¿Libertad sin hiyab?
- nacionesenruinas
- 9 jun 2025
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Actualizado: 2 jul 2025
Tras la decisión del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de la República Islámica de Irán, el país ha aprobado la suspensión de la entrada en vigor de la “Ley de Apoyo a la Familia mediante la Promoción de la Castidad e Hiyab” aprobada en diciembre de 2023. ¿Qué repercusión tendrá para la teocracia islámica más importante del mundo? y ¿Realmente beneficiará a las mujeres iraníes respecto a su situación actual?
El mencionado suceso fue confirmado por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, quién notificó por escrito que “la ley del hiyab no se promulgará por el momento”. Es relevante mencionar que la medida es todavía un supuesto temporal y que podría revocarse en un pequeño lapso de tiempo por parte de las autoridades. Así pues, la decisión viene derivada de la influencia que desde el homicidio de Masha Amini en septiembre de 2022 —joven kurdo-iraní asesinada por la policía moral de Irán en su arresto por llevar el hiyab “incorrectamente” — desatase el movimiento global “Mujer, Vida, Libertad”.
La sociedad iraní, especialmente la urbana, ha presionado desde entonces frecuentemente a las autoridades para eliminar las imposiciones más restrictivas, llevando a cabo multitudinarias manifestaciones en ciudades como Teherán e Isfahán, extendiéndose a más de cien ciudades nacionales. Asimismo, las protestas contra el régimen durante 2022 y 2023 contaron con una presencia significativa de mujeres y jóvenes, lo cual favoreció la extensión de las revueltas alrededor del globo, especialmente en ciudades con gran diáspora iraní, tales como: Los Ángeles, Toronto, Hamburgo, Vancouver, Londres, Estocolmo, Melbourne, Gotemburgo, París, Estambul, Kuala Lumpur, Ereván o Sydney. Sin embargo, pese al alcance mundial de las reclamaciones sociales, la represión fue dura, llevando a en torno a 500 personas —Irán no publica estadísticas transparentes— a la muerte, miles de heridos y a ejecuciones públicas por desafiar las bases ideológicas del régimen.
Por otro lado, Irán se encuentra en una lucha interna entre las ramas teológico-políticas más ultraconservadoras, que defienden la implementación de la ley suspendida de forma inmediata, y las autoridades institucionales actuales. Hoy en día, el Gobierno de Masoud Pezeshki se mantiene en un eje formado por el pragmatismo político, la moderación en cuanto a cuestiones sociales, las respuestas militares controladas —especialmente contra Israel—, el equilibrio neutral en su política exterior —Ni Oriente ni Occidente—, revivir el acuerdo nuclear de 2015 para aliviar el peso de las sanciones internacionales y la apertura económica, todo ello bajo una estrategia reformista y en coordinación con el Líder Supremo Ali Khamenei y las instituciones religiosas conservadoras.
Para lograr su estrategia, Pezeshki se ha apoyado en los reformistas —formados por Khatami, Zarif y ciertos partidos minoritarios pro-cambio— los moderados de Rouhani y los principlistas o conservadores leales al sistema. En consecuencia, su gobierno ha conseguido mantenerse en pie gracias al apoyo de figuras tradicionalistas y un giro hacia las ramas conservadoras, pese al tinte centrista del político, lo cual no ha contentado ni mucho menos a los activistas más moderados.
De igual forma, el presidente iraní tampoco ha estado exento de críticas por parte de las alas tradicionalistas. Masoud se ha opuesto públicamente a la moralización agresiva en su país, criticando a la policía moral y defendiendo ciertos derechos básicos para las mujeres —como parece plasmar en esta última jugada—. Además, sus reformas han tendido a ser graduales, sin romper “líneas rojas” con la República Islámica, pero de forma constante, lo que podría introducir una etapa de cambio a medio y largo plazo para Irán.
Como resultado de la situación actual social iraní, la presión internacional marcada por EEUU y la Unión Europea; y cómo ello estaba afectando a la hoja de ruta del gobierno nacional, la ley parece haberse atrasado para no causar más tensiones. Además de las protestas estudiantiles y pro-derechos de la mujer, Teherán ha estado experimentando huelgas de transportistas y trabajadores alrededor del país en los últimos meses por la reducción de las cuotas del combustible, el aumento de los costos de seguros, las bajas tarifas de transporte y el encarecimiento del mantenimiento de los vehículos sin garantías de seguridad. Por ello, en búsqueda de no causar una manifestación masiva que aglutine los descontentos contra el sistema, el SNSC —Consejo Supremo de Seguridad Nacional— ha optado por favorecer la propuesta más “moderada” de Masoud, al mismo tiempo que reprime poco a poco a manifestantes de otras cuestiones.
No obstante, la ley no está eliminada, está sólo suspendida. Mientras, el gobierno se encuentra utilizando otras vías para controlar a la mujer en el país. Entre ellas, podemos encontrar vigilancia digital mediante drones, cámaras, reconocimiento facial o apps de denuncias tipo Nazer. Además, se han extendido las multas automáticas vía SMS y se han reinstalado encubiertamente patrullas religiosas que controlan escuelas y lugares públicos.
Irán no ha dejado de ser una teocracia islamísta chiita para lograr ser un país abierto con los derechos de la mujer. El país puede volver a imponer la redacción de una nueva orden o implementarla si la presión social disminuye. El hiyab lleva siendo obligatorio desde 1979 como símbolo de identidad política-religiosa y de control social y pese a que movimientos como los surgidos tras el suceso con Mahsa Amini han logrado calar en una parte de la población, se estima que tan sólo un 16% de la población ha cambiado su opinión sobre la obligatoriedad de esta prenda, símbolo de represión y ya no de identidad religiosa.
El caso de Amini no es casual, Armita Garavand murió tras entrar en coma, resultado de no llevar hiyab en el metro. Nika Shakarami, Sarina Esmailzadeh y Hadis Najafi, adolescentes asesinadas durante las protestas en 2022 y cuyas muertes intentaron ser encubiertas por el régimen como suicidios. Irán mantiene penas reducidas e inclusive inmunidad a padres que matan a sus propias hijas, sufriendo crímenes de honor por familiares, como el caso de Romina Ashrafi, decapitada en 2023 por su padre, con tan sólo 13 años. Otros casos son los relacionados con los delitos de “enemistad con Dios” o “corrupción en la Tierra”, las muertes en prisión sin juicios con garantías para periodistas, activistas, kurdas o bahá ís y la violencia estructural y silenciosa de un sistema machista y opresor que cohíbe a las mujeres y les priva de acceso a servicios médicos, salud sexual o seguridad ante violencia doméstica, así como restricciones para viajar, trabajar, divorciarse o participar en la vida pública y política nacional.
Pese a que la suspensión de la ley puede ser un “alivio” para la presión social y político-religiosa sobre las mujeres en Irán, no será una solución. Las restricciones de ésta dictadura islámica son severas, la crispación política se extiende y la presión internacional parece ser la que realmente marca el timón de ciertas decisiones del gobierno.
En consecuencia, hoy más que nunca, es vital que las mujeres iraníes vean que otro mundo se puede alcanzar. En occidente, y especialmente en países como España, las mujeres pueden estudiar, opinar, trabajar, vestirse, amar y manifestarse con libertad. No se trata de privilegios o singularidades culturales, sino de derechos conquistados. Estas libertades han de ser un faro: no hay que imponer un modelo, sino para recordar que vivir sin miedo y con dignidad es una meta que ha de ser universal, y que el viento del cambio puede llegar para tierras donde hoy sólo hay silencio.







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