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Kosovo: el país que casi es

  • Foto del escritor: José Manuel Jiménez Vidal
    José Manuel Jiménez Vidal
  • 7 oct 2025
  • 14 Min. de lectura
Contexto histórico

Kosovo, pequeña región situada en el corazón de los Balcanes, ha sido desde hace siglos un territorio cargado de significados históricos y políticos. Su historia se remonta a la Edad Media, cuando formaba parte del Imperio Serbio, alcanzando gran relevancia tras la Batalla de Kosovo en 1389, un evento que, aunque resultó en la derrota de los serbios frente al Imperio Otomano, se convirtió en un símbolo central de la identidad nacional serbia.

 

Con la expansión otomana, la región fue incorporada al imperio durante unos 500 años, periodo durante el cual la población albanesa –de origen ilirio– se consolidó en la zona debido a sus terrenos fértiles, llanuras de pastoreo y rutas comerciales, muchas veces de forma tensa frente a los serbios ortodoxos, quienes fueron expulsados o huyeron de los otomanos. Esta compleja convivencia dejó una huella social profunda en la identidad de ambos pueblos y en la configuración demográfica kosovar que reviviría siglos después.


Tras la Primera Guerra Mundial y las Guerras Balcánicas –1912-1918–, Kosovo fue anexado por el Reino de Serbia, que pasaría a formar parte del Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos, y más tarde a lo que conocemos como Reino de Yugoslavia. Tras el derrocamiento de Pedro II Karadordevic, comenzó la época socialista yugoslava –1945-1989–, en la cual, Kosovo disfrutó de un grado notable de autonomía dentro de Serbia –no como república, sino como zona autónoma de la República de Serbia– , aunque las tensiones étnicas nunca dejaron de estar presentes, pero en menor medida que a día de hoy. A finales de los 80, las políticas de Slobodan Milosevic redujeron la autonomía kosovar, exacerbando los conflictos entre la población mayoritaria albanesa y el gobierno serbio, y sentando las bases del conflicto que estallaría durante la siguiente década.


La guerra de Kosovo –1998-1999– fue el resultado de años de represión y discriminación –se limitó la educación en albanés, se reemplazaron funcionarios locales y hubo detenciones arbitrarias, todo ello, en una población 90% albanesa– por parte de Serbia, quien no buscaba otorgarles más autonomía de la que gozaban. En respuesta, se creó el Ejército de Liberación de Kosovo –Ushtria Clirimtare e Kosoves (UCK) –, formado principalmente por albaneses, el cual, se levantó contra el gobierno y fuerzas de seguridad serbias, desencadenando una respuesta violenta que incluyó campañas de limpieza étnica y asesinatos masivos. 


La violencia aumentó: miles de personas fueron asesinadas –12,000-13,000 víctimas– y cientos de miles desplazadas. En respuesta, la situación provocó la intervención de la OTAN en 1999, sin autorización previa del Consejo de Seguridad de la ONU, poniendo fin al conflicto y dejando a Kosovo bajo administración de las Naciones Unidas y las fuerzas de paz internacionales, dejando un legado controversial sobre la legalidad de la intervención y el respeto a la soberanía de Serbia. Finalmente, tras 78 días de bombardeos, Serbia aceptó retirar sus fuerzas de Kosovo, el cual, nueve años después –2008– declararía la independencia.


De tal forma, el Parlamento de Kosovo declaró unilateralmente su independencia, un acto que fue respaldado por los Estados Unidos, la mayoría de la Unión Europea y otros países, pero rechazado por Serbia, Rusia, China y varios otros Estados, como España, Grecia o Rumanía. En 2010, la Corte Internacional de Justicia emitió una opinión consultiva indicando que la declaración de independencia no violaba el derecho internacional, aunque no determinó si la independencia como tal era legal. Este fallo plasmó las tensiones entre los principios de soberanía e integridad territorial defendidos por Serbia y sus aliados, y el derecho a la autodeterminación reivindicado por Kosovo y sus partidarios.


Sentencia de la Corte Internacional de Justicia

La Resolución 1244 del Consejo de Seguridad en 1999 marcó el comienzo de la administración internacional en Kosovo. Sin embargo, tras la proclamación de la independencia en 2008, Serbia reclamó a la Asamblea de la ONU que solicitara una opinión consultiva a la CIJ sobre si la declaración era conforme con el Derecho Internacional.


De tal forma, la Resolución de la Asamblea General A/RES/63/3, del 8 de octubre de 2008 presentó la siguiente cuestión: “¿Es conforme con el Derecho Internacional la declaración unilateral de independencia de las instituciones provisionales de autogobierno de Kosovo?”


Los 15 jueces titulares que votaron el fallo de la Corte fueron: Hisashi Owada –Japón–, Peter Tomka –Eslovaquia–, Abdul G. Koroma –Sierra Leona–, Awn Shawkat Al-Khasawneh –Jordania–, Thomas Buergenthal –EEUU–, Bruno Simma –Alemania–, Ronny Abraham –Francia–, Sir Kenneth Keith –Nueva Zelanda–, Eduardo Sepúlveda-Amor –México–, Mohamed Bennouna –Marruecos–, Leonid Skotnikov –Rusia, se abstuvo de participar por declaración de impedido, no tomando parte en las deliberaciones o votación–, Antonio Augusto Cançado Trindade –Brasil–, Abdulqawi Ahmed Yusuf –Somalia–, Sir Christopher John Greenwood –Reino Unido–, Xue Hanqin –China– y Shi Jiuyong –China, aunque no participó en el caso por dimisión previa antes de la emisión final, sí participó en la fase oral del caso–.


La Corte no analizó si Kosovo tenía derecho a separarse de Serbia, ni si debería ser reconocido como Estado, ni los efectos jurídicos de su independencia. Solo respondió si la declaración –como acto– violaba el Derecho Internacional. En consecuencia, tras examinar tres posibles fuentes de prohibición: derecho internacional general (costumbre y principios), derecho internacional particular aplicable a Kosovo (Resolución 1244 y el marco de la ONU) y el derecho interno de Serbia (de las instituciones provisionales).


La Corte recordó el artículo 2.4 de la Carta de la ONU, que prohíbe el uso de la fuerza y protege la integridad territorial de los Estados. Sin embargo, dijo que esa norma se aplica entre Estados, no a declaraciones de actores internos. La práctica internacional mostraba que no existe ninguna norma general que prohíba las declaraciones unilaterales de independencia, concluyendo que no hay una prohibición general en el Derecho Internacional contra declarar la independencia.


Seguidamente, mediante la Resolución 1244 de 1999 estableció una administración internacional en Kosovo (UNMIK) y preveía una “autonomía sustancial” dentro de Serbia, sin decidir el estatus final. Belgrado alegó que esa resolución preservaba su soberanía e integridad territorial, por lo que la declaración de independencia la violaba. La Corte examinó el texto y concluyó que la resolución no impedía una eventual salida política diferente, y no contenía ninguna prohibición expresa de declarar independencia, por lo que la declaración no violó la Resolución 1244 ni el marco jurídico establecido por la ONU.


Serbia sostuvo que la declaración fue hecha por las instituciones provisionales de autogobierno de Kosovo –subordinadas a la UNMIK– y, que por tanto, violaba el derecho interno kosovar/serbio. Pero la CIJ determinó que la declaración fue adoptada por personas que actuaban en calidad de representantes del pueblo de Kosovo, no como instituciones provisionales bajo la UNMIK. Por ello, no estaban sujetas a las limitaciones del marco legal interno, no habiendo violacion de la normativa interna relevante.


El 22 de julio de 2010, la CIJ concluyó que: “la declaración unilateral de independencia de Kosovo no violó el Derecho Internacional general, la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad, ni el marco constitucional creado por ella.”


Asimismo, la Corte se basó principalmente en los tratados internacionales y la costumbre internacional para fundamentar el derecho. No había tratado que prohibiera la independencia, la costumbre internacional tampoco mostraba una prohibición general y la jurisprudencia previa se usó para reforzar que el Derecho Internacional es neutral respecto a las declaraciones de independencia –como en los casos de Quebec en Canadá o Katanga en el Congo–.


En consecuencia, algunos Estados –como: EEUU o Reino Unido, que indirectamente lo introdujeron mediante declaraciones de sus ministerios de exteriores al derecho de poner fin a las injusticias mediante la independencia–  pidieron que la Corte reconociera el principio de “secesión remedial” –derecho de un pueblo oprimido a separarse como último recurso–. La CIJ no se pronunció al respecto, diciendo que no era necesario para responder a la pregunta planteada.


El principio de secesión remedial no es un principio universalmente reconocido. La idea de que un pueblo tiene derecho a separarse como último recurso frente a opresión grave se discurre en la teoría, pero no está codificado como norma vinculante en tratados ni en la costumbre internacional. La CIJ no puede crear derechos nuevos ni afirmar principios que no existen, puesto que es una corte de interpretación.

 

Vulneración de derechos a los serbios

Para los Estados e individuos que no desean la independencia, esta puede percibirse como una vulneración de sus derechos porque altera su vida cotidiana, su identidad y su pertenencia a un Estado determinado sin su consentimiento. Pueden sentir que se les impone un nuevo marco legal, fiscal, político y administrativo, que cambia su ciudadanía, sus derechos civiles o su acceso a servicios públicos. Además, puede generar incertidumbre sobre la protección de sus minorías étnicas, religiosas o culturales, y provocar discriminación o marginación en la nueva identidad. En este sentido, la independencia unilateral es una imposición sobre la voluntad de quienes no la apoyan, afectando directamente sus derechos individuales y su seguridad jurídica. Un hecho que los políticos separatistas de muchos lugares obvian y que es crucial, especialmente cuando se tiende a vulnerar a los opositores a la independencia.


Intervencionismo de la OTAN

El intervencionismo extranjero ha sido clave en la evolución kosovar. La OTAN justificó su intervención en 1999 como una acción humanitaria para detener la limpieza étnica, aunque su legalidad fue cuestionada por no contar con la autorización necesaria por parte de la ONU. Desde aquel entonces, EEUU y otros países –mayoritariamente occidentales– han mantenido presencia política y militar en la región para garantizar estabilidad y apoyo institucional, mientras que Moscú o Pekín han utilizado el caso como ejemplo para defender su política de no intervención o enfatizar la soberanía estatal frente a interferencias terceras propias.


Los principales contribuyentes de medios y capacidades de la OTAN fueron, principalmente, tres Estados. En primer lugar, Estados Unidos, responsable de más del 60% del poder aéreo y naval de la operación. Seguidamente, Reino Unido, quien incluyó un portaaviones, aeronaves Harrier GR7 y Tornado GR4, así como misiles Tomahawk desde submarinos y buques de superficie. Por último, Francia, con el apoyo de las aeronaves Mirage 2000 y Rafale, aviones cisterna o vigilancia electrónica, así como fragatas y destructores para misiles de crucero.


En menor medida, la participación de Italia, Alemania, Países Bajos, Bélgica y Canadá fue notable, pero en mucha menor medida, aportando aviones y navíos en menor porcentaje. Por su parte, España no envió tropas terrestres, pero sí participó en la fuerza internacional de paz KFOR tras la rendición serbia, desplegando unos 1,200 soldados durante casi una década. Durante la guerra, Madrid participó, pero en menor medida que otros aliados: aportamos unos 8-12  aviones de combate EF-18 de la Base Aérea de Aviano –Italia–, la Fragata F-81 “Santa María” y el Buque de aprovisionamiento “Marqués de la Ensenada”.


Medios utilizados por la OTAN en Kosovo, 1999

  • Aviones de combate y ataque a tierra: F-15, F-16, F/A-18, Tornado, Mirage 2000, AV-8B Harrier. En total, más de 1,000 misiones de combate aéreo en 78 días.

  • Aviones de vigilancia y reabastecimiento: AWACS y KC-135 principalmente.

  • Más de 20,000 bombas y misiles: tipo crucero Tomahawk –700-800–, bombas inteligentes, convencionales –14,000– y guiadas por láser –6,000–.

  • Portaaviones: dos unidades; USS Theodore Roosevelt y el HMS Invincible.

  • Cruceros de misiles guiados: 5.

  • Destructores de misiles guiados: 20.

  • Fragatas: 25.

  • Submarinos nucleares y convencionales: 5-6.

  • Buques de apoyo y logísticos: 15.

  • Vehículos logísticos y ligeros: más de 500. Nunca se desplegaron fuerzas terrestres de combate en Kosovo, fue un despliegue aéreo y naval completo.


Países que apoyaron la independencia kosovar y por qué

  1. Estados Unidos de América: reconoció la independencia plenamente bajo la administración Obama. Washington apoyó la autodeterminación del pueblo albanés y buscaba “estabilidad” en los Balcanes después de la guerra de Kosovo. A su vez, EEUU vió en Kosovo una forma de proyectar su poder en los Balcanes tras la desintegración yugoslava. En consecuencia, el territorio kosovar alojó fuerzas internacionales y permitió a EEUU y la OTAN mantener influencia directa en la región. Como dato, Joe Biden –en aquel entonces vicepresidente y futuro presidente de los EEUU, visitó Kosovo y pronunció el discurso ante la Asamblea de Kosovo, reafirmando el compromiso de EEUU con la independencia.

  2. Reino Unido, Italia, Alemania y Francia: reconocieron la independencia rápidamente. Coinciden en la posición de la OTAN durante la guerra de 1999 y buscaban consolidar la paz en la región. De tal forma, Kosovo quedaba bajo el paraguas de la UE y en el control de la dirección política balcánica, expandiendo las empresas occidentales que aspiraban a contratos en reconstrucción y energía. 

  3. Australia, Canadá y Japón: apoyaban la seguridad internacional y la resolución del conflicto. Apoyar la independencia kosovar era sinónimo de restarle espacios de influencia a Rusia, especialmente por la estrecha relación entre Moscú y Belgrado.


En consecuencia, Kosovo marcó un precedente internacional claro y clave en términos funcionales: establecer un caso donde la intervención militar y la declaración unilateral de independencia podrían “ser aceptables” si convenía a los intereses occidentales.

 

De forma similar, pero no tan directamente como hizo Occidente, Rusia o China han actuado a través de apoyos indirectos, en conflictos “asimétricos” o prestando servicios a separatismos aliados. En vez de intervenir militarmente para crear un nuevo Estado que reste poder  Occidente, Moscú ha optado por crear situaciones “congeladas”, conflictos internos o separatismos: Osetia del Sur y Abjasia –debilitó la influencia occidental en el Cáucaso–, Crimea –aseguró el control militar ruso sobre el Mar Negro y frenó la expansión de la OTAN–, Donetsk y Lugansk –generaron zonas de influencia que limitaron la expansión occidental–. 


En el caso de Pekín, China no suele apoyar independencias de facto porque teme que genere precedentes para Taiwán, Tíbet, Xinjiang o Mongolia interior. No obstante, aunque rechaza la secesión unilateral, sí ha usado otros medios, sobre todo económicos, para contrarrestar la influencia occidentalen África, Asia y América del Sur. 


Occidente debilitó a Serbia, aliado natural de Rusia. A su vez, se amplió el control político y militar en los Balcanes, con presencia OTAN, enviando un mensaje geopolítico de que podrían redefinir fronteras de facto sin consultar a Rusia. Por su puesto, junto a otros intereses secundarios –económicos, estratégicos, migratorios –entre Serbia, Albania, Macedonia, Montenegro, es una zona natural de tránsito hacia países UE debido a sus rutas cortas y relativamente fáciles de recorrer hacia el norte y oeste de Europa—.

 

Hoy en día, 103 Estados miembros de las NNUU reconocen a Kosovo como Estado, la mayoría occidentales, pero también con casos más curiosos como: Malasia, Chad, Níger, Tanzania, Yemen, Honduras, Bangladés, Guinea, Perú o Mauritania.


Mapa del reconocimiento internacional de Kosovo.
Mapa del reconocimiento internacional de Kosovo.

Países que no reconocen a Kosovo y por qué

A día de hoy, 90 Estados no reconocen a Kosovo, incluyendo a varias potencias globales muy significativas. Este hecho, ha reducido la influencia diplomática y política de Pristina en la comunidad internacional, más allá de Serbia.


  1. Rusia: ha apoyado tradicionalmente a Serbia en su defensa y principio de integridad territorial. Moscú ha utilizado a Kosovo como un ejemplo opositor hacia Occidente en el reconocimiento de otros territorios donde guarda intereses, como Osetia del Sur, Donetsk y Crimea.”Si ustedes reconocen a Kosovo, nosotros podemos reconocer territorios separatistas prorrusos”. 

  2. China: tiende a oponerse absolutamente a cualquier secesión unilateral por precedentes internos. Prefiere mantener la postura de soberanía estatal fuerte, sin abrir la puerta a movimientos separatistas o que perjudiquen a su soberanía, especialmente por la pugna taiwanesa.

  3. España: similar a China, ha optado por no reconocer la independencia kosovar alegando que es contraria al derecho internacional sin un acuerdo con Belgrado. No obstante, reconoce el Pasaporte Kosovar, pero no su independencia, temiendo que el “principio de secesión remedial” pudiera ser utilizado en un hipotético caso de declaración de independencia de alguno de sus territorios –hecho que tras la DUI catalana parece que se ha disipado–. 

  4. Grecia, Rumanía, Eslovaquia y Chipre: tienen preocupaciones por movimientos separatistas internos o vecinales. Además, Grecia mantiene buenas relaciones con Serbia y Chipre teme que se use el caso de Kosovo para justificar la independencia del norte ocupado por Turquía.

  5. Hispanoamérica: México, Venezuela, Cuba, Bolivia, Argentina, Brasil… no reconocen la independencia, la cual es vista como ilegal según el derecho internacional o consideran que está motivada por Washington. 

  6. África: Sudáfrica, Etiopía, Marruecos, Angola, Nigeria, Sudán, Argelia o Egipto defienden la integridad territorial, motivados por la herencia política del movimiento de los países No Alineados surgida en la segunda mitad del siglo XX.

  7. Asia: India, Filipinas, Indonesia o Vietnam no quieren apoyar sucesiones por temor a ejemplos como el de Cachemira –India y Pakistán–, Papúa –Indonesia– o minorías internas, así como, por herencia de la Conferencia de Bandung y los países No Alineados.

  8. Países musulmanes: una gran parte de la comunidad internacional islámica no reconoce a Kosovo, pese a ser un Estado de mayoría musulmana. Muchos alegan una independencia creada por EEUU y Occidente, otros por intereses con terceros –como Serbia o Rusia– y algunos, por neutralidad histórica, como Omán. Entre los que no le reconocen, destacan: Irak, Siria, Irán, Líbano, Bosnia y Herzegovina o Túnez.


Países que le reconocieron y le retiraron el reconocimiento

Aunque parezca paradójico, sí, ciertos Estados reconocieron en su día a Kosovo y hoy ya no. Esto refleja que el reconocimiento de Estados es un acto político y soberano, no un derecho automático ni obligatorio, incluso después de una declaración de independencia.


Diversos países retiraron su apoyo a Pristina debido a la presión política o diplomática serbia o de sus aliados. Otros, por cambio de gobierno o política interna, realizando revisiones sobre su política exterior. También aquellos donde surgieron movimientos independentistas posteriores o ciertos países que hicieron reconocimientos condicionados o parciales, sujetos a negociaciones que finalmente no se cumplieron.


Actualmente, trece países retiraron su reconocimiento a Kosovo: Burundi, Papúa Nueva Guinea, Lesoto, Comoras, Dominica, Islas Salomón, Madagascar, Togo, República Centroafricana, Ghana, Nauru, Sierra Leona y Burkina Faso.


Perspectiva serbia y kosovar sobre la independencia

Desde la perspectiva serbia, Kosovo es considerado el corazón histórico y espiritual del país, hogar de monasterios ortodoxos y símbolos de la identidad nacional. Para Serbia, la pérdida de Kosovo representa tanto un retroceso territorial como un golpe a su memoria histórica y cultural. Por el lado contrario, para la mayoría albanesa de Kosovo, la independencia es vista como un acto legítimo de liberación tras años de opresión y violencia. La población kosovar busca consolidar su soberanía, integrar instituciones en la comunidad internacional y garantizar derechos para todas las comunidades que habitan la región, aunque los desafíos internos y la presencia de población serbia en el norte dificultan severamente dicha cohesión.


El reconocimiento internacional de Kosovo sigue siendo un tema muy divisivo. Más de cien países han reconocido su independencia, incluyendo a Estados Unidos, Alemania, Italia, Francia, Japón, Reino Unido o Canadá. Sin embargo, países como India, China, Rusia, España, Argentina, Indonesia, Eslovaquia o Brasil se mantienen en contra, alegando respeto por la soberanía serbia o temores a movimientos separatistas dentro de sus propios territorios. Este reconocimiento parcial limita la capacidad kosovar para integrarse plenamente en organizaciones internacionales, como la ONU, obligando al territorio a depender de alianzas estratégicas con actores externos que le apoyen.


El papel de Turquía y Albania

Ankara y Tirana han desempeñado un papel clave en el apoyo internacional a Kosovo desde su declaración de independencia en 2008. Albania, por razones étnicas y culturales, ha sido uno de los primeros y más firmes países en reconocer a Kosovo, brindando apoyo político, diplomático y económico, así como respaldo en foros internacionales para consolidar su soberanía. En Kosovo, se ven tantas banderas albanesas como kosovares, incluidas en las instituciones públicas, donde ondean junto a las de la UE y la OTAN.


Por su parte, Turquía, por su posición geográfica y geopolítica, así como por vínculos históricos, también reconoció rápidamente a Kosovo y ha apoyado su integración en organizaciones internacionales, ofreciendo asistencias en seguridad, educación y desarrollo institucional.

 

Ambos países han actuado como aliados estratégicos, promoviendo la estabilidad de Kosovo y la proyección internacional del mismo. Al mismo tiempo, Kosovo refuerza la influencia turca en la región y su papel clave como mediador entre Europa y Asia, aislando al cristianismo e influencia ortodoxa serbia de la zona, creando un eje Albania-Kosovo que se traduce en una zona histórica de influencia que vuelve a manos turcas en contra de posicionamientos más europeístas. Al mismo tiempo, Turquía también provoca que un sustancial futuro ingreso de Albania o Kosovo a la UE favorezca su estatus hacia la unión, pese a que en los últimos tiempos ha sido más cauto debido a la mejora de relaciones con Moscú.


Kosovo a día de hoy

Actualmente, Kosovo funciona prácticamente como un Estado independiente, con instituciones propias, gobierno, fuerzas de seguridad y administración territorial, aunque no todos los países reconozcan su soberanía. La frontera con Serbia al norte sigue parcialmente cerrada y existe una cierta tensión política y étnica en la zona, pero en la mayor parte del territorio kosovar la vida cotidiana transcurre con plena normalidad. Las ciudades, pueblos y carreteras están relativamente bien desarrolladas; de hecho, algunas infraestructuras, como autopistas y redes urbanas, son consideradas entre las mejores en los Balcanes occidentales, gracias a la inversión internacional, la cooperación y proyectos de reconstrucción.


La economía kosovar depende en gran medida de remesas del exterior, especialmente de ciudadanos que trabajan en Europa y América del Norte, lo que representa una fuente vital de ingresos a muchas familias. Además, recibe ayuda internacional, tanto en inversión pública como en cooperación al desarrollo. Otros sectores incluyen la minería, energía, construcción, comercio y los servicios, aunque la tasa de desempleo sigue siendo alta, especialmente entre jóvenes.

 

Además, Kosovo tiene una población de aproximadamente 1,8 millones de habitantes, mayoritariamente albaneses étnicos, con minorías serbias, gitanas, bosnias y turcas. La sociedad kosovar es en general, similar a la serbia o macedonia, pero ligeramente más acogedora y abierta, dotando de especial importancia a los vínculos vecinales y familiares, el respeto a los mayores y la celebración de festividades culturales y religiosas.


Conclusión

Kosovo, en su corta experiencia como Estado pseudo-independiente, se enfrenta a multitud de cuestiones todavía por resolver: la consolidación de su gobernanza, la lucha contra la corrupción, la integración económica y la reconciliación con el Estado y la población serbia, incluidos ciudadanos de su propio territorio. Además, sigue siendo un ejemplo donde los derechos humanos, la autodeterminación, los conflictos históricos y la intervención extranjera convergen, dejando lecciones sobre límites soberanos y el rol cuestionable que juega la comunidad internacional.

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