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Sucesión de António Guterres: Grynspan y Rodrigues-Birkett lideran la carrera por la Secretaría General de la ONU

hace 5 horas
5 min de lectura

«The world does not need a weaker United Nations. It needs a United Nations strong enough to face the world as it is — and determined enough to build the world as it should be.» (El mundo no necesita unas Naciones Unidas más débiles, sino suficientemente fuertes para afrontar el mundo tal como es y suficientemente decididas para construir el mundo como debería ser.) 

— António Guterres, último discurso ante la Asamblea General, 22 de septiembre de 2026


A tres meses de la salida de António Guterres, la elección de su sucesor ha dejado de ser una competencia de currículos para convertirse en una prueba de supervivencia política. Rebeca Grynspan vuelve a encabezar las votaciones informales del Consejo de Seguridad, Carolyn Rodrigues-Birkett permanece a un solo voto y Michelle Bachelet ha abandonado la carrera después de sufrir un desplome irreversible. Mientras tanto, la 81.ª Asamblea General ha exhibido una ONU marcada por los debates sobre Ucrania, Gaza e Irán, la rivalidad entre potencias y dos concepciones incompatibles del orden internacional. La persona elegida no heredará simplemente un cargo: heredará esa fractura.


Grynspan vuelve a liderar

La tercera straw poll, celebrada el 18 de septiembre, devolvió la primera posición a Grynspan con nueve votos de “encourage”, cinco de “discourage” y uno de “no opinion”. Rodrigues-Birkett obtuvo ocho apoyos, seis rechazos y una abstención informal. Son las únicas candidatas que han permanecido en las dos primeras posiciones durante las tres rondas celebradas hasta ahora.


Candidato
País
30 de julio
21 de agosto
18 de septiembre

Rebeca Grynspan

Costa Rica

10 apoyos

7 apoyos

9-5-1

Carolyn Rodrigues-Birkett

Guyana

9 apoyos

8 apoyos

8-6-1

Rafael Grossi

Argentina

7 apoyos

7 apoyos

5-8-2

Olara Otunnu

Uganda

En carrera

En carrera

5-7-3

Macky Sall

Senegal

En carrera

En carrera

5-9-1

María Fernanda Espinosa

Ecuador

En carrera

En carrera

3-6-6

Ivonne A-Baki

Ecuador

Nominación posterior

Nominación reciente

0-10-5

Michelle Bachelet

Chile

6 apoyos

2 apoyos

1-11-3; retirada


En la última columna, las cifras indican “encourage-discourage-no opinion”. Los resultados proceden de fuentes diplomáticas, ya que el Consejo no publica oficialmente el desglose de estas consultas.

Grynspan ya ha alcanzado los nueve votos exigidos para que el Consejo pueda formular una recomendación, pero eso no significa que haya superado el examen decisivo. Las papeletas utilizadas hasta ahora no diferencian entre miembros permanentes y electos; por tanto, se ignora si alguno de sus cinco rechazos procede de Estados Unidos, Rusia, China, Francia o Reino Unido. Hasta que aparezcan las papeletas de distinto color que permiten detectar un posible veto, el liderazgo de Grynspan seguirá siendo matemático, no definitivo.


Grossi, entretanto, ha perdido impulso: cayó a cinco apoyos y acumuló ocho rechazos. Otunnu lo igualó en votos favorables con una oposición ligeramente menor, mientras Sall, Espinosa y A-Baki permanecen lejos de una candidatura viable. La contienda se estrecha, pero todavía no produce consenso.


La caída de Bachelet

La retirada de Michelle Bachelet, anunciada el 19 de septiembre y formalizada dos días después, constituye el primer gran desenlace del proceso. Sus apoyos descendieron de seis en julio a dos en agosto y solo uno en septiembre, frente a once votos de “discourage”. Ni su experiencia como presidenta de Chile, directora de ONU Mujeres y alta comisionada para los Derechos Humanos consiguió neutralizar las resistencias acumuladas dentro del Consejo.


Su candidatura había quedado además en una posición institucionalmente anómala desde que Chile retiró el respaldo y Brasil y México decidieron sostenerla. Según fuentes diplomáticas, Bachelet contactó con catorce de los quince miembros del Consejo, pero Estados Unidos —considerado su principal opositor— no aceptó reunirse con ella. La caída confirma una regla implacable de esta elección: el prestigio internacional puede abrir la puerta, pero basta una gran potencia para cerrarla.


La posibilidad histórica

La salida de Bachelet no ha eliminado la posibilidad de escuchar por primera vez Madam Secretary-General. Cuatro de las siete candidaturas restantes son femeninas y las dos mejor situadas pertenecen a mujeres. Después de nueve secretarios generales varones desde 1945, la ruptura del techo de cristal ya no es solo una reivindicación normativa, es uno de los desenlaces más plausibles de la carrera.


La elección de Grynspan tendría una dimensión especialmente iberoamericana. Sería la primera mujer al frente de Naciones Unidas, la primera costarricense y apenas la segunda persona de América Latina y el Caribe en ocupar el cargo, después del peruano Javier Pérez de Cuéllar. Entre 2014 y 2021 fue además la primera mujer secretaria general iberoamericana y, desde 2021, es también la primera mujer que dirige la UNCTAD.


Rodrigues-Birkett representaría un precedente diferente: sería la primera mujer y la primera persona procedente del Caribe en dirigir la organización. Su candidatura proyecta la voz de los pequeños Estados especialmente expuestos al cambio climático y a la vulnerabilidad económica, pero nunca representados en la cúspide institucional de Naciones Unidas.


Sin embargo, ni el género ni la rotación regional constituyen requisitos jurídicos. Son criterios políticos no escritos y ninguno sustituye la necesidad de obtener nueve votos sin veto. La pregunta es si las cinco potencias permanentes aceptarán a la misma mujer.


Una Asamblea dividida

La semana de alto nivel de la 81.ª Asamblea General ha proporcionado el escenario perfecto para esa disputa. En su último discurso ante los 193 Estados miembros, Guterres advirtió que las “grietas se han convertido en cañones” y organizó su legado alrededor de cuatro pruebas de poder: la guerra y la paz, la desigualdad, el caos climático y la inteligencia artificial. También reclamó una reforma de instituciones que todavía reflejan las correlaciones de fuerza de una época ya desaparecida.


Poco después, Donald Trump presentó una visión opuesta. Defendió el uso del poder estadounidense contra Irán y Venezuela, atacó a la Corte Penal Internacional y rechazó lo que describió como proyectos “globalistas” para regular la inteligencia artificial. Aunque reconoció el potencial de Naciones Unidas, condicionó su utilidad a una transformación compatible con las prioridades de Washington.


La fractura se extendió al resto de la Asamblea. Volodímir Zelenski advirtió que la guerra rusa podía proyectarse más allá de Ucrania y reclamó mayor presión económica sobre Moscú; Masoud Pezeshkian sostuvo que Irán no se sometería a Estados Unidos; y Benjamín Netanyahu defendió los ataques contra Irán y rechazó las acusaciones de genocidio en Gaza mientras decenas de delegaciones abandonaban el salón.


La propia cuestión palestina volvió a mostrar los límites del foro. Mahmud Abás intervino por vídeo tras no recibir visado estadounidense y pidió responsabilidades por la devastación de Gaza, mientras Netanyahu reivindicó la actuación militar israelí como una cuestión de supervivencia nacional.


La Asamblea mira, el Consejo decide

La Asamblea General otorga visibilidad a los candidatos, permite que los Estados evalúen sus propuestas y, conforme al artículo 97 de la Carta, realiza formalmente el nombramiento. Pero solo puede hacerlo después de recibir la recomendación del Consejo de Seguridad, que tradicionalmente remite un único nombre. La institución más representativa ofrece legitimidad; el órgano más restringido conserva la decisión real.


No existe todavía una fecha confirmada para la cuarta votación. El próximo momento decisivo llegará cuando el Consejo diferencie los votos de sus miembros permanentes: entonces podrá saberse si Grynspan está construyendo una mayoría, si Rodrigues-Birkett puede superarla o si ambas han alcanzado un techo incompatible con los vetos.


La carrera se ha reducido. La Asamblea debate cómo salvar el multilateralismo mientras cinco potencias negocian en privado quién debe representarlo. Bachelet ya ha caído, Grossi retrocede y dos mujeres latinoamericanas y caribeñas encabezan la sucesión. Después de ochenta años, aquel ansiado Madam Secretary-General es una posibilidad real. Pero en Naciones Unidas la historia solo avanza cuando ninguna gran potencia decide detenerla.

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