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La carrera por liderar la ONU: candidatos y claves para elegir al Secretario General en 2027

«The United Nations was not created to take mankind to heaven, but to save humanity from hell.» (Las Naciones Unidas no fueron creadas para llevar a la humanidad al cielo, sino para salvarla del infierno.) — Dag Hammarskjöld, Secretario General de la ONU (1953-1961)

 

A cuatro meses de que António Guterres abandone el cargo, el proceso para elegir al décimo Secretario General de las Naciones Unidas ha entrado en su fase decisiva: dos rondas de votaciones informales en el Consejo de Seguridad, ocho candidatos declarados y una presión estadounidense sin precedentes que amenaza con reescribir las reglas no escritas del multilateralismo. Este informe recoge, con los datos más recientes disponibles a finales de agosto de 2026, el estado exacto de una contienda que definirá el liderazgo global para el periodo 2027-2031.


Ocho candidatos, cinco de ellos latinoamericanos

La lista definitiva de aspirantes se ha ampliado considerablemente desde los diálogos interactivos de abril. A los cuatro nombres iniciales —Michelle Bachelet (Chile), Rafael Grossi (Argentina), Rebeca Grynspan (Costa Rica) y Macky Sall (Senegal)— se sumaron sucesivamente María Fernanda Espinosa (Ecuador), Olara Otunnu (Uganda, exsecretario general adjunto con Kofi Annan), Carolyn Rodrigues-Birkett (Guyana, excanciller y actual embajadora ante la ONU) e Ivonne A-Baki (Ecuador, diplomática y exministra de Comercio). De los ocho, cinco son de América Latina y el Caribe, y cuatro son mujeres, en un año en que, por primera vez en ochenta años de historia de la organización, existe una posibilidad real de que el cargo lo ocupe una mujer.


Las votaciones de color: cifras exactas de julio y agosto

El mecanismo que define el rumbo de la elección es el de las “straw polls”, sondeos no vinculantes y secretos en los que cada uno de los quince miembros del Consejo de Seguridad asigna a cada candidato una de tres etiquetas: “encourage” (alentar), “discourage” (desalentar) o “no opinion” (sin opinión). Para avanzar, un candidato necesita al menos nueve votos favorables y, crucialmente, evitar el rechazo expreso de cualquiera de los cinco miembros permanentes con derecho a veto: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.


En la primera ronda, celebrada el 30 de julio, Rebeca Grynspan obtuvo 10 votos de “encourage”, seguida por Carolyn Rodrigues-Birkett con 9 y Rafael Grossi con 7. Tres semanas después, el 21 de agosto, el orden se invirtió parcialmente: Rodrigues-Birkett pasó a liderar con 8 votos, mientras Grynspan y Grossi quedaron empatados en segundo lugar con 7 cada uno. Ningún candidato ha alcanzado todavía el umbral de nueve votos sin oposición de veto, lo que confirma que la contienda sigue completamente abierta.


Candidato
País
Cargo destacado
1ª votación (30 jul.)
2ª votación (21 ago.)

Rebeca Grynspan

Costa Rica

Secretaria general de la UNCTAD

10 votos

7 votos

Carolyn Rodrigues-Birkett

Guyana

Embajadora ante la ONU, excanciller

9 votos

8 votos

Rafael Grossi

Argentina

Director general del OIEA

7 votos

7 votos

Michelle Bachelet

Chile

Ex alta comisionada de DDHH

Sin datos difundidos

Rezagada

María Fernanda Espinosa

Ecuador

Ex presidenta Asamblea General

En carrera

En carrera

Ivonne A-Baki

Ecuador

Diplomática, exministra de Comercio

No postulada aún

Nominación reciente (17 ago.)

Macky Sall

Senegal

Expresidente de Senegal

Sin apoyo de la Unión Africana

Sin apoyo de la Unión Africana

Olara Otunnu

Uganda

Ex secretario general adjunto de la ONU

En carrera

En carrera


Grossi, entre el respaldo de Washington y el veto latente de Moscú

El dato más relevante de la última semana es el deterioro de la posición de Rafael Grossi frente a Rusia. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, María Zakharova, expresó formalmente su sorpresa y malestar por declaraciones recientes del director del OIEA, en un pronunciamiento que la prensa especializada interpreta como una señal de que Moscú podría estar dispuesta a ejercer su capacidad de “desalentar” —el equivalente informal de un veto en esta fase— si su candidatura avanza. Grossi es percibido como el candidato con mayor afinidad con la administración estadounidense, en parte por su gestión del expediente nuclear iraní y su cercanía con el gobierno de Javier Milei en Argentina, pero esa misma cercanía lo convierte en un blanco fácil para el veto ruso.

 

La irrupción de Washington: de Infantino a las amenazas de Trump

El factor más disruptivo del proceso sigue siendo la injerencia directa de la Casa Blanca. En julio, informaciones periodísticas revelaron que el presidente Donald Trump impulsaba al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, como su candidato preferido. A fines de agosto, Trump elevó el tono públicamente, declarando que espera “sorpresas” en el proceso y mencionando, entre bromas y advertencias, la posibilidad de que su hija Ivanka Trump o su yerno Jared Kushner pudieran entrar en la conversación. Esta postura se enmarca en una política más amplia de presión sobre el sistema multilateral: en enero de 2026 Washington ya había ordenado la retirada de Estados Unidos de 31 entidades de la ONU y 35 organismos intergubernamentales bajo la doctrina “America First”. El propio anuncio de que Estados Unidos “pidió una reforma total del organismo” al inicio del proceso, en julio, confirma que la Casa Blanca condiciona su apoyo a cualquier candidato a compromisos previos de reestructuración institucional.


Los rezagados: Bachelet y Sall

Michelle Bachelet, pese a contar con el perfil técnico más completo de la contienda —expresidenta de Chile, exdirectora de ONU Mujeres y exalta comisionada de Derechos Humanos—, continúa perdiendo terreno. La retirada del respaldo del gobierno de José Antonio Kast, sumada a la resistencia de sectores conservadores estadounidenses por sus posiciones en derechos reproductivos y al recelo persistente de China por su informe sobre Xinjiang, explican su posición rezagada en las dos rondas de votación conocidas hasta ahora, pese a mantener el apoyo declarado de México y Brasil.


Macky Sall enfrenta un obstáculo estructural distinto: la Unión Africana rechazó formalmente respaldar su candidatura en abril de 2026, dejándolo sin el aval institucional de su propio continente pese a mantener el respaldo puntual de Burundi. Analistas de política africana describen ese rechazo como una señal de que el continente prioriza el cumplimiento de sus propios procesos internos de nominación por encima de la ambición individual de un exmandatario cuyo historial doméstico —incluidos intentos de postergar elecciones nacionales— genera reservas entre varios Estados miembros.


Lo que viene

El calendario formal establece que Guterres deja el cargo el 31 de diciembre de 2026, tras diez años y dos mandatos consecutivos. En las próximas semanas se esperan nuevas rondas de “straw polls” hasta que un nombre reúna los nueve votos necesarios sin oposición de veto de ninguna de las cinco potencias permanentes; solo entonces el Consejo de Seguridad remitirá una recomendación única a la Asamblea General de los 193 Estados miembros, que tradicionalmente ratifica esa recomendación por aclamación. A día de hoy, con Rodrigues-Birkett, Grynspan y Grossi en un empate técnico de facto y sin que ninguna potencia permanente haya ejercido públicamente su veto, el desenlace de esta sucesión permanece genuinamente abierto.

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