Khalida Boufedeche y la representación femenina en Argelia: un hito histórico en un Parlamento en retroceso
- Javier Angulo Perojil

- hace 9 horas
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El 28 de julio de 2026, Khalida Boufedeche fue elegida presidenta de la Asamblea Popular Nacional -la cámara baja del Parlamento- con 302 votos, frente a los 57 obtenidos por Amine Allouche y los siete de Rachid Hassani. Boufedeche se convirtió así en la primera mujer que preside esta asamblea desde la independencia del país en 1962. Más de 60 años han tenido que pasar para que una mujer ocupe un cargo de cierta relevancia en el país norteafricano. Su elección ha sido recibida con una atención regional considerable, como demuestra la felicitación pública remitida por el presidente del Parlamento Árabe (APS, 2026; France 24, 2026).
El precedente sin duda merece ser reconocido, al mismo tiempo que leído con cierta cautela. La llegada de una mujer a la presidencia de la cámara coincide con una legislatura en la que las mujeres sólo representan alrededor del 6,1% de los escaños. La imagen es histórica, pero la estructura que la rodea hace pensar que no se ha roto un techo de cristal y que la estructura que la rodea es prácticamente masculina. Se ha roto una barrera institucional, pero eso no demuestra que se haya ensanchado el acceso efectivo de las mujeres al poder político.
Un nuevo rostro para el partido de siempre
Khalida Boufedeche nació en 1982 y es médica de formación. Tras graduarse en la Universidad de Argel, se especializó en alergología e inmunología clínica y desarrolló su actividad profesional dentro del sistema sanitario público, tanto en centros hospitalarios como en la administración sanitaria de la provincia de Argel. Su biografía se aleja, al menos en apariencia, del perfil más habitual de las élites parlamentarias argelinas, procediendo de la gestión sanitaria y la política local (France 24, 2026).
Su entrada en política tampoco se produjo directamente desde la esfera nacional. Entre 2012 y 2017 fue miembro de la Asamblea Popular Comunal de Bordj El Bahri y, posteriormente, formó parte de la Asamblea Popular de la wilaya de Argel. En las elecciones legislativas de julio de 2026 obtuvo su primer escaño en la Asamblea Popular Nacional por la circunscripción de la capital. También pertenece al Comité Central del Frente de Liberación Nacional, formación en la que ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria pública (CapDZ, 2026). Este recorrido permite entender su nombramiento como el resultado de una promoción progresiva dentro del partido, y no como la irrupción espontánea de una figura independiente.
La pertenencia de Boufedeche al Frente de Liberación Nacional resulta esencial para interpretar su elección. El FLN encabezó la lucha contra la colonización francesa, gobernó Argelia como partido único durante casi tres décadas y continuó ocupando una posición central tras la introducción formal del multipartidismo. Aunque ya no controla la vida política con la misma solidez que en el pasado, sigue siendo una de las principales organizaciones del bloque presidencial y conserva una extensa presencia territorial e institucional.
En las elecciones legislativas de 2026, el partido obtuvo 91 de los 407 escaños y volvió a convertirse en la primera fuerza de la Asamblea, aunque lejos de la mayoría absoluta (APS, 2026). La elección de Boufedeche fue posible gracias al apoyo de otras formaciones próximas al presidente Abdelmadjid Tebboune.
La operación posee una lógica política bastante clara. Al situar a una mujer de 44 años, médica y con experiencia municipal al frente de la Asamblea, el FLN proyecta una imagen distinta a la de una organización todavía asociada a las generaciones surgidas de la guerra de independencia. De este modo, la imagen del partido es la de uno que preserva una estructura con capacidad de renovación generacional. Ese cambio llega, además, en un momento de notable desgaste institucional, lo cual explica la pertinencia de la decisión. La participación en las elecciones legislativas apenas superó el 21 %, reflejando una desafección que no puede explicarse únicamente por la apatía electoral (Xinhua, 2026). Una parte importante de la sociedad argelina continúa percibiendo el Parlamento como una institución subordinada al Ejecutivo y con una capacidad limitada para modificar las decisiones fundamentales del país. En este contexto, Boufedeche puede aportar un rostro nuevo a la presidencia de la cámara, pero su verdadera relevancia dependerá de si consigue dotar al cargo de una autonomía y una visibilidad que hasta ahora han sido bastante reducidas.
Además, esta elección constituye un hecho insólito para el conjunto de la región del Magreb. Hasta ahora, ninguna mujer había presidido una cámara nacional en Marruecos, Túnez, Libia o Mauritania, por lo que Argelia pasa a ocupar un lugar inesperadamente pionero en una región donde el acceso femenino a los principales cargos parlamentarios continúa siendo excepcional (Unión Interparlamentaria, 2026), por lo que el hecho en sí contribuye a una potencial normalización de una presencia que en ciertos contextos se presenta como excepcional. Sin embargo, el liderazgo regional no puede medirse únicamente por quién ocupa la presidencia: Marruecos, Mauritania, Túnez y Libia mantienen en la actualidad porcentajes de diputadas superiores al argelino.
Este dato abre otro debate: la contradicción de que Argelia llegó antes al cargo, pero no a la representación. Además, la propia Asamblea ha experimentado una regresión en términos de representación femenina: En 2017 el 25,8% de la cámara eran mujeres -119 diputadas de 407- mientras que en 2021 la cifra cayó a 33. Tras las elecciones de 2026, sólo 25 mujeres obtuvieron escaños en el Parlamento, apenas un 6,1%. Por lo tanto, realmente Boufedeche está presidiendo un Parlamento en regresión en cuanto a igualdad.
La distancia entre el nombramiento y la situación general de las mujeres en Argelia siguen una tónica similar. El informe Women, Business and the Law 2026 concede a Argelia 45,53 puntos sobre 100 en igualdad de los marcos legales y apenas 22,08 en políticas e instituciones destinadas a hacer efectivos esos derechos. La participación femenina en el mercado laboral se mantiene, además, en el 15,5 % (Banco Mundial, 2026). El acceso de una mujer a una alta responsabilidad no elimina las barreras que siguen condicionando la autonomía económica y la participación pública de millones de argelinas. Además, Argelia ha tipificado algunas formas de violencia doméstica y acoso, pero continúa sin una ley integral específica contra la violencia de género. (UN Women, 2026).
La elección de Khalida Boufedeche es, sin atisbo de dudas, un avance muy importante y merece ser reseñado, reconocido y tratado como tal. Pero la igualdad no puede representarse en base al simbolismo. Argelia ha abierto una puerta interesante de seguir en la cúspide institucional, pero todavía necesita mucho por hacer para que atravesarla deje de ser algo que celebrar y se convierta en normalidad.




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