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Tailandia: turismo sexual

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 25 ago 2025
  • 8 Min. de lectura

Tailandia ha proyectado durante décadas una imagen de paraíso turístico: playas de postal, gastronomía de talla mundial accesible en puestos callejeros y ciudades vibrantes que nunca duermen. Bajo esa superficie, sin embargo, persiste un fenómeno polémico: el turismo sexual. Aunque la prostitución es ilegal en el país, la realidad cotidiana muestra una tolerancia clara en centros de destino de ocio y urbanos hacia el tema. En este artículo examinaremos el impacto económico del mercado sexual, sus interacciones con la trata de personas y el crimen organizado, y las implicaciones geopolíticas regionales e internacionales que se derivan del mismo.


Si bien muchos acusan a la presencia militar estadounidense durante la Guerra de Vietnam como punto de inicio de la institucionalización de la prostitución en Tailandia, lo cierto es que no se puede acusar directamente, pese al habitual consumo sexual de los militares en ciudades como Bangkok. De igual modo, sucede con el imperialismo japonés, el cual introdujo las “mujeres de consuelo”, pero con un componente distinto al de la prostitución como fenómeno moderno. 


Marco legal y político: ambigüedad como norma

Desde 1996 rige en Tailandia la Prevention and Suppression of Prostitution Act, que penaliza la oferta y la demanda públicas, así como el proxenetismo y la explotación sexual. En la práctica, la aplicación es irregular, con redadas intermitentes y amplios márgenes de tolerancia. En los últimos años han comenzado a surgir iniciativas para despenalizar o al menos regular el trabajo sexual, con el argumento de mejorar la salud pública, reducir la corrupción y garantizar los derechos laborales.

No obstante, el debate permanece abierto: sectores conservadores, feministas abolicionistas y organizaciones religiosas se oponen; sindicatos de trabajadores sexuales, ONG de salud y parte del empresariado del ocio abogan por reformas graduales que separen el trabajo sexual consensuado de la trata y explotación de menores.


En Tailandia, el entretenimiento para adultos funciona en un marco legal ambiguo: aunque ciertas actividades son ilegales, en la práctica se consideran “establecimientos de ocio”. Muchas trabajadoras proceden de provincias más pobres y eligen este sector porque ofrece ingresos muy superiores a la media. Asimismo, la mayoría trabaja en bares, discotecas o salones de masajes, y muchas operan como freelance, sin estar bajo control directo de mafias. Por lo tanto, en Tailandia no se aboga en sí por la abolición de forma explícita, sino que se tiende a defender la regulación.


¿Qué cambios se discuten?

  • Despenalización parcial o total del trabajo sexual entre adultos para permitir inspecciones laborales, acceso a seguridad social y tributación transparente.

  • Licenciamiento y zonificación de locales de entretenimiento, con controles sanitarios y de seguridad.

  • Refuerzo de la lucha contra la trata y la explotación sexual infantil, con unidades especializadas de policía, cooperación transfronteriza y protección de las víctimas.


Dimensión económica: cifras, encadenamientos y límites de medición

Medir el tamaño real del impacto económico del turismo sexual es completamente imposible debido a su carácter informal y corrupto. Lo que sí está bien documentado es el peso del turismo en general en la economía tailandesa, el cual, representa alrededor de entre un 10-18% del PIB, según el año y la metodología utilizada para llevar a cabo el análisis. Asimismo, también están bien documentados los encarecimientos de alojamientos, restauración, transportes, ocio nocturno y comercio minorista. Dentro de todo ese ecosistema, el mercado sexual funciona como atractor de demanda en ciertos destinos concretos: Bangkok, Pattaya, Phuket y Chiang Mai, con efectos multiplicadores clave. Algunos aspectos clave son:


  • Efecto arrastre en servicios: bares, “beer halls”, masajes, taxis, alquileres turísticos y plataformas de intermediación se benefician de la afluencia motivada por la oferta sexual.

  • Informalidad fiscal: la mayoría de los ingresos no tributa plenamente. En consecuencia, la ambigüedad legal fomenta pagos en efectivo, sobornos y redes clientelares.

  • Vulnerabilidad social: trabajadores y trabajadoras sexuales, muchos migrantes de países vecinos menores de edad, enfrentan mayor exposición a violencia, enfermedades, extorsión y trata, con escaso acceso a mecanismos de denuncia por el riesgo de criminalización existente.


¿Cuánto aporta realmente?

Las estimaciones públicas oscilan desde miles de millones de dólares anuales hasta porcentajes de dos dígitos del PIB en épocas previas. No existe una cifra completamente oficial contemporánea y firme; lo responsable es hablar de rangos y reconocer la incertidumbre. Sí se observa, en cambio, que los flujos turísticos — y sus cambios por factores como la pandemia, el tipo de cambio o el descenso del turismo chino en Tailandia— afectan directamente a la liquidez de toda la economía nocturna, incluido el segmento sexual.


Si bien la economía tailandesa ha estado en constante crecimiento desde 1982, la presencia de prostitutas y su impacto económico aumentó con la llegada de mujeres jóvenes de Isan, las cuales, migraron a ciudades buscando empleo industrial; los bajos salarios las empujaron hacia la prostitución, sea por elección o coerción, generando la prostitución más contemporánea e internacionalmente conocida sobre el país.


Asimismo, pese a la inexistencia de cifras oficiales, se estima que el país cuenta con más de 250,000 prostitutas, las cuales generan un 1,2% del PIB como mínimo y de forma directa. El turismo sexual extranjero, además, aportaría un 0,9% de las exportaciones y el impacto indirecto de todo lo que conlleva podría alcanzar cifras superiores al 5% del PIB nominal tailandés.


Además, el turismo sexual en Tailandia es una vía de subsistencia y trabajo para más de 8,000 trabajadores transexuales. Es decir, casi un 75% de la empleabilidad del colectivo transexual en la región. A ellos, se suman otros 8,000 hombres, los cuales ofrecen tanto servicios heterosexuales como homosexuales. En consecuencia, dichos sectores, abogan por una regularización inclusiva y derechos que les protejan ante agresiones. 


Trata de personas y crimen organizado

El turismo sexual se solapa con dos fenómenos especialmente graves dentro del país asiático:


Trata de personas


Con fines de explotación sexual, que involucra a redes transfronterizas desde Myanmar, Camboya o Laos hacia polos turísticos tailandeses. Persisten rutas y métodos de coerción como el engaño laboral, las deudas o la confiscación de documentos legales. Estos hechos afectan tanto a mujeres, principalmente, como a hombres. De igual forma, en Tailandia, existe la prostitución masculina, consumida por norma general por mujeres europeas, procedentes de Reino Unido y Alemania, y, hombres homosexuales y bisexuales.


Tailandia es un país de origen, tránsito y destino de tratas. Algunos destinos de las víctimas tailandesas son Japón, EEUU, Reino Unido, Sudáfrica, Australia o Alemania, con especial impacto en puntos críticos como Bangkok o el Triángulo Dorado –frontera con Myanmar y Laos–. En los últimos tiempos, el uso de redes sociales y apps se han convertido en formas de reclutamiento, especialmente para migrantes de Camboya, Laos y Myanmar que se ven atraídos a Tailandia por falsas promesas de empleo, siendo finalmente explotados sexualmente o forzados a trabajar en industrias pesqueras, de construcción o textiles. 


Los factores agravantes para la expansión de la trata van desde la urbanización y la demanda de mano de obra barata hasta la corrupción policial y la complicidad de las autoridades locales. Además, el COVID permitió el reclutamiento en línea, poniendo en riesgo especialmente a jóvenes menores. En consecuencia, Tailandia es el décimo segundo país del mundo por número de víctimas de trata: 610,000 personas sufren sus efectos anualmente.


Convergencia con otras economías ilícitas


De la subregión del Triángulo de Oro, en particular el auge de las metanfetaminas y los “scam compounds” —centros de ciberestafa— que  operan en áreas fronterizas poco gobernadas. Aunque muchas de estas operaciones se encuentran fuera de Tailandia, su proximidad geográfica, uso de infraestructura financiera regional y el movimiento de personas impactan en la percepción de seguridad y en la diplomacia regional.


Asimismo, aunque se suele asociar la prostitución tailandese con turistas extranjeros, la mayoría de los clientes son hombres tailandeses. De hecho, los extranjeros representan el 15-20% del consumo, mientras que los nacionales más de un 75%. En 1994 los datos mostraban que el 75% de los hombres y el 44% de los adolescentes tailandeses habían acudido a prostitutas, porcentajes que han ido en disminución gradualmente, pero que persisten con altos porcentajes. Asimismo, la prostitución en Tailandia, como en casi todos los lugares, existía mucho antes de la llegada de los occidentales. Las estructuras familiares y la separación entre sexo reproductivo y recreativo son realmente dos puntos que sí han facilitado en Tailandia la expansión de la prostitución ante una demanda potente.


Salud pública y derechos


La herencia del programa de “100% condón” redujo las incidencias de ETS en contextos regulados, pero la informalidad actual impide coberturas consistentes. Algunas organizaciones comunitarias han reportado violencia y violaciones por parte de clientes y de autoridades, altas tasas de estrés postraumático y barreras para acceder a salud sexual y reproductiva.


Muchos casos de VIH están presentes especialmente entre las mujeres transexuales, las cuales, en ciudades como Bangkok, presentaban en 2019 hasta casi un 30% de prevalencia, indicando un grado muy alto de carga. En términos generales, casi un 12% de las empleadas transexuales padecen VIH, mientras que en trabajadores sexuales independientes los datos oscilan el 3%. Mientras, en los burdeles gestionados por empresarios, el porcentaje ha disminuido hasta el 0,6%. La falta de acceso a un sistema de salud de calidad, atención y prevención ante ETS y la dificultad de detección han dificultado que muchas personas puedan conseguir la asistencia necesaria, generando un escenario sanitario complejo. 


Implicaciones geopolíticas e internacionales

  1. Reputación-país y diplomacia: los informes anuales sobre la trata de personas –como el Trafficking in Persons Report— influyen en la cooperación de seguridad, asistencia técnica y en la inversión de ciertos sectores económicos. Mantener o mejorar la calificación requiere demostrar resultados verificables: investigación de redes, condenas a tratantes y protección efectiva de víctimas.

  2. Relación con países emisores de turistas: China, Corea del Sur, Japón y países europeos monitorean delitos contra sus ciudadanos, desde estafas hasta explotación. Picos de incidentes, cobertura mediática adversa o campañas moralistas pueden traducirse en caídas de llegadas, revisiones de alertas de viaje y presión diplomática.

  3. Integración regional con la ASEAN: la movilidad laboral y el control de fronteras exigen coordinación con Myanmar, Laos y Camboya. Los vaivenes políticos —incluida la guerra civil en Myanmar— alteran las rutas de migración y de ilícitos, con externalidades para Tailandia.

  4. Finanzas y cumplimiento: el uso de plataformas digitales y criptoactivos en pagos, remesas y estafas obliga a reforzar la vigilancia antilavado y regímenes de KYC. Iniciativas fintech para el turismo pueden convivir con mayores requisitos de trazabilidad.


Política económica interna: ¿regular para proteger?

Las propuestas de despenalización regulada buscan formalizar un mercado que ya existe, con objetivos de salud y seguridad laboral, y también recaudatorios. El diseño importa:


  • Registro voluntario y confidencial de trabajadores/as, con acceso a prestaciones –seguro de salud, maternidad, jubilación…— sin perder el anonimato público.

  • Responsabilidad de locales e intermediarios: licencias, auditorías de cumplimiento, sanciones severas a la explotación y a la participación de menores.

  • Separación clara entre trabajo consensuado y trata: protocolos de identificación de víctimas, visas humanitarias y cooperación judicial transfronteriza.

  • Protección digital: monitoreo de plataformas, anuncios y livestreaming, evitando empujar la actividad hacia espacios menos visibles y más peligrosos. 


Escenarios y riesgos


  • Continuidad ambigua: mantiene el estigma, la informalidad y la corrupción; reduce la capacidad de protección y deja a Tailandia expuesta a críticas internacionales.

  • Regulación incompleta: legaliza parcialmente sin recursos para su inspección; riesgo de “captura” por intereses locales y desplazamiento a la clandestinidad de los segmentos vulnerables.

  • Reforma integral con enfoque de derechos: puede mejorar la salud, seguridad y recaudación, pero exige una fuerte inversión en inspección laboral, formación de policía y justicia, y cooperación regional y transfronteriza con otros socios ASEAN.


Estos escenarios cobran fuerza ante la catastrófica situación generada por la pandemia en ciudades ligadas directamente con la prostitución, como Pattaya, capital mundial del turismo sexual. Tras la pandemia, muchas localidades quedaron fuertemente dañadas en términos turísticos y, por ende, económicos. Muchas trabajadoras tuvieron que regresar a sus lugares de origen rurales, al caer la demanda un 98%. El gobierno prefirió favorecer la recuperación turística de destinos de playa como Phuket, afectando a empresarios locales, llevando a las trabajadoras a venderse por internet y acabando con una gran parte del tejido empresarial sexual de la zona.


Posibles recomendaciones de política pública

  1. Hoja de ruta legal y fiscal con participación de trabajadores/as secuales, ONG, fuerzas de seguridad y sector turístico.

  2. Unidades especializadas contra la trata, con metas verificables y evaluaciones independientes.

  3. Zonas piloto de regulación con evaluación de impacto y mecanismos de queja accesibles.

  4. Programas de reducción de daños y salud sexual: clínicas móviles, test gratuitos y formación para personal de locales.

  5. Cooperación fronteriza y financiera para desmantelar redes que combinan explotación sexual, drogas sintéticas y ciberestafas.

  6. Comunicación internacional: campañas que diferencien turismo responsable de explotación, y protocolos con embajadas de países emisores para atención a víctimas.


Conclusión

El turismo sexual en Tailandia no es un fenómeno marginal sino un nudo donde convergen economía, informalidad, derechos humanos y geopolítica regional. Abordarlo exige superar la ambigüedad legal y construir una política pública integral que proteja a las personas, reduzca la trata y clarifique reglas para los negocios. Solo de tal forma el país podrá sostener su atractivo turístico sin resignarse a los costos humanos y reputacionales de la tolerancia hacia la prostitución.


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