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Fronteras tremendamente absurdas

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 13 ago 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 14 ago 2025

Las fronteras son, en teoría, líneas claras que separan países, culturas, regiones y jurisdicciones. En la práctica, la historia, la política, la guerra y, a veces, el puro azar han dado lugar a límites que parecen sacados de una novela surrealista. Desde enclaves que parecen un laberinto, hasta vacas que viven con la cabeza en un país y el cuerpo en otro, el mundo está lleno de fronteras que desafían el sentido común.


En este recorrido exploraremos algunos de los casos más curiosos, demostrando que la cartografía no siempre es tan seria como tiende a aparentar.


Baarle-Hertog y Baarle-Nassau: el puzzle belga-holandés

Imagina que vives en una casa cuya cocina está en un país y tu dormitorio en otro. Esto es una realidad en Baarle, un conjunto de enclaves belgas dentro de los Países Bajos… y viceversa.


Todo comenzó en la Edad Media, cuando un complicado intercambio de tierras entre señores feudales dejó fragmentos de territorio mezclados. El resultado actual son 26 enclaves belgas dentro de Holanda, y a su vez 7 enclaves neerlandeses dentro de estos enclaves belgas. Las calles, tiendas y casas tienen placas en el suelo que marcan el límite exacto; incluso hay cafeterías con mesas en dos países, donde cambiar de asiento significa estar bajo otra legislación.


Durante la pandemia, esto generó situaciones surrealistas: cuando Bélgica ordenó cerrar los restaurantes y Países Bajos no, algunos locales cerraban la parte belga de sus mesas y operaban la zona neerlandesa.


Mapa político de los municipios de Baarle, entre Países Bajos y Bélgica.
Mapa político de los municipios de Baarle, entre Países Bajos y Bélgica.
La frontera de la vaca: India y Bangladés

El caso más famoso de frontera absurda en Asia fue el de Cooch Behar, en la frontera entre India y Bangladés, antes de 2015. Allí existían más de 160 enclaves y contraenclaves, algunos tan pequeños como el tamaño de una sola vivienda.


La anécdota más repetida es la de un establo dividio por la frontera: la vaca vivía con el cuerpo en India y la cabeza en Bangladesh. Legalmente, cuando comía pasto o bebía agia, estaba “importando” bienes de Bangladesh, y si se movía unos pasos, estaba cruzando una frontera internacional.


En 2015, ambos países firmaron un acuerdo para intercambiar y racionalizar el territorio, eliminando estos enclaves. Pero durante décadas, la vida cotidiana allí fue un ejercicio constante de paciencia, malentendidos y diplomacia.


Isla Hans: la Guerra del Whisky y el Schnapps

En el estrecho de Nares, entre Groenlandia –Dinamarca– y Canadá, hay una pequeña roca e islote llamada Hans Island. Durante años, ambos países reclamaban su soberanía, pero en vez de iniciar un conflicto serio, decidieron librar una de las guerras más llamativas y amistosas del mundo.


La rutina era simple: cuando un equipo militar visitaba la isla, retiraba la bandera del otro país, dejaba la suya y dejaba como “mensaje” una botella de licor: whisky si eran canadienses, schnapps si eran daneses.


Tras décadas de intercambio etílico al más puro estilo adolescente, en 2022 se acordó dividir la isla por la mitad, creando la frontera terrestre más al norte del planeta. Sin un solo disparo y con muchos brindis.


La biblioteca binacional: Estados Unidos y Canadá

En Derby Line –Vermont, EEUU– y Stansted –Quebec, Canadá— existe la Biblioteca Haskell, un edificio que deliberadamente fue construido sobre la frontera para simbolizar la amistad entre ambos pueblos norteamericanos. ¿El resultado?:


  • La entrada principal está en Estados Unidos.

  • La mayor parte de los libros y la sala de lectura están en Canadá.

  • Una línea pintada en el suelo marca el límite internacional.


En teoría, para usar la biblioteca, deberías pasar por control fronterizo. Pero durante décadas, la gente simplemente cruzaba la sala. Hoy, tras mayores controles migratorios, la situación es más estricta, pero sigue siendo un monumento para la idea de que las fronteras son tan flexibles como la voluntad política.


Bir Tawil: la tierra de nadie

En la frontera entre Egipto y Sudán hay un curioso pedazo de tierra llamado Bir Tawil, de unos 2,600 km2, que es terra nullius: no pertenece a ningún país oficialmente. Esto se debe a un desacuerdo histórico sobre dónde colocar la frontera; ambos países reclaman un área más grande y fértil –Hala´ib Triangle–, pero para hacerlo, deben renunciar a Bir Tawil. Y como no tiene recursos, ninguno lo quiere.


El vacío legal ha atraído a aventureros que han proclamado su “micronación” allí, como el estadounidense que plantó una bandera en 2014 para “fundar un reino” y hacer a su hija princesa. Ninguno de estos intentos tienen reconocimiento oficial, pero muestran que incluso en el siglo XXI todavía hay “tierra de nadie” en el mundo.


Ubicación geográfica - política de Bir Tawil.
Ubicación geográfica - política de Bir Tawil.

Diomede Mayor y Diomede Menor: a 4 km y 21 horas de diferencia

En el mar de Bering hay dos islas separadas por apenas 4 kilómetros: Diomede Mayor –Rusia– y Diomede Menor –EEUU–. La frontera internacional pasa justo entre ellas, pero además coincide con la línea internacional de cambio de fecha.


En consecuencia, cuando en Diomede Menor es, por ejemplo, martes por la mañana, en Diomede Mayor ya es miércoles. Los locales las llaman “Ayer” y “Mañana”. Durante la Guerra Fría, se conocía esta franja como el “Estrecho del Hielo”, porque en invierno, cuando el mar se congela, teóricamente puedes caminar de un país a otro, pero también de un día  a otro.


La escalera a España: Gibraltar

En el extremo sur de la Península Ibérica, Gibraltar limita con España y con un aeropuerto ubicado en territorio disputado por violación británica . La pista de aterrizaje cruza la carretera principal que une la colonia con la península. Por ello, cada vez que un avión despega o aterriza, las barreras bajan como si fuera un paso a nivel de tren.


Esto no es absurdo por la forma de la frontera en sí, sino por lo que implica: miles de personas cada día deben esperar a que “el aeropuerto les deje pasar” para cruzar a pie o en coche la frontera, demostrando la falta de espacio del peñón.


Conclusión

Las fronteras son acuerdos humanos, no leyes de la naturaleza. A veces reflejan ríos, montañas o mares; otras, como hemos visto, parecen haber sido trazadas por alguien con sentido del humor o algún borracho.


Quizás por eso nos fascinan: porque nos recuerdan que, detrás de cada línea en el mapa, hay personas, vacas, bibliotecas y botellas de licor que viven la geografía de una forma muy distinta a la que marcan los atlas.

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