente de los atentados del 7 de octubre de 2023 del Nova Sukkot Gathering festival en Re'im. Israel tiene como objetivo generar un sentimiento de resistencia, fortaleza y superación mediante una balada nostálgica que pretende plasmar tristeza y generar empatía por las víctimas y reacciones judías en el conflicto.
De tal forma, las reacciones a los resultados de Eurovisión no siempre son positivas. En 2016, la victoria de Jamala con "1944", una canción sobre la deportación de los tártaros de Crimea, generó una feroz respuesta mediática en Rusia, que acusó al certamen de politizar el evento.
Mismo caso sucedió en 2022, cuando la Kalush Orchestra de Ucrania ganó con "Stefania", convirtiéndose en un himno de resistencia durante la invasión rusa. La victoria fue vista como un triunfo musical, pero también como un acto de resistencia política y cultural. La reacción en Rusia fue crítica, considerando la victoria como un gesto de apoyo internacional a Ucrania.
También sonado, el caso de Israel en Eurovisión 2025, siendo uno de los puntos clave de la geopolítica en el certamen. La guerra en Gaza y las presiones de boicot por parte de sectores sociales, políticos y artísticos europeos han sido temas de debate. Mientras que algunos comparan la situación de Israel con el veto a Rusia en 2022, la UER ha decidido permitir su participación, argumentando que Eurovisión debe mantenerse apolítico.
Sin embargo, las manifestaciones contra la presencia israelí en algunas ciudades europeas, y los argumentos a favor de la separación entre política y cultura, dan cuenta de las tensiones que siguen marcando tensamente el certamen.
Eurovisión es mucho más que un concurso de canciones. Es un escenario donde se negocian alianzas, se transmiten mensajes políticos, y se refleja la geopolítica del momento. A través de la música, los países muestran sus relaciones internacionales, sus posturas ideológicas, y sus tensiones históricas. Entre el brillo de las luces y las banderas, la política es tan parte del espectáculo como la música misma.







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