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Una visión de la influencia turca en Bosnia y Herzegovina

  • Foto del escritor: Pablo Maroñas Pastor
    Pablo Maroñas Pastor
  • 25 nov 2025
  • 8 Min. de lectura

Turquía es un país que se encuentra en una posición privilegiada, enfrascado entre Europa y Asia. Este emplazamiento le ha servido al país túrquico para forjar uno de los imperios más poderosos de la historia de la humanidad: el Imperio Otomano. Con Estambul (Constantinopla, para los nostálgicos) como capital imperial, los otomanos tenían bajo su control un vasto territorio que abarcaba tres continentes, desde Trípoli en África, hasta Bagdad en Asia, pasando, destacablemente, por Sarajevo, en Europa.


Aunque ha pasado más de un siglo desde la caída del Imperio Otomano, este ha dejado un legado bastante palpable que, actualmente, el gobierno turco de Recep Tayyip Erdoğan está buscando aprovechar para consolidar el papel de Turquía en el mundo. Pero hoy nos vamos a centrar en Bosnia y Herzegovina, país en el que este dominio otomano ha moldeado en gran parte su historia, creando una conexión que actualmente se ve más que nunca.


Historia turca en Bosnia

Antes que nada, hay que tener claro que la conquista turca de la región fue bastante lenta y progresiva, llegando a tardar dos siglos en tomar todo el territorio actual de Bosnia y Herzegovina, finalizando la conquista total del Reino de Bosnia en 1527 tras tomar la ciudad de Jajce. Una vez ya consolidado el control turco en la región, la población local empezó a convertirse al islam de manera voluntaria, debido a varios factores, ya sean económicos o, principalmente, la falta de arraigo hacia una religión específica por parte de la población local, dividida entre diferentes ritos hasta el momento. En Bosnia, encontrábamos a la Iglesia católica y la ortodoxa compitiendo para consolidarse en la zona, y a su vez, surgió una corriente cristiana propiamente bosnia hacia la cual se llegó a declarar una cruzada en el siglo XIV. Todo esto, además de la conversión de las mismas élites del antiguo Reino de Bosnia al islam, facilitó el proceso de islamización, ya que había una mayor receptividad.


Durante el dominio otomano ocurrieron varios eventos relevantes para la historia bosnia, como el establecimiento del Eyalato de Bosnia en 1580, que en cierta parte contaba con casi todo el territorio actual del país –salvo Bihać–, que se conquistó en 1592. Por otro lado, al ser una región fronteriza, el sultanato incentivó la migración de otras poblaciones del imperio a la zona, principalmente de turcos y de serbios, lo que acabó afectando a la composición étnica de la provincia. El control turco se mantuvo constante hasta el siglo XIX, donde, en plena decadencia otomana, el Imperio Austro-Húngaro aprovechó para conquistar toda la zona en 1878, siendo anexada oficialmente en 1908, terminando con más de cuatro siglos de control e influencia turco-otomana en la región.


Legado turco en Bosnia

En cuanto al legado turco en Bosnia, podemos destacar varias aportaciones a la cultura del país. Entre estas se encuentran algunas de carácter arquitectónico, como mezquitas o puentes, y también el trazado de ciudades, como puede ser el distrito de Baščaršija en Sarajevo. Por otro lado, existen además reminiscencias de carácter lingüístico o culinario, ya que gran parte de la cocina bosnia tiene influencia turca. Esto se puede ver en platos como el ćevapi, el burek o el baklava.


Pero ¿cómo podríamos hablar de la influencia turca en Bosnia sin mencionar el rasgo más importante que nos ha dejado la ocupación otomana en el país eslavo? La fe islámica. Incluso una vez terminado el dominio del sultanato, podemos ver cómo el islam sigue siendo parte de la esencia del país, sobre todo de cara al siglo XX, ya que, en pleno auge de los nacionalismos, los bosnios empezaron a sentirse como algo diferente e independiente: no serbios ni croatas, sino relacionados con el antiguo Reino de Bosnia previo a la campaña otomana, cuyas élites se convirtieron al islam. Esta relación previa a la conquista otomana les ha servido para poder autodeterminarse como pueblo más adelante.


En la actualidad, la Turquía de Erdogan utiliza este legado previo para buscar ahondar en las relaciones con el país balcánico, todo esto dentro del marco del neo-otomanismo turco, que es la doctrina geopolítica que emplea Ankara para poder obtener influencia en aquellos países que alguna vez formaron parte del extinto imperio. Este interés se materializa de bastantes maneras, ya sea mediante inversiones económicas o intercambios culturales, que permiten ejercer un poder blando en la población de Bosnia y, por lo tanto, hacer que vean a Turquía con buenos ojos, incluso como un “hermano mayor” en términos fraternales.


¿Realmente qué es el neo-otomanismo?

En el panorama político turco se puede definir como la intención de la actual Turquía de Erdogan —teniendo en cuenta que Erdogan es el principal promotor de esta ideología— de recuperar la influencia que una vez tuvo el Estado túrquico, sobre todo de cara a Oriente Medio, el norte de África y los Balcanes. Pero para entender bien la geopolítica turca, también cabe destacar el turanismo, que es otra corriente ideológica que busca juntar más aún a todos los estados túrquicos, como Azerbaiyán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajistán y Kirguistán. Esto se articula a través de la Organización Túrquica, en la que, por ejemplo, Hungría es un miembro observador. Estas dos corrientes son las que definen en gran medida la geopolítica turca, ya que una se centra en recuperar relaciones que una vez se tuvieron, mientras que la otra busca establecer lazos con aquellos países que comparten características culturales.


Fuera de lo geopolítico, y entrando en política nacional turca, el neo-otomanismo se ha logrado consolidar como la principal doctrina que llevan a cabo tanto Erdogan como su partido, el más islamista AKP, para oponerse a la visión más occidentalista del CHP, que son los kemalistas, partido heredero del fundador de la Turquía moderna, Mustafa Kemal Atatürk. Además, desde Ankara se ha buscado bastante autonomía en el plano internacional, actuando tanto a favor de Estados Unidos, su aliado atlántico tradicional, como manteniendo relaciones relativamente cordiales con la Rusia de Putin y logrando, a su vez, consolidar una esfera de influencia a través del neo-otomanismo.


En cuanto a Bosnia, este es un país importante para la doctrina turca, ya que una vez fue una de las provincias más leales al sultanato y, en la actualidad, se está invirtiendo mucho para consolidar la influencia turca en el Estado bosnio, ya sea económicamente, culturalmente o incluso mediante influencia religiosa. Esta última propicia que los bosnios vean con muy buenos ojos cualquier tipo de inversión turca, ya que consideran a Turquía como un país hermano. La ubicación además es clave, ya que Bosnia está en el centro de los Balcanes, región que en el último siglo ha pasado por todo tipo de atrocidades, muchas de ellas afectando a la población bosníaca musulmana local.


Pero ¿cómo está Turquía ejecutando su poder blando?

En cuanto a acciones, podemos separar tres pilares respecto a las inversiones turcas:

En primer lugar, podemos destacar un importante poder blando cultural. Esto se ve, por ejemplo, en la existencia de una gran cantidad de intercambios entre los dos Estados. Incluso, en Sarajevo existe la Universidad Internacional de Sarajevo, la cual está fundada por el mismo círculo cercano de Erdogan. Esta universidad cuenta con una gran cantidad de estudiantes provenientes de Turquía, que eligen hacer su intercambio en la institución bosnia o simplemente son enviados para realizar sus estudios. La universidad cuenta con cursos de turco, cursos de bosnio, y la mayoría de sus clases son en inglés, por lo tanto, cumple un doble papel: influencia turca y, hasta cierto punto, proyección internacional de Bosnia.


Por otro lado, desde Turquía también se busca financiar la reconstrucción de patrimonio otomano, principalmente mezquitas, puentes o madrazas. Todo esto se organiza desde la agencia TIKA, que es el principal agente de influencia en este ámbito por parte de Turquía en Bosnia. Esto es relevante, dado que permite a la población bosnia sentir una conexión con su pasado otomano, lo cual facilita una opinión más favorable hacia Turquía y hacia las políticas que lleve a cabo en el país.


Universidad Internacional de Sarajevo, donde curiosamente se pueden ver al lado las banderas de Turquía y de Bosnia. Fuente: elaboración propia.
Universidad Internacional de Sarajevo, donde curiosamente se pueden ver al lado las banderas de Turquía y de Bosnia. Fuente: elaboración propia.

El segundo pilar destacable sería el religioso. En esta cuestión, Turquía, a través del Diyanet —la autoridad religiosa turca— ha estado financiando la construcción de mezquitas, la formación de imames y el desplazamiento de estudiantes bosnios a Turquía para realizar estudios islámicos. De esta manera, y compartiendo la misma rama religiosa suní, Turquía ha intentado mostrarse como una potencia religiosa moderada, buscando contrarrestar cualquier tipo de influencia wahabí o salafista proveniente del Golfo.


El último pilar sería el económico. Esto se puede comprobar en la financiación y la participación de empresas turcas en la construcción de infraestructuras, como la autovía Sarajevo-Belgrado, o en proyectos energéticos. También existen buenas relaciones comerciales y se potencia el turismo entre las dos naciones; por ejemplo, mediante la low-cost turca Pegasus, un vuelo Sarajevo–Estambul puede costar aproximadamente unos treinta euros. Todo esto demuestra que Turquía va en serio a la hora de consolidar un papel fundamental en la región balcánica, y a Bosnia le beneficia, ya que obtiene un aliado relativamente cercano y con quien comparte bastante historia, que le ayuda en su desarrollo.


Identidad musulmana en Bosnia: ¿puente o frontera?

Hablando sobre la propia Bosnia, la corriente del islam que sigue es bastante permisiva, ya que absorbió gran parte de las tradiciones que tenía la antigua Iglesia católica bosnia y que facilitaron su integración a la nueva fe islámica que venía desde Estambul. Sin embargo, esta conversión les iba a jugar una mala pasada en el futuro, ya que, tras la conquista serbia de la región, siempre se consideró a los habitantes de Bosnia como serbios o croatas católicos, mientras que a los musulmanes se les veía como invasores. Esto se llevó al extremo en la misma Yugoslavia, donde no existía una forma de considerarse como “bosnio” más allá de ser habitante de la República Socialista de Bosnia; la población que profesaba la religión islámica era considerada simplemente como “musulmanes”.


Por alguna razón, sus vecinos siempre han tenido miedo de que Bosnia llegase a crear una identidad propia, y por eso existe la diferenciación entre bosnios y bosníacos: unos son los habitantes de Bosnia y Herzegovina y los otros el principal grupo étnico del país, que profesa la religión islámica. Este mismo miedo a que se pudiera establecer un Estado bosnio con influencia musulmana propició la separación tanto de Srpska como de Herzeg-Bosnia durante la década de 1990. De hecho, durante las guerras de desintegración de Yugoslavia, se puede ver cómo, en el ideario popular serbio, se promovía al enemigo bosnio como “turcos”, al igual que a los croatas les llamaban “ustachas”, intentando deshumanizar a la población contra la que estaban arremetiendo. Todo esto podría considerarse como una “frontera” que ha determinado bastante la situación actual de Bosnia.


Por otro lado, el hecho de que Bosnia sea un país con bastante población musulmana ha permitido que muchos países, sobre todo petro-monarquías árabes, hayan mostrado interés en invertir en la zona. Esto se puede ver, sobre todo, en el municipio de Ilidža, en Sarajevo, donde existe una gran cantidad de publicidad o incluso nombres de establecimientos en árabe. Además, se ha podido aprovechar la influencia islámica que existe en el país para atraer un nicho de turismo procedente de estos estados, que está siendo muy rentable debido a su poder adquisitivo. A su vez, también hay bastante movimiento respecto a viajes hacia los países del Golfo, principalmente a Dubái.


Conclusiones

Bosnia y Herzegovina ha sabido aprovechar el legado islámico que existe en el país para atraer inversiones, turismo y, en general, la atención e interés de países que podrían encontrar en Bosnia a un aliado en pleno corazón de los Balcanes. Y, sobre todo, con Turquía: Bosnia es un país que mantiene una relación muy especial con Ankara debido a la conexión histórica existente entre ambos Estados. Para Bosnia, Turquía es un aliado fiable; mientras que, para Turquía, Bosnia es una oportunidad para expandir su influencia en la zona, aunque esto haya generado situaciones complicadas con sus vecinos.

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