Drusos: hijos del silencio
- nacionesenruinas
- 17 jul 2025
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En el panorama convulso en el que se encuentra sumergido Oriente Medio, pocas comunidades han logrado mantener su identidad religiosa, social y política como lo han hecho los drusos. Aunque representan una parte pequeña de la población regional, su ubicación es sumamente estratégica, cuentan con una doctrina estrictamente cerrada y su papel político los convierte en actores relevantes en los conflictos de Siria, el equilibrio sectario del Líbano y la seguridad propia de Israel.
A lo largo de la historia, los drusos han sido perseguidos y acogidos por diversos pueblos, vistos como herejes por algunos y como aliados por otros. En el siguiente artículo, explicaremos su origen, creencias, distribución, papel en los conflictos y los motivos que explican su importancia en la región.
Un poco de historia…
Respecto al origen de los drusos, hemos de comenzar hablando de una religión que nació en el siglo XI en el seno del califato fatimí de Egipto, una dinastía islámica chií ismaelita –rama que defiende una línea de sucesión de imanes distinta a la de los chiíes duodecimanos, similar a los chiíes de Irán–. Bajo el gobierno del califa Al-Hakim bi-Amr Allah, surgió un movimiento espiritual y filosófico nuevo dirigido por Hamza ibn Ali y otros pensadores religiosos. Este grupo proclamó a Al-Hakim como manifestación divina, lo que los separó del islamismo ortodoxo –los drusos no son musulmanes–.
En cuanto al nombre, “druso” proviene de Muhammad al-Darazi, un predicador inicial que, pese a que fue repudiado de la comunidad por herejías –doctrinas contrarias a las establecidas–, terminó por darle el nombre al grupo en su conjunto. Para los drusos, sin embargo, Al-Darazi sigue siendo una figura sumamente negativa.
Por otro lado, los principios drusos se condensaron en una colección de escritos secretos llamada “Rasa'il al-Hikmah” –Epístolas de la Sabiduría–. a los cuales solo tienen acceso los iniciados religiosos, llamados “uaqqal” –sabios–. El resto de la comunidad, conocidos como “juhhal”–profanos–, vive sin conocimiento pleno de la doctrina. Este dualismo organizacional ha ayudado a preservar su religión durante siglos de persecución. Sin el secretismo druso, las alteraciones de la doctrina habrían sido frecuentes y la infiltración externa podría haber puesto en peligro la identidad propia a largo plazo.
En consecuencia, la fe drusa es monoteísta, esotérica –doctrina destinada a un pequeño grupo y que no se revela públicamente– y no proselitista –no busca activamente convertir a otras personas a su fe–. Aunque surgió del islam chií, sus enseñanzas incorporan elementos del gnosticismo, neoplatonismo, cristianismo, hinduismo y de la filosofía griega. Entre sus características clave, encontramos que no aceptan conversiones, uno nace druso, pero no se puede convertir a la fe. Asimismo, creen en la reencarnación, donde el alma es inmortal y transmigra hasta alcanzar la purificación. De igual forma, no tienen mezquitas ni rituales públicos, mantienen una ética basada en la verdad, la lealtad y el autocontrol; y; solos los “uqqual” tienen acceso pleno a las doctrinas, lo que ha generado prejuicios y desconfianza a lo largo del tiempo, alimentando teorías sobre prácticas ocultas sin base justificable.
Distribución e importancia regional
Actualmente, los drusos se concentran principalmente en cuatro países de Oriente Medio, donde han logrado mantener su cultura, religión y estructuras comunitarias. En primer lugar, encontramos Siria, donde unos 700,000 drusos viven en zonas como Jabal al-Druze - Suwayda. Seguidamente, el Líbano se posiciona en segundo lugar con unos 300,000 drusos que habitan áreas del Monte Líbano, como Chouf o Aley. En tercer lugar, destaca Israel, el cual cuenta con 150,000 drusos distribuidos entre Galilea, Carmelo y los Altos del Golán. Por último, Jordania, la cual mantiene una pequeña población de apenas 20,000 drusos, ubicados en la frontera norte con Siria.
En Siria, los drusos han vivido principalmente en la provincia de Suwayda, una región montañosa del sur del país, conocida también como Jabal al-Druze. Durante la guerra civil siria, adoptaron una postura mayoritariamente neutral, formando milicias locales para proteger sus aldeas del régimen de Bashar al-Assad y de diversos grupos islamistas y terroristas, lo que les posicionó como actores intermedios atacados por su “ambigüedad”.
Asimismo, aunque tradicionalmente han sido aislados de los gobiernos, la relación se tensó tras los ataques del Estado Islámico en 2018, cuando más de 250 drusos fueron asesinados en Suwayda, Siria. Muchos acusaron al régimen de al-Assad de haber retirado deliberadamente fuerzas de protección para castigar su falta de apoyo militar, lo cual facilitó el acercamiento de potencias opositoras a al-Assad mediante este grupo, como es el caso de Israel.
Por otro lado, en el Líbano, los drusos son parte integral del sistema político confesional. Tienen un cupo parlamentario y han sido clave en la historia más reciente del país. El líder druso más reconocido es Walid Jumblatt, jefe del Partido Socialista Progresista (PSP), quien ha mantenido una postura ambigua respecto a Siria, Occidente e Irán, priorizando la supervivencia de su comunidad mediante un frágil equilibrio de intereses. Además, los drusos libaneses han sido históricamente líderes en la resistencia contra invasores y actores externos, así como protagonistas en la guerra civil libanesa –1975-1990–.
En Israel, los drusos ocupan un lugar especial entre las minorías no judías. Son ciudadanos leales, que participan en la política y cumplen con el servicio militar obligatorio, a diferencia de otros grupos árabes israelíes. Varios drusos han alcanzado altos cargos en las Fuerzas de Defensa de Israel –IDF– y el sistema judicial, lo que les ha dotado de ser una minoría de influencia notable en la toma de decisiones del Estado, especialmente respecto a sus países vecinos.
En los Altos del Golán, muchos drusos siguen siendo ciudadanos sirios y mantienen una identidad distinta, pese a que últimamente haya crecido el número de mujeres que opta por la ciudadanía israelí, especialmente entre los jóvenes. Las mujeres piden la ciudadanía principalmente para acceder a servicios de salud, educación y oportunidades laborales, así como para contar con protección legal y una estabilidad mayor. De igual forma, optar por la ciudadanía israelí, les dota de más derechos civiles y una mejor movilidad.
Así pues, los drusos han sido blanco de persecuciones desde sus orígenes, especialmente por potencias islámicas que les consideran apóstatas –quien reniega públicamente de la religión que antes profesaba–. El Imperio Otomano los reprimió duramente, y fueron forzados al aislacionismo extremo. Además de los otomanos, el pueblo druso ha sido objeto de ataque por mamelucos durante la Edad Media, los ejércitos coloniales franceses durante el Mandato Francés en el Líbano y Siria del siglo XX, grupos terroristas que los consideran herejes, y, por reinos y gobiernos árabes que desconfían de ellos.
En tiempos recientes, grupos extremistas como ISIS y Hayat Tahrir al-Sham –afiliados a al-Qaeda– han atacado comunidades drusas, particularmente en Siria. Los consideran herejes por no seguir los pilares del islam y por su doctrina esotérica. Además, en algunos países, la negativa de los drusos a integrarse plenamente en los conflictos sectarios los hace sospechosos tanto para gobiernos como para insurgentes, provocando que sean carne de cañón.
¿Qué pinta Israel en todo esto?
Mientras, Israel ha estado cultivando una relación estratégica con los drusos desde su fundación, puesto que son parte minoritaria de su propia población. Esta alianza, se sostiene en varios factores:
El primer factor sería el servicio militar, los drusos israelíes sirven lealmente en el ejército y participan activamente en la defensa del Estado de Israel. El pueblo druso tiene un fuerte sentido de comunidad, basado en valores como la protección mutua, la solidaridad y la honestidad, así como una estructura cerrada que prioriza la cohesión interna para sobrevivir en contextos hostiles. Asimismo, su doctrina religiosa promueve el compromiso con la verdad y la lealtad hacia la autoridad bajo la cual viven, lo que se traduce en una fidelidad práctica hacia los estados donde residen, especialmente cuando se les garantiza autonomía y seguridad, como es el caso de los drusos israelíes.
Seguidamente, para Israel es vital proteger a los drusos del Golán, ya que esta zona protege los intereses del país frente a Siria. Este territorio ofrece una ventaja militar clave, ya que desde esta meseta elevada, Israel controla una amplia zona fronteriza con Siria, lo que le permite supervisar movimientos militares y evitar ataques sorpresa. Además, el Golán es una zona que posee recursos hídricos importantes, así como tierras agrícolas productivas.
Para los drusos israelíes, el Golán es su territorio ancestral y cultural, aunque muchos viven en un contexto de tensión política debido a la ocupación israelí de la zona desde 1967. La ciudadanía israelí les brinda derechos y oportunidades, pero también genera un equilibrio delicado entre mantener una identidad drusa ligada a Siria y adaptarse a la realidad israelí. Así, el Golán es un punto de dilema política para Israel y para los drusos, pero no está libre de intereses.
Además, el gobierno israelí muestra como ejemplo de coexistencia pacífica entre árabes y judíos a los drusos, lo que le dota de una cierta imagen de inclusión frente a discursos antisemitas, especialmente por parte de autoridades regionales con población drusa en sus territorios. A su vez, los drusos no practican el proselitismo, lo que reduce el riesgo de que se unan a movimientos islamistas radicales o extremistas que Israel combate, permitiendo una mejor estabilidad local y comunitaria, especialmente en la frontera con Líbano y los Altos del Golán.
Por último, en momentos de crisis en Siria, los líderes drusos israelíes han pedido intervención humanitaria, generando acciones directas por parte del Estado, lo que les ha dotado de una relación más cercana hacia Israel, quien ha dotado de operaciones de asistencia médica, envío de suministros y de evacuaciones de heridos o civiles vulnerables hacia zonas de seguridad israelíes.
En suma, Israel se nutre de una simbiosis con la población drusa, la cual busca su seguridad en un contexto de inestabilidad extremo, donde el Estado judío les brinda una autonomía y garantías primarias fundamentales y apoyadas por una parte interna de la población. No obstante, su simpatía simula corresponderse a los intereses geopolíticos defensivos de Israel en los Altos del Golán, área estratégica fronteriza, apoyando a una comunidad árabe –que no musulmana– mientras masacra y ocupa a otra en Gaza por sus ambiciones territoriales en Palestina.
Mientras los drusos reciben protección y reconocimiento por su condición pro-interesante hacia Israel, otros sufren una realidad de conflicto, violencia y desplazamiento por lo contrario. Esta dualidad refleja las tensiones y contradicciones que atraviesan la región, donde nadie está a salvo de intereses, objetivos o ataques.
¿Qué ha pasado en 2025 con los drusos, Siria e Israel?
En la región mencionada de Suwayda, han estallado diversos enfrentamientos entre milicias drusas y tribus beduinas aliadas al ejército sirio, tras el secuestro de un comerciante druso. Estos choques resultaron en más de 350 muertos y han desatado olas de violencia sectaria. A pesar de un alto al fuego mediado por EEUU, la situación es tensa, con líderes drusos que han rechazado el acuerdo y que exigen una mayor protección para su comunidad.
Mientras, Israel ha intensificado su presencia en la región, justificando sus acciones como una medida para proteger a la minoría drusa. La aviación israelí ha bombardeado objetivos en Damasco y Suwayda, incluyendo el Ministerio de Defensa y el Palacio Presidencial de Damasco, en respuesta a los ataques contra los drusos. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha exigido la desmilitarización del sur de Siria y ha amenazado con nuevos ataques si se percibe una amenaza contra los drusos.
El presidente interino de Siria, Ahmed al.Sharaa, ha prometido proteger a la comunidad drusa, calificándola como una prioridad. Sin embargo, la comunidad drusa sigue desconfiando del nuevo régimen. Este pueblo siempre ha vivido mal los cambios de poder, debido a las persecuciones históricas, por lo que la caída de al-Assad ha hecho crecer la preocupación al respecto de la toma de decisiones del gobierno, especialmente por las tensiones y ataques que ha sufrido la comunidad cristiana en Siria, con quien los drusos tienden a formar ciertas alianzas pragmáticas para proteger sus intereses y promover la convivencia frente a las amenazas de grupos mayoritarios.
Por otro lado, Israel ha reforzado su ocupación en los Altos del Golán, invirtiendo en infraestructuras y asentamientos militares, mientras que la población drusa local se enfrenta a dilemas de identidad y lealtad ante la ocupación y persecución de ambas partes.
El pueblo druso se encuentra en una compleja encrucijada. En Siria, enfrentan una creciente inseguridad debido a la inestabilidad política y la fragilidad de los gobiernos, lo que los hace sentir vulnerables y sin garantías de protección. Por otro lado, en Israel, aunque gozan de mayor reconocimiento y protección, su situación también es delicada, ya que son utilizados como herramienta estratégica para consolidar el control sobre los Altos del Golán, un territorio de gran importancia geopolítica.
Esta realidad coloca a la comunidad drusa entre la espada y la pared, obligándolos a elegir entre preservar su propia supervivencia o adherirse a una ética regional solidaria con otros pueblos vecinos. Esta difícil elección está marcada por un pasado de persecuciones significativas, especialmente por algunos grupos musulmanes de la región, quienes los han considerado herejes debido a sus creencias religiosas distintas.
Por lo tanto, es comprensible que la prioridad drusa sea la protección y continuidad de su comunidad, lo que puede influir en sus decisiones y alianzas dentro de los complejos conflictos regionales, ninguno provocado directamente por ellos y donde al parecer, todos quieren involucrarles.







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