La diplomacia del panda
- nacionesenruinas
- 1 jul 2025
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Actualizado: 3 jul 2025
Probablemente, pocos animales levantarán tantas pasiones a nivel mundial como lo han hecho los osos panda en estas últimas ocho décadas. Esta especie animal, originaria de las regiones centrales de China, especialmente de las montañas de Sichuan, ha conseguido no sólo cautivar millones de corazones alrededor del globo, sino crear un emblema nacional con carácter diplomático propio.
No es desconocido para nadie el protagonismo que estos graciosos y rechonchos osos logran captar por donde vayan, así como el efecto que provocan; merchandising, anuncios, programas, eventos; y sobre todo; el papel y dinero que generan para el zoo que los posee. Albergar un par de estos animales es el equivalente al oro olímpico para un zoológico. De hecho, esta especie es tan icónica que hasta el logotipo de World Wild Life es a día de hoy un panda, suceso que se debió al panda Chi-Chi —panda gigante que vivía en el zoológico de Londres en 1961, el cual no formó parte de la diplomacia del panda, y, vivió en el año de creación del WWF—. No es casualidad que el panda haya sido el animal escogido, de hecho se hizo de tal forma porque se le consideró como una especie reconocible a nivel mundial, más allá de las barreras idiomáticas y teniendo en cuenta su popularidad general.
Éste protagonismo es vital, tanto para la conservación del panda gigante como especie y para la reputación de China. En consecuencia, el gigante asiático no sólo ha creado centros de conservación o campañas para rescatar a esta especie que hasta hace muy poco se encontraba en peligro de extinción —ahora en calidad de especie vulnerable—, sino que ha creado un completo entramado de redes internacionales mediante estos simpáticos animales.
El primer vestigio de la denominada como “diplomacia del panda” data de 1941. No obstante, pese a los pocos vestigios, siglos antes, la diversas dinastías habían comerciado con pieles de estos animales, especialmente entre gobiernos chinos y el Tíbet, lo que evidencia la importancia de la especie en la tradición de la alta política china y su presencia cultural. Sin embargo, fue Madame Chiang quien realmente puso al panda como punto central, cambiando su importancia para el devenir de la historia.
Madame Chiang —Soong May-ling— fue la menor de las tres hermanas Soong —las tres mujeres más relevantes e influyentes en la política y sociedad china del momento— y esposa del presidente Chiang Kai-shek, lo que le dotó de real importancia en la política nacional de la República de China — que no la China comunista— y en la Sociedad de Reconstrucción de China —también denominado como “camisas azules”, facción ultranacionalista secreta del Kuomintang inspirada por los fascistas italianos y alemanes fundado por Chiang Kai-shek y compuesto por élites políticas, a diferencia de los camisas pardas alemanas o los camisas negras italianos formados por el pueblo en general.—.
De tal forma, Madame Chiang, envió una pareja de pandas a los EEUU en forma de agradecimiento al apoyo americano al Kuomintang y a los refugiados chinos contra la ocupación y violencia por parte de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Chiang quería demostrar de una forma original su agradecimiento, por lo que gracias a David Crockett Graham capturaron a dos pandas para ser enviados al otro lado del Pacífico. Sin embargo, el envío de los pandas ocurrió coetáneamente al ataque japonés en Pearl Harbour, por lo que cuando los pandas pisaron suelo estadounidense camino al zoológico del Bronx apenas ocuparon una breve columna en los periódicos, en vez de las portadas que se esperaban que tuvieran.
Tras la caída de la República de China y el alzamiento de la República Popular de China —comunista—, la diplomacia del panda sufrió un breve parón. No sería hasta 1957 cuando Pekín enviaría a la Unión Soviética a Ping Ping, uno de estos animales, como símbolo de buena voluntad y en celebración del 40º aniversario de la Revolución Comunista. En 1959, China mandaría de nuevo otro ejemplar a Moscú, mientras regalaba otros cinco a Pionyang, lo que se les denominó como los “pandas comunistas”. Años después, en 1972, se haría lo mismo tras la visita del presidente Nixon al país, lo cual cambió el rumbo de las relaciones entre China y los EEUU, así como la relación de los mismos con la URSS, siendo los primeros pandas enviados en más de veinte años a los EEUU por Mao Zedong. No obstante, previamente a EEUU, China envió a Lan Lan y Kang Kang a Japón, en motivo de la normalización de las relaciones.
En consecuencia a los pandas enviados a EEUU —Ling-Ling y Hsing-Hsing—, Reino Unido también demandó un par de estos animales a petición del Primer Ministro Edward Heath, quien observó en la diplomacia del panda un acercamiento sutil y discreto cara al pueblo hacia el país asiático, llegando en 1974 los primeros pandas a Londres enmarcados en la diplomacia del panda.
Con la llegada al poder de Deng Xiaoping, se modificó la política respecto a los pandas. En consecuencia, desde 1984, los pandas chinos serían arrendados y ya no regalados a gobiernos extranjeros. Los primeros pandas en venir con estas tasas fueron los regalados por China a la ciudad de Los Ángeles durante los Juegos Olímpicos de 1984, a cambio de 50,000$ al mes por cada uno. En 1991, los arrendamientos se extendieron, llevando a contratos por década y a valores superiores al millón de dólares al año y por ejemplar —más el costo de su mantenimiento, bienestar, alimentación y demás aparte—. Asimismo, los pandas nacidos en territorio extranjero le pertenecen a la República Popular China, hecho que todavía sigue siendo así.
Sin embargo, en 1988, gracias a una demanda del Fondo Mundial para la Naturaleza, se pactó que los zoológicos estadounidenses que poseían pandas, tiempo después extendido a otros parques, debían hacerlo si el gobierno chino garantizaba invertir mínimo el 50% de los beneficios en la conservación de la especie, hecho que se ha cumplido desde entonces a excepción de los pandas regalados al zoológico de Hong Kong en 2007 —ya que Pekín lo considera como propio—.
Esta política diplomática se extendió durante las décadas de los setenta y ochenta, mandando pandas a países como España, sexto país extranjero con pandas en el mundo en aquel entonces con la llegada de Chang Chang y Shao Shao, regalados tras la visita de los los Reyes Juan Carlos I y Doña Sofía a China en 1978. Así pues, especialmente tras 2008, la diplomacia del panda se extendió, ya que el terremoto de Sichuan provocó que las instalaciones de la conservación de estos animales fueran dañadas, lo que llevó al gobierno chino a prestar más de 60 ejemplares a otros gobiernos para preservar la especie. China confió especialmente en naciones que ya contaban previamente con experiencia con la especie y su reproducción, como el caso de España (primer país en conseguir crías de panda mediante inseminación fuera de China), Reino Unido, México (primer país donde nació una cría de panda fuera de China), Japón o EEUU, y, países que mantenían lazos económicos estrechos, como Australia —mandando a Wang Wang y Fu Ni a Adelaide—.
Además, otros casos donde se han plasmado esta dinámica diplomática son: la llegada de la pareja de pandas Fu Wa y Feng Yi al Zoológico Nacional de Malasia para conmemorar los 40 años de lazos diplomáticos entre ambas naciones. De igual forma, la pareja Cai Tao y Hu Chun, quienes llegaron a Yakarta, Indonesia, para celebrar los 60 años de relaciones entre los países. Así pues, los “contratos de arrendamiento” también se van renovando, como el caso de la pareja Hao Hao y Xing Hui ubicados en Bélgica desde 2014 y con contrato extendido hasta mínimo 2029.
Mantener a estos animales es muy caro, de hecho diversos zoos han experimentado dificultades para mantener a sus parejas, y no sólo por el costo de la simple presencia de estos osos. Entre ellos, el zoo de Edimburgo, el cual tuvo que presionar a agricultores locales para que cultivarán bambú para alimentar a sus pandas, quienes comen una media de 40 kilos de bambú fresco al día, lo que les llevó a desembolsar más de 107.000$ en bambú, lo cual supone un costo cinco veces superior al de un elefante. Otro claro caso es el del zoo de Calgary, Canadá, el cual no pudo asegurar el suministro de bambú fresco a sus ejemplares, devolviendo finalmente la pareja a China. Asimismo, el zoológico de Copenhague tuvo que conseguir 24 millones de dólares en fondos privados para construir un recinto idóneo para los pandas arrendados, a un precio de millón de dólares por panda y año durante el periodo 2019-2034.
Otro suceso no tan “simpático” relacionado con esta diplomacia fue el hecho sucedido en 2005, cuando Lien Chan —presidente del Kuomintang de Taiwán— visitó China continental. Se le ofreció entonces una pareja de pandas: Tuan Tuan y Yuan Yuan, pero el gobierno de la isla lo rechazó al ver la propuesta como una provocación debido a la posible indirecta de acercamiento a China, por lo que el gobierno taiwanés optó por declinar la oferta justificándose mediante excusas cara a la población local para mantener distancias con Pekín. Finalmente, en 2008 la pareja llegó a Taipei, tras aprobar el nuevo gobierno taiwanés su estancia durante cuatro años, posteriormente prorrogada pero sin un directo control chino.
La práctica realizada con los pandas no ha quedado tampoco exenta de copias alrededor del mundo. En 2009, el gobierno de las Islas Seychelles regaló un par de tortugas gigantes de Aldabra al Zoológico de Shanghái por la celebración de la Exposición Mundial de 2010 en la ciudad. Del mismo modo, Mongolia mantiene una tradición similar con los caballos mongoles cuando un mandatario visita el país o Filipinas mediante las águilas filipinas, regaladas en 2019 a Singapur.
Actualmente, podemos encontrar pandas gigantes chinos en unos veinticinco zoológicos fuera de China en una veintena de países. No obstante, todos ellos, a excepción de los pandas de México, Hong Kong y Taiwán, son de plena propiedad china, lo que puede significar el cambio de ejemplares, la suspensión de los contratos y el cumplimiento de condicionantes cuando China lo exija. Un ejemplo real de los hechos ha ocurrido recientemente con los ejemplares del zoo de Memphis (EEUU), los cuales han sido retirados por alegaciones relacionadas a faltas de debidos cuidados, caso similar al que ya ocurrió con los pandas del zoo de Chiang Mai (Tailandia). Todo ello, atiende a los contextos políticos, económicos y sociales internacionales, por lo que los pandas son una especie de “predicción” de cómo y cuándo China va a acarrear medidas contra un país extranjero más que como un simple “embajador” de la imagen china. Si Pekín presta pandas, será una buena época para las relaciones, si los quita, probablemente las relaciones se deterioren significativamente, como está sucediendo con los pandas de EEUU tras la llegada de Trump.
Así, en el tablero de ajedrez que es el mundo, China no moviliza ejércitos, sino osos; no despliega cañones, sino ternura pura en blanco y negro. Cada panda que sale de las fronteras chinas, no es un simple animal prestado como símbolo de paz, sino un mensaje diplomático calculado, un gesto amable que esconde una estrategia directa y firme. Es la fusión entre el soft y el hard power, entre lo emocional y lo estructural. Ten un panda y tendrás un tesoro que guardar, el cual habrás de resguardar para mantener.
China mueve sus pandas con visión, conociendo que cada jaque de simpatía abre la puerta a su influencia y mercados. En esta partida de ajedrez, el panda no es un simple peón: es el rey del tablero.







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