La influencia de la diáspora armenia en la política exterior de Estados Unidos, Rusia y Francia: lobbies étnicos, nacionalismo transnacional y geopolítica del Cáucaso
- Nicolás Morago Palazón

- hace 1 día
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En la actualidad, el mundo altamente globalizado en el que operan los estados, marcado por la interdependencia económica y política, así como los movimientos migratorios, genera unos cambios sociodemográficos claves para entender los movimientos en política exterior de los estados. A nivel histórico, se ha concebido la política exterior como un reflejo de los intereses nacionales, aunque actualmente se ve influida por otros factores que determinan sus fines y objetivos.
Un ejemplo de ello es la creciente importancia en la toma de decisiones políticas, especialmente en materia exterior, por parte de las diásporas de ciudadanos residentes en un Estado que son originarios de un tercer país o tienen ascendentes en él. Para algunos autores, como Benedict Anderson, llegan a ser considerados como los más fervientes nacionalistas, mientras que otros, como Gabriel Sheffer, suponen un puente entre el país de origen y el receptor, buscando utilizar los recursos del segundo para influir en la política exterior de este hacia su patria, pudiendo facilitar la cooperación o, en caso de oposición, facilitar la toma de medidas coercitivas hacia su país, como es visible en el caso de ciertos miembros de la diáspora iraní en Estados Unidos y Europa.
En consonancia con la posición de Sheffer, John Mearsheimer y Stephen Walt, en su libro “The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy”, relativo al estudio de la diáspora de Israel en la política exterior de Estados Unidos, acuñaron la definición de lobby étnico, entendido como una coalición de individuos y organizaciones que buscan moldear activamente la política exterior del país receptor para beneficiar a su país de origen, o a una causa étnica transnacional.
Desde esta perspectiva, este tipo de lobby supone una organización que cuestiona la base fundamental de la política exterior, el interés nacional, introduciendo dinámicas foráneas que pueden desviar, o alejar, a esta política de sus intereses estratégicos. Estas organizaciones operan mediante el financiamiento de campañas, apoyando económicamente a candidatos que apoyen su causa, votando en bloque en distritos electorales clave, influenciando en think tanks y medios de comunicación, así como presionando directamente, mediante el cabildeo, al parlamento o al ejecutivo.
Más allá de la conocida influencia de la diáspora de Israel, especialmente en Estados Unidos, aunque también en otros países, mediante el AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), existen otras diásporas que ejercen una influencia determinante en las políticas exteriores de ciertos países, como es el caso de la armenia, fenómeno perceptible a través del poder que poseen sus ciudadanos en países como en Estados Unidos (1.5 millones), Francia (450.000) y Rusia (2.25 millones), entre otros.
Estados Unidos y el Armenian National Committee of America (ANCA): Cabildeo y disputas con AIPAC
La mayor organización de la diáspora armenia es el Armenian National Committee of America (ANCA), el cual consta de aproximadamente 1.5 millones de personas. Fue fundado en 1918 por Vahan Kardashian bajo el nombre de American Committee for the Independence of Armenia (ACIA), y tenía como objetivo proteger la independencia de la recién creada Primera República Armenia (1918-1920), que se enfrentaba a su enemistad con Turquía y a las ambiciones expansionistas soviéticas, régimen que acabaría absorbiendo el nuevo estado en 1920, el cuál no llegaría a recuperar su independencia hasta 1991. Históricamente, se ha visto vinculado a la Federación Revolucionaria Armenia, creadora histórica del estado armenio y actual partido político presente en dicho país y el Líbano, entre otros.
Cabe destacar que, paradójicamente, aunque la comunidad armenia se encuentra dividida entre el ANCA y la Armenian Assembly of America, esta división exacerba la fuerza del ANCA, en lugar de debilitarla. El primero, por un lado, se encuentra vinculado a la Federación Revolucionaria Armenia, posee un enfoque desde las bases locales y es favorable a las alianzas con otras minorías reprimidas por Turquía, como los kurdos o los griegos.
Por otro lado, la Armenian Assembly, enfocada desde arriba hacia abajo, se encuentra vinculada a la organización benéfica AGBU (Armenian General Benevolent Union), la cuál se centra en el institucionalismo y la diplomacia, a la par que crea importantes iniciativas, como el Museo del Genocidio Armenio. Además, la Armenian Assembly ha impulsado la documentación académica sobre el pueblo armenio y su historia, lo que se une a su histórica relación con las Naciones Unidas.
Su organización, a diferencia del lobby israelí, AIPAC, o el armamentístico, no gira en torno a su potencial económico, habiendo invertido 26.000 dólares de media por periodo electoral, frente a los 6.8 millones de dólares invertidos por la industria petrolera, sino en la concentración geográfica de la diáspora en distritos electorales clave. Esta concentración, junto con el sistema pluralista y descentralizado de Estados Unidos, genera una estructura de oportunidad política única, mediante la cual los armenios pueden influir en la política exterior mediante el voto en bloque de su comunidad.
Así pues, su éxito se basa en el arraigo territorial de los armenios, sus demandas claras y la capacidad de construir alianzas sólidas en el Capitolio. Esta destreza relacional ha permitido al lobby anteponer la agenda de la diáspora sobre los intereses petroleros y geoestratégicos tradicionales de Estados Unidos en el Mar Caspio, neutralizando parcialmente los imperativos de seguridad en la región mediante una pedagogía legislativa basada en los derechos humanos. Respecto a estas alianzas, cabe destacar la importancia de la creación del Caucus de Asuntos Armenios en el Congreso (1995), que perdura hasta la actualidad, compuesto por 106 legisladores, duplicando su membresía desde 2001.
Entre sus objetivos principales, se encuentra el reconocimiento del genocidio armenio, ayuda económica para Armenia y, mientras existía, la parcialmente reconocida República de Nagorno Karabaj, así como la defensa de la Sección 907 (1992), uno de sus mayores logros, la cual prohíbe la ayuda directa de Estados Unidos a Azerbaiyán mientras duren las hostilidades contra los armenios y el bloqueo territorial hacia Nagorno Karabaj y Armenia. Sin embargo, en 2001, tras los atentados del 11-S, se introdujo una exención presidencial mediante la cual, debido a las circunstancias de seguridad nacional y lucha contra el terrorismo internacional, el presidente podría suspender la Sección 907 anualmente, hecho que perdura hasta la actualidad.
Sin embargo, el ANCA no se encuentra exento de polémicas, tanto con el gobierno armenio de Nikol Pashinyan como con el lobby israelí. En primer lugar, el ANCA acusa al gobierno armenio de capitular ante las presiones de Turquía y Azerbaiyán, históricos adversarios de la nación armenia, así como de ceder en el conflicto de Nagorno Karabaj. Por su parte, el gobierno armenio califica estas acusaciones de maximalistas, planteando que estos activistas no son los que sufren las consecuencias de la guerra, ejerciendo lo que se puede entender como un nacionalismo a larga distancia, teorizado por Benedict Anderson, lo cual ha llevado a sanciones y prohibiciones de entrada al país sobre diversos activistas.
Respecto al lobby israelí, representado en Estados Unidos mediante el AIPAC, se han suscitado diversas controversias. Históricamente, el primer gran punto de fricción fue el bloqueo sistemático del AIPAC a las resoluciones del Congreso para reconocer el Genocidio Armenio, cediendo a las presiones de Turquía para proteger su alianza militar con Ankara. El ANCA denunció reiteradamente esta postura como una traición moral que utilizaba el peso político del Holocausto para enterrar la memoria de otra tragedia étnica, una barrera que solo se fracturó con el posterior deterioro de las relaciones turco-israelíes.
Actualmente, las tensiones están causadas por la relación entre Israel y Azerbaiyán a nivel armamentístico y el uso de este armamento para atacar Armenia, así como la analogía realizada por los miembros del ANCA entre Nagorno Karabaj y Gaza. Mientras la industria militar y el AIPAC buscan presionar para terminar con la Sección 907, el ANCA rema en la dirección opuesta. Ejemplo de estas tensiones es visible en el espacio otorgado al embajador de Azerbaiyán en Estados Unidos por parte del AIPAC en una de sus conferencias en 2013, donde el representante azerí cargó duramente contra el lobby armenio, generando una reacción de rechazo en el ANCA, que acusó al grupo israelí de proporcionar espacio a discursos armenofóbicos.
Rusia y el Soyuz Armyan Rosii (SAR): la importancia de las élites armenias en los medios de comunicación
En el caso ruso, la diáspora armenia suma un total aproximado de 2.25 millones de personas, teniendo la Soyuz Armyan Rosii (SAR) como principal representante de sus intereses. No obstante, cuenta con un nivel menor de institucionalización debido a que, a diferencia de Estados Unidos, las organizaciones que cabildean para gobiernos extranjeros no cuentan con un registro oficial como en dicho país, donde existe la Foreign Agents Registration Act, que regula las organizaciones extranjeras que buscan influir en la política nacional.
Dicha organización, liderada por el oligarca Ara Abramyan, no busca la confrontación directa o presión al gobierno ruso, ni el cabildeo político, sino que se basa en una red vertical de arriba hacia abajo, siendo dirigida por diversos oligarcas cercanos al Kremlin. Así pues, se busca una simbiosis entre la organización y el estado ruso, manteniendo alineada la agenda económica y social de la comunidad con las directrices del gobierno de Vladimir Putin. A modo de ejemplo de la alineación entre la organización y las políticas del estado ruso, es remarcable el apoyo de la misma a la autodenominada Operación Militar Especial, más conocida como Guerra de Ucrania, de Rusia.
Sin embargo, el poder de la diáspora armenia en Rusia no tiene su fuerte en la organización en sí, sino en la presencia de periodistas y propagandistas de origen armenio en las más altas esferas de la comunicación rusa. Respecto a esto, destacan Margarita Simonyan, editora en jefe de Russia Today y de Rossiya Segodnya, principales medios de propaganda de Rusia en el mundo, a la par que su fallecido esposo Tigran Keosayan, importante director de cine y televisión, así como actor. A la hora de hablar de Simonyan, se trata de una figura clave en la propaganda rusa, especialmente respecto a sus intereses en el Cáucaso, instrumentalizando su origen étnico para legitimar a Rusia como gendarme de la región, frente a los históricos intereses occidentales, especialmente franceses, y turcos. Finalmente, encontramos a Aram Gabrelyanov, fundador de LifeNews y propagandista, con fuertes vínculos con los servicios de seguridad rusos.
En el lado económico, encontramos importantes oligarcas armenios en Rusia, incluyendo a Samvel Karapetyan, uno de los hombres más ricos del país y dueño del gigante inmobiliario Tashir Group. Sin embargo, más allá del hecho de la importancia e influencia de los oligarcas armenios en las decisiones del gobierno ruso, lo cierto es que es de mayor importancia analizar la dependencia estructural de la maltrecha economía armenia de Rusia, forma mediante la que dicho país mantiene su influencia sobre la esfera ex-soviética.
Las remesas de los trabajadores armenios residentes en Rusia a sus familias cobran un papel fundamental, así como de las importaciones de gas subsidiado. Por otro lado, el flujo de dinero de los oligarcas armenios en Rusia también consagra la influencia del país euroasiático sobre Armenia, debido a que mediante estos se financian carreteras, hospitales y escuelas, concediendo poder de veto informal sobre quién gobierna en Ereván. Así pues, en caso de que un gobierno armenio quisiera distanciarse de Rusia, como el actual gobierno de Nikol Pashinyan, con su acercamiento a la Unión Europea, el Kremlin puede utilizar a estos oligarcas para desestabilizar al país y mantener su influencia sobre el mismo.
Cabe destacar la actual crisis geopolítica entre Rusia y Armenia, debido a la no intervención de las fuerzas de paz rusas en Nagorno Karabaj en 2023, dando lugar al fin de dicha república parcialmente reconocida, último reducto armenio en un Azerbaiyán nacionalista y discriminatorio con los armenios. Este suceso dio lugar a la congelación de la membresía armenia en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la alianza militar rusa homóloga de la OTAN. Esta situación puso en una posición insostenible a personalidades como Margarita Simonyan, iniciando una estrategia de desprestigio hacia Nikol Pashinyan, tachándolo de títere de Occidente y responsable de la pérdida de Nagorno Karabaj. Esta estrategia dio como resultado el veto de entrada a periodistas rusos, incluida Simonyan, como parte de una estrategia de prevención de un posible golpe de estado instigado desde Moscú.
Francia y Conseil de Coordination des organisations Arméniennes de France: geopolítica y defensa de Armenia como punta de lanza
Respecto a Francia, el Conseil de Coordination des organisations Arméniennes de France (CCAF), fundado en 2001, es la organización paraguas que agrupa la representación de la diáspora armenia ante las instituciones. Su nivel de influencia en la política francesa es tan grande que, una vez al año, la organización organiza una cena al que acude el Presidente de la República, con el objetivo de definir las líneas de acción de la política exterior de Francia en el Cáucaso. Lo anterior se contextualiza en el hecho de que Francia ha buscado históricamente un papel de gendarme en dicha región, siendo Armenia un país fundamental, debido a los vínculos religiosos.
La efectividad del CCAF para sostener esta influencia radica en su capacidad de unificar bajo una sola estructura institucional a facciones políticas, religiosas y culturales de la diáspora que históricamente competían entre sí, como el ala nacionalista de la Federación Revolucionaria Armenia y las organizaciones benéficas tradicionales. Esta cohesión interna permitió al lobby presentarse como un interlocutor único y legítimo ante el Elíseo, "francesizando" la causa armenia al arraigarla en los valores republicanos de los derechos humanos y la protección de las minorías.
Asimismo, este activismo se vio potenciado por el enorme capital simbólico de figuras de la cultura gala de ascendencia armenia, tales como el cantante Charles Aznavour, quienes actuaron como puentes afectivos e institucionales indispensables, logrando que el apoyo a Armenia no dependiera de grandes sumas de capital financiero, sino de una profunda inserción en las élites mediáticas, intelectuales y electorales del país.
Entre los principales hitos legislativos del CCAF, logrados gracias al cabildeo, se encuentra el reconocimiento del genocidio armenio por parte de Francia en 2001, llegando a crearse en 2019, de la mano de Emmanuel Macron, el Día Nacional de Conmemoración del Genocidio Armenio, fechado el 24 de abril, e integrado en el calendario oficial del Estado. Sin embargo, el principal logro de la organización ha sido convertir a Francia en proveedor militar de Armenia tras la caída de Nagorno Karabaj, sustituyendo así el país galo a Rusia. En consecuencia, el Ministerio de Defensa de Francia firmó contratos históricos con Ereván para el suministro de radares avanzados de defensa aérea Thales GM200, vehículos blindados tácticos Bastion y el entrenamiento de tropas terrestres.
Este andamiaje de influencia facilitó que, tras la disolución forzosa de la República de Artsaj en 2023, el CCAF reorientara con éxito toda su maquinaria de presión hacia la cooperación militar estratégica. El lobby capitalizó la inacción de los contingentes de paz rusos en el terreno para convencer a la opinión pública y al Ministerio de las Fuerzas Armadas de Francia de que la supervivencia de la Armenia soberana era un imperativo de seguridad para el flanco sur de Europa. Al facilitar el envío de tecnología de defensa avanzada de firmas como Thales, el CCAF no solo apuntaló la resistencia de Ereván, sino que operó como un catalizador geopolítico que permitió la ruptura de Armenia con la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) controlada por Moscú, abriendo de tal manera una histórica e inédita vía de penetración para una potencia de la OTAN en el espacio de seguridad postsoviético.
Más allá del reconocimiento formal de 2001 y la efeméride del 24 de abril, la agenda legislativa del CCAF ha mantenido una persistente ofensiva en la Asamblea Nacional francesa orientada a criminalizar el negacionismo. Durante años, el lobby armenio impulsó proyectos de ley diseñados para sancionar penalmente con multas y penas de prisión a quienes negaran o relativizaran el Genocidio Armenio en suelo francés, buscando equiparar jurídicamente esta ofensa con la negación del Holocausto judío.
Aunque el Consejo Constitucional francés terminó bloqueando estas iniciativas legislativas argumentando la necesidad de preservar el derecho fundamental a la libertad de expresión, la continua presión ejercida por el CCAF logró mantener el debate ético e historiográfico en el centro de la diplomacia francesa, forzando a París a mantener una postura de permanente tensión y confrontación verbal con el gobierno de Ankara.
Al igual que en el caso ruso y estadounidense, el CCAF ha sido acusado de ejercer un nacionalismo a larga distancia, intentando influir en la política interna de Armenia bajo la premisa de un fuerte nacionalismo. Así pues, el gobierno armenio prohibió la entrada al país a Mourad Papazian, copresidente del CCAF y líder de la Federación Revolucionaria Armenia, acusándolo de instigar protestas violentas. Ante este hecho, la diáspora armenia en Francia recurrió la medida ante los tribunales armenios, logrando que la justicia desestimara el veto migratorio por considerarlo arbitrario.
Conclusión: el triángulo transnacional y las asimetrías de la influencia de la diáspora
En definitiva, en un mundo globalizado y marcado por la interdependencia, el análisis comparativo de la diáspora armenia en Estados Unidos, Rusia y Francia demuestra el enorme peso que poseen los lobbies étnicos a la hora de influir y moldear la política exterior de los estados receptores, llegando a cuestionar el concepto clásico de interés nacional. Sin embargo, tal y como se ha evidenciado, no nos encontramos ante un actor homogéneo, sino ante organizaciones que adaptan sus estrategias a las estructuras de oportunidad política de cada país.
El éxito de esta comunidad transnacional no ha dependido de su potencial económico, sino de su capacidad para instrumentalizar recursos diferenciados en cada escenario: la concentración del voto en bloque dentro del sistema pluralista estadounidense, la inserción vertical de sus élites en los aparatos de comunicación estatales en Rusia, y la unificación institucional y el cabildeo de valores republicanos en el caso francés.
Por un lado, el modelo occidental analizado en Estados Unidos y Francia opera con un enfoque desde las bases locales (grassroots), canalizando sus demandas históricas mediante la creación de alianzas sólidas y caucus parlamentarios. Esta pedagogía legislativa basada en los derechos humanos y el reconocimiento del genocidio les ha permitido anteponer su agenda sobre los intereses petroleros y geoestratégicos tradicionales de Washington. Asimismo, ha logrado que Francia asuma un papel de gendarme en el Cáucaso como proveedor militar de Ereván, sustituyendo parcialmente el papel de Rusia tras la caída de Nagorno Karabaj.
Por el contrario, el caso ruso responde a una dinámica de arriba hacia abajo donde la SAR y los principales propagandistas mediáticos no buscan la confrontación, sino una simbiosis con el Kremlin. Figuras como Margarita Simonyan instrumentalizan su origen étnico para legitimar la influencia de Moscú sobre su esfera exsoviética, demostrando cómo la vulnerabilidad y la dependencia económica de Armenia pueden ser utilizadas por una potencia euroasiática para mantener alineada a la comunidad con las directrices de Vladímir Putin.
Finalmente, este estudio pone de manifiesto una profunda paradoja identitaria que escenifica el choque frontal entre las organizaciones de la diáspora y el propio gobierno armenio de Nikol Pashinyan. Esta ruptura conceptual refleja con precisión las tensiones del nacionalismo a larga distancia teorizado por Benedict Anderson. Mientras los comités y activistas en Washington o París exigen posiciones maximalistas y un fuerte nacionalismo desde la seguridad que les brinda residir en Occidente, el gobierno de Ereván califica estas posturas de irresponsables, argumentando que son los ciudadanos locales los que deben asumir las consecuencias directas de la guerra y la supervivencia frente a Azerbaiyán y Turquía. Así pues, las sanciones y prohibiciones de entrada al país impuestas a líderes de su propia diáspora demuestran que, en la actualidad, el mayor desafío de un lobby étnico ya no es sólo presionar a las instituciones del estado receptor, sino aprender a cohabitar con la cruda realidad geográfica de la Armenia Real.




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