Hungría: cruzada por la ¿normalidad?
- nacionesenruinas
- 28 jun 2025
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Actualizado: 3 jul 2025
En un momento en que Europa observa con creciente inquietud la deriva iliberal de algunos de sus Estados miembros, el gobierno de Hungría se ha convertido en el foco principal de atención, especialmente en materia de derechos fundamentales. Mientras países como España han consolidado avances significativos en el reconocimiento y garantía de los derechos LGTBIQ+, con un marco legal que protege el matrimonio igualitario, la adopción homoparental y la educación inclusiva, Hungría avanza en la dirección opuesta.
Viktor Orbán: del liberalismo al autoritarismo conservador
Viktor Orbán, actual primer ministro de Hungría, lidera el partido Fidesz, en coalición con el Partido Popular Demócrata Cristiano (KDNP). Tras un primer mandato entre 1998 y 2002 con un tono más moderado y pro-europeo, regresó al poder en 2010. Desde entonces, ha gobernado sin interrupción, acumulando poder gracias a reformas constitucionales, reformas electorales que favorecen a su partido y una narrativa centrada en la soberanía nacional, la identidad cristiana y el rechazo al liberalismo occidental, donde destacan las declaraciones del Portavoz Gubernamental, Zoltán Kovács, y el Ministro de Exteriores, Péter Szijjártó.
Inicialmente, Orbán fue un político liberal influido por pensadores occidentales y apoyado por fundaciones como la de George Soros –multimillonario de origen húngaro, a quien actualmente se tilda por el gobierno húngaro de Orbán de interferir en los intereses de Hungría en favor de potencias extranjeras, lo que ha llevado a que se endurezcan los controles sobre ONG extranjeras bajo la ley «Stop Soros», limitando su financiación y actividades–. Sin embargo, a partir de la crisis migratoria de 2015, Orbán giró hacia una retórica abiertamente nacionalista y antiinmigración. Hoy, sus referentes políticos son figuras como Vladimir Putin, Donald Trump y, en el ámbito regional, Giorgia Meloni o Aleksandar Vučić. En el plano húngaro, ha colaborado con partidos de extrema derecha como Mi Hazánk (Movimiento Nuestra Patria) y, en ocasiones, con Jobbik (Movimiento por una Hungría Mejor, perteneciente al grupo opositor “Unidos”).
Marco legal y ofensiva legislativa contra el colectivo LGTBIQ+
Desde su regreso al poder en 2010, Orbán ha promovido leyes que restringen progresivamente los derechos del colectivo LGTBIQ+. Algunos hitos clave:
Mayo 2020: se aprueba una ley que modifica el Registro Civil y sustituye el "sexo" por el "sexo al nacer", haciendo imposible el cambio legal de género. Esta medida fue ampliamente condenada por ONGs y organismos internacionales como el Consejo de Europa y la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE.
Junio 2021: entra en vigor la llamada "ley de protección infantil". En su artículo 9, prohíbe mostrar o promover contenido relacionado con la homosexualidad o el cambio de género a menores de 18 años en escuelas, medios de comunicación o publicidad. Amnistía Internacional y la Comisión Europea equiparan esta ley con la "ley de propaganda gay" de Rusia.
Abril 2022: se celebra un referéndum coincidiendo con las elecciones parlamentarias. Las preguntas estaban diseñadas para reforzar la narrativa del gobierno, pero el referéndum fue declarado inválido por falta de participación suficiente.
Junio 2023: se promulga una ley que permite a ciudadanos anónimos denunciar a familias homoparentales. Esta normativa abre la puerta a la vigilancia y criminalización social del colectivo.
Marzo 2025: el Parlamento aprueba una ley que prohíbe la celebración de marchas del Orgullo en espacios públicos. Incluye multas de hasta 500 euros y el uso de tecnología de reconocimiento facial para identificar a asistentes.
Abril 2025: se reforma la Constitución para establecer que los derechos de los niños prevalezcan sobre la libertad de reunión. La reforma define sólo dos géneros legales (hombre y mujer) y consagra la prohibición de manifestaciones que "confundan la identidad de género de los menores". Fue aprobada con 140 votos a favor (Fidesz-KDNP y Mi Hazánk) frente a 20 en contra (diversos diputados de la oposición y una abstención del Jobbik –lo que dividió internamente a la coalición opositora “Unidos” – Asimismo, 39 diputados opositores no asistieron a la votación, por lo que de los 199 escaños, sólo 160 decidieron.
Partidos políticos: apoyos y resistencias
Fidesz y KDNP representan el bloque gobernante, de ideología conservadora y cristiana. Mi Hazánk, de extrema derecha, respalda las medidas anti-LGTBIQ+ con un discurso abiertamente nacionalista y tradicionalista, pese a que no forma parte del gobierno ni de su coalición conservadora. Por su parte, Jobbik, que fue un partido ultranacionalista, ha intentado moderarse, aunque ha respaldado algunas medidas de Orbán, lo que ha generado roces con otros partidos.
Por el contrario, la oposición está conformada por partidos como:
Momentum: centrista, liberal, proeuropeo y firme defensor de los derechos LGTBIQ+.
Demócratas (DK): socialdemócrata, liderado por el ex primer ministro Ferenc Gyurcsány.
Partido Socialista Húngaro (MSZP) y Párbeszéd: partidos progresistas que se han opuesto firmemente a todas las reformas restrictivas.
Sin embargo, la oposición en Hungría, ha mostrado una postura en defensa de los derechos LGTBIQ+ y ha protestado contra las leyes restrictivas del gobierno de Orbán. Pero, su impacto ha sido limitado por varias razones.
En primer lugar, la oposición está fragmentada y carece de una estrategia unificada y clara que pueda enfrentar eficazmente la mayoría aplastante de Fidesz en el Parlamento. Esta división política dificulta articular un discurso sólido que llegue a toda la sociedad, incluyendo sectores más conservadores o indecisos.
Además, algunos partidos de la oposición han sido percibidos como desconectados de las preocupaciones cotidianas de amplios sectores de la población, focalizándose en discursos liberales urbanos que no logran penetrar en el electorado rural, donde el apoyo a la agenda anti-LGTBIQ+ es mayor.
Por otro lado, la oposición a menudo se muestra reactiva, centrándose en criticar las medidas del gobierno en vez de proponer políticas alternativas claras y movilizadoras. Esto reduce su capacidad para generar un cambio cultural o legal significativo.
Finalmente, la oposición también ha sido criticada por no conectar suficientemente con la sociedad civil y el activismo LGTBIQ+, lo que limita su influencia en la promoción de una mayor aceptación social y en la construcción de una base amplia de apoyo a los derechos humanos.
Aunque la oposición defiende valores progresistas, su fragmentación, falta de estrategia integrada y desconexión con amplios sectores sociales dificultan su efectividad frente a un gobierno con mayoría muy sólida —las últimas elecciones de 2024 plasmaron un 44,82% de apoyo a Orbán y su coalición— y un discurso muy arraigado en el nacionalismo conservador.
Sociedad húngara: entre la tradición y el cambio generacional
Hungría es una sociedad aún muy conservadora en muchos aspectos. La Iglesia católica y reformada tiene influencia social y política. El país conserva estructuras patriarcales, con desigualdades de género y una escasa presencia de mujeres en la política –Hungría es el país de Europa con menor representación femenina en su parlamento, con tan sólo 30 mujeres (22 de las cuales del ala conservadora del gobierno, lo que muestra una oposición débil al respecto), sólo superado por Chipre—. Sin embargo, las nuevas generaciones muestran mayor apertura: el apoyo al matrimonio igualitario ha subido del 30% en 2010 al 47% en 2024, según Eurobarómetro.
El rechazo hacia el colectivo LGTBIQ+ en Hungría tiene raíces profundas en la estructura social y cultural del país. Antropológicamente, la identidad húngara está fuertemente ligada a tradiciones patriarcales y a una visión binaria del género, donde la familia heterosexual se considera el núcleo esencial de la sociedad, como sucede alrededor del mundo. Pero, ideológicamente, el gobierno de Viktor Orbán explota el nacionalismo para fortalecer una narrativa que asocia la diversidad sexual con amenazas externas, presentándola como una imposición liberal occidental ajena a los valores “auténticos” húngaros. Esta cosmovisión rechaza la pluralidad y promueve un ideal homogéneo de comunidad, basado en la preservación de la identidad nacional, religiosa y cultural.
Además, la experiencia histórica del comunismo y las tensiones por la soberanía nacional alimentan la desconfianza hacia influencias externas, incluidas las iniciativas LGTBIQ+. A nivel social, existe una fuerte polarización: mientras las zonas urbanas y generaciones jóvenes muestran apertura, muchas comunidades rurales se aferran a normas tradicionales, creando un choque cultural. Así, el rechazo no solo es una cuestión de prejuicio, sino una defensa identitaria compleja, entrelazada con el poder político y una memoria colectiva marcada por los extremismos comunistas más recientes y un pasado violento durante el auge de los fascismos.
A pesar del cerco institucional, las asociaciones LGTBIQ+ como Háttér Society, Budapest Pride y Amnesty Hungary siguen organizando actividades, campañas y litigios internacionales. En consecuencia, desde 2021, se celebran manifestaciones semanales en Budapest como forma de resistencia simbólica.
Reacción de la Unión Europea: infracciones, artículos y contradicciones
La UE ha activado procedimientos de infracción contra Hungría por violación del artículo 2 del Tratado de la Unión Europea (valores comunes). Además, el Parlamento Europeo solicitó la activación del artículo 7, que podría suponer la suspensión del derecho de voto de Hungría en el Consejo Europeo.
Comisión, Parlamento y países como Alemania, España, Francia, Países Bajos, Suecia y Finlandia han emitido declaraciones de condena. Ursula von der Leyen calificó la ley de 2021 como "una vergüenza", mientras que Orbán replicó que se trataba de una "injerencia ideológica" al nivel de las llevadas a cabo por Moscú durante la Hungría Soviética.
28 de junio de 2025: un punto de inflexión
En el Día Internacional del Orgullo LGTBIQ+, la manifestación en Budapest fue formalmente prohibida por el gobierno. Sin embargo, el alcalde opositor, Gergely Karácsony, de la ciudad la autorizó como "evento municipal" para sortear la prohibición. La marcha congregará a más de 35.000 personas, incluyendo embajadores de España, Suecia, Alemania, y representantes de partidos liberales y socialdemócratas europeos. La presencia policial es notoria y se han documentado amenazas de sanciones, identificación facial y represalias legales.
Conclusión: un futuro incierto entre resistencia y regresión
El caso húngaro refleja una fractura interna en Europa entre gobiernos que abrazan los valores democráticos más contemporáneos y otros que adoptan un nacionalismo exacerbado. Si bien la oposición política, la juventud y la sociedad civil luchan por revertir el retroceso de derechos, el entramado institucional construido por Orbán, junto a la falta de liderazgo de la oposición con la sociedad y las instituciones internacionales, hacen difícil una transición a corto plazo. Por su parte, la Unión Europea debe resolver el dilema de hasta qué punto puede intervenir sin violar la soberanía de un Estado miembro que ha escogido libremente a sus representantes de forma libre. Actualmente, 11 países de la Unión Europea no reconocen el matrimonio igualitario totalmente, limitan ciertos derechos o prohíben la adopción: Bulgaria, Rumania, Eslovaquia (reconoce el registro cohabitacional), Hungría (permite unión civil), Polonia (reconoce el registro cohabitacional), Lituania (permite unión civil), Letonia (permite unión civil), Croacia (permite sociedades de convivencia registradas –unión civil–, no matrimonio), Italia (permite sólo uniones civiles), Chipre (permite uniones civiles) y la República Checa (permite parejas registradas, no el matrimonio).
Por otro lado, 16 países europeos sí reconocen el matrimonio igualitario: España, Portugal, Francia, Bélgica, Países Bajos, Irlanda, Luxemburgo, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Estonia, Grecia, Austria, Alemania, Malta y Eslovenia, además de países europeos externos a la UE, como Noruega, Suiza, Islandia o Reino Unido. Es decir, la Europa más occidental. En la Europa del Este, el legado del comunismo dejó profundas marcas sociales y culturales que aún hoy influyen en la aceptación de los derechos LGTBQ+. Durante décadas, los regímenes comunistas promovieron valores conservadores y reprimieron toda disidencia, incluyendo la diversidad sexual, asociándola con conductas “contrarias al orden social”. Esta herencia, junto con la fuerte influencia de la Iglesia y tradiciones patriarcales, ha generado una resistencia más marcada hacia las libertades LGTBQ+ en comparación con Europa Occidental, donde los procesos de apertura social y democratización fueron más rápidos y amplios tras la Guerra Fría.
Mientras tanto, la lucha del colectivo LGTBIQ+ en Hungría sigue siendo una de las batallas más visibles por los derechos humanos en la Unión Europea, y su resultado tendrá repercusiones duraderas para el futuro de la democracia continental, el cual, queda pendiente en otros once países.







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